En la ciudad de Villa Regina se promovió hace ya varios años una Ordenanza local que impidió la entrega de bolsas plásticas en los comercios. Esto tuvo cierto éxito, pero no se siguió profundizando con nuevas políticas de Estado con un enfoque en medio ambiente.
En un comienzo la ordenanza fomentó una cadena de acciones en la comunidad, que se recuerda con estima, respecto a acciones concretas tendientes a mejorar el medio ambiente. (Aún sabiendo de las quemas que se producen en el basural a cielo abierto sobre la estepa o el alto uso de glifosato en los cultivos que rodean a la ciudad).
Si bien el impacto de la prohibición de las bolsas plásticas en los negocios comerciales se hizo sentir con el tiempo y la comunidad adoptó nuevas alternativas como las bolsas de tela o tejidas que no se tiran que tienen una posibilidad de uso continuo.
Con esta legislación local se abrió un camino para lo que debería ser una Ley Madre de residuos sólidos. Y desde ahí poder ordenar de manera planificada un programa sustentable de objetivos en el tiempo sobre el manejo de los residuos, con el organismo CO.PLA.DE como herramienta para generar consenso y promover acciones en la comunidad que reviertan la utilización de productos agresivos para nuestra propia salud y nuestro medio ambiente.
Un ejemplo de legislaciones modernas sobre este tema fue abordado en la capital de México promoviendo una ordenanza que genera la prohibición de vender objetos plásticos de un solo uso provenientes de fuentes fósiles (derivados del petróleo). Con fechas ya estimadas a cumplir sabiendo dar tiempo para la re conversión que va a provocar con esta medida en el mercado. Las fechas límites para su aplicación: Diciembre de 2020 para bolsas, y a partir del 1 de enero de 2021 será para tenedores, cuchillos, cucharas, palitos mezcladores, platos y más materiales plásticos de un solo uso, como por ejemplo las bandejas descartables y los sorbetes.
La UE Unión Europea también adoptó medidas similares y la Eurocámara aprobó la prohibición de uso de la mayoría de plásticos de un solo uso, como los cotonetes y los sorbetes de bebidas.
bioplásticos a partir del maíz
La aplicación de la ley ya supone el impacto que obliga a buscar alternativas al material de fabricación. En nuestra ciudad se podría aplicar una ordenanza similar ya que existe en Argentina la producción de estos mismos elementos con biomateriales.
Los planes de gobiernos tienen que tener una proyección aggiornada a la realidad que vivimos. Los niveles de contaminación del planeta están en su límite de poder seguir soportando nuestras pautas de consumo. Los gobiernos son las herramientas que tenemos como ciudadanos para poder generar cambios concretos hacia un desarrollo sustentable.
Productos de bioplásticos
Una gran comunidad de jóvenes está mirando atentamente como los adultos que gobiernan no hacen nada de lo que tienen a mano para salvar el planeta.
Hoy nos encontramos en medio de este conflicto. Una intención de imponer ideas de forma totalitaria con argumentos populistas sin respetar la tradición democrática actual de consenso.
Dominados y dominantes he ahí la cuestión. La práctica estatal comenzó en Egipto, o sea, la lógica de dominación dada por el monopolio de la coerción y lo legitimado en aquella etapa de Nagada II en el Alto Egipto. Ahora bien, hay diferentes maneras de construir nuestra realidad psíquica y social. El surgimiento del Estado…
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La espiral de violencia que se vive en el país nos expone y se expone a diario, es cotidiana y naturalizada por casi toda la población. Los medios son quienes seleccionan que actos violentos reprender, y que actos violentos presentarlos de manera jocosa o risueña. Básicamente eligen a quien pasar por la picadora de carne….
La Universidad de Buenos Aires nació hace más de dos siglos como una institución destinada a formar profesionales, pero con el paso del tiempo se convirtió en uno de los grandes símbolos del conocimiento público argentino. De sus aulas surgieron cinco premios Nobel, científicos reconocidos internacionalmente, referentes culturales y miles de profesionales que transformaron la vida del país. Su historia también es la historia de una discusión permanente: el valor de una educación pública que busca que el acceso al conocimiento no dependa del origen social.
Por Redacción de NLI
Hay instituciones que forman parte de la identidad de un país más allá de sus edificios y sus autoridades. La Universidad de Buenos Aires (UBA) es una de ellas. Desde su creación en 1821, atravesó guerras, crisis económicas, golpes de Estado, reformas políticas y transformaciones sociales, pero mantuvo una característica que marcó profundamente la historia argentina: la idea de que el conocimiento superior podía ser una herramienta de ascenso social y desarrollo nacional.
Durante más de dos siglos, la UBA se convirtió en una de las universidades más importantes de América Latina y en una de las pocas instituciones públicas de la región con reconocimiento global. Su prestigio no surgió únicamente de sus rankings internacionales, sino de una producción científica, cultural y profesional que tuvo impacto concreto dentro y fuera del país.
Por sus aulas pasaron presidentes, escritores, científicos, médicos, abogados, economistas, artistas y trabajadores que encontraron en la educación pública una posibilidad que, de otro modo, hubiera sido inaccesible.
La historia de la UBA es también una historia sobre el papel del Estado en la construcción de igualdad de oportunidades.
Una universidad nacida para construir un país
La Universidad de Buenos Aires fue fundada en 1821, durante el gobierno de Martín Rodríguez y bajo el impulso de Bernardino Rivadavia, en un momento en que las Provincias Unidas del Río de la Plata buscaban organizar sus instituciones después de la independencia.
Desde sus primeros años, la universidad estuvo vinculada a la formación de profesionales necesarios para el desarrollo del país. Medicina, Derecho, Ciencias Exactas y Filosofía fueron algunas de las áreas que marcaron su crecimiento inicial.
Pero la UBA no permaneció aislada de los grandes debates nacionales. A lo largo de su historia fue escenario de discusiones políticas, científicas y sociales que reflejaron las tensiones de cada época.
Su comunidad universitaria participó activamente en procesos históricos fundamentales, desde las luchas por la reforma universitaria hasta los debates sobre democracia, derechos humanos y desarrollo científico.
La Reforma Universitaria y la democratización del conocimiento
Uno de los momentos más importantes de la historia universitaria argentina ocurrió en 1918 con la Reforma Universitaria de Córdoba, un movimiento que transformó para siempre la educación superior en América Latina.
La reforma impulsó principios como el cogobierno universitario, la autonomía, la participación estudiantil y una concepción de la universidad vinculada con la sociedad.
Esos cambios modificaron la relación entre las instituciones educativas y el conjunto de la comunidad. La universidad dejó de ser pensada solamente como un espacio reservado para las élites y comenzó a consolidarse como un ámbito de producción de conocimiento abierto a nuevas generaciones.
Décadas más tarde, la gratuidad universitaria implementada en 1949 durante el gobierno de Juan Domingo Perón profundizó ese proceso al eliminar las barreras económicas que impedían a muchos sectores populares acceder a estudios superiores.
Esa medida cambió la composición social de las universidades argentinas y permitió que miles de jóvenes fueran los primeros profesionales de sus familias.
Ciencia argentina nacida en las aulas públicas
La UBA también fue protagonista de algunos de los mayores logros científicos del país. De sus laboratorios y centros de investigación surgieron trabajos que alcanzaron reconocimiento internacional.
Entre sus graduados se encuentran cinco premios Nobel argentinos: Bernardo Houssay y Luis Federico Leloir en Medicina, César Milstein en Fisiología o Medicina, además de Carlos Saavedra Lamas y Adolfo Pérez Esquivel vinculados al Nobel de la Paz.
Estos reconocimientos no fueron hechos aislados. Fueron consecuencia de una tradición científica construida durante décadas mediante universidades, institutos de investigación y organismos públicos.
La producción científica argentina demuestra que una universidad pública no solamente entrega títulos profesionales: también genera conocimiento capaz de competir a nivel mundial.
Una institución atravesada por la historia política argentina
Como pocas instituciones, la UBA refleja los cambios políticos del país. Durante las dictaduras militares sufrió intervenciones, persecuciones y expulsión de docentes e investigadores.
Uno de los períodos más oscuros fue la llamada “Noche de los Bastones Largos” en 1966, cuando la policía ingresó violentamente a la Facultad de Ciencias Exactas y expulsó a docentes y estudiantes que protestaban contra la intervención universitaria.
Aquel episodio provocó una pérdida enorme para la ciencia argentina, ya que muchos investigadores debieron emigrar al exterior.
La recuperación democrática en 1983 permitió reconstruir la autonomía universitaria y recuperar parte del proyecto científico y educativo que había sido interrumpido.
El debate actual: universidad pública y futuro nacional
En los últimos años, las universidades públicas volvieron a estar en el centro de una discusión política sobre financiamiento, investigación y el papel del Estado.
Quienes defienden el sistema universitario sostienen que la educación superior pública es una de las principales herramientas de movilidad social y desarrollo tecnológico del país. Señalan que detrás de cada médico, científico, ingeniero o docente formado existe una inversión colectiva que beneficia a toda la sociedad.
La discusión excede el presupuesto universitario: plantea qué tipo de país se busca construir. Uno donde el acceso al conocimiento sea un derecho amplio o uno donde la formación superior quede cada vez más condicionada por la capacidad económica individual.
La historia de la UBA muestra que la educación pública argentina no fue solamente un sistema de enseñanza: fue una herramienta para transformar vidas, producir ciencia y construir una sociedad con mayores posibilidades de integración.
A dos siglos de su creación, la pregunta sigue vigente: qué lugar ocupará el conocimiento en el futuro argentino y si el país elegirá preservar una de sus mayores riquezas, una universidad pública capaz de formar generaciones enteras.
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