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APROBAR Y NO ACOMPAÑAR

Si se aprueba y no se acompaña, por el contrario se ponen palos en la rueda, se demuestra que la aprobación de tal proyecto fue meramente protocolar, como muchos dicen: «Para la tribuna».

El 7 de agosto se votó por unanimidad en #VillaRegina la ORDENANZA que adhiere a la Ley O N° 3654 de la Provincia de Río Negro y su modificación por la Ley N° 5052 que habilita a certificar firmas para que el proyecto de iniciativa popular sobre regulación del cannabis medicinal, que contempla el autocultivo del usuario y el solidario a través de un registro, sea tratado en la legislatura, sumándose así a una larga lista de ciudades rionegrinas que ya adhirieron.

Un proyecto de iniciativa popular debe obtener un total de firmas certificadas del 3% del último padrón electoral, en nuestra provincia aproximadamente serían unas 17mil personas. Algunas de las ciudades que ya adhirieron son: Valcheta, Viedma, Río Colorado, Chichinales, Cipolletti, Roca, Bariloche y Jacobacci, entre otras. Siendo San Antonio Oeste pionera en la provincia y vanguardista a nivel nacional con una ordenanza en vigencia que contempla un registro de cultivadores y un ente regulador del mismo, siendo uno de los primeros municipios de Argentina en entregar certificados a los cultivadores. Sobre esta ordenanza se basa el proyecto de regulación.

En Regina, una vez aprobada la ordenanza nos encontramos (como en otras ciudades adheridas a la ley) que el maquillaje que a veces se colocan los ediles para aprobar proyectos de iniciativa popular se cae rápido y de la aprobación por unanimidad a los obstáculos burocráticos hay poca distancia.  La negativa a habilitar vecinos a certificar firmas es el problema, decisión que conculca con el espíritu del derecho de iniciativa popular para la presentación de proyectos ante la Legislatura, que justamente es participar activamente de la construcción de una ley.

Contraponiéndose con los términos expresos en el art. 2º de dicha ordenanza que expresa:…“autoriza a los fines de la certificación de firmas a los/las Concejales/as Municipales, miembros de la Junta Electoral Municipal, integrantes del Tribunal de Cuentas Municipal, y/o las personas designadas por resolución que oportunamente se dicte desde la Presidencia del Concejo Deliberante, Tribunal de cuenta o Junta electoral de la Municipalidad de la localidad de Villa Regina”.

El 7 de agosto la abogada Julieta Peralta presentó una nota al presidente del Concejo Deliberante Edgardo Vega proponiendo más espacios para la certificación de firmas mediante comerciantes de la ciudad que asumieron la responsabilidad de certificar que quienes firman son personas de carne y hueso, extendiendo con esta posibilidad los horarios disponibles además de sumar más espacios donde se pueda firmar. Hasta el momento solo se puede firmar en el municipio, el tribunal de cuentas y el concejo deliberante; que están trabajando en horarios acotados. El pedido fue negado por presidencia sin fundamentación.

Por lo mencionado anteriormente es, en parte, que la negativa para abrir otros lugares para juntar firmas es un error, si la ordenanza por la cual adhirieron y que ellos mismos votaron habilita que haya otros certificadores y hay vecinos que de manera voluntaria y espontánea se ofrecen para cumplir con ese rol, asumiendo para sí mismos esa responsabilidad de la certificación, no debería existir inconveniente para que el presidente del CD Edgardo Vega apruebe lo solicitado atribuyendo una facultad a los vecino que la misma ordenanza así lo permite.Además de no contar con elementos válidos para negarla.

“Cada firma debe ser certificada como corresponde. No es una cuestión menor. Los comercios no tienen esa facultad. Esa es la razón” fue la respuesta de Vega al pedido de Peralta violando un derecho que está garantizado por la constitución provincial a través del derecho de iniciativa popular. Una actitud que puede considerarse un acto discriminatorio contra los vecinos que se ofrecieron a certificar firmas negándoles la posibilidad de participar activamente en la construcción de una ley.

Dotar el proyecto de trabas burocráticas, va en contra precisamente del espíritu de la ley de iniciativa popular y obviamente de la misma ordenanza que el concejo aprobó por unanimidad hace un par de meses. 

Si bien la ley exige que las firmas sean certificadas, esa exigencia no es a los fines de corroborar las razones de legalidad sobre lo que se está firmando, no es la escritura de una casa o la entrega de un poder para a un juicio. Es simplemente volcar la adhesión de un vecino a una iniciativa parlamentaria solicitando que se discuta (ni siquiera que se apruebe), para que al menos se debata un proyecto para avanzar sobre una temática de salud pública como lo es el autocultivo de cannabis para la salud.

Justamente la incorporación de la exigencia de la certificación de la firma en la ley está puesta al sólo efecto de que haya alguien que se haga cargo de que quienes suscriben son genuinamente personas de carne y hueso, y que así no se trata de una persona que empieza a completar datos de vecinos falsificando firmas. El tribunal Electoral y luego la Comisión de Asuntos Constitucionales y legislación general es la encargada de verificar dichos cumplimientos. Por eso es al solo efecto de que exista alguien que tome la responsabilidad para sí de certificar que son personas las que están firmando y suscribiendo de puño y letra cada una de esas adhesiones que se manifiestan en las planillas.

De allí entonces que la intensidad de los requisitos para ser certificadores son al mínimo posible porque la idea precisamente es poder poner en prueba, en evidencia, un elemento constitucional de participación ciudadana, como lo es la iniciativa popular.

En otros términos rigen también los principios básicos del derecho administrativo, como la inderogabilidad por el acto administrativo individual, es decir, al solicitar que se habiliten comercios con estos vecinos que se ofrecen voluntariamente como certificadores el Presidente no puede derogar una norma que ya aprobaron.

Por todos estos fundamentos es que ante un nuevo pedido para la apertura de más espacios para la junta y certificación de firmas, los ediles reginenses debieran tomar el compromiso asumido y habilitar dicho requerimiento, justificando de este modo la aprobación de la ordenanza demostrando que no fue un “acto demagógico para la tribuna”, construcción que suele ser un pedido interno constante entre ediles en cada sesión del Concejo.

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    Hace unos años un importante abastecedor de droga de Rosario se reunió con un contacto en un paraje entrerriano. Una avioneta iba a bajar un cargamento al costado de una quinta entre Nogoyá y Victoria. El proveedor necesitaba que el contacto trasladara la carga hasta más allá del peaje de entrada por el puente a Rosario en una camioneta que le darían. El hombre se preocupó. «Todo bien con la camioneta, ¿no? ¿No será robada?». El dueño del lote de droga le dio un frenazo. «Vos no te preocupas de nada. No preguntás nada. Solamente hacés lo que te digo».

    Fernando Sebastián Vázquez, hoy de 45 años, se las arregló siempre para no llamar la atención. Solo así pudo ser a la vez proveedor de droga para la banda de Los Monos y también de Los Menores que es la organización a la que se le atribuye el control territorial del narcomenudeo en Rosario actualmente y cuyos miembros son los que de un modo brutal mataron en 2024 a Andrés Pillín Bracamonte, que fue por más de 20 años líder de la barra brava de Rosario Central.

    Precisamente el Narigón Vázquez tiene sus principales problemas penales en el barrio de Arroyito, donde está la cancha de Central. Este miércoles lo indagaron por primera vez en la Justicia Federal de Rosario. Lo acusan de comercio agravado de drogas por una causa por la que estaba prófugo hace ocho años y por la que pueden darle entre seis y veinte años de cárcel. El 9 de junio de 2018 a la tarde efectivos de la Policía Federal supieron que Vázquez se iba a encontrar con un mayorista llamado Andrés Uriz. Los policías le salieron al cruce en Ferreyra y Juan B. Justo, a cuatro cuadras del estadio auriazul. Atraparon al abastecedor pero Vázquez y su pareja atropellaron a un policía en Almafuerte y Cordiviola, a una cuadra de la cancha, y huyeron en una VW Fox que enseguida abandonaron.

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    Lo buscaban desde un año antes, cuando en 2017 el fiscal federal Claudio Kishimoto avanzó en una pesquisa de la División Antidrogas de la Policía Federal y descubrió en una veterinaria de la zona sur, en Oroño y Saavedra, el funcionamiento de una cocina de cocaína que tenía dos abastecedores. Uno era Cristian «Negro» González, un hombre de Los Monos, que en esa causa terminó condenado a 18 años de prisión. Por ese mismo hecho al Narigón Vázquez lo llevó a indagatoria ahora el fiscal federal Federico Reynares Solari.

    Esos ocho años como fugitivo se cortaron el martes cuando la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) de la policía santafesina entró a la casa de pasillo en Villa Gobernador Gálvez, ciudad pegada al sur rosarino, donde se ocultaba. Hacía tres semanas que efectivos de civil merodeaban en el lugar. El Narigón estaba solo. Los hombres del cuerpo especial entraron corriendo al pasillo. Desde afuera un equipo controlaba con un dron desde arriba todos los vericuetos de las casas contiguas. Los que entraron cuentan que el Narigón corrió hacia su cama pero los efectivos tácticos lo inmovilizaron. Tenía una pistola debajo de la almohada.

     En octubre pasado la misma fuerza especial lo había detectado en Victoria, a 60 kilómetros de Rosario, pero cuando un grupo de esa provincia fue a detenerlo logró escabullirse.

    Para el momento en que empezaron a buscarlo por ser proveedor de Los Monos, el Narigón Vázquez había sido captado conversando con Silvana Gorosito en 2017, en la calle Blandengues al 900, la casa de la mujer. Gorosito es la esposa y madre de los hijos de Ramón Machuca, alias Monchi Cantero, uno de los gerentes logísticos de Los Monos que fue condenado a 37 años de prisión.

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    Pero a siete años de esa causa lo conectaron al crimen de Pillín Bracamonte que ocurrió el 9 de noviembre de 2024.

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    La sala gamer de la casta: el flipper de 8 mil dólares y el Pac-Man que suman otro capítulo al escándalo de Adorni

     

    Una nueva revelación vuelve a poner bajo la lupa el patrimonio y los gastos de Manuel Adorni. Esta vez, el foco está puesto en un exclusivo flipper de «Los Locos Addams», valuado en unos 8 mil dólares, que habría sido entregado en su casa del country Indio Cuá y que alimenta las dudas sobre un nivel de vida difícil de explicar con un salario de funcionario público.

    Por Ramiro C. Ferrante para NLI

    La imagen del gobierno que prometía combatir a «la casta» sigue acumulando fisuras. Mientras el discurso oficial insiste en la austeridad y el ajuste sobre jubilados, trabajadores y universidades, una nueva denuncia vuelve a colocar a Manuel Adorni en el centro de la escena por un gasto que difícilmente pueda calificarse como indispensable: un flipper temático de «Los Locos Addams» valuado en aproximadamente 8.000 dólares.

    La información comenzó a circular a partir de una publicación de la periodista Romina Manguel, quien sostuvo que el juego fue entregado el 7 de julio de 2025 en la vivienda que Adorni posee en el country Indio Cuá. Poco después, la diputada Marcela Pagano reforzó la denuncia al afirmar públicamente que el aparato habría costado unos 8 mil dólares y cuestionó cómo un funcionario con un sueldo estatal podría afrontar semejante desembolso.

    Una lista de gastos que no deja de crecer

    La polémica no aparece en un vacío. En las últimas semanas se conocieron distintos gastos vinculados a la residencia de Adorni que ya habían generado fuertes críticas. Entre ellos, compras de camas, sommiers, sábanas y almohadas por millones de pesos, además del uso de personal estatal para tareas privadas, episodios que hoy forman parte del debate político y judicial.

    Ahora, la incorporación de un flipper de colección a esa lista vuelve a instalar una pregunta incómoda: ¿cómo se financia un estilo de vida que parece muy alejado del ingreso declarado por un funcionario?

    La controversia resulta todavía más significativa porque el propio espacio libertario construyó buena parte de su identidad política sobre la promesa de terminar con los privilegios de la dirigencia tradicional. Sin embargo, las sucesivas revelaciones muestran consumos asociados a bienes de lujo y objetos de colección que contrastan con el relato oficial de austeridad.

    Un objeto de colección con precio de alta gama

    Lejos de tratarse de un simple videojuego, el flipper de «Los Locos Addams» es considerado una pieza de colección muy buscada en el mercado internacional. Modelos restaurados y en buen estado pueden ofrecerse por valores cercanos o incluso superiores a los 9.500 dólares, dependiendo de su conservación y originalidad. Y además, una consola Pac-Man también carísima.

    Ese dato convierte al supuesto gasto en un símbolo del debate político: mientras el Gobierno sostiene que no existen recursos para recomponer jubilaciones, salarios docentes o presupuestos universitarios, aparece la imagen de un exclusivo juego de colección instalado en la casa de uno de sus principales funcionarios.

    La contradicción alimenta las críticas de la oposición, que sostiene que el ajuste no alcanza a quienes ocupan los lugares de poder y que el discurso anticasta pierde credibilidad cuando sus propios referentes quedan involucrados en denuncias sobre gastos difíciles de justificar.

    La Justicia y la política siguen mirando a Adorni

    La aparición de este nuevo episodio se suma a las investigaciones sobre la evolución patrimonial del funcionario y a las discusiones sobre sus declaraciones juradas. Cada nueva revelación amplía el escrutinio público y profundiza un desgaste político que ya dejó de ser una cuestión exclusivamente judicial.

    El caso del flipper puede parecer anecdótico, pero adquiere una enorme carga simbólica en un contexto donde millones de argentinos enfrentan pérdida de poder adquisitivo y recortes en áreas sensibles. El contraste entre el discurso del sacrificio colectivo y la imagen de una sala gamer equipada con objetos valuados en miles de dólares vuelve a instalar una pregunta que el oficialismo todavía no consigue responder con claridad: quién paga, cómo se paga y con qué recursos se sostiene ese nivel de consumo.

     

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