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EL ESCENARIO

Extractos de la investigación de la profesora e historiadora reginense Silvia Zanini presentada en las Primeras Jornadas de Historia del Delito en la Patagonia, organizadas por el GEHiSo y las Facultades de Humanidades y de Derecho y Ciencias Sociales (UNCo), General Roca.

El escenario

En los primeros años de la colonización podemos observar dos paisajes: la villa, urbana, y la colonia, rural.

“Al llegar se encuentra con esta desolación, teniendo que dormir las primeras noches debajo de los arbustos hasta que comenzó a trabajar en la CIAC donde le dieron lugar para vivir.” (Angélica)

La villa estaba compuesta por un limitado caserío: tres o cuatro comercios básicos: proveeduría de la CIAC[3], talabartería, tienda, la fonda; la escuela y la oficina y vivienda del gerente de la CIAC y media docena de casas calónicas[4], la estación de ferrocarril y el edificio de la sociedad de socorros mutuos FAI[5] serían construidos en los primeros años.

“Estaba el pueblo… todo alambrado (…)¡Pelado!…No había ni una casa, nada, todo pelado… manzana por manzana, alambradas, al verlas así parecían corrales para poner animales, vacunos.” (José Luis)

“En el 26 había cuatro o cinco casas, estaba el negocio de Biggi, una especie de bar, estaba la carpintería de Pagani, la carnicería de un tal Molín… La casa del gerente de la Compañía… la administración… estaba la casa de Bonoli.” (Augusto)

La colonia era, en principio, una vasta planicie limitada por la costa del Río Negro y un arroyo, el Salado, brazo del anterior que separaba la zona rural de la urbana. Desmontada en 1924 era conocida como la I Zona albergaba a unas 150 familias y se iría ampliando con la llegada de nuevos contingentes de italianos en el transcurso de esos primeros años (1924-1929) con la II y III Zona[6].

Las parcelas, debidamente alambradas iban siendo incorporadas al sistema de riego por canales y poco a poco los árboles frutales y alamedas fueron modificando el desértico paisaje.

“Estaba todo desierto… mucha jarilla… montes de arena.” (Oliva V.)

“No había nada, era todo monte y la casita en el medio, de ladrillo pero asentada en barro.” (Rómula)

La población la componían los colonos, italianos[7], los empleados de la CIAC, y los peones de las cuadrillas de desmonte y canalización, en su mayoría criollos y chilenos que vivían en campamentos y se trasladaban de un lugar a otro.

“Cuando llegué aquí sí había chilenos (…) había una mitad, mezclados con los italianos, dedicados al desmonte del desierto y luego todos esos pasaron a trabajar en la nivelación de los caminos.” (José Luis)

OTROS EXTRACTOS

***

Glosario:

[3] CIAC: Compañía Italo Argentina de Colonización, fundada en 1923 en Buenos Aires con el objetivo de promover una colonización de inmigrantes italianos en el Territorio de Río Negro y Neuquen.
[4] Casas calónicas: de adobe o de ladrillo, con su galería y el suelo de ladrillo o de tierra apisonada. Precarias, elementales, con dos piezas de 4 por 4 y una cocina de 3 por 2.
[5] FAI: Forza, Amore e Inteletto. Fundada en 1926.
[6] Las 5000 has. De campo virgen adquiridas a la sucesión de Manuel Zorrilla por la CIAC se subdividieron en I, II y III Zona, poco tiempo después de compraban 1000 has. Más y se conformaba la IV Zona.
[7] En la idea inicial de los promotores la Colonia debía constituirse exclusivamente con familias de inmigrantes italianos.

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    El duelo deportivo entre Argentina e Inglaterra reinscribió lo que se había abierto con la pérdida del Indio Solari. El enfrentamiento de estos otros indios también comunica un exceso: el carácter enigmático de lo que perdimos (y ganamos) junto a la pregunta irresuelta acerca del devenir de su potencia política.

    Estupor 1:

    Lo que vino después de la muerte del Indio Solari produjo enorme sorpresa y estupor en quienes nunca se habían aproximado a la dimensión teológica de los fenómenos plebeyos/populares. Lo teológico nombra aquello que sucede entre sujetos corporizados y que enlaza y excede a sus meros cuerpos individualizados. 

    La sociabilidad que ese estar-con-otrxs produce aparece como un plusvalor que nos religa y vuelve práctico -en cierto modo sabido- que el otro no es amenaza sino aquel que permite que “yo” pueda existir y sienta que puedo más. 

    Cuando la percepción del otro como amenaza se desactiva, en virtud del reconocimiento de una tenue pertenencia común, se movilizan lógicas de cuidado recíproco. Ese difuso nosotros que la pérdida torna patente amplía los confines de la comunidad. En esas ocasiones el aparato represivo del Estado pierde sustancia y queda involuntariamente restringido a la función de organizador, de asistente. 

    Cristina Sille

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    Eugenia Neme

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    Estupor 2:

    El asombro que provocó la reunión masiva de ambos acontecimientos  habla del olvido de esa dimensión gregaria que,  pese a toda guerra ideológica, todavía nos atraviesa y constituye.  

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    En cada una de ellas experimentamos cómo y de qué honda manera nuestras vidas están sujetas al destino de otras vidas; de cómo podrían tornarse más o menos dignas de ser vividas, de cómo se empobrecen o potencian en esa compleja trama, de cómo se desrealizan o adquieren formas novedosas y enriquecedoras. 

    Eugenia Neme

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    La entrada De Indios y duelos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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