Novela de iniciación donde Julia, la protagonista, desanuda recuerdos de su adolescencia vividos durante la última dictadura militar. En un confesionario improvisado y con la mejor onda de una terapia es interpelada por una figura anónima, quien se vale de una sólida perspicacia para llegar al fondo de sus emociones.

Hija de una familia progresista, Julia lucha contra el mote de cheta mientras se autoproclama “como una chica normal, tirando a rockera”.

El pasado se vivifica con los registros que emergen de las páginas de su diario íntimo escrito en aquellos años. La figura de Griffin, su primer amor, y las locuras de Lucy, su mejor amiga, le dan el tono a un triángulo amoroso que problematiza la heterosexualidad imperante.

Las dos amigas se complementan a partir de sus personalidades antagónicas. Lucy es la pibita despierta que vive sus días en un permanente estado de exploración insaciable, mientras que Julia no encuentra la etiqueta apropiada que caracterice su inocencia:

“Cándida, ingenua, ilusa, simplona, crédula, o bien: pelotuda”. pág. 25

Los sueños de niña de Gabriela estuvieron vinculados a la música y la escritura. Con el tiempo, el piano le dijo que no y la escritura comenzó a ser su refugio.

Todo se recrea en un ambiente de familias de clase media-alta, donde los placeres y la diversión juvenil vienen de la mano de lo que ofrezca la agenda cultural disponible. Salidas al cine, recitales de rock, literatura, las últimas novedades en vinilo, fiesta particulares, son algunos de los gustos que estos amigos disfrutarán con un solo límite: los controles aleatorios de la autoridad militar.

El diario de la protagonista no sólo guarda los sentimientos de otros tiempos, también atesora textos instructivos, “recetas” en palabras de Julia, para poder realizar diversas tareas:

*Hacerse la toca

*Jugar al pollito

*Reglas del metegol

*Teñir remeras con la técnica batik

*Cómo dibujar una corazón flechado

*Técnica del ensueño dirigido, variante de la hipnosis

Dejo como ejemplo de estos textos “El ritual de los plomitos”, ceremonia para leer el futuro:

“Los pasos eran los siguientes: se derretía plomo en un recipiente colocado sobre un mechero. Cada uno de los presentes tomaba una cuchara y, a su turno, la hundía en el metal caliente, para luego verter la cuchara en el bol con agua fría. El plomo, al endurecerse en contacto con el agua, adquiría una forma abstracta y caprichosa que la dueña de casa procedía a leer o interpretar.” pág. 14

La autora tiene otros títulos destacados por la crítica: “Cautivas”, “Santos ruteros”,”La montonera” y “La farsa”.

Las aventuras de estos jóvenes se suceden como cortos en blanco y negro musicalizados por la tenebrosa figura amorfa de la dictadura. El temor a la “chupada” late con frecuencia arrítmica en los corazones de madres y padres que imaginan con terror las frenadas de algún Falcon verde y el control operacional de los verdugos a bordo. Julia se pregunta: ¿Cómo nos afectó la dictadura a los que no desaparecimos, ni nos torturaron, ni tuvimos que irnos?

Esta novela, definitivamente, no ofrece respuestas a este interrogante, pero garantiza un estado ficcional que puede abrir puertas y trasladarnos a las buenas vivencias que se manifestaron en espacios clandestinos y ajenos a los años oscuros de aquella época.

Género: Novela

“Memorias de una chica normal (tirando a rockera)

Gabriela Saidon

1ra ed.,Buenos Aires: Sudamericana, 2013

256 páginas

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