La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina informa que, por cuestiones de salud, hubo una modificación en la grilla de los artistas que se presentarán en el ciclo ‘Domingos de plaza’.
De esta manera se suma a ‘De la misma sangre’ junto a Ángeles Fuentes, Mi mamá no me deja y Trocitos de Arte. Actuarán a partir de las 20 horas en la Plaza de los Próceres.
El presidente Mauricio Macri oficializó mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) la creación de la Agencia de Deporte Nacional (ADN), en reemplazo de la Secretaría de Deportes, y estará bajo la órbita de la Secretaría General de Presidencia de la Nación, el decreto cosechó controversias incluso antes de publicarse. Esta conversión no sólo…
Entre 20 y 25 metros de cable subterráneo fue sustraído en las últimas horas del sector del Paseo del Arroyo, lo que constituye un nuevo ataque a los espacios públicos de Villa Regina. Para llevar adelante este hecho delictivo, los autores bajaron la térmica lo cual dejó sin iluminación a ese sector. Hay que destacar…
El corazón financiero de occidente está herido. Todavía no es una crisis abierta. Pero los indicadores empiezan a alinearse de una forma inquietante. Wall Street camina sobre hielo fino.
Los jugadores más grandes de Wall Street tomaron una medida muy inusual que da cuenta del grave impacato de la guerra en la economía de Estados Unidos. BlackRock y otros gigantes de las finazas comenzaron a limitar los retiros de fondos de sus inversores, una suerte de «corralito» selectivo que día a día se expande a nuevas instituciones.
En las últimas dos semanas se combinaron tres factores que según los analistas pueden explicar el fenómeno de los retiros masivos de dinero del sistema de Wall Street: la guerra con Irán y su impacto sobre el mercado del petróleo, el ruido que no afloja sobre una posible burbuja en torno a la inteligencia artificial y el enorme mercado de private equity y crédito privado que creció en las sombras después de la crisis de las subprime de 2008.
El nerviosismo se volvió visible cuando BlackRock limitó los retiros de su fondo HLEND, que administra junto a la gestora HPS, después de recibir solicitudes por alrededor de 1.200 millones de dólares, cerca del 9% de su valor neto.
Otro de los casos relevantes ocurrió con Morgan Stanley, que restringió los retiros en su fondo North Haven Private Income Fund, un vehículo de crédito privado de unos 7.600 millones de dólares. Los pedidos de rescate superaron el 10% del capital, por encima del límite trimestral que permite el reglamento del fondo. El banco terminó devolviendo solo una parte del dinero solicitado, aplicando el clásico mecanismo de compuerta que se activa cuando los gestores temen tener que liquidar activos a pérdida.
Otro de los casos relevantes ocurrió con Morgan Stanley, que restringió los retiros en su fondo North Haven Private Income Fund, cuando los pedidos de rescate superaron el 10% del capital.
Algo parecido ocurrió con Cliffwater, una firma especializada en medir el rendimiento de préstamos privados. Su fondo Corporate Lending Fund, que administra cerca de 33.000 millones de dólares, recibió pedidos de rescate por alrededor del 14% del capital. La firma limitó las devoluciones al 7%, lo que volvió a encender alarmas en el mercado.
La lógica es sencilla: cuando los inversores quieren salir al mismo tiempo, los fondos enfrentan el problema de vender activos que no tienen mercado líquido. Y ahí aparece otro dato que empieza a incomodar: el aumento de defaults y reestructuraciones en empresas muy endeudadas, donde ya entre el 8% y el 12% de los préstamos muestra signos de estrés. Un síntoma que trae el recuerdo de la crisis de los préstamos hipotecarios de la subprime.
No se trata de un colapso, pero sí de un síntoma. Cuando un fondo empieza a cerrar la puerta, el resto del mercado mira con desconfianza qué está pasando adentro. El gestor, George Noble, comparó los rescates limitados en fondos con «las primeras grietas que se veían en 2007».
Para entender el problema hay que mirar qué es exactamente el crédito privado. Se trata de préstamos que no provienen de bancos tradicionales. Después de la crisis de 2008, las regulaciones redujeron el margen de los bancos para financiar empresas con riesgo medio o alto. Ese espacio lo ocuparon fondos de inversión que prestan dinero directamente a empresas. Ese mercado creció a una velocidad extraordinaria durante la última década, pero ahora enfrenta un punto de inflexión: menor liquidez, valuaciones bajo presión y creciente cautela de inversores institucionales que empezaron a revisar su exposición al sector.
El private equity, o P.E., es el otro engranaje de ese sistema. Son fondos que compran empresas, las reestructuran y las venden más caras algunos años después. Muchas de esas operaciones se financian con deuda. Y esa deuda muchas veces proviene justamente del crédito privado.
El resultado es una red muy densa de préstamos entre fondos, empresas adquiridas y vehículos financieros. Un operador financiero lo describió con una imagen bastante gráfica: «Una telaraña de deuda que funciona bien mientras nadie la sacuda demasiado».
Ahí aparece el recuerdo inevitable de las hipotecas subprime, un universo de activos difíciles de valorar, empaquetados dentro de estructuras financieras complejas.
El crédito privado podría ser un Lheman silencioso.
La diferencia es que ahora el sistema es todavía más opaco. Muchos de estos préstamos no cotizan en mercados abiertos. Los precios se estiman con modelos internos y cuando los inversores quieren salir, el mercado descubre que no hay compradores suficientes. El analista FluentInFinance, muy seguido por operadores de Wall Street, escribió en X que el crédito privado podría convertirse en «el próximo Lehman silencioso».
En paralelo, el contexto global se volvió hostil. La guerra en Medio Oriente empujó el petróleo y reaviva la inflación global.
Al mismo tiempo, la fiebre por la inteligencia artificial infló las valuaciones de las tecnológicas y disparó inversiones gigantescas en centros de datos y chips. Ese entusiasmo empieza a generar preguntas incómodas sobre si esa inversión tendrá un retorno real.
Por eso, el economista Mohamed El-Erian advirtió que las tensiones actuales pueden generar un «efecto contagio clásico» si los inversores empiezan a vender activos para obtener liquidez.
La primera quincena del mes de noviembre los ojos del mundo presenciaron el séptimo encuentro de jefes de Estado de todas las naciones en pos de cuidar al planeta, quedando así sentado en la historia el cómo la raza humana pretende combatir sus métodos de existencia y de relacionarse entre sí, modos que impactan al…
La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina recuerda que hasta el 5 de marzo se encuentran abiertas las preinscripciones para las propuestas del ciclo 2021 de la Escuela de Arte Popular del IUPA. Los interesados en estudiar guitarra folclórica o danzas folclóricas de la mano de docentes de IUPA, pero en su…
La confianza no aparece. Y el mercado lo muestra sin eufemismos. El riesgo país subió 3,9% y cerró en 634 puntos. La señal clara es que la economía argentina todavía no logra convencer.
Esa falta de confianza pega en el corazón de la estrategia oficial. El Gobierno apostó a financiarse en dólares en el mercado local para evitar depender de Wall Street. Pero los resultados empiezan a quedar cortos. En la segunda vuelta de la última licitación, el Tesoro apenas logró colocar USD 34 millones del Bonar 2028, muy lejos de los USD 100 millones que buscaba captar.
La lectura del economista Hernán Letcher va en esa línea. «Los dólares encepados se están agotando. En las últimas licitaciones, los montos ofrecidos quedaron por debajo de los límites que había fijado Economía. En el caso del AO27 se colocaron USD 97 millones y en el AO28 apenas USD 34 millones», señaló. El dato es más profundo de lo que parece: en la segunda vuelta, donde el precio ya está fijado, cada vez hay menos oferta dispuesta a convalidar esas tasas.
El gráfico es elocuente. Las ofertas rechazadas en segunda vuelta vienen cayendo licitación tras licitación. No es que sobra demanda. Es al revés: se está achicando.
Los dólares encepados se están agotando. En las últimas licitaciones, los montos ofrecidos quedaron por debajo de los límites que había fijado Economía. En el caso del AO27 se colocaron USD 97 millones y en el AO28 apenas USD 34 millones.
En paralelo, los dólares empezaron a moverse. Subieron por segunda rueda consecutiva y reflejan esa tensión. El dólar blue cerró en $1.425, con un alza del 0,7%, el MEP en $1.434,33 con 0,5%) y el contado con liqui en $1.486,41.
Desde el otro lado del espectro ideológico, Ricardo Arriazu puso el foco en el mismo problema. «La palabra confianza es compro dólares o no compro dólares. Eso es todo Argentina», sintetizó. Y fue más allá: «En las universidades no enseñan cómo funciona una economía donde la unidad de cuenta no es su moneda nacional. En Argentina, cuando la gente tiene miedo, no demanda pesos: demanda dólares».
Arriazu también dejó una definición incómoda para el Gobierno. «La confianza se define como la tasa de retorno ajustada por riesgo. Y el problema argentino es el riesgo. Un país que defaulteó nueve veces cantando el himno nacional es un estafador serial», lanzó.
Ese telón de fondo se ve con claridad en la cuenta corriente. En febrero registró un déficit de USD 115 millones y acumuló cinco meses consecutivos en rojo. Aunque el número fue menor que en meses previos, no cambió la tendencia. Desde junio de 2024, solo tres meses cerraron con superávit, todos asociados a liquidaciones extraordinarias del agro.
La confianza se define como la tasa de retorno ajustada por riesgo. Y el problema argentino es el riesgo. Un país que defaulteó nueve veces cantando el himno nacional es un estafador serial.
El problema es estructural. El superávit comercial no alcanza para cubrir el déficit en turismo ni los pagos de intereses de la deuda. A eso se suma la salida de capitales. La compra de dólares a la que se refería Arriazu. Solo en febrero, la fuga fue de USD 2.131 millones. Desde la flexibilización parcial del cepo, ya suma USD 37.732 millones. Es un drenaje constante, com
Hacia adelante, el panorama se vuelve más delicado. El tipo de cambio real sigue apreciándose. El índice del BCRA cayó a 84,7 puntos, por debajo del promedio de 90,1 de febrero. Eso implica menor competitividad, justo cuando las monedas de los socios comerciales se deprecian. La economía, así, se encarece en dólares.
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