«No podemos seguir detrás de los hechos, sino anticipar y gestionar»

Más agrupaciones, organizaciones intermedias y movimientos se suman a reclamos oficiales hacia el intendente de la ciudad, acompañados del pedido de información y medidas para analizar en conjunto y paliar el crecimiento constante de casos activos de covid19 en nuestra ciudad y en el circuito del Alto Valle.

En este caso la Asociación Civil Hogar y la Agrupación  Solidaria Construyendo un Mundo Mejor le enviaron al intendente Marcelo Orazi un comunicado oficial que entre otras cosas solicita información sobre el destino de fondos para lucha del covid-19, que personal tiene a disposición para hacer cumplir los decretos vigentes, y por qué nadie actúa frente al incumplimiento de dichos decretos que regulan las medidas que tienen por objetivo bajar la circulación de las personas y en consecuencia del virus.

Sugieren también «que el comité de crisis sea ampliado a fuerzas políticas, gremiales, medios de comunicación, sociales de manera amplia para poder mirar en conjunto mejores u otras formas de bajar la circulación y el cuidado de toda la población, así como mantener informados a sus colectivos sociales» y que se mejoren los controles de los ingresos a la ciudad. Como también dar a conocer cual es el plan de acción a llevar a cabo, ahora, y hacia adelante, teniendo en cuenta el acercamiento de la temporada de verano y las fiestas de fin de año.

La preocupación social empieza a cobrar valor a partir de este tipo de comunicados oficiales que además de hacerse públicos mediante plataformas y medios de comunicación, llegan a las manos del Intendente. No alcanza solo con la protesta en las redes, el reclamo debe ser oficial. De este modo se colabora con la visualización de la crítica situación actual, la conscientización de la misma, y se presiona para lograr una reacción en las esferas responsables del ciudado de la ciudadanía.

Antes de compartir el comunicado oficial, invito a asociaciones, clubes, instituciones, movimientos, juntas vecinales, organizaciones intermedias, etc, a expresarse y hacerle llegar la preocupación latente a nuestro intendente y en consecuencia a la Gobernadora de la provincia de Rio Negro, intentando de este modo lograr una reacción para salir del letargo en el que estamos sumergidos.

*****

COMUNICADO DE PRENSA

La Asociación Civil Hogar/ Agrupación  Solidaria Construyendo un Mundo Mejor/

Solicita al Señor Intendente:

  • Brinde información con supervisión de Tribunal Cuentas sobre el destino de fondos para lucha del covid-19 y pueda dar informe pormenorizado de las razones por las cuales el Hospital no se ha visto robustecido con camas UTI comprometidas a la sociedad, de profesionales especializados para atención ni han resguardado camas o profesionales para otras patologías.
  • Nos informe si cuenta con grupos de voluntariado para concientizar, controlar en conjunto con fuerzas policiales, municipales y/o judiciales cualquier violación de las normas establecidas en el marco de emergencia. Si no cuenta con ellos solicitamos con urgencia dicha articulación.
  • Pueda brindarnos explicaciones del por qué nadie actúa o interviene sobre marchas anunciadas fuera de las normas vigentes aglomerando y prestándose a situaciones complejas en plena pandemia.Lo mismo ocurre con picaditos, partidos en espacios públicos que se observan con simple recorrer en fines de semana como a otras conductas que no corresponden.
  • Realice las gestiones necesarias para que lleguen los kits de test rápidos y se comprometa a orientar las tareas junto a un comité ampliado de testear. No podemos seguir detrás de los hechos sino anticipar y gestionar.

Sugerimos:

  • Que el comité de crisis sea ampliado a fuerzas políticas, gremiales, medios de comunicación, sociales de manera amplia para poder mirar en conjunto mejores u otras formas de bajar la circulación y el cuidado de toda la población, así como mantener informados a sus colectivos sociales.
  • Si bien sabemos existe una demarcación particular en términos de ingreso a nuestra localidad, y se ha argumentado que no se pueden controlar todos los ingresos, sugerimos puedan hacerlo en 3 o 4 de las más utilizadas de manera efectiva y sistemática.
  • Dar a conocer algún plan de acción para los próximos días y periodo veraniego, fiestas navideñas, fin de año… qué se planifica para uso de espacios públicos, cómo se distribuirán las burbujas por grupos afines familiares en lugares abiertos como río, isla, etc.  Es necesario conocerlas. De no estar aún trabajarlas.
  • Demarquen sitios con pinturas, cercos o lazos distanciados de metros requeridos, arbitren personal en conjunto con voluntariado para dichos controles.
  • Alentamos se reajusten algún espacio públicos como Cumelen o Escuela para poder albergar a aquellas personas que no cuentan con espacios adecuados para permanecer aislados.
  • Mejorarmonitoreo sobre uso de barbijos, respeto de protocolos en comercios, ser más enfáticos en protocolos de fábricas, empresas, lugares de producción, disminuir la circulación en lo posible, y qué acciones prevén para el futuro en cuanto a reajustes urbanos del uso de calles y espacios públicos. Pensando en sustentabilidad a futuro.

Dijeron controlar rutas desde el Estado Provincial junto a gendarmería eso no sólo no ocurrió sino que hemos asistido a un sinfín de ingresos y egresos inexplicables, sugerimos lo reclame de ser necesario.

  • Mayor comunicación y detalle a la población sobre la donación de plasma, no sólo de razones, sino también de cuáles son los criterios aplicados y quién/quienes lo asesoran para tomar algunas decisiones. Hemos asistido a una serie de ellas sin ningún tipo de aclaraciones, resultando algunas incomprensibles y la comprensión ayudaría a poder tomar conciencia para acompañarlas.

Con respecto a  los anuncios de supuestos cambios organizacionales del Hospital, de proyecciones de finalización de uno de sus pisos, queremos comunicarle que no nos merecemos ese tipo de anuncioso de proyectos que debieron de estar hace tiempo, las respuestas situadas en contexto son otras.

No queremos más pacientes trasladados a más de 400 km, sino el resguardo de % cierto para los mismos dentro del Alto Valle  ( nuestro Hospital cabecera es General Roca) o bien resguardados en el mismo circuito, como también las garantías de aviones sanitarios para casos especiales que requieran  traslados por rapidez en atención; los choferes hospitalarios no deben sobrecargarse con viajes permanentes bajo la presión que trabajan ni los pacientes padecer en ambulancias en este marco de emergencia.

Así como el Ministro de Salud Provincial ha tratado de justificar su dudosa gestión sobre respiradores aduciendo que estaban retenidos en Aduana por burocracia, y acto seguido aclarado por un funcionario Nacional que no era así, asumiendo que no era así por el mismo Ministro que horas antes nos daba otra información, queda claramente expuesto la falta de seriedad con que nos están tomando. Cambia sustancialmente informar que se encuentran en clase III con potencialidad de peligro, sin autorización aún de ANMAT, cambia que se nos informe que Nación siempre dispuso de respiradores y cuanta con ellos para cuando Río Negro lo solicite, sin embargo no se vieron no se cuentan para los pacientes en este corredor del Alto Valle sino por qué enviarían a pacientes a larguísimas distancias, o por qué tendrían que agregar siempre a pasos exiguos uno o dos en centros de Allen, Roca? Y si pretenden disfrazar la falta de profesionales, instalaciones y demás a cada unidad de terapia todos y todas nos hemos informado por el mes de Abril que ello era necesario, por eso mismo tratamos de hacer nuestra parte bajando circulación, respetando normas para que Ustedes hicieran dichas instalaciones, gestionaran la llegada o el reclamo de que llegaran terapistas, UTI y demás, pues eso no ocurrió hasta no hacer sentir fuertes reclamos ante Nación por la propia comunidad en diferentes lugares, y la intervención de algunos referentes!! Por tanto no más dilaciones, no más maquillajes. Necesitamos respuestas y Alto Valle Este es el circuito más relegado luego de estos ajustes.


El MinistroZgaib, quien antes de ingresar a ese ministerio tuvo la responsabilidad de dirigir  la Obra Social IPROSS es consciente también que al día de hoy, buena parte de los empleados públicos se sienten más vulnerados en derechos por servicios, algunos anuncian vaciamiento de nuestra Obra Social, y total desempeño inusual para el contexto de pandemia, además de padecer la quita de un gran número de medicamentos nuevamente del vademécum como el recorte de prácticas , sabemos que el tema es provincial. Pero en este contexto de emergencia sanitaria que se enuncia permanentemente ante el pedido de fondos, de ayudas y demás, no puede no ser menos sustancial intervenir y pedir desde los jefes comunales al poder provincial sobre el funcionamiento de la Obra Social IPROSSdado que los empleados municipales, docentes, médicos, enfermeros, camilleros, dependientes de rentas, juzgados etc todos están bajo la misma Obra Social, se supone que si no está dando las respuestas necesarias todos y todas los agentes dependientes de la administración pública están siendo perjudicados, no visibilizarlo es como negar la mirada sentida y empática con cada uno.

De nuestra parte quedamos a disposición para mantener la reunión o reuniones que se necesiten siempre respetando las normas de restricciones de circulación, utilizando las plataformas disponibles con las que venimos trabajando la gran mayoría de quienes debemos continuar brindando respuestas desde nuestros lugares de trabajo.

Se sugiere que ese mismo comité ampliado tenga una reunión por plataforma con la propia gobernadora y sea usted y cada uno de sus colegas comunales los que intercedan solicitándola.

Sr Intendente, invite a los intendentes Alto Valle Este pónganse al frente del reclamo en beneficio de las poblaciones que eligieron representar con planes concretos de contención y todo lo que hace a su función.

Sea transmisor de las necesidades de la gente y no dilaten más el robustecimiento del sistema público tal como fue el sentido de los fondos y las explicaciones dadas desde Nación porque aquí no lo estamos percibiendo.

Los abajo firmantes miembros de comisión directiva  por Asociación y Agrupación:
Passadore Lilia DNI: 28207815
HernádezEstefania DNI: 34667312
Del Valle Magda DNI: 26347587
Ulluoa Consuelo DNI: 34075138
Filocamo Claudio DNI: 26548171
Peschilo Sandro DNI: 29287512
Rivero Silvia DNI: 16110977
Giannelli Fernando DNI: 20690361

Adhiere Agrupación Solidaria Construyendo un Mundo Mejor.
Maximiliano Maidana DNI 34667337
Pablo Marcolongo DNI 32910365.
Pablo Nicolás Henríquez DNI: 28516404
Mayra Natalia Luna DNI: 3466706

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    Tum, tum, tum. ¡Ya llega el murgóóóón / que de Boedo es! Tum, tum, tum. ¡Así trae el fervoooor que ya sabés! Tum, tum, tum. ¡Se vienen a luciiiir los murgueros acá! ¡Alentándote a voooos, mirá el murgón! ¡Muy buenas noches! Ya está desfilando el centro murga Ilusiones de una noche, del barrio de Boedo. Rojo, negro, blanco y turquesa son los colores que llevamos en el corazón. ¡Fuerte el aplauso para ellos!

    Las mascotas adelante, las fantasías detrás, murgueras y murgueros tiran los pasos prohibidos, las patadas en el aire, el cuerpo que parece caer pero se levanta, rebota, brilla. Tum, tum, tum. ¡Boedo! Los bombos y redoblantes completan el ingreso de este centenar de personas —esta familia— que lleva casi todo un año ensayando, igual que tantas otras, en una plaza de Buenos Aires.

    “Suenen bombos y platillos
    Hagan el barrio vibrar
    Canten todos con más fuerza
    Ya comienza el carnaval”

    El cielo encapotado de un septiembre que no entibia. Algunos pocos vecinos alrededor del anfiteatro. Parece mentira la promesa de un verano y de su fiesta en la calle. Y aunque todavía son pocos, ahí están: no más de quince chicas y chicos que bailan al compás de la percusión. Recuerdo haber estado alguna vez en un corso cuando era chico, en los ya lejanos años ochenta. Es una imagen borrosa y triste, como casi todo en la infancia. La murga me empezó a gustar de grande. Escucho la percusión y enseguida sigo el ritmo. Los veo bailar y sonrío; me encantaría moverme así, pero por el momento agradezco tener algo que me alegre. Por eso no entiendo que tanta gente no lo disfrute. Algunos hasta parece que la odiaran. Yo me mudé hace poco al barrio y uno de los motivos fue su identidad. Así que apenas escuché los bombos corrí a la plaza. Pregunté quién era el responsable de Ilusiones de una noche. Quería saber cómo es una murga más allá de los prejuicios que circulan en medios y en redes sociales, de la queja de los vecinos “por el ruido” y de las denuncias de violencia y aprovechamiento político. Qué tipo de gente la habita. Por qué nos gusta tanto a muchos y a otros les molesta tanto.

    “Siempre fui murguero
    de un barrio de tango
    y entre conventillos
    aprendí a bailar”

    Gastón “el Tonga” Vassallo tiene cuarenta y un años y es el director general de la asociación civil Ilusiones de una noche, que ya supera las dos décadas de vida. “Vomitar arte”, dice sentado en lo alto del anfiteatro de la plaza Mariano Boedo, atento a cada detalle, y aclara que usa esa palabra por la “virulencia” de haber transitado la juventud en los noventa. Me cuenta que estaba vivo cuando mataron a Walter Bulacio y recuerda cuando lo agarraron entre cuatro policías y le pegaron. “Esto es una expresión artística, pero es también una revancha de lo que nos pasa como pueblo”. Mientras a nuestro alrededor los murgueros y las murgueras se bambolean con sus pasos, es fácil imaginar la bronca contenida que hubo detrás de esa alegría.

    En los orígenes de la murga porteña, igual que en los del tango, están los esclavos negros. Los arrancaban de países distintos, de tribus distintas, de idiomas que no servían para hablar entre ellos. El baile era su manera de comunicarse. En cuanto podían liberarse del trabajo de sol a sol, invertían roles: se ponían al revés los trajes de los patrones, ubicaban galera y bastón y bailaban para burlarse del amo. “Y todavía hay gente que hoy, en 2026, nos dice negros de mierda”, reflexiona el Tonga, que además de director de una murga está camino a recibirse de licenciado en Higiene y Seguridad en el Trabajo. Lo cierto es que en Boedo la convivencia es bastante pacífica, aunque más de una vez algunos vecinos hicieron denuncias por ruidos molestos. Los patrulleros llegan, pero no tardan en irse al comprobar que todo está en regla. En otros barrios, sí: hace poco hubo un enfrentamiento con una murga de San Cristóbal. Acusaciones cruzadas, insultos, golpes. Alguna vez, también, volaron huevos desde los balcones.

    “La calle empedrada
    y el ritmo de un bombo
    que con su platillo
    me puso a soñar”

    “Antes se llamaba murga al grupo de chicos de un barrio que salíamos disfrazados por las calles a ganarnos el mango —explica Enrique ‘Marciano’ Ausmeque, que a sus casi ochenta años ostenta el diploma de ser uno de los dos sobrevivientes de los fundadores de Los Cometas de Boedo, nacida en 1959—. El bombo lo hacíamos con una lata de galletitas Canale y los platillos, con dos tapas de cacerolas —cuenta, sentado en el living de su casa, este hijo de carpintero que trabajó toda su vida arreglando persianas—. Salíamos a las tres de la tarde por los bares del barrio. Los muchachos nos llamaban a las mesas para que nos acercáramos a cantarles canciones picantes. Después nos íbamos al subte, vagón por vagón, pasando la gorra. De a poco fuimos creciendo hasta que nos invitaron a participar de los corsos”. Entre los años cincuenta y sesenta, los carnavales en la ciudad eran multitudinarios, el público se disfrazaba, las murgas eran larguísimas. “En el mejor momento llegamos a ser más de trescientas personas —recuerda Marciano, sin pena y con nostalgia—. En el público eran miles, los corsos ocupaban diez cuadras. Pero cuando llegaron los militares cambió todo”.

    “Yo llevo murga en el alma
    la rebeldía también
    si canto con entusiasmo
    los corsos saben por qué”

    “Existe ese prejuicio de que el murguero es un negro cabeza que no estudia ni trabaja —dice Stella ‘la Peque’ Cabañas, de veintiocho años y una personalidad fuerte que asoma enseguida—, pero hay gente con título, gente sin trabajo, gente que gana fortunas y otros que no tienen para comer. Las puertas están abiertas. Lo que buscamos es que sea un círculo de contención”. La Peque es directora de percusión y directora general junto con el Tonga. Además, enfermera y empleada de un call center. Entró porque le insistieron las amigas. Primero, por edad, fue premurguera. Después se enganchó con la percusión. Algo poco usual: por lo general, los percusionistas son hombres. “Como directora, me fijo que todos tengan su bombo, que puedan tocar, que aprendan su ritmo —dice en su casa, rodeada de apliques con los que decorará su vestuario y el de sus compañeros—. Pero además acompaño, escucho, sé qué les pasa a los demás. Si alguien no aparece por mucho tiempo, se lo busca. Si hay un problema entre dos integrantes, se intercede. Sería algo así como la tía copada”.

    “Señores, hoy criticamos
    con toda sinceridad
    por eso quieren prohibirnos
    nuestras calles y carnaval”

    El tiempo pasa rápido entre un domingo de ensayo y el siguiente. El clima más benévolo de octubre invita a sumarse, pero para noviembre la murga ya es casi el doble de grande. Esta plaza —que supo ser una antigua estación de tranvías y fue espacio verde gracias a la lucha de los vecinos— y tantas otras en la ciudad empiezan a llenarse. Yo bajo con mi mate. Es la primera vez que vivo en un barrio con una historia tan rica —el tango, la literatura, el arte pintado en las calles— y pienso disfrutarlo. Hay otras siete murgas en Boedo, pero esta es la nuestra. Mamás y papás de las “mascotas” —los chicos entre cinco y doce años— hacen lo mismo que yo mientras sus hijos se divierten tirando pasos.

    Nuevos integrantes de la familia hacen su entrada: Pablo Tozzo, que se ocupa de escribir las canciones que acompañan esta crónica. Tiene sesenta años, trabaja como chofer y se enamoró de la murga a los nueve, cuando bailaba en Los Viciosos de Villa Martelli. Hablamos por videollamada después de un ensayo. “Cuando volvió la democracia —dice Pablo, que además hizo cursos de quiropraxia y es el encargado de acomodar los huesos de sus compañeros—, cortábamos la calle por nuestra cuenta y salíamos, pero teníamos que correr cada vez que venía la policía”. Le pregunto por qué hay tanta resistencia en algunos sectores. “Lo que molesta es que el pueblo tenga algo de donde servirse sin tener que poner un peso”, responde con seguridad, aunque agrega que también hay cuestiones políticas en el medio.

    “Señores, los jubilados
    seremos todos un día
    hoy te vetan un aumento
    y mañana la comida”

    La entrada de la murga al corso se divide en partes: saludo, presentación, despedida. La más esperada es la crítica, el momento en que el pueblo canta contra el poder. Una forma colorida de reclamar y rebelarse. Sin embargo, los límites existen. “Si le llego a sentir olor a porro a alguno, lo bajo en cualquier lado”, asegura Marciano, con una convicción que inspira respeto. Dice que mucha gente cree que los murgueros son todos “negros borrachos”, pero que en carnaval compra mil trescientos litros de agua mineral para llevar en los micros. “Entonces, ¿qué hago? —pregunta y se responde él mismo—: dejo salir la murga y a mitad de camino me subo al primer micro. Me voy al tambor donde está el agua, a ver si no le echaron otra cosa. Si está todo bien, bajo en el siguiente semáforo y me subo al otro micro. Hay chicos en la murga. Están mis nietos. No voy a permitir desde ningún punto de vista que pasen esas cosas”.

    “Siempre fui murguero
    de un barrio de tango
    y entre conventillos
    aprendí a bailar”

    La familia es clave en este mundo de bailes alborotados y golpes de bombo. Ezequiel Cuomo es hincha de San Lorenzo (por eso prefiero hablar con él) y tiene diecinueve años. Toca el bombo, pero además es guitarrista de una banda que mezcla el heavy metal con el thrash. Su madre, sus dos tías y su abuela también fueron murgueras. La abuela le enseñó a coser su propio traje. Ezequiel también arregla sombreros funyi para otros murgueros. “Para entender a un murguero tenés que ser amigo o familiar de un amigo —dice sentado bajo un jacarandá—. Si tuviste un mal día y no encontrás una salida, venís acá y estás en familia. Eso no quiere decir que no giren cosas, pero la mayoría de las veces son cosas lindas”.

    “Yo no entiendo a la gente —nos interrumpe una señora que nos escuchó hablar, debe andar por los setenta años, vive ‘justo enfrente de la plaza’ y lleva un caniche toy a cuestas—. Acá tienen un espectáculo gratis, una actividad para que los chicos hagan sin estar pegados al celular. Es ideal para toda la familia, pero en lugar de disfrutarlo, se quejan del ruido”. Se sorprende, y a mí me pone contento saber que tengo una vecina que piensa igual que yo.

    “La calle empedrada
    y el ritmo de un bombo
    que con su platillo
    me puso a soñar”

    Solo diez de aquellas primeras murgas porteñas sobrevivieron a la dictadura. La perseverancia de muchos vecinos y vecinas de la gran familia murguera mantuvo este pedazo de identidad de Buenos Aires de pie. En 1997, la Legislatura declaró al carnaval porteño Patrimonio Cultural de la Ciudad. En 2011 se restituyeron los feriados que habían sacado los militares. Hoy, más de cien de estos centros y agrupaciones participan de las actividades que organiza el gobierno de la ciudad. También hay una buena cantidad que funcionan por fuera del circuito oficial. ¿Y hay plata oficial?, le pregunto al Tonga, porque es lo que escuché que se hablaba en televisión por estos días, por el enfrentamiento entre una murga de San Cristóbal con un grupo de vecinos. “Hacer una salida cuesta alrededor de doscientos cincuenta mil pesos por micro. El presupuesto que asigna la ciudad por murga para todas sus presentaciones es de un millón ciento setenta mil pesos que recibiremos el próximo julio. O sea: como mucho, pagamos cuatro micros y lo cobramos seis meses después. Por eso la mayor parte la financiamos nosotros mismos con rifas o eventos a lo largo del año. También ponemos plata los directores”. Le pregunto si hay murgas bancadas por la política. Me dice que no es el caso de la mayoría, pero que “hay de todo, como hay de todo siempre”, y se levanta para sumarse a tocar el bombo.

    “Yo soy un murguero reo
    Boedo es donde nacimos
    lugar de los carnavales
    bombo y platillo son mis latidos”

    La de mi plaza es una murga joven, pero ya tiene su historia. Mariano “Marianito” Domínguez es uno de los fundadores. Aunque hoy es encargado de un edificio en Villa Crespo, nació y se crió en el barrio. Se acercó al mundo de la murga en un taller que daban en el colegio. Los Cometas de Boedo eran su inspiración; fue parte de La Gloriosa hasta que, junto con su hermano y un par de amigos, le dieron forma a Ilusiones de una noche. Aunque está alejado de la murga porque, dice, “para estar hay que estar”, algún que otro domingo viene a ver cómo va todo. Marianito pertenece a la misma generación que el Tonga y habla desde la madurez de haber tenido veinte años en una época difícil. “Durante mucho tiempo hubo rivalidades y peleas. Acá también se traían los problemas del fútbol. Nosotros no podíamos ir a Parque Patricios. Después nos dimos cuenta de que estábamos todos defendiendo nuestro arte, ¿cómo nos íbamos a pelear?” Le pregunto por qué cree que tanta gente siente rechazo por lo que hacen. “Hay mucha desinformación —dice sentado en un banco desde donde alcanzo a ver el balcón de mi casa—, mucho prejuicio y mucha gente que tiene dos pesos más que vos y pasa por acá y te mira de reojo. Pero todos vivimos en el mismo barrio, así que tan diferentes no debemos ser”. Y deja una frase: “El carnaval son las vacaciones de los pobres”, mientras el sol cae y los redoblantes serpentean en el aire.

    “¿Cómo aguantás el ruido?”, me pregunta un vecino que me cruzo en el ascensor un domingo cualquiera. Le respondo que no me molesta, que son nada más que dos horas de ensayo por semana y que, al contrario, me gusta. El hombre, de unos sesenta años, perfume intenso y camisa abierta por el calor, me dice que él ya no sabe qué hacer, que no lo dejan dormir, que están todo el día dale que dale con el bombo. Le repito que son nada más que dos horas, de seis de la tarde a ocho, que tienen autorización de la ciudad y que el horario se respeta siempre. Le recuerdo que cuando se organizan encuentros de zumba en la plaza hacen más ruido y nadie se queja. Se baja del ascensor sin saludarme.

    “Hoy me puse la levita
    vos me pediste que baile
    el corazón late fuerte
    y ahora no hay quien lo pare
    Llegamos hoy desfilando
    y desfilando nos vamos
    Que suenen fuerte los bombos
    y el murgón ya se está yendo”

    Febrero en Buenos Aires. Mercedes Tozzo, Mechi, la hija de Pablo, revolea piernas, salta, baja la mano al suelo. “¡Boedo!”, grita con sus compañeras desde la columna de las murgueras. Tiene treinta y un años, cuatro hijos y está casada con un bombista de otra de las murgas del barrio. Llegó por herencia familiar: se emociona al acordarse cuando eran chicos y su papá los hacía saltar la valla a ella y a su hermano para que se sumaran a bailar. “La murga es mi lugar en el mundo, mi lugar de paz —dice, y los ojos se le llenan de lágrimas—. Ese sonido del bombo con platillo y redoblantes me lleva a cuando tenía cuatro o cinco años y con mi viejo jugábamos con espuma y bombuchas”. Para Mechi, “hay mucho odio y la resistencia viene por el desconocimiento de los orígenes de las murgas, nuestra historia y la posibilidad de expresar al menos un mínimo de esa sensación de sentirse libres”.

    “Señora, nos retiramos
    y hay más cosas para contar
    les pido todos las griten
    a la hora de votar”

    La primera noche de carnaval en Boedo deja atrás sus ecos de rebeldía, sus colores, su desfile de circo urbano. Al igual que otras tantas murgas, Ilusiones de una noche acaba de sacar a relucir seis meses de ensayo, pasos, golpes, patadas, letras contra los políticos que nos empobrecen. Murgueras y murgueros se suben exhaustos y satisfechos a los micros. Gastón, la Peque, Pablo, Mechi, Ezequiel y otros artistas que forman parte de la familia murguera dejarán caer ese cuerpo que tantas veces amagó con desarmarse frente a grandes y chicos, entre la espuma y la brisa del verano. Parten rumbo a la próxima presentación, en otro barrio porteño. Camino de regreso a casa, me alejo lo suficiente como para mezclarme otra vez con esa ciudad que le da la espalda a sus murgas. Probablemente el odio tenga que ver con ese asco que una parte de la sociedad le tiene a su propio espejo. Pero vuelvo a acordarme de manera difusa de aquel corso cuando era chico; quizás para muchos la infancia también sea un recuerdo ya demasiado borroso, y eso los pone tristes. Así como debían sentirse los esclavos de la Buenos Aires del siglo XIX. Una tristeza alegre que también es un baile de libertad. Esa palabra que en estos tiempos nos resuena tan contradictoria como necesaria.

    La entrada Una fiesta de puertas abiertas se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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