El neuquino Francisco Moisés se coronó ganador de la General y Natalia Cabrera, oriunda de Cervantes, se quedó con el primer puesto en la categoría Damas en el Triatlón de la Vendimia, organizado por la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina.
La competencia se desarrolló en la mañana de ayer en la Isla 58, únicamente en la modalidad individual.
Moisés empleó un tiempo de 1h 37m 05s y Cabrera, 1h 57m 44s.
El Ministerio de Seguridad de la Nación a cargo de Patricia Bullrich, dispuso a través de la Resolución 956/2018, el “Reglamento general para el empleo de las armas de fuego por parte de los miembros de las fuerzas federales de seguridad”. Como antecedente de este reglamento, se nos viene a la mente el precedente…
El ser reciclado y un tesoro en la basura. Nada puede reciclarse sin reciclarse a uno mismo; la idea de consumir lo mínimo utilizando lo que “ya está y fue desechado” aparece como una alternativa de consumo saludable para el planeta, más aún si el consumo es socialmente compartido. Por eso hablaré de Comunidad Reciclada,…
La preocupación se potencia al entender que ambas especies se pescan a nivel comercial y se consumen habitualmente en la región. El estudio fue realizado por Shirley Mendoza, la primer bióloga marina recibida en la Universidad Nacional del Comahue con sede en la costa Atlántica. Un estudio realizado por la bióloga marina sanantoniense Shirley Mendoza descubrió…
Bukmeykerin veb saytında hərf-rəqəm dəyərini tapdıqdan sonra bukmeykerin promosyonlar bölməsinə keçin və bonus almaq üçün promo kodunu daxil edin. 1xbet idman mərclərinə əlavə olaraq bir sıra digər əyləncə seçimləri təklif edir. İlk növbədə — 500-dən çox slot maşını və slotu olan kazino təklif edir. Oyunların [və] kimi aparıcı qlobal provayderlər tərəfindən təmin edildiyini başa düşmək…
Mientras los peones rurales y los hacheros de principios del siglo XX eran obligados a comprar en las proveedurías de las empresas que los empleaban mediante vales y fichas, miles de repartidores argentinos del siglo XXI terminan endeudados con las propias plataformas para las que trabajan. Separados por un siglo de historia, ambos modelos revelan una misma lógica: trabajadores cada vez más dependientes de empresas extranjeras que convierten el salario en un mecanismo de control.
Por Alcides Blanco para NLI
Cuando el salario dejó de ser libertad
Hay escenas de la historia argentina que parecen haber quedado definitivamente enterradas en los libros escolares. La Patagonia Rebelde, entre 1920 y 1922, y las huelgas de La Forestal, entre 1919 y 1922, suelen recordarse por la brutal represión que sufrieron los trabajadores. Sin embargo, detrás de aquella violencia existía un sistema económico cuya esencia resulta sorprendentemente familiar para la Argentina de 2026.
Los peones rurales patagónicos trabajaban jornadas que podían extenderse entre 10 y 16 horas, mientras que los hacheros que desmontaban los quebrachales para la compañía británica The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited, conocida simplemente como La Forestal, sobrevivían con salarios miserables y condiciones de vida extremadamente precarias. En ambos casos, la dependencia respecto del empleador iba mucho más allá del trabajo cotidiano.
En numerosos establecimientos, especialmente en La Forestal, una parte importante del salario no se entregaba en dinero sino mediante vales, bonos o fichas emitidos por la propia empresa. Aquellos papeles solamente podían utilizarse en las proveedurías de la compañía, donde los productos solían venderse a precios superiores a los del mercado o donde los vales eran reconocidos por un valor inferior al nominal. El trabajador cobraba de su patrón y, casi inmediatamente, ese mismo dinero regresaba al patrón.
Aquella práctica no solo reducía el poder adquisitivo de los obreros. También impedía que pudieran ahorrar, elegir dónde comprar o abandonar fácilmente el empleo. El salario dejaba de representar independencia para convertirse en un instrumento de subordinación.
La tecnología cambió, pero la lógica permanece
Un siglo después, la Argentina vuelve a exhibir un fenómeno que, aunque adopta formas digitales, reproduce mecanismos sorprendentemente similares.
Miles de repartidores que trabajan para plataformas de delivery comenzaron a recurrir masivamente a préstamos ofrecidos por las propias aplicaciones o por empresas financieras asociadas, en un contexto de caída del poder adquisitivo, precarización laboral y escasez de crédito tradicional.
Según un informe difundido en los últimos días, la deuda promedio ya ronda el millón de pesos, mientras que algunos créditos alcanzan costos financieros equivalentes a tasas cercanas al 700% anual, cifras que transforman el préstamo en una pesada carga para trabajadores cuyos ingresos dependen de jornadas cada vez más extensas.
El mecanismo presenta diferencias formales respecto del sistema de fichas de hace cien años, pero comparte un rasgo fundamental: el trabajador vuelve a quedar económicamente atado a la empresa para la que presta servicios.
Ya no recibe un vale de papel para comprar alimentos en la proveeduría. Ahora obtiene un préstamo digital cuyo cobro suele descontarse directamente de los ingresos que genera trabajando para esa misma plataforma. La dependencia deja de materializarse en una ficha de cartón y pasa a expresarse mediante algoritmos, aplicaciones móviles y débito automático.
En ambos casos, el empleador no solamente organiza el trabajo. También condiciona el modo en que el trabajador administra su economía personal.
Truck System
En la historia del trabajo existe incluso un nombre específico para este tipo de mecanismos: eltruck system. Así se conocía al sistema mediante el cual los empleadores pagaban total o parcialmente los salarios no con dinero, sino con vales, fichas, mercancías o créditos que únicamente podían utilizarse en comercios pertenecientes a la propia empresa o vinculados a ella. Muy extendido durante la Revolución Industrial en Gran Bretaña y luego replicado en distintos países, este esquema permitía a los patrones recuperar buena parte de los salarios abonados mediante la venta de productos con sobreprecios, generando un círculo de dependencia económica que impedía a los trabajadores disponer libremente del fruto de su trabajo.
La gravedad de este mecanismo fue tal que numerosos países comenzaron a prohibirlo desde fines del siglo XIX mediante las denominadas Truck Acts británicas y otras legislaciones similares, que establecieron como principio básico que el salario debía abonarse en dinero y quedar bajo el control exclusivo del trabajador. Más de un siglo después, las plataformas digitales no pagan en fichas ni obligan a comprar en una proveeduría, pero cuando el trabajador termina financiándose con créditos otorgados por la propia empresa o por entidades asociadas, cuyos descuentos se realizan directamente sobre sus futuros ingresos, vuelve a aparecer una lógica muy parecida: el empleador deja de limitarse a organizar el trabajo y pasa también a controlar, en buena medida, la economía personal de quien trabaja para él. La tecnología cambió, pero el principio que el truck system buscaba imponer —mantener cautivo al trabajador mediante la dependencia económica— encuentra hoy nuevas formas de manifestarse.
De los capitales británicos a las plataformas globales
Existe otro elemento que vuelve especialmente sugestivo el paralelismo histórico.
La Forestal era una empresa de capitales británicos que llegó a controlar millones de hectáreas, ferrocarriles, pueblos enteros, puertos y hasta fuerzas parapoliciales propias para defender sus intereses económicos. Su poder excedía ampliamente la producción de tanino: construía un verdadero Estado dentro del Estado argentino.
Las principales plataformas de reparto que hoy dominan el mercado argentino también responden a grandes corporaciones internacionales, cuyos centros de decisión se encuentran fuera del país y cuyos modelos de negocios son diseñados para maximizar rentabilidad a escala global.
Naturalmente, las diferencias históricas son enormes y nadie podría equiparar mecánicamente las condiciones de violencia física que caracterizaron a La Forestal o a la Patagonia Rebelde con la realidad contemporánea. Sin embargo, la comparación permite observar una continuidad inquietante: la subordinación económica de trabajadores argentinos frente a grandes empresas extranjeras que concentran el poder de fijar condiciones laborales, ingresos y mecanismos de dependencia financiera.
El escenario tecnológico cambió radicalmente. Donde antes había obrajes, hoy existen aplicaciones. Donde antes había fichas impresas, hoy aparecen créditos digitales. Donde antes un capataz vigilaba el rendimiento, hoy lo hace un algoritmo que asigna pedidos, califica desempeños y determina ingresos.
Pero la concentración del poder económico conserva una estructura reconocible.
Las luchas obreras de comienzos del siglo XX surgieron precisamente para cuestionar un modelo que transformaba al trabajador en un engranaje completamente dependiente de la empresa. Cien años después, el desafío parece regresar bajo nuevas formas, impulsado por la economía de plataformas, la financiarización del trabajo y la pérdida progresiva de derechos laborales conquistados durante décadas.
Quizá la mayor diferencia entre ambas épocas sea que la explotación ya no necesita alambrados ni fichas de cartón. Ahora cabe en el bolsillo, dentro de un teléfono celular, y puede administrarse mediante una aplicación que promete flexibilidad mientras convierte el salario futuro en garantía de una deuda cada vez más difícil de cancelar.
La trama conspirativa alrededor de la derrota argentina ante la Selección de España en el Mundial de Estados Unidos alumbró este miércoles una arista nueva: fuentes vinculadas a los clubes del ascenso advierten que la amenaza a los jugadores sobre las sanciones de la FIFA si salían bicampeones habría sido obra de Mauricio Macri.
En las instituciones deportivas beneficiadas por la gestión de Claudio «Chiqui» Tapia, entienden que Macri participa de una constelación de actores del fútbol local que solo desean la implementación de las sociedades anónimas deportivas. Para eso, necesita el fracaso del equipo nacional, para ir por el presidente de la AFA.
El líder del PRO está al frente de la Fundación FIFA desde enero de 2020, un cargo para el que lo desginó Gianni Infatino luego de que lo vencieran Alberto Fernández y Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales de 2019. Ese puesto le permite a Macri tener vínculos aceitados con dirigentes muy incluyentes del fútbol internacional y le garantiza recursos para gravitar en decisiones de la federación.
De hecho, este miércoles Clarín e Infobae se apuraron a publicar que la Justicia estadounidense había ordenado la incautación del teléfono de Tapia, algo que luego fue desmentido por la entidad del fútbol argentino. En rigor, la información surgida de la investigación judicial en suelo norteamericano indica que en el juzgado se le requirió a Guillermo Tofoni, denunciante de Tapia y Pablo Toviggino por el dinero obtenido de los contratos por los partidos amistosos que disputó Argentina en 2018, que responda por información que filtró en Argentina pero estaba protegida por leyes de Estados Unidos.
El fallo llama la atención sobre el material probatorio obtenido en cuentas bancarias norteamericanas que Tofoni habría distribuido a periodistas y remitido a tribunales argentinos, aunque existía una orden de protección que limitaba expresamente su uso. Por eso, el juez ordenó a Tofoni que se encargue de que esa prueba sea devuelta o destruida, para cumplir con la restricción.
Tofoni, por su parte, cultiva una vieja amistad con Macri, que anhela por sobre todas las cosas tomar el control de Boca Juniors otra vez. Como en 2023 no lo pudo lograr con los votos, supone que pueda hacerlo a través del atajo de las SAD.
Qué le importa la AFA a la UEFA, es Macri el que está detrás de esto.
El ex presidente, incluso, se quejó de la actitud del plantel argentino cuando desplegaron la bandera con la inscripción que reivindicaba la soberanía argentina en las islas Malvinas, en la cancha de Atlanta donde el combinado de Lionel Scaloni venció a los futbolistas ingleses. «Hicieron una de más», dijo Macri, con desprecio, amenazante.
Dirigentes de la AFA deslizan que el jefe del PRO pudo haber sido el artífice de la amenaza a los jugadores, camuflado bajo mensajeros como la UEFA o, incluso, referentes cercanos al plantel. «Qué le importa la AFA a la UEFA, es Macri el que está detrás de esto», deslizan.
Como informó LPO, los familiares de los jugadores comentaron a una azafata que los acompañó en su vuelo de regreso al país que la amenaza de sancionarlos con una suspensión de 10 años por haber hecho una «manifestación política» con la bandera existió. Aunque desmintieron tajantemente que Argentina haya entregado el partido para que la FIFA no cargue contra el plantel, reconocieron que salieron a la cancha nerviosos, enfurecidos o condicionados por esa maniobra extorsiva.
Difunde esta nota
Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.