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CONTADOR DE BILLETES

Tenía una facilidad para contar billetes pocas veces vista Los dedos se entremezclaban con la propia estela visual del movimiento escalonado desde el índice hasta el meñique. El negocio movía efectivo a rolete, necesitaban de alguien que cuente horas y horas seguidas, billetes y billetes Sin parar Y rápido. Una profesión que cotizaba en alza «Contador de Billetes». Se movían de alta denominación Pero ese es un dato irrelevante. El papel es uno y uno, y es papel No importa el color, sólo cobra valor cuando se canjea. Y ahí iba otra vez A contar papeles A toda velocidad. Los contaba y los entregaba. De a montoncitos. Hasta que salía el sol. Le pagaban y se iba. Le pagaban con un montón de papelitos más. Papelitos de colores Se los guardaba en el bolsillo, le quedaban hinchados como cara de paperas. Caminaba hasta Santa Fe, se acomodaba a la sombra, suspiraba y volvía a hacer lo suyo. Los dedos y su magia Se esfumaban y se reconvertían, dedos locos. Tomaba un papelito y extendía el brazo Ofrecía Raramente no lo aceptaban, como orgullosos o desinteresados. Pero si es un billete O un papelito. ¿Es indistinto? Y así incontable cantidad de veces. Una y otra vez Billete o papelito ¿Tiene significancia? Sus dedos Los dedos, porque no eran suyos. Una y otra vez Sin parar, sin hablar. Y cuando el sol se empezaba a esconder tras los edificios despintados y atacados de humedad De vuelta a casa Largo trecho A cenar algo y Leer Osvaldo Soriano. Hoy Ayer Mañana “Triste, solitario y Final” Le hacía recordar a la Patagonia  Su Patagonia sin edificios. Y sobre esos recuerdos, dormir, soñar dormido, soñar despierto. Y volver a ser un valioso contador de billetes (o de papeles), de vaya a saber que negocio y en qué época.

Imagen: Emiliano Piccinini
Emiliano Piccinini

Por Emiliano Piccinini

Periodista - Comunicador - Docente - Redactor y Editor de LaTapa - Reginense - Patagónico

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