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¿VOS VIVÍS EN UNA BURBUJA?

Esferas son formas como fuerzas del
destino: comenzando con la esfera fetal en sus oscuras aguas privadas hasta el globo cósmico
imperial que se nos pone ante los ojos con la pretensión soberana de encerrarnos y apisonarnos.

Peter Sloterdijk, Introducción al libro Esferas

Entonces, ¿vos vivís en una burbuja?
Esta pregunta está orientada al sentido de encierro, de no poder percibir más allá de los límites de la burbuja. Sin embargo, hoy nos convoca una burbuja que supuestamente nos protege del peligro, por eso, ahora, encontramos burbujas en: el deporte, en la política, en la sociedad, en la cultura y en lo económico. Desde las burbujas financieras hasta las burbujas laborales, desde las burbujas del fútbol hasta las burbujas virtuales del hogar, desde las burbujas en el pensamiento político hasta las burbujas en el interior de un Hospital, desde las burbujas nacionales hasta las burbujas de una bañera.

Paradójicamente, vivimos en una red global que disuelve las distancias y las burbujas. Lo efímero hace y deshace a la burbuja, el gas o el líquido, la tensión superficial de los materiales en cuestión, una frágil estructura siempre al borde de desaparecer…

La división del trabajo fragmentó los oficios en miles y miles de burbujas de lo útil, el mercado creo a los especuladores y estos a las burbujas financieras, el deporte y el arte crearon sus propias reglas del espectáculo y los espectadores sus propias burbujas del ganar o perder, las naciones trazaron sus fronteras y los estados las leyes de una burbuja con una lengua y una bandera propia, internet se infló de datos burbujeantes para el mejor postor…

Y es ahí que el lenguaje se transformó en una burbuja de palabras, y el diccionario intentó abrazarlas para darles un «significado», como el de la RAE:

1. f. Glóbulo de aire u otro gas que se forma en el interior de algún líquido y sale a la superficie.

2. f. Habitáculo hermético y aislado del exterior. U. t. en sent. fig. Los poderosos viven en una burbuja de impunidad.

3. f. U. en posición para indicar que la persona o personas designadas por el sustantivo al que se pospone están sometidas a terapia con aislamiento absoluto. Niños burbuja.

4. f. Econ. Proceso de fuerte subida en el precio de un activo, que genera expectativas de subidas futuras no exentas de riesgo.


Foucault nos recuerda que el nombrar es un acto de poder. Poder decir burbuja es identificar a la cosa, y otorgarle un sentido que la haga vivir entre nosotros.

¿El mundo acaso no es una burbuja relativamente estable que depende de otras burbujas para su subsistencia? ¿Porqué nos genera tanta fascinación esas burbujas de jabón? ¿Qué metáforas esconde o libera una burbuja luego de explotar? ¿Hasta dónde llega la permeabilidad de una burbuja anti-virus?

Finalizamos en un círculo concéntrico por donde empezamos, o sea, con Sloterdijk:
Una vez tematizadas las esferas como formas efectivas de lo real, la mirada a la forma del
mundo, se descubre la clave de sus organizaciones simbólicas y pragmáticas. Podemos explicitar
por qué siempre que se piensa en grandes redondeces ha de imponerse la idea de la autoinmolación.
Pues los poderosos globos terrestres, que mantienen su consoladora redondez ante los ojos de los
mortales, han tenido la pretensión desde antiguo de que se les subordine todo lo que no encaje en la
lisa bóveda del todo: en primer lugar, siempre, el yo caprichoso, díscolo, privado, que desde siempre también se resiste a dejarse asimilar sin más en la gran mismidad del todo. En el círculo reconocen los poderes del imperio y de la salvación su obligada estética. Por eso nuestra
fenomenología de las esferas, siguiendo en ello el sentido propio del tema, no puede hacer otra cosa
que derribar el altar morfológico sobre el que en tiempos del imperio siempre se inmoló lo no redondo y descentrado a lo redondo. La teoría de las esferas desemboca, cuando habla de lo más grande, en una crítica de la razón redonda.

(…) Espumas,
montones, esponjas, nubes y torbellinos sirven como primeras metáforas amorfológicas que ayuden
a afrontar las preguntas por las formaciones de mundo interior, las creaciones de contexto y las arquitecturas de inmunidad en la era del desencadenamiento técnico de la complejidad. Lo que
actualmente en todos los medios se busca confusamente bajo el nombre de la globalización es,
desde el punto de vista morfológico, la guerra universalizada de las espumas.


¿Qué es y ha sido siempre la historia universal sino historia, también, de guerras entre sistemas de
inmunidad? Y los sistemas de inmunidad de antes ¿no fueron siempre, también, geometrías
militantes?

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  • Una encuesta revela que el apoyo de Milei a Bolsonaro aumenta las chances de Lula

     

    La consultora brasileña Quaest publicó una encuesta en la que señala que la intervención de Javier Milei en San Pablo perjudicó a Flávio Bolsonaro. 

    El análisis fue difundido por el sitio brasileño Carta Capital y plantea que la asociación con el presidente argentino puede tener un efecto electoral negativo y que el apoyo de Milei corre el riesgo de ser «tóxico» para la candidatura del hijo de Jair Bolsonaro. 

    De esta manera, el 34% de los entrevistados considera que el apoyo de Milei a Flávio aumenta las chances que el electorado elija a Lula en las elecciones de octubre. Por su parte, el 27% dice que aumenta las posibilidades de votar por Flávio, mientras que el 17% asegura que no tiene ningún impacto. 

    Quaest sostiene que la advertencia aparece en un momento especialmente delicado de la campaña presidencial brasileña, dado que Flávio Bolsonaro intenta consolidarse como el principal candidato de la derecha, pero no logra reunir el apoyo de todo ese espectro político.

    Lula retira a su embajador en Buenos Aires y baja la relación diplomática al mínimo tras los ataques de Milei «La cuestión central para la campaña de Flávio es que Milei no necesariamente aporta votos por el hecho de respaldarlo. Por el contrario, su presencia puede reforzar entre los votantes brasileños la percepción de que la candidatura del Senador está asociada a intereses y liderazgos externos», dice Quaest en su informe. 

    El 34% de los entrevistados considera que el apoyo de Milei a Flávio aumenta las chances de que el electorado elija a Lula en las elecciones de octubre. Por su parte, el 27% dice que aumenta las posibilidades de votar por Flávio, mientras que el 17% asegura que no tiene ningún impacto

    A esta encuesta hay que agregar un informe realizado por el equipo de campaña de Lula que confirma un notable rechazo al libertario en la conversación pública en redes sociales a partir de su participación en el acto bolsonarista. 

    En efecto, señala que el 76% de las intervenciones fueron críticas hacia Milei contra un 15% de respaldo y un 9% de posiciones neutrales. «Para la campaña de Flávio, el dato es incómodo y la obliga a tomar distancia durante este tramo de la campaña electoral», explicó a LPO un integrante de la campaña de Lula.

    El 76% de las intervenciones fueron críticas hacia Milei, frente a un 15% de respaldo y un 9% de posiciones neutrales. En ese contexto, el 27% de los comentarios cuestionó la falta de respeto hacia la Presidencia brasileña, mientras que un 18% consideró que Milei debería ocuparse de los problemas internos de Argentina en lugar de intervenir en la política brasileña

    En ese contexto, el 27% de los comentarios cuestionó la falta de respeto hacia la presidencia brasileña, mientras que un 18% consideró que Milei debería ocuparse de los problemas internos de Argentina en lugar de intervenir en la política brasileña. Este análisis se realizó sobre 129.000 comentarios y habla de «quiebre del protocolo diplomático»

    Por último, un 15% de los comentarios expresó apoyo a Lula y estableció una comparación favorable con Brasil. En esas intervenciones, el líder del Partido de los Trabajadores aparece asociado a la generación de empleo, los programas sociales, la defensa de los trabajadores y la situación económica del país. «Incluso algunos argentinos manifestaron desear para Argentina un liderazgo similar al de Lula», cierra el informe.

     

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    Karadagián vs. Gatica: Hace 69 años, una pelea que debía ser un show terminó en tragedia

     

    El 10 de agosto de 1957, Martín Karadagián y José María “El Mono” Gatica protagonizaron en La Bombonera un insólito enfrentamiento entre un luchador de catch y uno de los grandes boxeadores populares de la Argentina. Lo que había sido pensado como un espectáculo y una ayuda económica para Gatica terminó, apenas 18 minutos después, con una lesión que marcaría para siempre al ídolo del boxeo.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hay historias deportivas que parecen inventadas por un guionista. Y hay otras que, justamente por haber ocurrido de verdad, resultan todavía más extraordinarias. La que protagonizaron Martín Karadagián y José María “El Mono” Gatica pertenece a esa segunda categoría. Hace exactamente 69 años, el 10 de agosto de 1957, un campeón del catch y una de las máximas figuras del boxeo argentino se subieron a un ring montado en La Bombonera para protagonizar un combate que pretendía combinar espectáculo, deporte y solidaridad. Terminó siendo otra cosa.

    La primera aclaración es importante porque con el paso del tiempo la historia quedó asociada al Luna Park, escenario mítico del boxeo argentino y lugar donde Gatica había construido buena parte de su leyenda. Pero aquella tarde el enfrentamiento se realizó en la cancha de Boca. El Archivo General de la Nación conserva incluso el registro fílmico de aquel acontecimiento y confirma la fecha y el escenario: 10 de agosto de 1957, estadio de Boca Juniors.

    El protagonista del catch era Martín Karadagián, un armenio nacido en Buenos Aires que había convertido la lucha profesional en un espectáculo de masas mucho antes de que aparecieran en televisión los inolvidables “Titanes en el Ring”. Karadagián era un personaje extraordinario: atleta, empresario, luchador y, sobre todo, un hombre que entendía como pocos el valor del espectáculo. Sabía que para triunfar no alcanzaba con pelear: había que construir personajes, historias y rivalidades capaces de atrapar al público.

    Del otro lado estaba José María Gatica, el “Mono”, uno de los grandes ídolos populares que produjo el boxeo argentino. Había sido una figura gigantesca en el Luna Park, donde sus combates convocaban multitudes, y había construido una relación particularmente intensa con los sectores populares. Pero en 1957 su situación era muy diferente a la de sus años de gloria.

    Gatica: del Luna Park y la gloria a una Argentina que había cambiado

    Para comprender aquella pelea hay que mirar más allá del ring. Gatica había sido una figura estrechamente vinculada al peronismo y, después del golpe de Estado de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón, quedó atravesado por el nuevo clima político. Su carrera ya no era la misma, sus mejores años deportivos habían quedado atrás y sus problemas económicos se habían profundizado.

    El “Mono” había ganado mucho dinero durante su carrera, pero también había gastado buena parte de aquella fortuna. Para colmo, el contexto político posterior a la caída de Perón complicó todavía más sus posibilidades de volver a ocupar el lugar que había tenido en el boxeo argentino. En ese escenario apareció la propuesta de Karadagián.

    La idea era sencilla en apariencia: realizar un espectáculo que enfrentara a dos figuras de disciplinas diferentes y, al mismo tiempo, generarle un ingreso a Gatica. El encuentro fue promocionado como una especie de combate extraordinario, una rareza deportiva que permitía poner frente a frente al campeón del catch y al célebre boxeador.

    Había, además, un acuerdo. No se trataba de una pelea convencional. Los dos hombres habían ensayado y se suponía que el enfrentamiento debía mantener ciertos códigos del espectáculo. El público debía disfrutar de la mezcla de boxeo y lucha sin que aquello terminara convirtiéndose en una verdadera batalla.

    Pero algo salió mal.

    Dieciocho minutos que cambiaron la historia

    Aquella tarde de invierno el clima tampoco acompañó. El cielo gris y el frío conspiraron contra la expectativa de una multitud. La cancha de Boca no se llenó como habían imaginado los organizadores y el escenario distó bastante de convertirse en el gigantesco acontecimiento popular que se había proyectado.

    Aun así, cuando comenzó el combate, el espectáculo rápidamente adquirió otro tono.

    Gatica era boxeador. Su instinto estaba asociado al combate cuerpo a cuerpo, a la competencia, a imponerse sobre el rival. Karadagián, en cambio, pertenecía a otro universo: el de las tomas, las llaves, las caídas y la teatralidad del catch. Lo que debía ser una demostración controlada comenzó a endurecerse.

    Según los relatos posteriores, Gatica se tomó la pelea más en serio de lo acordado. Karadagián respondió desde su propio terreno y utilizó una toma que terminó provocándole una grave lesión en una de las piernas al boxeador. El enfrentamiento duró apenas 18 minutos. Lo que había comenzado como espectáculo terminó con Gatica lesionado y con una consecuencia que lo acompañaría durante el resto de su vida.

    La versión más difundida sostiene que la lesión fue producto de una acción deliberada de Karadagián ante la pérdida de control del combate. Pero también existen relatos que ponen el acento en que Gatica había roto previamente las reglas acordadas y que el luchador simplemente respondió dentro de la lógica de su disciplina. Lo que sí permanece fuera de discusión es el desenlace: Gatica quedó con una lesión permanente en una de sus piernas y caminó rengo hasta su muerte, seis años después.

    Y allí aparece uno de los elementos más trágicos de la historia. Gatica no era simplemente un boxeador lesionado. Era un ídolo popular que ya atravesaba una etapa de decadencia. Aquella tarde, el hombre que alguna vez había llenado el Luna Park terminó protagonizando un espectáculo que pretendía ayudarlo y que, paradójicamente, terminó agregando otra herida a una vida que ya venía golpeada.

    Dos leyendas populares frente a frente

    Con el paso del tiempo, la pelea adquirió una dimensión casi mitológica. En buena medida porque Karadagián y Gatica representan dos maneras diferentes de entender el deporte popular argentino.

    Gatica era el boxeo como ascenso social, como identidad de barrio, como orgullo de los sectores populares. Su figura estaba profundamente vinculada con el público que encontraba en sus peleas una representación de sus propias luchas y aspiraciones. Karadagián, por su parte, fue uno de los grandes constructores de la cultura del espectáculo deportivo argentino. Años después convertiría esa capacidad en un fenómeno televisivo gigantesco con Titanes en el Ring.

    Por eso aquella tarde en La Bombonera fue mucho más que una pelea extraña. Fue el encuentro de dos mundos que, en la Argentina de los años 50, podían convivir perfectamente: el deporte y el espectáculo, la competencia y la ficción, el ídolo deportivo y el personaje popular.

    También quedó como una muestra de que detrás de los grandes nombres existen seres humanos atravesados por sus propias circunstancias. Karadagián quería montar un espectáculo y ayudar a un colega. Gatica necesitaba dinero y buscaba mantenerse cerca del mundo que lo había convertido en famoso. Ninguno de los dos podía imaginar que aquella tarde gris terminaría convertida en uno de los episodios más recordados de sus vidas.

    Karadagián todavía tendría por delante décadas de gloria y terminaría transformándose en uno de los personajes más reconocibles de la televisión argentina. Gatica, en cambio, tendría un final mucho más doloroso. El 12 de noviembre de 1963, a los 38 años, murió luego de ser atropellado por un automóvil en Avellaneda.

    Pero la imagen de ambos sobre aquel ring permanece.

    El 10 de agosto de 1957, en La Bombonera, Martín Karadagián y José María Gatica protagonizaron una pelea que debía ser una fiesta y terminó convertida en tragedia. No fue en el Luna Park, aunque el mítico estadio porteño estuvo presente simbólicamente durante todo el episodio: era el lugar donde Gatica había construido su leyenda y el escenario que, inevitablemente, aparecía en la memoria de todos cuando se hablaba del “Mono”.

    Sesenta y nueve años después, aquella tarde sigue siendo una de esas historias que explican por qué el deporte argentino no puede entenderse solamente a través de resultados, campeonatos y estadísticas. Porque a veces, detrás de una pelea, hay una época entera.

     

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