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Servicio de recolección de residuos durante los próximos días

La Municipalidad de Villa Regina informa que el servicio de recolección de residuos domiciliarios se brindará de acuerdo al siguiente cronograma durante los próximos días:

*Jueves 30 de diciembre: Normal

*Viernes 31 de diciembre: Se realizará sólo en los sectores en los que el servicio se presta en la mañana.   

*Sábado 1 de enero: No habrá recolección.

*Domingo 2 de enero: Se realizará en los barrios en los que habitualmente el servicio se presta durante esa jornada.

*Lunes 3 de enero: Normal.

Se solicita a los vecinos que tengan en cuenta este esquema y eviten sacar las bolsas en los días en que no se prestará el servicio.

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  • Trump defendió el derecho de la Scaloneta a mostrar la bandera de Malvinas y dejó en ridículo a Milei

     

    El gobierno de Donald Trump salió en defensa de los jugadores de la Scaloneta que mostraron la bandera de las Malvinas tras el partido contra Inglaterra y dejó en un ridículo mundial al gobierno de Javier Milei.

    Luego de que su ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, intentara prohibir referencias a las Malvinas en el partido, el gobierno entró en un laberinto del que no puede salir. El presidente recibió miles de comentarios negativos por ponerse del lado de los ingleses, que querían evitar pronunciamientos sobre las islas argentinas.

    Incluso después que los propios jugadores se burlaran de la «medida» de Monteoliva, Milei había dicho que habían sido «imprudentes» por mostrar la sábana que rezaba «Las Malvinas son argentinas». Además, agregó que no sabían nada de diplomacia pese a que gracias a la bandera, los jugadores lograron que en Inglaterra se abra el debate sobre si no es hora de negociar con Argentina por las Islas Malvinas.

    El libertario se la pasó los últimos dos días descalificando a los jugadores e incluso mandó a su vocero a desmentir a Lionel Messi, que dijo que la gente no llega a fin de mes en Argentina.

    Este viernes el tema escaló al peor escenario imaginable para Milei: su ídolo Trump se puso del lado de los jugadores y desestimó cualquier intento de sancionarlos, como habían sugerido los propios funcionarios del gobierno argentino.

    El encargado de sentar la postura del gobierno de Trump fue Andrew Giuliani, el  director ejecutivo del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para el Mundial.

    «¿Estuvieron mal los jugadores argentinos al usar un estadio del Mundial para reclamar la soberanía de las Islas Malvinas, que son territorio de su gran aliado, el Reino Unido? ¿Deberían esos jugadores argentinos que politizaron un partido del Mundial ser excluidos de la final?», le preguntó un periodista a Giuliani en una rueda de prensa en la Casa Blanca.

    Giuliani respaldó a los jugadores con una respuesta que ya recorre el mundo. «Mira, creemos en nuestros derechos de la Primera Enmienda aquí en los Estados Unidos de América», dijo en primer término

    «Creo que esta va a ser una final increíble, ¿no? Al pensar en Argentina, la increíble remontada que lograron contra el equipo inglés, que era realmente bueno. Mucha gente pensó que este sería el año en que finalmente, después de 60 años, Inglaterra llegaría a una final. Tendrán que esperar hasta el 2030 o más. Pero, sabes, Messi es uno de los mejores de todos los tiempos», dijo en una chicana al reclamo de los ingleses.

    «Y, en cuanto a la capacidad, la oportunidad de poder hacer esas declaraciones, tienen la capacidad de hacerlo en los Estados Unidos de América», remató Giuliani, que de este modo dejó en ridícula la maniobra de Milei y Monteoliva para bloquear las expresiones de los argentinos en Atlanta.

     

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    País bananero: la contradicción de un Gobierno que usa el insulto mientras impulsa un modelo de dependencia

     

    Cuando el vocero presidencial calificó a la Argentina como un «país bananero», desató una fuerte polémica. Sin embargo, la mayor contradicción no estaría en la frase en sí, sino en que el propio gobierno de Javier Milei impulsa políticas que, para sus críticos, acercan al país a la definición histórica de una «república bananera»: exportación primaria, extranjerización de los recursos estratégicos, dependencia de intereses foráneos y pérdida de soberanía.

    Por Roque Pérez para NLI

    ¿Qué significa realmente «república bananera»?

    La expresión «república bananera» fue acuñada en 1904 por el escritor estadounidense O. Henry para describir a países centroamericanos cuya economía dependía casi exclusivamente de la exportación de bananas y cuyo funcionamiento político estaba condicionado por grandes corporaciones extranjeras, especialmente la United Fruit Company.

    Con el tiempo, el concepto dejó de referirse únicamente al monocultivo para transformarse en una categoría política. Hoy suele describir a Estados caracterizados por instituciones débiles, corrupción, dependencia económica, primarización de la economía y una fuerte influencia de potencias extranjeras sobre sus decisiones soberanas.

    Precisamente por ese significado histórico fue que la frase del vocero presidencial generó rechazo. Porque si existe un debate abierto en la Argentina actual es si las políticas del Gobierno están fortaleciendo o debilitando la capacidad del Estado para decidir sobre sus propios recursos estratégicos.

    Un modelo basado en materias primas y apertura irrestricta

    Desde su llegada al poder, el gobierno de Javier Milei sostiene que la Argentina debe especializarse en aquellas actividades donde posee ventajas comparativas: agro, minería, petróleo y gas, relegando cualquier estrategia activa de industrialización.

    A esa orientación económica se suma el impulso para modificar la legislación sobre tierras rurales. El proyecto promovido por el oficialismo elimina el límite nacional del 15% de tierras rurales en manos extranjeras y delega esa regulación en las provincias, además de flexibilizar otras restricciones vigentes. Diversos sectores políticos, académicos y ambientales advierten que esos cambios facilitarían una mayor extranjerización de recursos estratégicos y zonas con importantes reservas de agua y minerales.

    Para los defensores del proyecto se trata de atraer inversiones. Para sus detractores, representa un paso más hacia un modelo donde los activos estratégicos nacionales quedan crecientemente bajo control de capitales extranjeros.

    La discusión remite, justamente, al origen del concepto de «república bananera»: países cuya riqueza natural termina administrada por grandes intereses privados externos mientras el Estado reduce su capacidad de regulación.

    La otra característica: corrupción e instituciones debilitadas

    Otra de las características históricas asociadas al concepto de «país bananero» es la debilidad institucional acompañada por sospechas permanentes de corrupción.

    Paradójicamente, el Gobierno que utilizó esa expresión enfrenta desde hace meses distintos cuestionamientos públicos. Entre ellos aparecen las denuncias derivadas del caso $LIBRA, las investigaciones periodísticas sobre supuestos pedidos de retornos conocidos mediáticamente como el «3%», las polémicas vinculadas con funcionarios del Ejecutivo, los gastos de Adorni, los vínculos de Espert y diversas causas que aún continúan en distintas instancias judiciales.

    Más allá del resultado que finalmente tengan esas investigaciones, la contradicción política resulta evidente: mientras se descalifica al país utilizando un concepto asociado históricamente a corrupción y captura del Estado, el propio oficialismo convive con denuncias que alimentan ese mismo debate público.

    Soberanía exterior: Washington, Tel Aviv y el alineamiento absoluto

    La definición clásica de «república bananera» también incluía otro elemento central: la subordinación política frente a potencias extranjeras.

    En ese aspecto, la política exterior de Javier Milei ha marcado un giro sin precedentes. El Presidente ha manifestado reiteradamente que sus principales aliados son Estados Unidos e Israel, alineando la política internacional argentina con las posiciones de Donald Trump y del gobierno israelí prácticamente sin matices.

    Ese alineamiento se expresó en votaciones internacionales, acuerdos diplomáticos, cambios en la política exterior e incluso en decisiones simbólicas que modificaron décadas de tradición diplomática argentina.

    Los críticos sostienen que ese esquema reduce los márgenes de autonomía estratégica del país y condiciona decisiones soberanas en función de intereses geopolíticos externos.

    La reacción oficial también contrasta con la actitud que el propio Gobierno mostró frente a la reivindicación de la causa Malvinas durante el Mundial. Mientras la Selección Argentina posó orgullosamente junto a una bandera en defensa de la soberanía nacional antes del encuentro frente a Inglaterra, desde el oficialismo surgieron voces que cuestionaron ese gesto y buscaron desalentar la presencia de símbolos vinculados a las islas en los estadios, en línea con las restricciones impulsadas por la FIFA. La contradicción resulta difícil de disimular: se intenta exhibir firmeza frente a un buque británico después de haber quedado expuesto por una actitud que muchos interpretaron como complaciente con las exigencias internacionales y distante del histórico reclamo argentino sobre Malvinas.

    La paradoja de llamar «bananero» al país

    El término utilizado por el vocero presidencial nació hace más de un siglo para describir economías dependientes, con Estados débiles y gobiernos condicionados por grandes intereses extranjeros.

    Por eso la polémica excede una frase desafortunada.

    Porque mientras desde la Casa Rosada se utiliza «país bananero» como un insulto dirigido hacia la Argentina, la orientación económica del Gobierno apuesta a profundizar la especialización en materias primas, flexibilizar los límites para la compra de tierras por capitales extranjeros, reducir la intervención estatal sobre sectores estratégicos y sostener un alineamiento internacional casi automático con Washington y Tel Aviv.

    En definitiva, la mayor contradicción no parece estar en la utilización del término, sino en que muchas de las políticas impulsadas por la propia administración libertaria son presentadas por sus críticos como rasgos que históricamente definieron precisamente aquello que el vocero pretendió utilizar como descalificación: una auténtica «república bananera».

     

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