La frontera es un teatro inmunológico en el que cada cuerpo es percibido como un enemigo potencial, y él y yo estamos a los dos lados en ese umbral para jugar el juego de la identidad y de la diferencia.

Paul B. Preciado

Paul B. Preciado nos conduce hasta los rincones menos pensados de la palabra feminismo. En su libro Un departamento en Urano, despliega una prosa ágil y provocadora que se entromete en el binario mujer/varón, o mejor dicho en el par femenino/masculino, cuestionando los dogmas de la ciencia, la religión, la política y la forma de hacer historia en lo que respecta a posturas heteronormativas.

En el capítulo La Amnesia del feminismo se apoya en Walter Benjamin quien reflexionaba sobre el cómo nos cuentan lo histórico, decía este autor que la historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores. Paradójicamente, la palabra amnesia proviene del lenguaje médico, y quizás aquí, Preciado nos haga un guiño, y ello nos hable, además, de que la palabra feminismo fue creada de la «victoria de la ciencia sobre los cuerpos», o como dice Paul B.:

Descubriremos entonces, con sorpresa, que la noción de «feminismo» la inventó en 1871 el joven médico francés Ferdinand-Valere Fanneau de la Cour en su tesis doctoral Feminismo e infantilismo en los tuberculosos. Según la hipótesis científica de Fanneau de la Cour, el «feminismo» era una patología que afectaba a los hombres tuberculosos y que producía, como síntoma secundario, una «feminización» del cuerpo masculino. El hombre tuberculoso, afirmaba Fanneau de la Cour, «tiene el cabello y las cejas finos, las pestañas largas y afinadas como las de las mujeres; la piel blanca, la panícula adiposa subcutánea muy desarrollada, y los contornos del cuerpo son de una suavidad notable, al mismo tiempo que las articulaciones y los músculos combinan su acción para dar a los movimientos esa flexibilidad, ese qué sé yo ondulante y elegante que es peculiar del gato y de la mujer. Si el sujeto ha alcanzado la edad en que la virilidad determina el crecimiento de la barba, encontramos que esa producción es completamente inexistente, o existe solo en ciertos lugares, que generalmente son el borde superior de los labios, primero, luego el mentón y la región próxima al mentón. Y de nuevo, estos pocos cabellos son delgados, finos y, a menudo, caprichosos. [ . . . ] Los genitales llaman la atención por su pequeño tamaño. Feminizado, sin «poder de generación y facultad de concepción», el hombre tuberculoso pierde su condición de ciudadano viril y se convierte en un agente contaminante que debe ser colocado bajo la tutela de la medicina pública». En el lenguaje científico de Fanneau de la Cour, «feminista» describe este tipo según el patológico de masculinidad tuberculosa.



La propuesta de Preciado es resignificar nuestro pasado para situarnos en el lugar de los vencidos que la historia no cuenta. Por este motivo, la palabra feminismo debe hacernos pensar en las significaciones ocultas y en los entramados de poder que en ella se escondieron, nos dice Paul B.:

Mientras el profeta y el político se esfuerzan por santificar las palabras ocultando su historicidad, pertenece a la filosofía y a la poesía, como sugiere Giorgio Agamben, la tarea de profanar las palabras sagradas para devolverlas al uso cotidiano


Entonces, el camino de la liberación es posible, y es así que


Debemos liberar al feminismo de la tiranía de la política de identidad y abrirlo a alianzas con nuevos sujetos que se resisten a la normalización y a la exclusión, con los afeminados de la historia; ciudadanos de segunda clase, cuerpos seropositivos, cuerpos con diversidad funcional y cognitiva, migrantes, refugiados que huyen de las guerras, apátridas y saltadores ensangrentados de las fronteras de alambre de Calais y de Melilla.

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