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RUTA 22 22

La ruta nacional 22 fue inaugurada hace más de ocho décadas, en ese entonces de ripio, hace más de 50  que se asfaltó en su totalidad. Y lleva más de diez años desde que empezó a construirse la autovía que luego mutó a autopista y por ahora es incalificable. La zona del Alto Valle rionegrino es una “gran columna vertebral de ciudades” que es atravesada por la “22”, por lo cual la obra cobra vital relevancia, social y económica.

Es la ruta de los debates, las polémicas y los accidentes, pero además es la obra pública que expresa por excelencia una real subestimación del Estado hacia los miles de valletanos que nos vemos obligados a transitarla todos los días con la “parca” como copiloto. Mientras el proyecto ofrece el mayor movimiento desde los chiringuitos que humean al costado del camino, el mismo es una (in)conexión decepcionante de estructuras, de elevaciones prohibidas, murallas chinas, y caminos rurales maltrechos. Ni autopista, ni autovía, ni ruta. Es la “22”. En el año 2017, murieron 36 personas. En el primer semestre del 2018 ya superamos la media (20). Ayer, un hombre falleció en cercanías a Ingeniero Huergo, circulaba en moto y colisionó con una unidad interurbana de la empresa Koko.

¿Ruta Nacional 22 22? A este ritmo cansino, despreocupado y desgastante, como si nada pasara, cuando se finalice el proyecto los vehículos ya no serán terrestres, piensen en esa posibilidad, analicen la coyuntura de la obra y de la política del país. Exagerado y gráfico. Pero ¿en cuantos años más los autos serán eléctricos y necesitarán nuevas instalaciones funcionales?

El proyecto avanza lento. Nunca termina, y todos los años tiene otra fecha de finalización. Como ciudadanos sobrepasamos los límites de la bondad, o somos conformistas?. Costumbristas quizás. El hábito de la conformidad es peligroso para una sociedad y a ello refiere el término filosófico de «sociedad pasiva». Al igual que la expresión  de «antisujeto» que nos refleja como individuos en la actualidad. Ésta definición connota a un “sujeto mínimo”, un individuo que no exige, no (se) cuestiona, es conformista y por consiguiente es práctico a la idea de orden que buscan establecer quienes gobiernan, que intentan amparar la despolitización y exclusión de la ciudadanía para garantizar el equilibrio de un sistema discriminatorio e injusto. Este “antisujeto” se desinteresa de lo público y construye una sociedad pasiva que carece de voluntad y acaba con la idea del sujeto-actor, indispensable en estos casos.

Un proceso donde el sujeto  irrumpa, sin violencia pero de manera activa, y exija lo que le pertenece es lo que le permitirá definir su realidad y resignificarla. Intentando deconstruir ese imaginario colectivo impuesto con un discurso tácito que penetra las esferas desde donde puede potenciarse ese “antisujeto” que es quien contribuye a mantener y reproducir las condiciones cotidianas. Tratemos de aunar esfuerzos, mecanismos activos de protesta y formas de trabajo en búsqueda de desbloquear los mecanismos instaurados y construidos por quienes, con sus cuellos de corbata empapados en aromas franceses deciden sobre el destino de quienes, claramente, no representan.

Producción audiovisual: Esteban Vazquez y Hernan Ermantraut
Gráfica: Germán Busin
Texto: Emiliano Piccinini
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  • Santilli se mete en el Senado para quitarle a Patricia la relación con el PRO

     

    Diego Santilli empezó a arrebatarle a Patricia Bullrich la relación con los aliados del gobierno en el Senado, para terminar de quitarle el poder que le queda a la ex ministra después de consumarse la intervención del bloque oficialista por WhatsApp.

    Para alcanzar ese objetivo, el jefe de Gabinete armó este viernes una reunión en Casa Rosada con Martín Göerling, Cristian Ritondo y Lule Menem, una forma de mostrarle a la jefa de la bancada libertaria que Karina Milei no la necesita de puente con el PRO en la Cámara Alta. «Santilli convocó a Göerling pero también a Cristian, para que lo acompañe, y abrió esa conversación a Lule para habilitar la proximidad con Karina y mandarle un mensaje a Patricia», explicó una fuente del Congreso.

    Un diputado del PRO fue más sintético: «fue una reunión de fulleros para hablar de política», dijo.

    La foto de Santilli con Göerling y Ritondo, junto a Lule, funciona como el acto de plantar bandera en una cabecera de playa. El senador misionero lidera un bloque de tres, integrado por la pampeana María Victoria Huala y la chubutense Andrea Cristina, pero forma parte de la mayoría de los 44 que edificó Bullrich desde que asumió su banca, en diciembre pasado.

    Karina le interviene a Bullrich la conducción del bloque de senadores

    En efecto, la senadora libertaria sufrió la intervención del bloque por parte de Karina y Lule, en el punto más álgido de su confrontación con Balcarce 50 por el escándalo de Manuel Adorni. 

    Imperturbable, Bullrich pretendió que ese movimiento no mellaba en su volumen político porque mantenía su rol como primus inter pares en la relación con los presidentes de los bloques que suman el lote de 44 antiperonistas, contando 21 libertarios, 10 radicales, tres macristas, los dos misioneros, los dos santacruceños, la tucumana Beatriz Ávila, el correntino Carlos «Camau» Espínola, la neuquina Julieta Corroza, la salteña Flavia Royón y la cordobesa Alejandra Vigo.

    Bullrich y Göerling.

    Sin embargo, la incursión de Karina fue a fondo. En la previa de la sesión en que la oposición quería aprobar la interpelación al ex vocero, la hermana presidencial armó un encuentro con los senadores en la Rosada y resolvió que la incorporen al grupo de WhatsApp del bloque, un atajo rústico para controlar lo que se converse por chat.

    Patricia decidió entonces pegar un volantazo. Después de antagonizar con Javier Milei por el pliego de la jueza María Verónica Michelli, cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, y el caso Adorni, sobreactuó su obediencia al gobierno e impulsó sin tener garantizados los votos la sesión de este jueves, donde se le cayó por tercera vez el tratamiento de la ley de tierras ante la falta de apoyo de los aliados.

    Santilli convocó a Göerling pero también a Ritondo, para que lo acompañe, y abrió esa conversación a Lule para habilitar la proximidad con Karina y mandarle un mensaje a Patricia.

    Antes de la sesión, tuvo un cruce feroz por chat con Victoria Villarruel y no tuvo mejor idea que filtrar las capturas de pantalla en el chat del bloque, donde están Karina y Lule Menem también. Pero, además, se encargó que la discusión con la Vicepresidenta trascendiera por la prensa.

    Santilli y Lule Menem recibieron a Martín Goerling y Cristian Ritondo del PRO

    Lejos de ganarse la condescendencia de la secretaria general de la Presidencia, empeoró el vínculo. Ahora, Santilli dejó de ser un tunelero en el Senado para recibir con foto protocolar al presidente del PRO en esa cámara, aún cuando la cita no sirvió para que se charle sobre la eliminación de las PASO o la implementación de colectoras.

    Un legislador al tanto de la conversación le dijo a LPO que el encuentro giró en torno de una serie de proyectos que interesaban al misionero para su provincia, mientras que Santilli le preguntó al senador por las modificaciones al capítulo de extranjerización de la tierra en la ley de inviolabilidad de la propiedad privada. También pidió opinión a sus visitas sobre la posibilidad de aprobar la reforma de la carta orgánica del Banco Central (BCRA).

     

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    El pueblo argentino que llegó a tener un cine donde hoy solo quedan ruinas

     

    En muchos lugares del interior argentino, el cierre del ferrocarril significó mucho más que perder un servicio de transporte. Algunas localidades quedaron sin tren, sin trabajo y, con el tiempo, prácticamente sin habitantes. Pero hubo pueblos que llegaron a tener una vida cultural sorprendente: clubes, cines, bibliotecas, bailes y comercios que hoy cuesta imaginar cuando se observan sus calles silenciosas.

    Por Redacción de NLI

    Hay una Argentina que no aparece en los grandes mapas turísticos. Está formada por pequeños pueblos que alguna vez tuvieron estación ferroviaria, almacén, escuela, club social, iglesia, taller mecánico y una plaza donde se conocían todos. Algunos llegaron a tener una actividad cultural que hoy asociamos exclusivamente con las grandes ciudades: proyectaban películas, organizaban bailes, recibían compañías teatrales y tenían sociedades de fomento que funcionaban como verdaderos centros comunitarios. Después, lentamente, muchas de esas localidades comenzaron a vaciarse. El tren dejó de pasar, las oportunidades laborales desaparecieron y las nuevas generaciones se marcharon. Lo que quedó fueron edificios abandonados y una memoria que todavía sobrevive entre quienes nacieron allí.

    Cuando el tren llevaba también cultura

    Durante buena parte del siglo XX, el ferrocarril fue mucho más que una infraestructura destinada a trasladar pasajeros y mercancías. Para cientos de pueblos argentinos representaba el vínculo cotidiano con el resto del país. Por sus vías llegaban diarios, cartas, medicamentos, herramientas, alimentos y visitantes. Pero también llegaban músicos, compañías teatrales, proyectores cinematográficos y películas.

    El desarrollo del cine ambulante tuvo una importancia especial en esos lugares. Antes de que existieran salas modernas y antes de que la televisión ingresara masivamente a los hogares, una función cinematográfica podía convertirse en el acontecimiento de la semana. En algunos pueblos la proyección se realizaba en salones de clubes, sociedades de fomento o edificios improvisados como salas de espectáculo.

    La experiencia tenía algo que hoy resulta difícil de reproducir. Ver una película no era una actividad doméstica: implicaba salir de casa, encontrarse con vecinos, comprar una entrada y compartir durante un par de horas una misma historia con toda la comunidad. El cine era entretenimiento, pero también era una forma de sociabilidad.

    En muchos pueblos, además, el club cumplía funciones que excedían ampliamente al deporte. Allí funcionaban bibliotecas, salones de baile, comisiones de ayuda, espacios para reuniones políticas y sociales, canchas y, en algunos casos, verdaderas salas culturales.

    El edificio podía ser modesto, pero su importancia para la comunidad era enorme.

    El pueblo que desaparece cuando desaparecen sus instituciones

    El problema comenzó cuando cambió la estructura económica que había permitido crecer a aquellas localidades. La mecanización de las tareas rurales redujo la necesidad de trabajadores, mientras las rutas comenzaron a desplazar progresivamente al ferrocarril como principal medio de comunicación.

    La situación se profundizó con las sucesivas políticas de cierre de ramales ferroviarios aplicadas durante distintas etapas de la historia argentina. Cuando una estación dejaba de funcionar, el impacto se multiplicaba. El almacén vendía menos, el hotel recibía menos pasajeros, el taller perdía clientes y la escuela comenzaba a tener menos alumnos.

    El proceso no ocurría de un día para otro. Era una especie de erosión demográfica. Primero se iba una familia; después otra. Los jóvenes viajaban a las ciudades para estudiar y muchos ya no regresaban. Los comercios reducían sus horarios y finalmente cerraban. El club comenzaba a tener menos socios. La biblioteca perdía lectores. El cine dejaba de proyectar películas.

    Y entonces ocurría algo fundamental: el pueblo no solamente perdía habitantes. Perdía lugares de encuentro.

    Esa diferencia es importante para comprender por qué muchas localidades terminaron convirtiéndose en pueblos fantasma. Una comunidad puede sobrevivir con pocos habitantes si conserva instituciones, servicios y vínculos. Pero cuando desaparecen simultáneamente la estación, el comercio, la escuela, el club y los espacios culturales, mantener una población estable se vuelve cada vez más difícil.

    Cine Club Colón de Roque Pérez

    Las ruinas de una Argentina que todavía vive en la memoria

    Hoy pueden encontrarse en distintas provincias edificios que alguna vez fueron centros de una intensa vida comunitaria. Antiguos cines con sus fachadas deterioradas, estaciones convertidas en museos, clubes sostenidos por unos pocos socios y viejas bibliotecas donde los libros permanecen como testigos de una época distinta.

    Para quienes recorren esos lugares, resulta difícil imaginar que allí alguna vez hubo cientos de personas esperando el tren, familias caminando hacia el cine o multitudes reunidas para un baile.

    Pero las ruinas no cuentan toda la historia.

    En muchos pueblos, antiguos habitantes regresan periódicamente para fiestas, aniversarios o reuniones familiares. Los clubes recuperan actividades. Algunas estaciones ferroviarias son restauradas. Viejas salas vuelven a utilizarse para eventos culturales. La memoria se convierte así en una forma de resistencia frente al abandono.

    Hay algo profundamente argentino en esa relación con los pueblos ferroviarios. La nostalgia no se explica solamente por el deseo de recuperar un pasado idealizado. También existe el reconocimiento de que aquellas pequeñas localidades representaban una forma de integración territorial en la que el desarrollo no estaba concentrado exclusivamente en las grandes ciudades.

    Un cine de pueblo podía parecer insignificante frente a las grandes salas de Buenos Aires o Rosario. Una biblioteca con unos pocos cientos de libros podía parecer modesta frente a una universidad. Un club con una cancha de tierra difícilmente podía competir con las grandes instituciones deportivas. Pero para quienes vivían allí, esos espacios eran el centro de la vida social.

    Por eso, cuando desaparecieron, desapareció algo mucho más grande que un edificio.

    La historia de esos pueblos permite pensar qué significa realmente desarrollar un territorio. No alcanza con construir una ruta o inaugurar una obra aislada. Una comunidad necesita transporte, escuelas, hospitales, trabajo, conectividad y también lugares donde encontrarse.

    Quizás por eso las viejas estaciones, los clubes y los cines abandonados producen una sensación tan particular. No son solamente edificios viejos. Son las huellas materiales de una sociedad que alguna vez tuvo otra distribución territorial y otra relación con el tiempo.

    Y detrás de cada fachada descascarada existe una historia que merece ser contada: la de las personas que llegaron, trabajaron, formaron familias, fueron al cine, bailaron, viajaron en tren y construyeron una vida en lugares que hoy muchas veces apenas aparecen en un mapa.

    Porque un pueblo no desaparece solamente cuando deja de tener habitantes. También desaparece cuando dejamos de recordar para qué existió.

     

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    Fátima Florez estuvo en Perú con Milei en la asunción de Keiko Fujimori

     

    La presencia de Fátima Florez en Lima durante la asunción de Keiko Fujimori reavivó las versiones sobre una reconciliación con Javier Milei. Desde el Gobierno negaron que integrara la comitiva oficial, aunque las imágenes alimentaron las especulaciones.

    Por Lola Santacreta para NLI

    La presencia de Fátima Florez en Lima durante la ceremonia de asunción de Keiko Fujimori como presidenta de Perú volvió a colocar en el centro de la escena la relación de la actriz con Milei, apenas unos meses después de que ambos anunciaran públicamente el final de su vínculo. Aunque desde la Casa Rosada se apresuraron a aclarar que la humorista no formó parte de la delegación oficial argentina, las imágenes compartidas por ella misma desde el acto protocolar bastaron para reactivar los rumores de una posible reconciliación.

    La situación adquiere además una dimensión política por el contexto en el que ocurrió. Milei viajó a Perú para participar de la ceremonia que marcó el regreso del fujimorismo al poder, en una asunción que reunió a varios referentes de la derecha latinoamericana y europea, consolidando un nuevo mapa de alianzas políticas en la región. La coincidencia entre el Presidente argentino y su expareja en un evento de semejante relevancia diplomática llamó inevitablemente la atención.

    Una selfie que disparó las versiones

    Las especulaciones comenzaron cuando Fátima Florez publicó una fotografía desde el recinto donde se desarrollaba la ceremonia de investidura. La imagen confirmaba que se encontraba en el mismo lugar que el Presidente, aunque sin aparecer junto a él.

    Desde el Gobierno buscaron rápidamente despejar las dudas y aseguraron que la actriz viajó por invitación propia y no integró la comitiva presidencial, por lo que no participó de las actividades oficiales organizadas por la Cancillería argentina. Según trascendió, asistió como invitada personal al acto de asunción y su presencia no estuvo vinculada institucionalmente con la agenda del mandatario.

    Sin embargo, la aclaración oficial no alcanzó para detener las interpretaciones. La coincidencia temporal y geográfica entre ambos volvió a instalar la posibilidad de un acercamiento sentimental, especialmente porque desde la separación nunca dejaron de circular versiones sobre contactos esporádicos entre ambos.

    Un acto cargado de simbolismo político

    Más allá de la cuestión personal, la ceremonia tuvo un fuerte contenido político. Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, regresó al poder luego de imponerse en unas elecciones extremadamente ajustadas y prometió un gobierno centrado en la seguridad, el combate al crimen organizado y una agenda económica liberal.

    La presencia de Milei no pasó inadvertida porque refuerza el alineamiento internacional del Gobierno argentino con dirigentes y administraciones ubicadas en la derecha y la ultraderecha del continente. La investidura reunió, además del mandatario argentino, a otros referentes conservadores y fue interpretada como una muestra del reordenamiento político que atraviesa América Latina.

    En ese marco, la aparición de Fátima Florez terminó mezclando la agenda diplomática con la política doméstica y el espectáculo, un fenómeno que ha acompañado a Milei desde el comienzo de su carrera presidencial.

    Entre la vida privada y la exposición pública

    La relación entre Milei y Fátima Florez fue desde el inicio un tema de enorme exposición mediática. Incluso después de anunciar su separación, ambos continuaron siendo objeto de permanentes versiones sobre posibles reencuentros.

    La aparición de la actriz en un acto internacional encabezado por el Presidente volvió a colocar el foco sobre esa historia personal, aunque hasta el momento ninguno de los dos confirmó una reconciliación. La única explicación oficial sostiene que se trató de un viaje independiente y sin vínculo con la delegación presidencial.

    Lo cierto es que el episodio vuelve a mostrar cómo, en la gestión de Milei, la frontera entre la agenda institucional y la vida privada suele convertirse rápidamente en un tema de discusión pública. Una simple fotografía alcanzó para desplazar parte de la atención de una ceremonia presidencial que tenía implicancias geopolíticas hacia un interrogante que continúa sin respuesta: si la historia entre el Presidente argentino y Fátima Florez realmente quedó atrás o si, por el contrario, atraviesa un nuevo capítulo.

     

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