«No podemos seguir detrás de los hechos, sino anticipar y gestionar»

Más agrupaciones, organizaciones intermedias y movimientos se suman a reclamos oficiales hacia el intendente de la ciudad, acompañados del pedido de información y medidas para analizar en conjunto y paliar el crecimiento constante de casos activos de covid19 en nuestra ciudad y en el circuito del Alto Valle.

En este caso la Asociación Civil Hogar y la Agrupación  Solidaria Construyendo un Mundo Mejor le enviaron al intendente Marcelo Orazi un comunicado oficial que entre otras cosas solicita información sobre el destino de fondos para lucha del covid-19, que personal tiene a disposición para hacer cumplir los decretos vigentes, y por qué nadie actúa frente al incumplimiento de dichos decretos que regulan las medidas que tienen por objetivo bajar la circulación de las personas y en consecuencia del virus.

Sugieren también «que el comité de crisis sea ampliado a fuerzas políticas, gremiales, medios de comunicación, sociales de manera amplia para poder mirar en conjunto mejores u otras formas de bajar la circulación y el cuidado de toda la población, así como mantener informados a sus colectivos sociales» y que se mejoren los controles de los ingresos a la ciudad. Como también dar a conocer cual es el plan de acción a llevar a cabo, ahora, y hacia adelante, teniendo en cuenta el acercamiento de la temporada de verano y las fiestas de fin de año.

La preocupación social empieza a cobrar valor a partir de este tipo de comunicados oficiales que además de hacerse públicos mediante plataformas y medios de comunicación, llegan a las manos del Intendente. No alcanza solo con la protesta en las redes, el reclamo debe ser oficial. De este modo se colabora con la visualización de la crítica situación actual, la conscientización de la misma, y se presiona para lograr una reacción en las esferas responsables del ciudado de la ciudadanía.

Antes de compartir el comunicado oficial, invito a asociaciones, clubes, instituciones, movimientos, juntas vecinales, organizaciones intermedias, etc, a expresarse y hacerle llegar la preocupación latente a nuestro intendente y en consecuencia a la Gobernadora de la provincia de Rio Negro, intentando de este modo lograr una reacción para salir del letargo en el que estamos sumergidos.

*****

COMUNICADO DE PRENSA

La Asociación Civil Hogar/ Agrupación  Solidaria Construyendo un Mundo Mejor/

Solicita al Señor Intendente:

  • Brinde información con supervisión de Tribunal Cuentas sobre el destino de fondos para lucha del covid-19 y pueda dar informe pormenorizado de las razones por las cuales el Hospital no se ha visto robustecido con camas UTI comprometidas a la sociedad, de profesionales especializados para atención ni han resguardado camas o profesionales para otras patologías.
  • Nos informe si cuenta con grupos de voluntariado para concientizar, controlar en conjunto con fuerzas policiales, municipales y/o judiciales cualquier violación de las normas establecidas en el marco de emergencia. Si no cuenta con ellos solicitamos con urgencia dicha articulación.
  • Pueda brindarnos explicaciones del por qué nadie actúa o interviene sobre marchas anunciadas fuera de las normas vigentes aglomerando y prestándose a situaciones complejas en plena pandemia.Lo mismo ocurre con picaditos, partidos en espacios públicos que se observan con simple recorrer en fines de semana como a otras conductas que no corresponden.
  • Realice las gestiones necesarias para que lleguen los kits de test rápidos y se comprometa a orientar las tareas junto a un comité ampliado de testear. No podemos seguir detrás de los hechos sino anticipar y gestionar.

Sugerimos:

  • Que el comité de crisis sea ampliado a fuerzas políticas, gremiales, medios de comunicación, sociales de manera amplia para poder mirar en conjunto mejores u otras formas de bajar la circulación y el cuidado de toda la población, así como mantener informados a sus colectivos sociales.
  • Si bien sabemos existe una demarcación particular en términos de ingreso a nuestra localidad, y se ha argumentado que no se pueden controlar todos los ingresos, sugerimos puedan hacerlo en 3 o 4 de las más utilizadas de manera efectiva y sistemática.
  • Dar a conocer algún plan de acción para los próximos días y periodo veraniego, fiestas navideñas, fin de año… qué se planifica para uso de espacios públicos, cómo se distribuirán las burbujas por grupos afines familiares en lugares abiertos como río, isla, etc.  Es necesario conocerlas. De no estar aún trabajarlas.
  • Demarquen sitios con pinturas, cercos o lazos distanciados de metros requeridos, arbitren personal en conjunto con voluntariado para dichos controles.
  • Alentamos se reajusten algún espacio públicos como Cumelen o Escuela para poder albergar a aquellas personas que no cuentan con espacios adecuados para permanecer aislados.
  • Mejorarmonitoreo sobre uso de barbijos, respeto de protocolos en comercios, ser más enfáticos en protocolos de fábricas, empresas, lugares de producción, disminuir la circulación en lo posible, y qué acciones prevén para el futuro en cuanto a reajustes urbanos del uso de calles y espacios públicos. Pensando en sustentabilidad a futuro.

Dijeron controlar rutas desde el Estado Provincial junto a gendarmería eso no sólo no ocurrió sino que hemos asistido a un sinfín de ingresos y egresos inexplicables, sugerimos lo reclame de ser necesario.

  • Mayor comunicación y detalle a la población sobre la donación de plasma, no sólo de razones, sino también de cuáles son los criterios aplicados y quién/quienes lo asesoran para tomar algunas decisiones. Hemos asistido a una serie de ellas sin ningún tipo de aclaraciones, resultando algunas incomprensibles y la comprensión ayudaría a poder tomar conciencia para acompañarlas.

Con respecto a  los anuncios de supuestos cambios organizacionales del Hospital, de proyecciones de finalización de uno de sus pisos, queremos comunicarle que no nos merecemos ese tipo de anuncioso de proyectos que debieron de estar hace tiempo, las respuestas situadas en contexto son otras.

No queremos más pacientes trasladados a más de 400 km, sino el resguardo de % cierto para los mismos dentro del Alto Valle  ( nuestro Hospital cabecera es General Roca) o bien resguardados en el mismo circuito, como también las garantías de aviones sanitarios para casos especiales que requieran  traslados por rapidez en atención; los choferes hospitalarios no deben sobrecargarse con viajes permanentes bajo la presión que trabajan ni los pacientes padecer en ambulancias en este marco de emergencia.

Así como el Ministro de Salud Provincial ha tratado de justificar su dudosa gestión sobre respiradores aduciendo que estaban retenidos en Aduana por burocracia, y acto seguido aclarado por un funcionario Nacional que no era así, asumiendo que no era así por el mismo Ministro que horas antes nos daba otra información, queda claramente expuesto la falta de seriedad con que nos están tomando. Cambia sustancialmente informar que se encuentran en clase III con potencialidad de peligro, sin autorización aún de ANMAT, cambia que se nos informe que Nación siempre dispuso de respiradores y cuanta con ellos para cuando Río Negro lo solicite, sin embargo no se vieron no se cuentan para los pacientes en este corredor del Alto Valle sino por qué enviarían a pacientes a larguísimas distancias, o por qué tendrían que agregar siempre a pasos exiguos uno o dos en centros de Allen, Roca? Y si pretenden disfrazar la falta de profesionales, instalaciones y demás a cada unidad de terapia todos y todas nos hemos informado por el mes de Abril que ello era necesario, por eso mismo tratamos de hacer nuestra parte bajando circulación, respetando normas para que Ustedes hicieran dichas instalaciones, gestionaran la llegada o el reclamo de que llegaran terapistas, UTI y demás, pues eso no ocurrió hasta no hacer sentir fuertes reclamos ante Nación por la propia comunidad en diferentes lugares, y la intervención de algunos referentes!! Por tanto no más dilaciones, no más maquillajes. Necesitamos respuestas y Alto Valle Este es el circuito más relegado luego de estos ajustes.


El MinistroZgaib, quien antes de ingresar a ese ministerio tuvo la responsabilidad de dirigir  la Obra Social IPROSS es consciente también que al día de hoy, buena parte de los empleados públicos se sienten más vulnerados en derechos por servicios, algunos anuncian vaciamiento de nuestra Obra Social, y total desempeño inusual para el contexto de pandemia, además de padecer la quita de un gran número de medicamentos nuevamente del vademécum como el recorte de prácticas , sabemos que el tema es provincial. Pero en este contexto de emergencia sanitaria que se enuncia permanentemente ante el pedido de fondos, de ayudas y demás, no puede no ser menos sustancial intervenir y pedir desde los jefes comunales al poder provincial sobre el funcionamiento de la Obra Social IPROSSdado que los empleados municipales, docentes, médicos, enfermeros, camilleros, dependientes de rentas, juzgados etc todos están bajo la misma Obra Social, se supone que si no está dando las respuestas necesarias todos y todas los agentes dependientes de la administración pública están siendo perjudicados, no visibilizarlo es como negar la mirada sentida y empática con cada uno.

De nuestra parte quedamos a disposición para mantener la reunión o reuniones que se necesiten siempre respetando las normas de restricciones de circulación, utilizando las plataformas disponibles con las que venimos trabajando la gran mayoría de quienes debemos continuar brindando respuestas desde nuestros lugares de trabajo.

Se sugiere que ese mismo comité ampliado tenga una reunión por plataforma con la propia gobernadora y sea usted y cada uno de sus colegas comunales los que intercedan solicitándola.

Sr Intendente, invite a los intendentes Alto Valle Este pónganse al frente del reclamo en beneficio de las poblaciones que eligieron representar con planes concretos de contención y todo lo que hace a su función.

Sea transmisor de las necesidades de la gente y no dilaten más el robustecimiento del sistema público tal como fue el sentido de los fondos y las explicaciones dadas desde Nación porque aquí no lo estamos percibiendo.

Los abajo firmantes miembros de comisión directiva  por Asociación y Agrupación:
Passadore Lilia DNI: 28207815
HernádezEstefania DNI: 34667312
Del Valle Magda DNI: 26347587
Ulluoa Consuelo DNI: 34075138
Filocamo Claudio DNI: 26548171
Peschilo Sandro DNI: 29287512
Rivero Silvia DNI: 16110977
Giannelli Fernando DNI: 20690361

Adhiere Agrupación Solidaria Construyendo un Mundo Mejor.
Maximiliano Maidana DNI 34667337
Pablo Marcolongo DNI 32910365.
Pablo Nicolás Henríquez DNI: 28516404
Mayra Natalia Luna DNI: 3466706

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  • El sueldo se me va en pagar las deudas

     

    Cada vez que una familia argentina no puede pagar lo que debe, pasa algo más que un número en rojo en su presupuesto. Pasa algo político. Se activa una pregunta que estuvo suspendida, que muchas veces se evitó formular, pero que en algún momento encuentra su camino: ¿quién tiene la culpa de que yo no pueda pagar?

    El Banco Central de la República Argentina publicó un dato que pronto repercutió en los medios. La mora en el financiamiento pasó de 2,5% en diciembre de 2024 a 9,3% en diciembre de 2025. En marzo de 2026 —el registro más reciente— trepó al 11,5%: una cifra que no se observaba desde hace más de veinte años. En doce meses, la irregularidad de los créditos a hogares se triplicó, con un incremento de 8,3 puntos porcentuales. Los préstamos personales concentran el mayor nivel de incumplimiento en quince años. Y el deterioro no se limita al sistema bancario: en las billeteras virtuales y entidades financieras no bancarias —a las que recurren quienes el banco ya no les presta— la morosidad supera el 30%.

    Los datos de mora de las familias argentinas durante el gobierno de Javier Milei siguen una curva que los economistas registran con sus instrumentos pero que las ciencias sociales deben interpretar con otros. No alcanza con decir que sube la morosidad en tarjetas, que se acumulan deudas de expensas y servicios, que los planes de pago se estiran hasta el absurdo. Lo que hay que entender es qué tipo de deuda es esa. Porque no todas las deudas son iguales, y la historia argentina lo demuestra con claridad: cada régimen político produjo su propio régimen de endeudamiento familiar, con sus promesas, sus trampas y sus consecuencias electorales. Esa historia la reconstruyo en Historia de cómo nos endeudamos (Siglo XXI), y lo que muestra es que la deuda que hoy llevan encima millones de hogares argentinos tiene un nombre específico: deuda de sacrificio.

    El trampolín

    Para entender la trampa, hay que entender primero el trampolín.

    Milei llegó al poder montado sobre un estado de ánimo colectivo que tenía nombre propio en las encuestas: agotamiento moral. No era simplemente la pobreza, ni la inflación sola, ni la devaluación. Era algo más preciso: la sensación de haber hecho todo bien —trabajar, ahorrar, sacrificarse— y que aun así no alcanzara. La percepción de correr en el lugar, de esforzarse sin que el esfuerzo rindiera fruto.

    En 2023, cuando se medían las intenciones de voto, ocho de cada diez argentinos acordaban con una afirmación demoledora: «Ante los problemas de la inflación, dependemos de nuestro esfuerzo y sacrificio.» Casi la misma proporción sostenía que se mataban de tanto trabajar y la inflación de todas formas no les permitía llegar a fin de mes. Estos números eran más altos entre quienes ya habían votado a Milei en las primarias.

    El electorado de Milei es más complejo que cualquier retrato unívoco: cruzó clases sociales, generaciones y geografías. No se puede trazar una línea directa entre quién debía y quién votó. La deuda de sacrificio no produce votos: produce un estado de ánimo, una plausibilidad moral. Vuelve pensable lo que antes parecía impensable. Y lo que las encuestas de 2023 mostraban con consistencia es que ese estado de ánimo estaba extendido transversalmente: personas que habían pedido prestado para comer y personas de clase media que habían visto multiplicarse sus cuotas hipotecarias sin control compartían algo más profundo que una condición económica. Compartían la sensación de que el esfuerzo propio no encontraba retorno institucional. Que las deudas que cargaban no eran el precio de algo —no eran el escalón hacia ningún lugar. Eran simplemente el precio de permanecer en el lugar. Para no caer.

    Eso es la deuda de sacrificio: deuda sin aspiración. Deuda que no te lleva a ningún lado. Deuda que es el precio de sobrevivir.

    La previa

    Para leer la mora de hoy hay que hacer un ejercicio que los titulares económicos no hacen: excavar. La deuda de sacrificio tiene capas. Cada una depositó algo que todavía está ahí, acumulado, sin resolver.

    La primera capa es el macrismo. El crédito UVA —el instrumento hipotecario que prometía hacer accesible la vivienda— fue la trampa más sofisticada de ese período. Diseñada para un mundo de inflación baja y estable, explotó cuando el peso se derrumbó en 2018 y el FMI volvió con sus condiciones. Entre 2016 y 2019, el índice que actualizaba esas hipotecas subió 227% mientras los salarios formales crecían a la mitad de esa velocidad. Sandra había firmado su hipoteca en 2017 creyendo que la inflación bajaría. No bajó. «Préstamos, impuestos, colegio, mercado. No nos quedaba nada.» Carla, que había ahorrado ocho años para comprar su departamento, trabajaba quince horas diarias seis meses después de firmar. «Pagamos pero debemos más.» Esa deuda —la de la promesa traicionada— no desapareció con el cambio de gobierno. Se sedimentó.

    La segunda capa es la pandemia. El aislamiento sanitario eliminó de un día para el otro el ingreso de millones de trabajadores informales. El alquiler no esperó. La comida no esperó. Los servicios no esperaron. El Estado asistió, pero con un margen fiscal ya comprometido por la deuda soberana que renegociaba con el FMI. Lo que no cubrió la política lo cubrieron los hogares: con fiado en el almacén, con préstamos entre familiares, con tarjetas giradas hasta el límite. Mónica pedía prestado a una agencia estatal para pagar la fiada del almacén y así poder seguir comprando fiado la semana siguiente. «Un círculo del que no se puede salir.» La pandemia no creó la deuda de sacrificio, pero la volvió masiva. Convirtió una tendencia en una condición estructural.

     La deuda de sacrificio no produce votos: produce un estado de ánimo, una plausibilidad moral.

    La tercera capa es la inflación del kirchnerismo tardío y el gobierno de Alberto Fernández. Leonardo, docente, lo describe con precisión: había pasado de endeudarse para comprar electrodomésticos —la vieja deuda de la inclusión que el kirchnerismo había promovido como símbolo de pertenencia— a endeudarse para comprar comida. El mismo instrumento, la tarjeta, el crédito, había cambiado de sentido. Ya no era el escalón hacia algo mejor. Era el parche para no caer. Ricardo, comerciante, llamaba a sus deudas «deudas de empobrecimiento»: lo opuesto de todo aquello para lo que había trabajado. Con una inflación que superó el 90% en 2022 y el 200% en 2023, las deudas acumuladas en los años anteriores no se disolvieron. Se compusieron.

    Lo que define a este régimen de deuda no es solo su magnitud. Es su sentido acumulado. La deuda aspiracional —la que te permite comprarte una heladera, pagar la cuota del auto, planificar las vacaciones— crea un vínculo entre el esfuerzo presente y una promesa de futuro. La deuda de sacrificio es exactamente lo contrario: no te lleva a ningún lado. Es el precio de permanecer en el lugar. Y cuando esa experiencia se repite capa tras capa, gobierno tras gobierno, algo se rompe en la relación entre los hogares y la política.

    El deudor de sacrificio siente que hizo todo lo que se suponía que debía hacer y que el Estado, la política, los gobernantes —todos, no uno en particular— no cumplieron su parte. Esa asimetría genera algo más que frustración: genera una superioridad moral sobre la clase política. «Nosotros nos arreglamos solos. Ellos no hicieron nada.» Y esa superioridad moral es exactamente lo que Milei supo leer, nombrar y capitalizar.

    El candidato

    La campaña de Milei fue, en el sentido más preciso de la palabra, una campaña sobre el sacrificio. Tradujo en lenguaje político algo que los hogares argentinos vivían en su economía doméstica: la sensación de que el sacrificio individual no encontraba contrapartida en el Estado, y de que ese Estado era en sí mismo el obstáculo.

    La propuesta de la motosierra no era solo un programa económico: era una promesa de reciprocidad invertida. Si durante años las familias habían sacrificado mientras los políticos derrochaban, ahora los políticos también iban a sacrificar. La casta pagaría. El ajuste sería hacia arriba.

    Hay una lógica interna en ese argumento que no puede desestimarse. El sacrificio vivido individualmente, sin retorno, sin reconocimiento, se convierte en política en una demanda: que otros también sacrifiquen, empezando por el Estado y por quienes lo gobiernan. La deuda de sacrificio no determina el voto —nada en política es tan lineal. Pero contribuye a moldear un paisaje moral en el que votar por la ruptura radical deja de parecer una locura y empieza a parecer lo único razonable. Quien vivió años pagando sin que nadie respondiera podía encontrar en la motosierra no un símbolo de crueldad sino de justicia: si nosotros sacrificamos, que sacrifiquen ellos también.

    La deuda de sacrificio fue el trampolín. No porque causara el voto —las cadenas causales en política son siempre más enredadas que eso— sino porque instaló el estado de ánimo desde el cual una propuesta de ruptura radical pudo volverse moralmente plausible antes de volverse políticamente viable. La experiencia financiera acumulada de millones de hogares preparó el terreno. Milei lo leyó. No fue irracionalidad. Fue una respuesta moralmente coherente a años de promesas incumplidas, encontrando su cauce en la única opción que prometía romper con todo.

    La trampa

    Pero aquí empieza la trampa.

    El gobierno de Milei heredó, como sus antecesores inmediatos, un régimen de deuda de sacrificio. Y como todos sus antecesores, lo profundizó. 

    El ajuste fiscal se tradujo en quita de subsidios, aumento de tarifas y retracción del salario real. Las familias que ya se endeudaban para sobrevivir se encontraron con que los números empeoraban. La mora creció. Las tarjetas dejaron de alcanzar. Los planes de pago se multiplicaron. Los bancos registraron aumentos en los índices de incumplimiento en créditos personales y prendarios. Los informes de las cámaras de comercio minorista mostraron caída del consumo y aumento de la deuda impaga con los proveedores.

    La sociología de la deuda enseña algo que la economía tiende a olvidar: ¿quién tiene la culpa?

    La promesa implícita del sacrificio colectivo —que el ajuste sería compartido, que la casta pagaría— chocó con una realidad más antigua y más dura: en los ajustes estructurales, quienes más pagan son siempre los que menos tienen. Las familias que habían votado esperando que otros sacrificaran descubrieron que el sacrificio seguía siendo, como siempre, el de ellas.

    Hay algo particularmente cruel en esto. La deuda de sacrificio genera un tipo específico de juicio moral: no está dirigida a un gobierno en particular, sino a la capacidad institucional del Estado democrático de organizar la vida financiera de los hogares de manera compatible con su dignidad. Cuando ese juicio ya está hecho, cuando la confianza en las instituciones democráticas ya se perdió, no hay gobierno que pueda recuperarla fácilmente. Ni siquiera el que llegó prometiendo exactamente eso.

    Lo que los números no dicen

    Los datos de mora que circulan en los medios estas semanas se presentan como indicadores económicos. Lo son. Pero son también otra cosa: son el registro de una ruptura moral que lleva décadas construyéndose y que Milei, lejos de resolver, ha extendido bajo una nueva promesa. Su aparición repentina en la agenda pública no es casual: cuando la deuda de los hogares sube hasta hacerse visible para los medios, es porque ya hace tiempo que es insoportable para las familias. El debate público llega tarde. La experiencia financiera cotidiana llegó antes.

    La sociología de la deuda enseña algo que la economía tiende a olvidar: el momento en que una familia no puede pagar no es solo un evento financiero. Es un momento en que se activa la pregunta sobre la responsabilidad. ¿Quién tiene la culpa? ¿El deudor que no supo administrarse? ¿El gobierno que no controló la inflación? ¿El sistema que prometió lo que no podía cumplir?

    En la Argentina de hoy, esa pregunta vuelve a estar disponible. Los hogares que se endeudaron para sobrevivir durante la pandemia, que esperaron que el ajuste de Milei trajera alguna estabilidad, que ven cómo la mora se acumula sin que el horizonte se despeje, están en ese umbral moral: el momento en que el sufrimiento privado busca una explicación pública y un responsable político.

    La advertencia 

    Hay algo que conviene decir con claridad, porque suele perderse en el análisis coyuntural: la deuda de sacrificio es anterior a Milei y le va a sobrevivir.

    No la inventó él. La encontró ya instalada, la supo leer mejor que sus competidores, y la transformó en capital electoral. Pero el régimen de deuda sacrificial que describe la experiencia financiera de millones de hogares argentinos se construyó a lo largo de años —la pandemia, la inflación crónica, los salarios que no alcanzan, la informalidad estructural— y no desaparecerá con un cambio de gobierno.

    Aquí está el verdadero desafío para el sistema político argentino en su conjunto, y no solo para la gestión actual: ¿será capaz de interpretar lo que la deuda de sacrificio produce en términos de juicio moral sobre las instituciones? ¿O seguirá cayendo, ciclo tras ciclo, en la misma trampa?

    La historia de cuarenta años de democracia argentina que reconstruyo en Historia de cómo nos endeudamos muestra un patrón perturbador. Cada régimen de deuda de los hogares generó sus propias expectativas, y cuando esas expectativas fueron traicionadas, la energía acumulada buscó una salida política. A veces fue una carta al presidente. A veces fue el cacerolazo. A veces fue un voto inesperado. Pero siempre llegó.

    En doce meses, la irregularidad de los créditos a hogares se triplicó.

    La deuda de sacrificio, cuando no encuentra respuesta en la política democrática, no desaparece: se radicaliza. Genera la sensación de que el esfuerzo individual fue real pero la contraparte institucional nunca existió. Y esa sensación —la de haber sido estafado por el sistema, no por un gobierno— es la más corrosiva de todas, porque ya no interpela a un presidente sino a la democracia misma. 

    La pregunta que queda abierta —y que los datos de mora de estas semanas vuelven urgente— es si habrá una nueva respuesta la próxima vez, o si el ciclo se repetirá con otro nombre y otra motosierra.

    La entrada El sueldo se me va en pagar las deudas se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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