I La foto no sale movida en ese cuento en el que, donde debía estar una cosa, sale otra cosa. nomás un desplazamiento: azúcar en el libro de proust, números o clavos en la taza. como un chiste de payaso: olés la flor de plástico y te sale un chorro de agua. así cualquiera -con perdón- se hace el gracioso. hay, sin embargo, otros mundos que están en éste y un clavo te agujerea los ojos, y puede que sea o no sea un clavo, la sangre no te deja ver bien. cualquier foto, por más enfocada que estea, ha estado un poco siempre movida.
II Si reciben un correo que dice: “Me puedo estimular/ con música y alcohol/ peró me excito más/ cuando es con vos” ¡No lo abran! Es Virus.
III Lo que hace ajena a la voz es su falta, la imposiblilidad de decir lo que haría falta. la falta que le queda a la voz es, sin embargo, la posibilidad del arte. un modo de la desesperación, una manera que insiste en decir lo que no se puede decir. algo que da vueltas en la forma, en el modo.
IV Hube notado que en tiempos de pandemia no se ha usado tanto la expresión “viralizar” para referirse a la difusión en las redes.
V Buena parte del discurso del activismo ecológico se sostiene en una distorsión idealizada del criterio de de salud: se considera a la Tierra como organismo enfermo, cuyo equilibrio primordial perfectamente saludable y total ha sido para siempre enfermado por la actividad humana.
VI “A mind is like a parachute. It doesn’t work if it is not open” Frank Vincent Zappa
VII Leído que lo hube literalmente con mis orejas, descubrí que yo no sé cómo se hace para cuidar de un amorcito que mordió el polvo por demás otra vez… ¿le damos guisqui y lexotanil? ¿salimos con nuestro amorcito a correr una vuelta a la manzana? ¿le proponemos jugar al poker por prendas? Seguro que de garchar no viene el asunto ¿Discutimos de política, de literatura, de música de los redondos hasta que se duerma? No sé, no sé, una mosca me jode detrás de la oreja. No tengo ni idea.
VIII ¿Por qué será que cualquier adolescente argentino es -en general- menos ingenuo, más vivo, más culto, más sensible, más conciente y más inteligente que los personajes adolescentes que protagonizan las pelis yanquis?.
IX Qué buena es la rama del pino
que a veces se agita un poco
en el bosque para separar dos
escenas de la misma película.
X “Un asesino a salario, demasiado decano, decide evadirse. Pero esto no le va a venir tan comprensible, puesto que tendrá que chocar a un clon mucho más joven” (cuando los que promocionan películas se ahorran la paga del taductor).
Sobre la donación de plasma de pacientes de covid19, la desinformación de los medios, investigación, la donación como acto altruista, las campañas de incentivación y la Ley de Sangre. Lo primero que hay que dejar en claro cuando hablamos de donación de plasma de pacientes recuperados de covid_19 es que el plasma no es una…
Dos posibilidades, una elección. Como la «Y», una bifurcación que se une en el punto preciso de la decisión. Por un lado, el placer, por el otro la constancia. Por aquí la sensación en la intensidad de los sentidos, por allá el esfuerzo por lograr la excelencia. La Virtud camina tranquila, de buen porte, noble,…
La historia de Federación, la ciudad entrerriana que fue demolida y trasladada en 1979 para construir la represa de Salto Grande y terminó bajo las aguas del embalse.
Por Alcides Blanco para NLI
Hay una ciudad argentina que existe y, al mismo tiempo, dejó de existir. Tiene habitantes, calles, escuelas, comercios, una plaza, edificios públicos y una identidad propia, pero el lugar donde durante más de un siglo se desarrolló su vida cotidiana permanece bajo las aguas de un enorme lago artificial. No se trata de una leyenda ni de un pueblo abandonado: Federación, en Entre Ríos, fue literalmente trasladada para permitir la construcción del complejo hidroeléctrico de Salto Grande y su antiguo emplazamiento terminó inundado. Lo extraordinario es que antes de que llegara el agua, la vieja ciudad fue desmontada y demolida, mientras sus habitantes eran obligados a comenzar nuevamente sus vidas en una ciudad construida desde cero a pocos kilómetros de distancia.
La historia comenzó mucho antes de que las topadoras entraran en escena. En 1946, los gobiernos de Argentina y Uruguay firmaron el tratado binacional que estableció las bases para aprovechar los rápidos del río Uruguay en la zona de Salto Grande mediante una represa hidroeléctrica. La decisión tenía un objetivo estratégico: producir energía y aprovechar el potencial del río, pero también implicaba una consecuencia enorme para una comunidad entrerriana. La construcción del embalse significaba que la ciudad de Federación desaparecería bajo las aguas. Sin embargo, la obra no comenzó inmediatamente. Durante casi tres décadas, los habitantes vivieron con la certeza de que algún día deberían abandonar su ciudad, pero sin saber exactamente cuándo ni cómo sería el traslado.
Una ciudad condenada a desaparecer
La vieja Federación tenía una historia mucho más extensa de la que permite imaginar su actual aspecto turístico. Su origen se remontaba a los antiguos asentamientos de la zona y, después de una primera relocalización en el siglo XIX, el pueblo había crecido alrededor de la explotación forestal y de su posición estratégica sobre el río Uruguay. Durante décadas desarrolló una vida urbana propia, con escuelas, comercios, clubes, bancos, estación ferroviaria, iglesia, hospital, instituciones públicas y una intensa actividad vinculada a la madera. No era una aldea improvisada que pudiera abandonarse sin consecuencias: era una comunidad consolidada, con generaciones enteras que habían nacido, trabajado y muerto allí.
La incertidumbre se hizo cada vez más concreta cuando comenzó finalmente la construcción del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande, en 1974. Para entonces, unas 5.000 personas vivían en Federación y el destino de la ciudad estaba decidido. La futura represa necesitaba un enorme embalse y el casco urbano quedaba dentro de la superficie que sería cubierta por el agua. La alternativa fue construir una nueva ciudad en un terreno situado varios kilómetros al norte. Pero trasladar una comunidad no significa simplemente entregar nuevas casas: implicaba romper una trama urbana, separar vecinos, abandonar lugares cargados de recuerdos y decidir qué podía conservarse y qué debía desaparecer.
La construcción de la nueva Federación comenzó finalmente en 1977 y avanzó a una velocidad extraordinaria. En apenas un par de años surgió una ciudad completamente nueva, diseñada con criterios urbanísticos modernos para la época. Se construyeron más de mil viviendas y se trazaron nuevas calles, espacios públicos y servicios. Pero aquella modernidad tenía una contracara: muchas familias debieron abandonar barrios donde habían vivido durante décadas y adaptarse a una ciudad que todavía parecía un enorme obrador. Las investigaciones sobre la relocalización muestran que incluso la distribución de las viviendas produjo conflictos y transformó las relaciones sociales de la comunidad.
Antes del agua llegaron las topadoras
El episodio más impresionante ocurrió durante los últimos meses de la vieja ciudad. Federación no fue simplemente abandonada para que el agua hiciera el resto. Antes de la inundación se demolieron buena parte de sus edificios y se desmontó el antiguo casco urbano. La investigación académica sobre el proceso enumera entre las construcciones que quedaron bajo las aguas a la sede de la Gendarmería, la plaza 9 de Julio, la Jefatura de Policía, la Municipalidad, el correo, la central telefónica, las escuelas, los bancos, los comercios tradicionales, los clubes, el cine, la estación ferroviaria y numerosos edificios que habían formado parte de la vida cotidiana de varias generaciones.
La imagen es difícil de imaginar hoy: una ciudad entera siendo desarmada antes de que llegara el lago. Casas, comercios y edificios públicos fueron desapareciendo mientras sus habitantes se preparaban para mudarse. La documentación oficial de la época y posteriores investigaciones describen un proceso de relocalización complejo y traumático, en el que las cuestiones legales sobre la propiedad, la adjudicación de las nuevas viviendas y la distribución de los habitantes generaron numerosos problemas. La nueva ciudad debía estar lista antes de que el embalse comenzara a cubrir definitivamente el antiguo territorio.
El 25 de marzo de 1979 fue inaugurada oficialmente la Nueva Federación. El acto estuvo encabezado por el dictador Jorge Rafael Videla, en pleno terrorismo de Estado. Apenas unos días después, el 1° de abril, comenzó el llenado del embalse y el agua empezó a ocupar el territorio de la vieja ciudad. El lugar que había albergado a generaciones de federaenses quedó progresivamente cubierto por el lago de Salto Grande. La vieja Federación había dejado de existir como ciudad y la nueva comenzaba una historia completamente diferente.
Una ciudad que todavía aparece debajo del lago
La historia tiene una última vuelta extraordinaria: la vieja Federación no desapareció completamente de la memoria ni del paisaje. Cuando el nivel del embalse baja lo suficiente, pueden volver a observarse restos del antiguo asentamiento: calles, cimientos y ruinas que permanecen debajo del lago. En julio de 2026, una bajante preventiva del embalse volvió a dejar visibles sectores de la ciudad desaparecida, permitiendo que quienes conocen su historia contemplaran nuevamente fragmentos de aquel lugar que había sido demolido décadas atrás.
La propia existencia actual de Federación contiene una paradoja histórica todavía más profunda. La ciudad que nació como consecuencia de una relocalización traumática terminó convirtiéndose décadas después en uno de los principales destinos turísticos de Entre Ríos. El descubrimiento de aguas termales en el subsuelo de la nueva ciudad, en la década de 1990, transformó completamente su economía y abrió una etapa de crecimiento basada en el turismo. El mismo territorio que había sido creado para reemplazar una ciudad desaparecida encontró una nueva identidad gracias a un recurso natural que nadie había previsto cuando se diseñó la nueva Federación.
Por eso Federación es mucho más que una curiosidad histórica sobre una ciudad inundada. Su historia permite observar una de las grandes contradicciones del desarrollo argentino del siglo XX: una obra de infraestructura capaz de generar energía para millones de personas también podía significar que una comunidad entera perdiera su territorio, sus edificios y buena parte de los lugares que constituían su memoria colectiva. La vieja Federación no fue destruida por una catástrofe natural: fue deliberadamente demolida para hacer posible una obra considerada estratégica, y miles de personas tuvieron que reconstruir su vida en otro lugar. Hoy, cuando el agua baja y vuelven a aparecer sus calles y cimientos, aquella ciudad que oficialmente dejó de existir en 1979 demuestra que algunas ciudades pueden desaparecer del mapa sin desaparecer completamente de la historia.
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