Las palmas abiertas para recibir al mundo. Crecer para agarrar, tocar, moldear, apretar. Luego de haber crecido entre hectáreas de soja y alambrados, llegaría el momento de liberarse de cualquier monocultivo. Construyó una casa con su imaginación en donde vivió cinco años de su vida. Años confortables de sedentarismo y confort. Lavarse para salir a hacer las compras o dar una vuelta en bicicleta. Levantar el pulgar para decir que todo va bien. En algún punto sabía que las otras manos podían extenderse para reconocerla. Pero en realidad, no tenía la certeza de cuánto tiempo tardaría en llegarle el golpe preciso de la desdicha. Optó por el optimismo y la confianza en sí misma. Y así poder esperar un ameno apretón de manos o hasta esa ansiada caricia. Vio a muchas manos caer en el abismo del olvido. Sintió que sus uñas crecían para alcanzar las amalgamas de cualquier rasguño. El pulgar podría haber predicho la catástrofe, pero no fue así. Entonces, decidió leer su destino. Optó por la Quiromancia para desafiar a las nebulosas de lo indeterminado. Pero tropezó con un meñique cuando cruzaba la calle de la desesperación. Nunca trató de negar la caída o esconderla para realizar ese truco de magia que ya a nadie sorprendía. Cerró el puño conteniendo la bronca por los días perdidos debajo de la almohada. Sacudió el mantel, y las migas se esparcieron por el piso de un futuro mejor. ¿Saludar o señalar? Abrir la puerta para ir a jugar. Ah. Sí, tiró la pelota al otro lado del río.Tuvo que nadar junto a su brazo y sumergirse para después respirar y así arribar a la otra orilla. Pero en el fondo, sospechaba que algún día la retendría la artritis o la pérdida de fuerzas. No se detuvo ante ese sentimiento limitante, y encendió el motor de lo posible. Los años transcurrieron igual. Pasaron por su piel manibeles, volantes, papeles, puertas, teléfonos, naranjas, timones, montañas, perros, patas de pollo, zapatos, control remoto, mocos, arena, frenos de mano, canillas, y muestras afines. Es cierto, también había tirado la piedra, atrapado pájaros, insultado con su dedo más alto, pero nunca, nunca cedería ante la tentación de obedecer a la Gran Mano. Precisaba de una independencia liberadora, construir con su propio cuerpo de mano aquello que pretendía… Sin embargo, un mediodía de julio, mientras preparaba el locro, fue maniatada y encarcelada. Una condena injusta por un crimen que nunca cometió. Su mano abogada le dijo que no se preocupara, que estaba limpia. Le jugaron una mala pasada, eso es cierto.Treinta y cinco años trás las rejas sin saber porqué. El día que la liberaron su hermana fue a buscarla. Hoy, trabaja en una panadería.

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Pablo Nani
Columnista de LaTapa. Publicó los siguientes librillos o grillos de letras: "A temperatura dos murmúrios", "Espuma brutal" , "O lado oculto do azul"; "Playa nudista para poemas vestidos" (Biblioteca de Las Grutas, único ejemplar y única edición). También, diversos textos en diferentes espacios digitales.

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