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Este domingo, una nueva edición de la Feria ReEmprender

El domingo 12 a partir de las 19 horas se llevará a cabo una nueva edición de la Feria ReEmprender en la Plaza Primeros Pobladores.

Allí, artesanos y pequeños emprendedores podrán exponer sus productos y generar espacios de intercambio y promoción.

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    CAP. 6 «JUSTICIA» Estreno serie web

    En 2013, fruto de la movilización de vecinos y chacareros, se sanciona una ordenanza anti-fracking para evitar que se realice esta actividad en Allen, sin embargo es derogada tres meses más tarde por el superior tribunal de justicia de Rio Negro. En 2013, fruto de la movilización de vecinos y chacareros, se sanciona una ordenanza anti-fracking para evitar que se realice esta actividad en Allen, sin embargo es derogada tres meses más tarde por el superior tribunal de justicia de Rio Negro. Desde ese momento se instalan pozos de fracking en zonas rurales y pegado a barrios humildes, forzando a vecinos y chacras a convivir con muy diversos malestares. Sin embargo establecer algún tipo de acuerdo o acción legal contra las empresas es muy difícil. En 2017 después de un gran derrame en una chacra, se logra que la justicia condene a YPF por contaminación por primera vez.

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  • Caputo festejó el dato de industria y construcción pero los números del Indec muestra caídas

     

     Luis Caputo replicó los datos de industria y construcción de abril con tono de festejo. El ministro subrayó que el indicador tendencia ciclo creció 0,1% en el caso del IPI manufacturero (industria) y 0,3% en el caso del ISAC  (construcción), y que con eso acumularon cinco y seis meses consecutivos de variación positiva, respectivamente. 

    El ministro de Economía también destacó que en construcción hubo en marzo una suba de 2,5% interanual en los puestos registrados privados y de 14,5% en la superficie autorizada por permisos de edificación. Se trata de recortes e indicadores marginales que no refelan la estadística dura de los sectores.

    En abril, el Índice de Producción Industrial manufacturero cayó 2,8% interanual, acumuló una baja de 2,4% en el primer cuatrimestre y retrocedió 2,1% contra marzo en la serie desestacionalizada. La construcción también cayó 2,8% interanual y se desplomó 4% mensual, aunque todavía conserva una suba acumulada de 2,1% en el primer cuatrimestre.

    En la industria, doce de las dieciséis divisiones manufactureras tuvieron caídas interanuales. Maquinaria y equipo bajó 20,2%; industrias metálicas básicas, 11,2%; prendas de vestir, cuero y calzado, 15,9%; alimentos y bebidas, 2,4%; vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes, 10,7% y productos textiles, 22,2%, entre otras.

    El mercado de vehículos usados cayó más de 5 puntos en lo que va de 2026

    Las únicas ramas con signo positivo fueron sustancias y productos químicos, con una suba de 16,7%; productos de tabaco, con 6,5%; refinación de petróleo, coque y combustible nuclear, con 5,6%; y madera, papel, edición e impresión, con 4,1%. En químicos, además, pesa una base de comparación particular: en abril de 2025 el polo petroquímico de Bahía Blanca había sido afectado por las inundaciones y falta de suministro de gas natural.

    El Indice de Producción Industrial manufacturero cayó 2,8% interanual, acumuló una baja de 2,4% en el primer cuatrimestre y retrocedió 2,1% contra marzo en la serie desestacionalizada. La construcción también cayó 2,8% interanual y se desplomó 4% mensual.

    La estadística confirma lo que ya es una marca registrada del modelo de Milei, el bloque textil fue uno de los más golpeados con una caída del 22,2% interanual, pero la rama de maquinaria también encendió una alarma fuerte. Cayó 20,2% interanual, con maquinaria agropecuaria abajo 29,7% y aparatos de uso doméstico en baja de 26,9%. En el primer trimestre, las ventas nacionales de tractores cayeron 41,4% y las de cosechadoras, 6,2%.

    La siderurgia también se desplomó con un caída del 19,3%, y el complejo automotor tampoco acompañó. Según ADEFA, las ventas a concesionarios de autos y utilitarios nacionales cayeron 50,6% interanual en abril. Las exportaciones de autos bajaron 34,7%, aunque las de utilitarios subieron 60,7%.

    La construcción mostró un serrucho. El ISAC cayó 2,8% interanual y 4% mensual desestacionalizado.  El empleo registrado de la construcción mostró una mejora, pero sobre una base todavía baja. En marzo hubo 384.157 puestos privados registrados, con una suba de 2,5% interanual y 1,6% acumulada en el primer trimestre. La superficie autorizada por permisos de edificación en 246 municipios llegó a 1.396.405 metros cuadrados, con una suba de 14,5% interanual. En el primer trimestre acumuló un alza de 4,5%. 

    La encuesta cualitativa del INDEC muestra un sector sin euforia. Entre las empresas dedicadas a obras privadas, 75,5% cree que la actividad no variará entre mayo y julio. Entre las empresas de obra pública, 60% no espera cambios y un 25,6% prevé una caída. Las privadas que esperan una baja mencionan como principales causas la caída de la actividad económica y los altos costos de construcción. En obra pública, pesan la caída de la actividad y los atrasos en la cadena de pagos.

    En ese clima, Ricardo Arriazu dejó una definición que el Gobierno podría leer como respaldo, pero que también contiene una advertencia. En la Convención Anual de Camarco dijo que «los planetas están alineados para la Argentina». Pero enseguida marcó la paradoja: los sectores que crecen son oferentes de divisas y poco demandantes de empleo, como agro, minería y energía. En cambio, los sectores que caen son demandantes de divisas y de mano de obra: industria, construcción y comercio.

    Sobran divisas y falta demanda de mano de obra. Los sectores que hoy crecen son oferentes de divisas y poco demandantes de mano de obra, como la agricultura, la minería y la energía. En cambio, los sectores que registraron caídas son demandantes tanto de divisas como de mano de obra. Ahí se ubican la industria y la construcción y el comercio.

    Arriazu resumió la rareza de época con una frase filosa: «Sobran divisas y falta demanda de mano de obra». También advirtió que la construcción sigue alrededor de 30% por debajo de los niveles de mediados de 2023 y reclamó crédito para reactivar la actividad. 

    La lectura más dura aparece en el informe de I+D, la consultora Industria y Desarrollo de Diego Coatz. Coatz fue jefe de economía de la UIA y dejó la cámara en medio de diferencias con la línea de Martín Rappallini frente al gobierno. En el mundo fabril, su salida fue leída como una señal del malestar de una parte de la industria que no compra la postal oficial.

    I+D sostuvo que la actividad industrial cayó fuerte en abril luego de la recuperación de marzo y que la producción está estancada con tendencia a la baja desde hace más de un año. Según la consultora, la industria está 5,7% por debajo del pico de febrero de 2025, el máximo del gobierno de Milei, y 15,1% debajo del pico histórico de la última década, registrado en noviembre de 2017. Además, empeoró su proyección para 2026: ahora espera una caída industrial de 1,9% anual.

    El informe también advierte que los datos adelantados de mayo no muestran un rebote claro. Autos cae 20,9% interanual, cemento baja 1,5% y la venta de materiales para la construcción apenas repunta 1,5%. En abril, 11 de los 16 sectores retrocedieron contra marzo y 9 ramas están más de 33% por debajo de sus máximos de los últimos diez años. 

    I+D agrega otra capa al problema. Las exportaciones de manufacturas de origen industrial crecieron 43,3% interanual en abril, pero la mitad de esa suba se explicó por oro y carbonato de litio, dos productos de origen minero que entran en la estadística. 

    La consultora habla de un «efecto sándwich»: precios y demanda a la baja, costos al alza. Los precios industriales avanzaron 23,1% interanual en abril, sin contar refinación de petróleo, mientras el IPC general subió 32,4% y los servicios treparon 43,1%. En esa pinza quedan atrapadas la rentabilidad, la inversión y el empleo. 

    El dato social completa el cuadro: 51,8% de los industriales dice que su principal problema es la demanda interna insuficiente; sólo 3,3% espera aumentar personal en los próximos tres meses; 17,7% prevé reducir dotación; en el último año se perdieron 45.000 empleos industriales formales directos y 79.200 totales; cerraron 1.800 pymes industriales; y se pierden seis empleos industriales por hora.

     

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    UNA MANGA DE CHANTAS: Sturzenegger también adhirió al régimen de Inocencia Fiscal

     

    Mientras el Gobierno construye un discurso de supuesta superioridad moral contra quienes reciben asistencia estatal, protestan o cuestionan sus políticas, cada vez aparecen más funcionarios que utilizan el mismo régimen que el oficialismo promocionó para regularizar activos y patrimonios. Tras conocerse la adhesión de Manuel Adorni y su esposa, ahora trascendió que Federico Sturzenegger también recurrió a la denominada «Inocencia Fiscal».

    Por Roque Pérez para NLI

    El relato libertario volvió a chocar contra la realidad. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, se sumó al Régimen Simplificado de Ganancias conocido oficialmente como «Inocencia Fiscal», un esquema impulsado por el propio Gobierno para facilitar la exteriorización y regularización patrimonial bajo nuevas condiciones. La información apareció pocas horas después de que se conociera que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su esposa también habían presentado la adhesión.

    La noticia profundiza una contradicción política que ya resulta difícil de ocultar. El mismo oficialismo que construyó buena parte de su identidad acusando a otros sectores de vivir de privilegios, esconder dinero o aprovechar beneficios estatales, ahora exhibe una larga lista de funcionarios utilizando un mecanismo creado por el propio Gobierno para blanquear situaciones fiscales y obtener seguridad jurídica.

    De Adorni a Sturzenegger, una cadena de adhesiones

    La revelación sobre Sturzenegger llega apenas horas después de la polémica generada por la adhesión de Adorni y de su esposa, un episodio que abrió fuertes cuestionamientos sobre la utilización del régimen por parte de los más altos funcionarios nacionales.

    La situación adquiere una dimensión política todavía mayor porque fue este mismo Gobierno el que impulsó la denominada Ley de Inocencia Fiscal como una herramienta para incentivar el ingreso al sistema de activos no declarados y reducir las consecuencias penales de determinadas infracciones tributarias. Entre sus principales modificaciones se elevaron considerablemente los montos para configurar delitos de evasión y se simplificaron procedimientos administrativos.

    Mientras tanto, desde el discurso oficial se continúa apelando a conceptos como «la casta», «la superioridad moral» y la necesidad de terminar con los privilegios de la política, aunque cada nueva revelación parece mostrar que las herramientas creadas por el Ejecutivo también son utilizadas por quienes integran el propio gabinete.

    La doble vara como política

    No es la primera vez que un gobierno liberal queda asociado a un régimen de sinceramiento fiscal utilizado por sus propios funcionarios. Durante la administración de Mauricio Macri, el entonces ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, también había sido señalado por acogerse al blanqueo de capitales impulsado por ese gobierno antes de asumir su cargo, una situación que generó fuertes cuestionamientos públicos.

    Ahora, la historia parece repetirse con otro protagonista de peso dentro del gabinete de Milei. Sturzenegger, uno de los principales ideólogos del programa de desregulación y reducción del Estado, aparece entre quienes eligieron adherir al régimen que el oficialismo presenta como un «cambio de paradigma» en materia tributaria.

    La contradicción resulta evidente: mientras se exige transparencia absoluta para amplios sectores de la sociedad y se condena con dureza cualquier irregularidad ajena, los máximos funcionarios recurren a un mecanismo especialmente diseñado para regularizar su propia situación fiscal bajo reglas mucho más favorables.

    La moral libertaria parece funcionar con dos velocidades: una inflexible para el ciudadano común y otra considerablemente más flexible cuando los beneficiarios son quienes integran el propio Gobierno.

     

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  • Con el Indio se murió mi juventud

     

    Año 1988. Un novio de mi hermana le presta el casete de una banda que se llama Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Gulp. Lo escucho y quedo encantada. El novio me cae bien, vive en Aldo Bonzi y tiene pinta de rockero. Yo estoy en sexto grado. Es la antesala de la hiperinflación. En casa no sobra un peso. Así que “La bestia pop” y “Unos pocos peligros sensatos” acompañan nuestros días. Recuerdo el casete blanco, los nombres de los temas amontonados en letras chiquitas, lado A y lado B. Sonidos eclécticos. Una música que te permite viajar y olvidar, por un rato, los monoblocks y sus varias miserias. 

    Año 1993. El tiempo pasa y la música del Indio se disemina como un virus que nos toca y nos convierte en otra cosa. Mis compañeros de la secundaria lo escuchan y todas y todos nos hacemos fans. Imposible resistirse. Adri, una amiga que tiene apenas cuatro años más que yo, ya los fue a ver a algunos de los conciertos más chicos. Y se viene el primer Huracán y estamos que explotamos de emoción. Con astucia, Adri, la mayor, Ana, mi mejor amiga desde primer grado y yo, convencemos a mi vieja, la más dura, de ir al evento en Huracán. Lo logramos. Es mi primer recital y la presentación del disco doble de la banda, Lobo Suelto, Cordero Atado. Nos preparamos desde semanas antes. El nerviosismo es total. Llega el día y estamos exultantes. Nos recuerdo a las tres atravesando la ciudad desde La Matanza para llegar a La Quema. Las luces del estadio encendidas, la policía afuera y los de seguridad adentro. Todo era tensión, ansiedad, alegría, desborde. Pasamos los controles con un nudo en la garganta. Entramos y el campo es un mundo de gente feliz y expectante. El recital es perfecto. Cantan todas las canciones que queremos escuchar. Cuando llega “Ji Ji Ji” parece que el mundo se viene abajo. Bailamos, saltamos, empujamos y gozamos en medio de la masa ricotera sin miedo ni pruritos. Somos tres minas que poguean de igual a igual con la gran cantidad de varones que forman lo que, todavía no sabemos, se irá convirtiendo en el mítico pogo más grande del mundo. Nos miramos reír, sudar, apartarnos y volver al ruedo. La experiencia es inmensa, conmovedora y desbordante. Escucharlos en vivo es soñar despierta. Estoy en 4to año y el menemismo ya está haciendo de las suyas. Afuera del estadio, la Federal nos espera con caras de pocos amigos. Pero logramos salir más o menos indemnes de los bordes del Ducó y nos volvemos a casa con la felicidad dibujada en la cara y pegada en el cuerpo por la transpiración de miles de almas con las que gozamos a la par. 

    Año 1996. Nos vamos a ver la presentación de Luz Belito a Mar del Plata en tren. Tuvimos que juntar peso por peso para la entrada y el viaje, porque la cosa está cada vez peor. Tenemos una caja con pizzetas que nos hizo mi vieja y que será todo nuestro sostén alimenticio por dos días. Nos cagamos de frío desde que llegamos hasta que nos vamos. Salimos el 8 de junio a la mañana desde Constitución. El viaje en tren es pura algarabía. Somos varias y varios en el grupo, amigos a quien nos une el amor y la música en partes iguales. Cuando llegamos a las inmediaciones del estadio, ya sin pizzetas y abrigados hasta las tetas, la policía nos corre por Av. Constitución, en las afueras de Go! Disco. Logramos entrar después de que nos revisan cuerpo y mochilas como si todo fuera una misma cosa. Junto con el cacheo nos dan una hoja de cartón negro que aún conservo y que tiene todas las letras de Luz Belito en un diseño sencillo y hermoso. El lugar no es grande, el escenario está ahí nomás. Nos paramos en las gradas de la izquierda y empezamos a cantar. A hacer comunión con el público que cada vez llena más los rincones del lugar. Cuando salen a escena Go! explota. Las luces, las banderas, los bailes del Indio, la guitarra de Skay. Todo es nuevamente perfecto. Los vemos de cerca, escuchamos sus canciones como nunca antes. Bajamos al piso y queremos estar más cerca del escenario pero el forcejeo es mucho y pierdo la batalla. Termino en medio de un tironeo que me va a dejar un moretón de dimensiones considerables en la pierna. Pero estoy al costado del escenario, viendo al Indio por el agujero de una de las maderas que sostiene la estructura. Nunca volveré a tenerlo tan cerca. Tiene una presencia que me cautiva, su cuerpo parece moverse entre algodones eléctricos. Sus zapatos son únicos, me llaman la atención. ¿Cómo puede un rockero ser tan elegante? Quedo embelesada. A la salida otra vez la Bonerense. Dormimos en la playa acompañados por petacas de licor que nos regalan el calor tan necesario. En la estación de tren la policía bardea a un amigo que duerme en un asiento de madera y hay que salir a defenderlo. Volvemos sin pizzetas y sin plata. Tenemos hambre, frío, miedo. Pero vimos a Los Redondos tan de cerca que todavía nos cuesta creerlo. No sé si lo sabemos, pero somos felices. Estoy en el CBC y trabajo en negro en una fotocopiadora dentro del Aeropuerto de Ezeiza. Dicen que la empresa dueña de todo eso pertenece a Yabrán. El menemismo nos duele en los huesos porque la desocupación, el hambre y la corrupción están haciendo estragos. Pero el tipo va por el segundo mandato, así que nos toca cerrar el orto y refugiarnos en el rock. 

    Año 1998. Recital en Racing. Inicio de la gira para presentar Último bondi a Finisterre. Van a tocar 18 y 19 de diciembre. Nadie imagina el peso que esas fechas tendrán tres años después, aunque el clima social es insoportable y es de esperar que todo esté camino a estallar. Los alrededores del estadio se sienten densos, hostiles. Hay oscuridad en las calles de Avellaneda que rodean al Estadio Presidente Perón. Otra vez nos espera la Bonaerense, ordenando e intimidando por partes iguales. Entramos al estadio en medio de un kilombo entre el público con y sin entrada y el personal de seguridad, que desborda mala leche hacia los jóvenes a quienes, se supone, debería cuidar. Hay gente afanando a cuatro manos y a nadie parece importarle. Desde el campo vemos a un flaco en la tribuna con dos pares de zapatillas bajo el brazo. A Diego, un amigo, lo quieren bolsillear unos pungas apenas pasamos la entrada y casi se van a las manos. Cuando se apagan las luces entramos en el ritual de la misa ricotera y nada más importa. Pasados los primeros temas, estoy subida en los hombros del Zurdo, un amigo fortachón que me hace la segunda. Canto ensimismada “Esa estrella era mi lujo…” y todavía no sé que será la canción con la que homenajearé a mi vieja una vez que se vaya, 10 años después. Alguien tiene la feliz idea de tirarle una bengala al Indio y todo se detiene. El recital, el tiempo, la alegría. Todo queda suspendido. Y el público responde enardecido, como siempre. Salimos con una enorme desazón, queríamos un recital completo. Que transpire rock y no pudo ser. Afuera del Cilindro otra vez la cana. Terminamos en un boliche de Flores tomando birra y cantando los temas que quedaron pendientes. Estoy en 2do año de la carrera de Sociología y trabajo de secretaria en una clínica de traumatología; en negro, claro.

    Año 2000. Recital en River. Saco entrada para los dos días, 15 y 16 de abril. Son mi auto regalo de cumpleaños. La Rock & Pop se hace cargo de la organización y difusión de los recitales. Dicen al aire que nadie que no tenga entradas puede acercarse a menos de cinco cuadras a la redonda. Llegamos al estadio con ansiedad y nerviosismo, como siempre. Pasamos los primeros vallados sin que nadie nos pida nada. Es el estadio más grande en el que tocaron. La Policía Federal está afuera esperando a los fanáticos. Nos obligan con cachiporras y caballos a ordenar la fila contra la pared. Mis amigos ponen el cuerpo para que no me peguen, ventajas de ser minita. En la vereda de enfrente varios pibes arrojan baldosas que fueron rompiendo sin prolijidad. Los destinatarios son los policías, obviamente. Un pibe logra robarse un caballo y lo monta con orgullo al galope. El público aplaude, altivo por la hazaña de uno de los nuestros. Después de horas de cachiporrazos, piedras y caballos, logramos entrar al estadio. Nadie nos pide las entradas ni nos cachea. Nos da bronca. ¿Para qué pagamos? Adentro es una fiesta. Somos miles cantando, coreando, esperando a la banda. Hasta que de golpe se empieza a sentir un murmullo denso, oscuro. Y una multitud nos cae encima. Siento pánico. Por suerte estoy sin lentes, pienso. La multitud se corre a un costado pero vuelve a arremeter. No entendemos qué carajos pasa. El miedo nos corre por la espalda como una amenaza fría. Después sabremos que hay un pibe con una navaja robando y sembrando miedo, y que en la devolución de favores el pibe terminará hospitalizado por heridas cortantes que lo llevarán a la muerte. El clima social, adentro y afuera, está cada vez peor. Todo es desconcierto hasta que arranca el recital. Apostamos a ver con cuál canción empiezan. Digo «Tarea fina». Diego me dice «minita». Fue “Un ángel para tu soledad”. El recital es una fiesta a puro desborde. Risas, cantitos, intensidad. El pogo más grande del mundo es inmenso, puro goce. Bailo y me empujo nuevamente con flacos y minas que atraviesan la misma fiesta lisérgica que yo, sostenida a birra y alegría autoinflingida. Somos felices y esta vez sí lo sabemos. Al otro día volvemos y ya no hay navajas pero la Federal continúa disciplinando cuerpos jóvenes en los alrededores del estadio. No sabemos que es la última misa ricotera en el Gran Buenos Aires. Nos vamos con el alma rebosante de rock. Estoy en 4to año de la carrera, aunque me falta bastante para recibirme. Y preparándome para irme a vivir sola y dejar de viajar cinco horas por día en bondi, haciendo el trayecto Ciudad Evita-laburo-facultad y viceversa. Me pusieron en blanco, pero como cobro sueldo fijo y no por horas, gano un poco menos de guita. 

    Año 2005. Voy al Estadio Único de La Plata con amigos a ver por primera vez a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Afuera el clima es más tranquilo, aunque siempre surge algún pequeño bardo, para no perder la costumbre. Extraño la mística ricotera y el sonido redondo. No me gustan los temas nuevos. Me la paso cantando «Solo les pido que se vuelvan a juntar». Hago el último pogo con el Indio en el escenario y siento que ya nada es lo mismo. Vivo sola en mi segundo departamento y soy becaria de la UBA. No tiro manteca al techo pero estoy un poco más acomodada.

    Escribo y entiendo hasta qué punto Los Redondos y El Indio son la historia de mi vida. En estos días estoy de duelo, como miles y miles a lo largo del país. Con El Indio se murió mi juventud y necesito volver a escribirlo para convencerme de que todo es verdad. Vi el velorio por la tele. La peregrinación incansable a la que no le puse el cuerpo. Porque todo mi espíritu ricotero quedó en River, aquellos 15 y 16 de abril del 2000, cuando la banda sonora de mi vida tocó por última vez el más bello y certero rock and roll del país.

    La entrada Con el Indio se murió mi juventud se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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