LA VIOLENCIA DEL CONFORMISMO

La zona de confort se configura por el consenso, y este consenso se consolida con las decisiones y los objetos. El celular es uno de los objetos que hace a dicha zona de confort, hay consenso en que uno debe tenerlo, he ahí una expresión de la tecnocracia. 

Si antes, la violencia se enmarcaba en la represión, el miedo y el deber ser o hacer, que venía, por cierto, desde el afuera (cárcel, fábrica, shoping, dictaduras); hoy, la violencia es anónima, sistémica y se traslada al interior de las personas, produciendo zombies del rendimiento y la virtualidad, en un exceso de positividad de la información y spamización del lenguaje, así como también de una comunicación no comunicativa que encuentra al Yo hipertrofiado.

Si en la modernidad predominaba la negatividad represiva, nuestra contemporaneidad es lo opuesto por la auto-explotación. La violencia de la conformidad es la suma acelerada de lo igual, egos aislados que se confrontan entre sí. Hay en cada uno de nosotros una implosión por exceso, el sujeto es preso y vigilante de sí mismo.

La realidad es contable y aditiva en un tiempo transparente, según lo refiere Byung Chul Hang. En este tiempo transparente de plataformas iguales, la violencia se torna uniforme, respondiendo al mismo meme del conformismo que, se aloja ya: en nuestra psiquis incapaz de decir No. Los extremos no son los más adecuados, ni el de la modernidad ni el del hoy, sino fijémonos en los polos de este planeta: fríos, bien fríos.


Imagen: John Holcroft
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    Alejandro Lew renunció a la Secretaría de Finanzas en medio de una interna del equipo económico por la estrategia para enfrentar los pagos de la deuda en dólares a meses de un vencimiento clave.

    Lew dejó la Secretaría apenas tres meses después de asumir en lugar de Pablo Quirno y solo un par de días después de la colocación de un nuevo bono en dólares que lanzó el Ministerio de Economía, que liberó pesos que empujaron la cotización de la divisa.

    Toto Caputo anunció la renuncia mediante un tuit protocolar en el que dio como única explicación que Lew tomó la decisión por «razones personales», el eufemismo que usan los políticos cuando no pueden explicar una salida.

    El ex funcionario de YPF en el gobierno de Alberto, arrastraba fuertes diferencias con quien será su reemplazante, Federico Furiase, respecto del plan para corregir la curva de deuda soberana en dólares. El plan de Furiase, hasta este viernes director del Banco Central, iba a la par con el vicepresidente de la entidad monetaria, Vladimir Werning.

    Caputo contuvo el reclamo de bancos para que habilite créditos en dólares con el nuevo bono 

    En el mercado atribuyen la salida precipitada de Lew sus diferencias con el plan de Furiase y Werning para corregir la convexidad de la curva de deuda soberana en dólares. «Le cuestionaron a Lew la salida precipitada a juntar dólares a cuenta gotas para pagar capital al contado en julio cuando vencen los globales», afirmó un operador del mercado.

    Alejandro era como un jamón del medio entre Furiase y Werning y no resistió más.

    «Alejandro era como un jamón del medio entre Furiase y Werning y no resistió más», dijeron a LPO fuentes del gobierno. Su salida coincide además con un día especialmente malo para el equipo económico: las acciones argentinas que cotizan en Wall Street (ADR) terminan el mes acumulando una caída del 25%, el riesgo país llegó a los 570 puntos y el Merval tuvo su pero mes desde septiembre del año pasado, luego de la derrota bonaerense.

    Lew, Caputo y Furiase en la foto difundida por el ministro para tratar de tapar la interna.

    Lew llegó en noviembre a la Secretaría de Finanzas con el objetivo de volver al mercado internacional de deuda, un horizonte que parece alejarse cada día a medida que el riesgo país no baja y se extiende la desconfianza hacia los activos argentinos, mientras el Brasil de Lula vive un momento dorado.

    El gobierno festejó cuando el índice bajó de los 500 puntos semanas atrás, pero este viernes el riesgo país llegó a los 570 puntos, al mismo tiempo que se supo que el FMI demora la aprobación de la revisión del acuerdo. 

    Marcelo Bonelli reveló este viernes que el viceministro José Luis Daza tuvo que viajar de urgencia a Washington para dar nuevas explicaciones en el FMI. Juan Cubbedu, el auditor de Argentina, lo convocó. El organismo aprobaría por decisión política el waiver (perdón) por el incumplimiento de la meta de reservas, pero le inquieta la caída en la recaudación por la baja actividad. El IVA se retrajo un 11% y a pesar de la recesión, la inflación no afloja.

     

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  • «Es un blanqueo permanente para los más ricos»

     

    El director ejecutivo de la Agencia de Recaudación de la provincia de Buenos Aires (ARBA), Cristian Girard, cuestionó el Régimen de Inocencia Fiscal recientemente reglamentado por el Gobierno nacional y sostuvo que se trata de un blanqueo permanente orientado a evasores de alto patrimonio, presentado bajo un relato que intenta interpelar a la clase media sin ofrecerle beneficios concretos.

    «Lo que el Gobierno llama ‘inocencia fiscal’ en los hechos habilita un blanqueo permanente dirigido principalmente a personas con mucha capacidad económica que evadieron impuestos», afirmó Girard en declaraciones radiales.

    Según explicó, el discurso oficial asocia la medida con valores como la libertad individual y el incentivo a la iniciativa privada, pero el diseño concreto del régimen deja en claro a quiénes beneficia. «No está pensado para la clase media trabajadora ni para quienes producen y viven de su esfuerzo. El relato apunta a seducir a sectores medios y a ciertos perfiles profesionales, pero el impacto real favorece a grandes patrimonios, incluso a actividades de origen dudoso», señaló.

    Uno de los puntos que genera mayor preocupación es la confusión deliberada que el gobierno de Javier Milei instala en torno al delito de evasión fiscal. «Se intenta hacer creer que la evasión dejó de ser un delito penal, y eso es falso. No se modificó la ley penal. Lo único que cambia es que el fisco decide no controlar hasta determinados montos (elevados), pero el delito sigue existiendo», advirtió.

    Reglamentan la ley de inocencia fiscal y ARCA festeja: «evadir ya no es un delito penal»

    En ese sentido, Girard remarcó que el régimen construye una falsa sensación de seguridad jurídica que puede volverse en contra de quienes adhieran. «Un gobierno puede cambiar el criterio de control, o puede hacerlo una gestión posterior. Las deudas solo se extinguen con la prescripción. El riesgo sigue estando», subrayó.

    El titular de ARBA vinculó el impulso del régimen con la fragilidad macroeconómica y la escasez de divisas. «Se monta un relato de macroeconomía ordenada cuando en realidad faltan dólares. Sobre esa ficción se construye otra: que ahora no hay delito y que se pueden sacar los dólares del colchón sin consecuencias», sostuvo.

    «Necesitan esos dólares de manera urgente. Esto no es una señal de fortaleza, es una muestra de debilidad. Están intentando convencer a la gente de que entregue sus ahorros para sostener un esquema financiero que no resuelve los problemas estructurales de la economía», agregó.

    Por último, Girard enmarcó la discusión en un debate de fondo sobre el sistema tributario argentino. «La clase media y los sectores populares soportan una carga tributaria elevada porque durante décadas se gravó el consumo y se debilitó el cobro de impuestos a quienes más capacidad contributiva tienen, sumado a la evasión y la fuga de los sectores más ricos», explicó.

    «El debate que viene es casi fundacional: cómo hacemos crecer la economía, cómo revertimos el ajuste, cómo financiamos al Estado. Este régimen no va en ese sentido: consolida la injusticia fiscal y erosiona la legitimidad del Estado», concluyó.

     

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    Hoy como en los 90 se vende una ilusión que no es más que eso, y que sólo puede sostenerse con un creciente disciplinamiento y una feroz represión que se festeja sin tapujos.

    Por Ariel Fernández para NLI

    Creer que bajar la edad de imputabilidad puede ser algo positivo en un país que se hunde en la desocupación y es atravesado por los más violentos discursos sociales, es al menos, ingenuo.

    Está claro que las penas no resuelven nada, menos aún si hablamos de menores. Van a ser enviados a la cárcel, no para ayudarlos, sino para desecharlos. Hay una sociedad que prefiere no mirarse, que fomenta la eliminación de niños que no tienen escapatoria y que no son más que un producto neto de la misma sociedad que los señala.

    Estamos en peligro, no hay dudas de eso, especialmente porque las respuestas a lo que nos pasa están tan cerca de nosotros que se nos hace imposible verlas.

    Los pibes y las pibas arrastran nuestros dolores, nuestros despidos, la perversión de un estado que cada vez los empuja más a los márgenes, a un futuro devastado.

    La muerte se los lleva cada vez más rápido o los condena sin la sentencia de un juez. La aleja de su naturaleza, de los colegios, de jugar a la mancha o de saborear un dulce. Desde las altas cumbres que se erigen en el dinero, son quienes ocupan los tronos principales los que definen a esos pibes y pibas, los que determinan cómo son y cuáles son sus derechos.

    Los pibes concebidos como desecho de una sociedad que está partida al medio, que los insulta, que les teme con un miedo sin ningún fundamento más allá del que construyeron desde hace años un sector político con la complicidad de los medios de comunicación hegemónicos.

    Son los excluidos de los excluidos. La parte más vulnerable de un sistema que no vislumbra un futuro colectivo, sino una especie de evolución donde los mejores lograrán ser empresarios de sí mismos.

    Hoy como en los 90 se vende una ilusión que no es más que eso, y que sólo puede sostenerse con un creciente disciplinamiento y una feroz represión que se festeja sin tapujos.

    La pobreza es un fenómeno que no para (y no tenemos por qué creer que esto va a cambiar) y establece reglas cada vez más desiguales, cada vez más injustas.

    Entonces, para la gente de “bien”, la ecuación termina siendo perfecta, esos pibes ya no van a estar, porque los mata una bala, la droga o el encierro.

    Todo parece terminar en la fría y perversa sensación (maldita y estúpida sensación) de aceptar sin miramientos la vida que, a pesar de nuestra voluntad, nos toca.

     

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