¿VIRTUD O FELICIDAD?

Dos posibilidades, una elección. Como la “Y”, una bifurcación que se une en el punto preciso de la decisión.

Por un lado, el placer, por el otro la constancia. Por aquí la sensación en la intensidad de los sentidos, por allá el esfuerzo por lograr la excelencia.

La Virtud camina tranquila, de buen porte, noble, recatada y prodigiosa. Al lado va la Felicidad, impregnada de perfumes, voluptuosa, sensual, rosagante y sonriente.

¿Cómo llegar a la Virtud ante tanta adversidad? ¿Cómo ser feliz cuando la amenaza o el peligro nos acecha?



Ahora bien, podemos situar en Aristóteles al filósofo que se atrevió a definir a la Virtud (areté), concebiéndola a ésta en el libro II de la Ética a Nicómaco como: «disposición adquirida de la voluntad, consistente en un justo medio relativo a nosotros, el cual está determinado por la regulación recta y tal como lo determinaría el hombre prudente.» Dicho de otra forma, para este filósofo se llega a la Virtud a partir de la prudencia (prhonésis), pero también con un compromiso ético que se debe instaurar en forma de costumbre y hábito, a través de un ejercicio que conduzca a la medida justa que la razón ejerce, o sea a partir del juicio y la moral. Este filósofo griego encuentra a la felicidad con el ejercicio de las virtudes, pero, sobre todo, lo concreta por medio de la domesticación de las pasiones que realiza la razón, la voluntad y la vida contemplativa.

La Virtud y la Felicidad (mal llamada Vicio) con Hércules



Sin embargo, para abordar a la Felicidad (con mayúscula), no podemos evitar dirigirnos a otro filósofo, Epicuro. A diferencia de Aristóteles que veía a la Felicidad desde la virtud, el intelecto y hasta el alma; para Epicuro, el cuerpo cobra valor y es el responsable y portador de una vida feliz. O sea,

el cuerpo encarnando las condiciones históricas de su propia felicidad.

Paradójicamente, Epicuro tenía un cuerpo enclenque y enfermo. Sin embargo, fundó un jardín en la periferia de Atenas, en donde se realizaban conversaciones mientras caminaban. Epicuro era exiliado y pobre, proveniente de una familia humilde de la isla de Samos. Nos dice Michel Onfray en Las sabidurías de la antigüedad: “Epicuro, es de suponer, no rendirá tributo a los fantasmas platónicos: la superioridad de Atenas, el aristocratismo visceral, el elitismo reaccionario, el conservadurismo político, el esoterismo pedagógico, el espiritualismo dualista, el teísmo arquitectónico, la sociedad política cerrada, inmutable, el consejo al príncipe, el filósofo-rey y otras baratijas“.

Para Epicuro, el cuerpo cobra importancia en la construcción de sí mismo en frente de la desintegración del mundo. Su Jardín filosófico recibe a mujeres, a diferencia del machismo aristotélico y platónico en donde la Filosofía era cosa de “hombres”. Para Epicuro la Felicidad se consigue con el encuentro con lxs amigxs y el placer de existir. No hay idealidad ni amor platónico en Epicuro, sino que son las sensaciones y afecciones que el cuerpo recibe y produce las que generan felices momentos. Epicuro está muy cerca de la poesía, a la que Platón detestaba. La Felicidad es material, reside en la carne, y no en la separación entre mente y cuerpo o entre mente y alma. Por otro lado, la muerte no es algo para temer para este filósofo, Epicuro dice en Carta a Meneceo: “El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos“. Entonces, la propuesta es celebrar la vida en una inmanencia que se hace cuerpo, evite los dolores, y en donde además, el deseo y los placeres se reconstituyen. Para ello divide a los deseos en naturales y vanos, y a los placeres en móviles y estables. Estos se reúnen en la autosuficiencia (autarkeia), la cual debe contentarse con lo simple y no con los excesos para así liberarse de la necesidad y el dolor.

Tanto Aristóteles como Epicuro nos ofrecieron formas de concebir a la Virtud y a la Felicidad. Sin embargo, ya pasaron dos mil años de aquello. Hoy, ¿cómo las concebimos? Estamos viviendo momentos muy difíciles, reencontrar a la Virtud y a la Felicidad parece ser una tarea casi imposible. Aun así, el cuidado de sí mismx y del otrx parece constituirse como la nueva forma de Virtud, así como también, una actitud activa de colaboración y solidaridad. De esta forma se abren posibilidades de acceso a la Felicidad, dando un rodeo por los placeres, y también desde un deseo reconvertido hacia el bienestar de los demás, en un simple acto supervivencia mutua.


¿Qué sería para vos la Virtud y la Felicidad? Si tuvieras que elegir, ¿cuál elegirías?

Portada: Graciela Sacco

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