SE APROBÓ LA LEY DE CANNABIS MEDICINAL Y CÁÑAMO INDUSTRIAL

La Cámara de Diputados sancionó por amplia mayoría (sumó 155 votos a favor, 56 en contra, registró 19 abstenciones y se computaron 25 ausencias) la ley regulatoria de producción de cannabis medicinal y cáñamo industrial. Todos los detalles que tiene la nueva legislación que promete crear un mercado de u$s 500 millones y fomentar más de 10 mil puestos de trabajo.

El potencial económico para el desarrollo de la actividad del cannabis medicinal y el cáñamo industrial para el año 2025 se proyecta en 10.000 nuevos empleos, US$500 millones en ventas al mercado interno anuales y US$50 millones de exportación anuales.

En el mundo existen 50 países con algún tipo de legalización de su uso medicinal e industrial, como Israel, Canadá, y Estados Unidos, líderes a nivel global. Se estima que el mercado internacional proyectó para 2024 US$ 42.700, lo equivale a 10 veces superior a una década atrás.

La ley, aprobada por la Cámara de Diputados el 6 de mayo pasado, promueve mecanismos de autorizaciones para los productores y comercializadores, y estrategias de seguridad, fiscalización y trazabilidad en la cadena. El objetivo es brindar un marco regulatorio para la inversión pública y privada en toda la cadena del cannabis medicinal y complementar la actual legislación, la Ley 27.350, que autoriza el uso terapéutico y paliativo del cannabis. En el caso del cáñamo industrial, apunta a legalizar los eslabones productivos, los de comercialización y sus subproductos.

Entre los beneficios de la legislación para el conjunto de la sociedad está la oferta de este producto medicinal para garantizar mejor acceso a la salud; la creación de puestos de trabajo directo e indirecto; el aumento de las exportaciones; las oportunidades para el desarrollo productivo de varias provincias y la reconversión del sector tabacalero; el desarrollo de nuevos proveedores, tanto desde el desarrollo genético, el agro 4.0, el equipamiento tecnológico y productos fitosanitarios; la creación de nuevos encadenamientos productivos como el cannabis medicinal (farmacéutica, fitoterapéutica, cosmética) y el cáñamo industrial (textiles, papel, alimentos, materiales para la construcción, entre otros).

Desde LaTapa.com.ar te recomendamos los siguientes artículos que fuimos proponiendo al respecto en los siguientes links:

– Mariana de Azevedo escribió »CÁÑAMO INDUSTRIAL»

– Rubén Lagras escribió »¿PUEDE RÍO NEGRO SER POTENCIA GRACIAS AL CANNABIS?»

– Emiliano Piccinini escribió »APROBAR Y NO ACOMPAÑAR’

“LA APATÍA JUDICIAL ES UNA ELECCIÓN”

INFORMATIVAS:

https://latapa.com.ar/se-siguen-gastando-recursos-del…/

https://latapa.com.ar/la-caic-de-roca-ya-cuenta-con-una…/

https://latapa.com.ar/nacion-presento-el-proyecto-para…/

https://latapa.com.ar/realizaran-un-curso-abierto-a-la…/

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  • Ahora Ghi rompió con Sabbatella en el Concejo de Morón y recrudece la pelea a 2027

     

    Tras el triunfo en el PJ local, Lucas Ghi profudizó su pelea con Martin Sabbatella y rearmó el bloque oficialista en Morón rompiendo con los concejales de Nuevo Encuentro y, también, con los del Frente Renovador alineados al ministro de Transporte provincial, Martín Marinucci.

    El intendente encuadrado en el axelismo ordenó la creación de la bancada PJ-MDF, integrada por cinco concejales que vienen de Unión por la Patria, más Adrián Colonna, un ex PRO que se venía mostrando cercano a la gestión municipal.

    Con ese movimiento, Ghi pierde la mayoría, ya que el bloque oficialista pasa de doce a seis concejales. Unión por la Patria, que ahora es integrado por concejales de Nuevo Encuentro y el Frente Renovador, queda con siete bancas.

    Se trata de un reordenamiento que expone la guerra creciente con el sabbatellismo y que clarifica la disputa por el municipio a 2027 dentro del esquema pan-peronista de Morón, donde Sabbatella ya se muestra lanzado y donde el massismo busca posicionar a Marinucci.

    Cerca del municipio sostienen que se trata de una «consecuencia lógica» de la falta de diálogo evidenciada en la «desarticulación» del bloque y acusaron al sabbatellismo de ser un «oficialismo opositor». Frente a eso, dicen que el nuevo bloque oficialista integra «concejales que defienden» la gestión local y provincial.

     En el sabbatellismo aseguran que en la elección del PJ quedó expuesto «un giro ideológico» del intendente que -sostienen – «se recostó en el viejo rousselotismo que estaba en la casa». 

    Las tensiones internas en el Concejo ya se habían expresado con la designación de autoridades el año pasado. Ahí, el FR (con dos concejales) y Nuevo Encuentro (con cinco) avanzaron a un acuerdo que puso a la massista Sibila Botti en la presidencia y al sabbatellista Diego Spina como jefe de bloque.

    Ahora, Ghi busca volver a poner en debate la relación de fuerzas en el Concejo y, para eso, puso como bisagra la elección del PJ, donde el candidato del intendente, Claudio Román, se impuso 70 a 30 a Paula Majdanski, que contaba con apoyo del sabbatellismo.

    Más allá del resultado, en Nuevo Encuentro hacen un balance positivo de la elección del PJ. «Pasamos de no tener nada a tener la minoría», señalaron a LPO cerca de Sabbatella, donde de todas formas relativizan la gravitación del PJ en Morón. «Lucas prendió un PJ apagado hace 30 años para pelear con nosotros», acusaron.

    La derrota agravó la interna del peronismo en Morón: «Nos gobierna un grupo de cobardes»

    Además, aseguran que en la elección del PJ quedó expuesto «un giro ideológico» del intendente que -sostienen en el sabbatellismo- «se recostó en el viejo rousselotismo que estaba en la casa».

    Ahí, señalaron que la lista de Ghi para el PJ llevó como secretario General a Néstor Achinelli, quien fue secretario de Obras Públicas de Juan Carlos Rousselot, ex intendente dos veces destituído por causas de corrupción, siendo la más recordada el contrato por obras de cloacas con Socma, del Grupo Macri.

    Aquellos casos tuvieron a Martín Sabbatella como uno de los principales denunciantes. Por una de esas causas, Achinelli fue condenado por la Justicia junto con Rousselot.

     Precisamente la «conexión Rousselot» es la que eligen subrayar cerca de Sabbatella para descartar cualquier posibilidad de conformar un interbloque con la nueva bancada oficialista, versión que circuló en las últimas horas por el Concejo. 

    En el sabbatellismo también ubican en el viejo rousselotismo al nuevo concejal oficialista Adrián Colonna, al que incluyen como parte del acuerdo de Ghi con Oscar Álvarez, otrora presidente del Concejo en tiempos de Rousselot que trabajó fuerte en la interna del PJ para inclinar la balanza en El Palomar para la lista de Román.

    Precisamente la «conexión Rousselot» es la que eligen subrayar cerca de Sabbatella para descartar cualquier posibilidad de conformar un interbloque con la nueva bancada oficialista, versión que circuló en las últimas horas por el Concejo.

    «Cómo vamos a integrar un interbloque con un ex rousselotista que entró por el PRO, un integrante central de la estafa Rousselot-Macri», señalaron.

    De todos modos, en Nuevo Encuentro rechazan los argumentos del luquismo para la ruptura del bloque y aseguran que los concejales del espacio «le votamos todo» a Ghi, a pesar de las críticas a cielo abierto.

    Más allá de este reordenamiento que los excluye del bloque oficial, en el sabbatellismo aseguran que mantendrán un perfil de «oficialistas críticos, entendiendo el esquema de coalición. No vamos a ser opositores».

    «El problema es que Lucas en vez de asumir la crítica, persigue y expulsa», agregaron para recordar que, desde que comenzó la pelea con Sabbatella, «echó a toda la estructura de Nuevo Encuentro» y hablan de alrededor de 200 desplazamientos en el organigrama municipal.

    En este contexto, se recrucen las tensiones internas de cara a 2027, donde, de no modificarse la ley que pone tope a las reelecciones indefinidas, Ghi no podrá volver a presentarse.

    En Morón hay quienes ven como posible candidata del luquismo a la actual jefa de Gabinete, Estefanía Franco, a la cual en el sabbatellismo ven como una figura de fuerte ascendencia sobre Ghi y a la que le atribuyen un rol central en el quiebre con el intendente. 

     

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  • Se implementarán talleres del Programa de Mediación Comunitaria

    El Intendente Marcelo Orazi firmó con la Secretaria de Seguridad y Justicia de Río Negro Betiana Minor un acuerdo de cooperación para implementar el dictado de talleres de sensibilización por parte del Programa de Mediación Comunitaria y Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos mediante la Subsecretaría de Prevención del Delito y Participación Comunitaria. De esta…

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    INFORME EXCLUSIVO – Ciencia y salud: menos presupuesto, más aranceles — el nuevo modelo que redefine al Estado

     

    En apenas tres días, dos resoluciones del INCUCAI dejaron al descubierto un cambio profundo: mientras el financiamiento público de la ciencia y la salud cae de manera sostenida, el propio Estado empieza a cobrarle más caro —y sin excepciones— a sus propias instituciones. El giro no es aislado: se inscribe en una lógica más amplia que atraviesa organismos regulatorios, sistema científico y hospitales públicos.

    Por Amparo Lestienne para NLI

    El caso INCUCAI: de la excepción al cobro universal

    El punto de partida es la Resolución INCUCAI 84/2026, publicada el 27 de marzo. La norma actualiza los aranceles para la evaluación de protocolos de investigación clínica vinculados a trasplantes y uso de órganos, tejidos y células, con el objetivo explícito de “asegurar los recursos operativos y técnicos” del organismo.

    Pero el dato clave estaba en su artículo 2°: mantenía la lógica histórica del sistema argentino al eximir del pago a hospitales públicos, universidades nacionales y Fuerzas Armadas.

    Esa excepción no era un detalle menor, sino la continuidad de un principio consolidado en normativas previas. Por ejemplo, ya en la Resolución 128/2019 del propio INCUCAI se establecía exactamente la misma exención para el sector público, en línea con la idea de que la investigación sanitaria estatal no debía ser tratada como una actividad comercial.

    Sin embargo, apenas tres días después, el 30 de marzo, llegó la Resolución INCUCAI 95/2026, que directamente eliminó esa excepción. El resultado es contundente: el Estado empezó a cobrarle a sus propios hospitales y universidades por investigar.


    Un cambio de lógica: del financiamiento a la autofinanciación

    El argumento oficial es técnico: los protocolos requieren financiamiento y, por lo tanto, deben cubrir los costos regulatorios. Pero detrás de esa justificación aparece una transformación más profunda.

    Históricamente, el sistema funcionaba bajo una premisa clara: la investigación pública en salud es parte del sistema sanitario y, por lo tanto, es financiada por el Estado. Eso implicaba que los organismos regulatorios podían cobrar aranceles, pero hacían excepciones cuando el actor era público.

    Hoy esa lógica se invierte: todos los actores —incluso los públicos— deben pagar por el servicio estatal. Este cambio no surge en el vacío. Está directamente vinculado con el deterioro del financiamiento general del sistema científico.


    El telón de fondo: caída del presupuesto científico

    Según distintos informes y análisis del sistema nacional de ciencia y tecnología, el financiamiento público del sector atraviesa una contracción sostenida. Entre 2023 y 2026, la inversión estatal acumula una caída real estimada entre el 30% y el 40%, como resultado de la combinación entre recortes presupuestarios y el efecto de la inflación. En paralelo, la participación de la ciencia en el producto bruto interno se redujo a niveles por debajo del 0,3%, cuando en años anteriores se ubicaba en torno al 0,5%.

    En términos concretos, el deterioro no es homogéneo sino que golpea con mayor intensidad en áreas clave del sistema. Las transferencias a universidades nacionales y organismos públicos muestran recortes que, en términos reales, se ubican entre el 25% y el 35%, afectando el funcionamiento cotidiano de institutos, laboratorios y proyectos en curso. A esto se suma el deterioro sostenido de los ingresos del personal científico y técnico, cuyos salarios perdieron aproximadamente entre un 20% y un 30% de su poder adquisitivo, mientras que la inversión en equipamiento —fundamental para sostener la capacidad experimental— registra caídas aún más pronunciadas, que en algunos casos superan el 50% en términos reales.

    En este escenario, organismos como el CONICET ven afectada su capacidad de sostener proyectos, becas y estructuras de investigación, lo que introduce tensiones crecientes en todo el sistema científico.


    ANMAT y el modelo de tasas: el antecedente silencioso

    Este viraje tampoco es nuevo en la administración pública. La ANMAT funciona desde hace años con un sistema de aranceles para trámites regulatorios, donde cada procedimiento tiene un costo asociado.

    Lo que cambia ahora no es la existencia de aranceles, sino su alcance: antes aplicaban principalmente a actores privados; ahora tienden a universalizarse. Es decir, el modelo basado en tasas por servicio empieza a expandirse a otros organismos, pero sin las protecciones históricas para el sector público.


    La tensión central: menos presupuesto, más costos

    La combinación de estas dos dinámicas —menor financiamiento y mayor carga arancelaria— configura una tensión estructural difícil de sostener en el tiempo. Por un lado, el Estado reduce su inversión directa en ciencia y salud; por otro, incrementa los costos que deben afrontar sus propias instituciones para desarrollar investigaciones.

    Esto implica que universidades públicas, hospitales y centros de investigación no sólo cuentan con menos recursos, sino que además deben destinar parte de esos fondos a cubrir aranceles regulatorios que antes no existían para ellos. La consecuencia es una presión creciente sobre estructuras ya debilitadas.

    El resultado es una paradoja evidente: el Estado se retrae como financiador, pero se consolida como cobrador.


    Especialistas y debate: el riesgo de mercantilización

    En el ámbito científico y sanitario, este tipo de transformaciones suele encender señales de alerta. Diversos análisis en políticas públicas advierten que, cuando se reducen los recursos estatales y se trasladan costos a los propios actores del sistema, tienden a producirse efectos previsibles: disminución en la cantidad de proyectos, mayor dependencia de financiamiento externo y desplazamiento de investigaciones hacia áreas con retorno económico más inmediato.

    La investigación clínica en hospitales públicos suele estar orientada a necesidades sanitarias concretas de la población y no a intereses de mercado

    En el caso de la salud, el impacto puede ser aún más sensible, porque la investigación clínica en hospitales públicos suele estar orientada a necesidades sanitarias concretas de la población y no a intereses de mercado. Buena parte de la producción científica argentina en salud se genera en estos ámbitos, donde la práctica asistencial se articula con la investigación sobre pacientes reales y problemáticas locales.

    Ese rasgo tiene antecedentes históricos claros. La Misión de Estudios de Patología Regional Argentina, impulsada por Salvador Mazza, desarrolló en el siglo XX investigaciones clave sobre enfermedades como el Chagas, a partir del trabajo territorial en regiones postergadas del país. Difícilmente ese tipo de investigación hubiera sido financiado por el sector privado, dado que su lógica no era la rentabilidad sino la respuesta a una problemática sanitaria concreta.

    Ese mismo patrón se replica, con otras formas, en la actualidad. Hospitales públicos de referencia como el Hospital Nacional Profesor Alejandro Posadas combinan atención médica, formación profesional e investigación clínica orientada a enfermedades prevalentes en su población, muchas veces vinculadas a sectores sociales vulnerables y sin atractivo comercial para la industria.

    El problema es que este tipo de investigación —centrada en necesidades reales y no en retornos económicos— depende estructuralmente del financiamiento público. Cuando ese financiamiento se reduce y, al mismo tiempo, se introducen costos adicionales para investigar, el riesgo no es sólo cuantitativo sino cualitativo: no sólo se investiga menos, sino que se empieza a investigar otra cosa.


    Conclusión: un cambio silencioso pero estructural

    Lo ocurrido entre el 27 y el 30 de marzo con el INCUCAI no es un episodio aislado ni meramente administrativo. Es la expresión concreta de un cambio más amplio en la forma en que el Estado se vincula con la ciencia y la salud: menos financiamiento directo, eliminación de excepciones históricas y expansión de esquemas de arancelamiento.

    En ese nuevo escenario, el sistema deja de apoyarse en la lógica de política pública para acercarse a un modelo de servicios, donde investigar ya no sólo depende del conocimiento y la capacidad técnica, sino también de la disponibilidad de recursos para pagar por ello.

    La incógnita que queda abierta es tan estructural como urgente: hasta qué punto puede sostenerse un sistema científico y sanitario público cuando se le exige autofinanciarse en un contexto de retracción presupuestaria.

     

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