El neuquino Francisco Moisés se coronó ganador de la General y Natalia Cabrera, oriunda de Cervantes, se quedó con el primer puesto en la categoría Damas en el Triatlón de la Vendimia, organizado por la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina.
La competencia se desarrolló en la mañana de ayer en la Isla 58, únicamente en la modalidad individual.
Moisés empleó un tiempo de 1h 37m 05s y Cabrera, 1h 57m 44s.
El Intendente Marcelo Orazi recibió esta mañana al Secretario de Estado de Cultura de la provincia de Río Negro Ariel Ávalos con quien analizó y coordinó los temas que serán parte de la agenda cultural para este año. Al término del encuentro, Ávalos manifestó que “la preocupación del Intendente es la que tenemos todos, la…
El 25 de agosto de 1825, los Treinta y Tres Orientales proclamaron la independencia de la Provincia Oriental y desencadenaron un proceso que terminaría creando Uruguay.
Por Alcides Blanco para NLI
El 25 de agosto de 1825, en la pequeña localidad de Florida, una asamblea proclamó la independencia de la Provincia Oriental respecto del Imperio del Brasil y declaró su voluntad de incorporarse a las Provincias Unidas del Río de la Plata. La escena suele ser presentada en la historia uruguaya como uno de los momentos fundacionales de la nación, pero detrás de aquella declaración existe una historia bastante más compleja, en la que aparecen una invasión brasileña, una provincia disputada entre imperios, exiliados orientales organizándose en territorio argentino, una expedición de apenas unas decenas de hombres y una guerra que terminaría modificando definitivamente el mapa del Río de la Plata. La independencia uruguaya, paradójicamente, no nació inicialmente como la separación de la Banda Oriental de las Provincias Unidas, sino como un intento de expulsar al poder brasileño y recuperar una incorporación al espacio rioplatense que, pocos años después, terminaría dando lugar a la creación de un Estado independiente.
Una provincia atrapada entre dos proyectos
Para comprender qué ocurrió aquel 25 de agosto hay que retroceder hasta la crisis del orden colonial y la revolución iniciada en 1810. La Banda Oriental se convirtió rápidamente en uno de los territorios más disputados del antiguo Virreinato del Río de la Plata, tanto por su posición estratégica frente a Buenos Aires como por la importancia de sus puertos, sus recursos y su ubicación sobre el estuario. José Gervasio Artigas encabezó desde allí un proyecto político propio, basado en una concepción federal que entró en conflicto tanto con el centralismo porteño como con las pretensiones de las potencias vecinas. La derrota del artiguismo abrió el camino para que los portugueses invadieran el territorio en 1816 y, posteriormente, lo incorporaran al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve bajo una nueva denominación: la Provincia Cisplatina.
Cuando Brasil declaró su independencia de Portugal en 1822, la Banda Oriental quedó integrada al nuevo Imperio brasileño. Para una parte importante de los orientales, aquella situación era una ocupación extranjera que debía ser revertida. Sin embargo, el problema tenía una dificultad adicional: la región tampoco constituía un territorio políticamente homogéneo. Existían diferentes proyectos sobre su futuro, desde quienes pretendían recuperar una autonomía propia hasta quienes aspiraban a reincorporarla a las Provincias Unidas. La frontera entre esos proyectos todavía no estaba definida y, en 1825, la idea de una República Oriental del Uruguay independiente todavía no era el resultado inevitable de la historia, sino una posibilidad que surgiría de una guerra y de las negociaciones posteriores.
En ese contexto apareció Juan Antonio Lavalleja, militar oriental que había participado en las luchas de la década anterior y que se encontraba exiliado en Buenos Aires. Allí comenzó a organizar una expedición destinada a cruzar el Río de la Plata, desembarcar en la Banda Oriental y levantar a la población contra las autoridades brasileñas. El gobierno de Buenos Aires conocía los preparativos y, aunque la relación entre las autoridades porteñas y los expedicionarios fue compleja, el territorio argentino terminó funcionando como plataforma fundamental para aquella operación. Los hombres que partieron no representaban todavía un ejército nacional uruguayo, porque Uruguay todavía no existía como país independiente: eran orientales comprometidos con la recuperación de su territorio y aliados rioplatenses dispuestos a acompañarlos.
El cruce del río y la campaña de Lavalleja
La expedición quedó inmortalizada como la de los Treinta y Tres Orientales, aunque la cantidad exacta de integrantes ha sido objeto de discusiones históricas y distintas listas elaboradas posteriormente no siempre coinciden. Lo fundamental no está tanto en la cifra como en lo que aquella pequeña fuerza consiguió desencadenar. Los expedicionarios cruzaron el río desde territorio argentino y desembarcaron en la costa oriental el 19 de abril de 1825, iniciando una campaña que rápidamente consiguió sumar apoyos locales y debilitar la presencia brasileña en diferentes puntos del territorio.
La famosa bandera de la expedición llevaba una consigna que sintetizaba el proyecto político de aquel momento: “Libertad o muerte”. Pero la libertad que reclamaban no significaba todavía exactamente lo que décadas posteriores interpretarían como independencia nacional. La lucha estaba dirigida contra el dominio brasileño y se vinculaba con la recuperación de la soberanía oriental, mientras la posibilidad de reincorporarse a las Provincias Unidas permanecía abierta. Esa diferencia es fundamental porque permite comprender por qué el episodio del 25 de agosto posee una dimensión histórica más compleja que la de una simple declaración independentista.
El avance de las fuerzas de Lavalleja permitió convocar una asamblea en Florida, donde se aprobaron las llamadas Leyes Fundamentales. Una de ellas declaró la independencia de la Provincia Oriental respecto del Imperio del Brasil y de cualquier otro poder extranjero; otra estableció la voluntad de reincorporación a las Provincias Unidas del Río de la Plata. La fórmula podía parecer contradictoria desde una mirada posterior, pero en realidad expresaba con bastante precisión la situación política de aquel momento: los orientales se declaraban libres del poder brasileño mientras aspiraban a reconstruir un vínculo político con las provincias rioplatenses.
La decisión tuvo consecuencias inmediatas. El gobierno de las Provincias Unidas reconoció la incorporación de la Provincia Oriental en octubre de 1825, y Brasil respondió declarando la guerra. El conflicto se prolongaría durante tres años y terminaría involucrando a fuerzas militares de ambos lados en una guerra que ya no podía resolverse solamente en territorio oriental. El Río de la Plata se convirtió nuevamente en escenario de una disputa internacional en la que estaban en juego no solamente las fronteras, sino también el equilibrio regional entre Brasil, las Provincias Unidas y las propias fuerzas orientales.
La independencia que nadie había planeado de ese modo
La guerra terminó produciendo un resultado que ninguno de los dos grandes contendientes había buscado originalmente: la creación de un Estado independiente en la Banda Oriental. La intervención diplomática británica fue decisiva para alcanzar un acuerdo que permitiera cerrar el conflicto sin que Brasil aceptara la incorporación definitiva del territorio a las Provincias Unidas ni estas últimas consiguieran convertirlo en una provincia propia. La Convención Preliminar de Paz de 1828 estableció las bases para la independencia de la Provincia Oriental, que finalmente se convertiría en la República Oriental del Uruguay.
El proceso revela una de las grandes particularidades de la historia rioplatense: Uruguay nació en buena medida como resultado de una disputa entre proyectos regionales que ninguno consiguió imponer completamente. Brasil no pudo conservar la Cisplatina; las Provincias Unidas no pudieron incorporarla; los orientales consiguieron liberarse del dominio brasileño, pero tampoco lograron reconstruir una integración duradera con el espacio rioplatense. Entre esos intereses contrapuestos apareció una solución que transformó a la Banda Oriental en un Estado independiente y modificó el equilibrio político de toda la región.
Por eso, la fecha del 25 de agosto tiene una importancia que trasciende el calendario uruguayo y también forma parte de la historia argentina. La expedición de Lavalleja salió desde Buenos Aires, muchos de sus protagonistas tenían vínculos políticos y militares con las Provincias Unidas y el conflicto posterior involucró directamente al gobierno de Buenos Aires. La historia de los dos países, en ese momento, todavía no podía escribirse por separado porque ambos formaban parte de un mismo espacio histórico que estaba atravesando el difícil proceso de fragmentación de la antigua estructura virreinal.
La propia Buenos Aires conserva huellas de aquella conexión. Los Treinta y Tres Orientales no fueron solamente protagonistas de una epopeya uruguaya; fueron también parte de una historia rioplatense en la que las fronteras nacionales todavía estaban en construcción. La separación definitiva entre Argentina y Uruguay sería posterior a la declaración de Florida y surgiría de un proceso diplomático y militar mucho más amplio. En 1825 nadie podía saber exactamente qué país existiría después de aquella guerra.
Una independencia nacida de una derrota compartida
Hay una ironía profunda en el origen del Uruguay moderno. La declaración del 25 de agosto de 1825 proclamó la independencia respecto de Brasil, pero simultáneamente expresó la voluntad de unión con las Provincias Unidas. Tres años después, el resultado sería otro: un país independiente de Brasil y también de las Provincias Unidas. La nación uruguaya nació, entonces, no a partir de un único acto fundador perfectamente definido, sino de una cadena de acontecimientos en la que los proyectos políticos fueron modificándose a medida que avanzaban la guerra y la diplomacia.
Esa complejidad no disminuye el valor histórico de los Treinta y Tres Orientales; por el contrario, permite comprender mejor su verdadera dimensión. No fueron personajes aislados que aparecieron de repente para crear una nación predeterminada por la historia, sino protagonistas de una época en la que las identidades políticas todavía estaban en movimiento. La Banda Oriental había sido parte del Virreinato, territorio artiguista, provincia disputada, dominio portugués y provincia brasileña antes de transformarse en Uruguay. La nación fue el resultado de ese conflicto, no su punto de partida.
Cada 25 de agosto, Uruguay celebra una independencia que comenzó a construirse con aquellos hombres que cruzaron el río desde territorio argentino bajo una bandera que anunciaba “Libertad o muerte”. Pero la verdadera importancia de aquella jornada reside quizás en todo lo que todavía no estaba decidido. No existía aún el Uruguay que hoy conocemos, ni estaban definitivamente fijadas las fronteras, ni había concluido la guerra que determinaría su nacimiento. Lo que existía era una sociedad oriental intentando recuperar su capacidad de decidir sobre su propio territorio en medio de la disputa entre dos grandes poderes regionales.
Los Treinta y Tres no cruzaron el río para entrar directamente en la historia de una nación ya existente; cruzaron para abrir una historia cuyo desenlace todavía desconocían. Y esa es justamente la razón por la que el 25 de agosto continúa siendo una fecha tan poderosa: porque recuerda que las naciones no siempre nacen de decisiones tomadas de una vez y para siempre, sino de guerras, proyectos, derrotas, negociaciones y voluntades colectivas que, con el tiempo, terminan dibujando sobre el mapa aquello que las generaciones posteriores llamarán patria.
En menos de dos semanas, un movimiento cívico histórico, con dosis de reggaetón, creatividad al tope, mucho de indignación y pacifismo activo acabó con la renuncia del gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló. Un movimiento revolucionario sin precedentes en la isla. Revolución pura, sin quitarle una sola letra, solo agregándole ritmo afrocaribeño. Ver esta publicación…
Agosto 2026. Las últimas reuniones de los lunes de la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción fueron con tela, aguja e hilo, pegamento y alambre. Entre los iniciales minutos dedicados al aburrimiento y las charlas políticas y personales se cosían trajes y se craneaba la acción directa que durante estas horas es comentada hasta en medios de comunicación europeo: un grupo de Gandalfs protestó en la mismísima puerta del tecnoligarca reaccionario Peter Thiel. La convocatoria fue por mail. Un correo extenso con indicaciones, horarios y un cancionero que además de la nueva letra, indicaba el nombre original para imaginar el ritmo:
Víctor Heredia – “Todavía Cantamos”
Peter Peter compadre la concha de tu madre Peter Peter compadre la concha de tu madre Vos querés Palantires para ver el futuro Mirate en el espejo para ver un boludo… Vas a ver un boludo
Víctor Heredia – “Sobreviviendo”
Peter es muy amigo de Caputito Le vende software caro y le chupa el pito Gemelo digital una tapadera Que rebotan gemelos contra su pera
Siguiendo las instrucciones del extenso correo, los y las Gandalf se juntaron junto al lago de la Plaza Sicilia. Rato después, debajo de unos árboles, ante una luz más mortecina de la que invade este invierno a Buenos Aires, armaron un aquelarre: sombreros, cofias, cinturones, anteojos de sol y trajes largos comenzaron a pasar de mano en mano. Entonces, tres decenas de magos grises repasaron el guión de la movida y se pusieron en marcha bajo miradas de sorpresa de paseantes y vecinos de El Rosedal y La Recoleta. Todo fue por correo. La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción no tiene Instagram, ni X, ni Facebook. Solo en Substack tienen la publicación “Tiempo Yihadista” con ciento treinta suscriptores, allí publica desde hace poco tiempo un podcast y notas. Pero su historia es mucho más antigua.
Febrero 2025. Las paredes de Buenos Aires siempre dicen algo. Quizá algunos se pierdan que entre los grandes anuncios se luce una inmensa cartelería con mensajes de crítica cultural. La falta de atención no está solo en las aulas, sino también en las calles, los subtes, los bondis y hasta en las caminatas. Sacar la mirada del cazabobos de las pantallas es una experiencia que obliga a lecturas múltiples: directas y oblicuas. Gente revolviendo tachos de basura para comer, manifestaciones cada vez más frecuentes, saturación policial y modos de protesta experimentales en centenares de formas ¿Quiénes están detrás de esos stickers y afiches A4 impresos, hechos a mano y pegados en paredes, paradas de colectivos, barandales? Imposible saberlo porque generalmente no tienen “marca” ni quieren tenerla. Son el producto de iniciativas a la que el apuro sociológico suele denominar “micropolítica” (sic).
¿Micro? Detrás de cada una de esas intervenciones hay trabajo colectivo, paciente, autofinanciado y ocupa el lugar que los aparatos organizacionales abandonan una y otra vez en nombre de estrategias lejanas y del autoelogio identitario.
Es un día soleado y la ciudad se mece en su habitual ritmo. Esta vez la cartelería de tamaño comercial compite con otra en varios barrios porteños: “Sos adicto a twitter, pelotudo”, “¿Cuántos TikTok vas a ver hoy? La concha de tu madre” y “¿Tu novio usa TikTok?Felicitaciones, estás en pareja con un niño”. Todos los carteles en blanco y con letras negras están firmados por la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción. Yihad: es decir, “esfuerzo”, “empeño” o “lucha” en el camino de Dios. Y este no tiene que ser el mismo para todes. Los comisarios de lo simbólico que olvidaron la hermosa dialéctica entre signo y realidad opinan con la velocidad scroll influenciada por el agite racista arabofóbico y censuran.
En el mismo cartel un código QR ofrece más información a quien sólo apunte su cámara. Algún desprevenido manifiesta temor a hacerlo, como si los “palantires” de las grandes corporaciones tecnológicas ya no los estuvieran monitoreando. El QR es el acceso a una declaración, recomendación de libros y del substack de Ted Gioia, quien elaboró un alarmante informe sobre el “estado de la cultura” en Estados Unidos. alertando de los efectos devastadores de los entornos digitales sin regulación sobre la subjetividad y los lazos sociales.
Pocos medios se hicieron eco de aquel amanecer. Antes de ese día inaugural la Yihad ya estaba en marcha y no hubo semana en que ellos y ellas no se reunieran.
Marzo 2026. Se puede leer en el Substack “Tiempo yihadista”:
“La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción es un esfuerzo colectivo por hacer circular la percepción de que el modo de existencia que nos imponen hoy las plataformas estandariza nuestra experiencia digital, empobrece nuestra experiencia vital y daña nuestra capacidad de organización política.
Hace falta poner en valor, tomarse en serio la pregunta: ¿Podemos seguir viviendo así? ¿Podemos seguir haciendo política así?
Las plataformas de las Corporaciones de la Distracción están diseñadas para hacer que permanezcamos en ellas la mayor cantidad de tiempo que sea posible. Y mientras los cuatro o cinco tipos más ricos del mundo ganan guita secuestrando nuestra atención, vamos concediendo terreno a las lógicas de su imperio en el campo de la subjetividad y del contrato social. Cuanto más tiempo le dedicamos —regalamos— a las Corporaciones de la Distracción, menos le dedicamos a la conformación y reconocimiento de nuestra propia identidad y la identidad de nuestras comunidades.”
Este grupo —que puede superar la centena en los “Slam de discurso político”— está formado por jóvenes con una edad promedio que apenas araña los treinta años. De verba brillante y encendida, pueden armar un intertexto entre el manga, Mark Fisher, Perón, teóricos del aceleracionismo, Borges y saberes de alquimia. Laburantes y estudiantes. Autofinanciados hasta el detalle, sus reuniones son “sagradas”.
Respetan el orden del día de manera democrática. Toda reunión tiene una “cronodivergencia” permitida como horizonte. A todas llega siempre un núcleo persistente de miembros, pero también de sueltos que se acercan, prueban, amarren o no al grupo. Allí se experimenta más allá de los agotadores e interminables diagnósticos y sobrediagnósticos sobre los efectos de la cultura digital. Para los yihadistas contra las corporaciones, la política no sólo se dice, sino que se hace; se ensaya en todo encuentro que comienza con quince minutos de aburrimiento: una señal da comienzo a un tiempo en que nadie puede moverse, hablar, leer, ir al baño, ni tomar un mate. Silencio colectivo, mirada hacia adentro en una época donde la economía de la atención no supera los cincuenta segundos. Luego se tratan los temas de agenda y alguno que se sume. Antes de finalizar se hace una vaquita para comprar empanadas y varios sacan sus tupers. Todas y todos tienen un nombre elegido, el único que todos conocen es el de Lisandro Al-Gaib, el líder espiritual de la Yihad que firma todo lo que se comunica.
¿Qué es la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción?,pregunto uno de los lunes de marzo de este año, un día de calor sofocante. Todos se miran entre sí, buscando respuesta y se arma una definición conjunta que llevaría la firma de “Lisandro Al-Gaib”.
—Somos un conjunto de experiencias militantes diversas. Entre nosotros hay gente con militancias políticas orgánicas y otros que nunca militaron. Esto lo hace interesante porque nos permite repensar la militancia sin que nadie se queme. Estamos orgullosos y orgullosas de que no se pueda responder una sola cosa. Nos unió una lectura de los síntomas de la actualidad y una preocupación concreta de un problema nodal-transversal de la época: la crisis de la imaginación política de cómo soñar, militar, compartir. Las corporaciones de la distracción están en la base de esta situación. La derecha nos acusa de “progres”, pero entre nosotros y nosotras hay muchas posiciones. Nuestro objetivo es terminar con las corporaciones de la distracción. El yihadismo no es solo una forma de militar, sino también de estar, que sale de la anomia política y sus tangentes. Nos juntamos frente a una crisis que es política y también de salud mental.
¿Y qué es lo que les permite estar juntos? Podemos identificar que en nuestra política hay amor y amistad. Sostener una grupalidad o un proyecto a partir del contagio es lo que nos permite esta insistencia. Estas reuniones son tres horas en las que estamos sin celular, algo que no se suele hacer ni en el trabajo ni cursando. Construimos confianza, una política del deseo sin paternalismos, en donde discutimos lo que pasa y nos pasa. En los “Slam de discurso político” hay distintas posiciones, hay debate, votamos al mejor.
Diciembre 2025. La Yihad convoca al “Cuarto Slam de discurso político”. El lugar de la cita es enviado previa inscripción. Llega otro mail: el encuentro será en Chacarita y la clave para ingresar es “Luigi Mangione”. Al traspasar la puerta hay un gran patio con parrilla para carnívoros y veganos. Todo es ofrecido a precio “anti corporación” y si borrás tu cuenta de Instagram te convidan un Fernet gratis. Las puertas del encuentro se cierran. Ya nadie podrá ingresar. Todos son invitados a aburrirse, una especie de oración en silencio. Sentados en sillones, sobre almohadones o directamente sobre el pasto, un centenar de jóvenes, y muy pocos post cuarenta, miran el cielo, el piso o la nada. Nadie rompe esa magia colectiva. Las reglas son claras: 1. No hay temática: el discurso puede hablar de lo que se quiera. 2. Se puede ser ultra coyuntural también. 3. Hay una sola regla formal: el discurso arranca cuando se sube a la tarima y los propios militantes dejan de cantar. 4. Hay límite de tiempo: entre 6 y 15 minutos dependiendo de cuántos dirigentes haya. Y un recordatorio: “A nadie le gusta perder, eso es todo.”
Cada slam consagra un ganador o ganadora. En su tiempo de exposición discurren sobre tópicos diversos: crítica a las redes, defensa de la dialéctica, llamados a proteger la industria nacional, el ambiente, los bienes comunes, la soberanía y la invitación constante a alimentar la imaginación política. Antes de votar se abren las alianzas por lo que los participantes votan siempre a un colectivo creado por afinidades y acuerdos. El Discurso Campeón del Primer Slam fue el de Ruina —no se premian personas sino concepciones— que en uno de sus mejores pasajes alerta: “Porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre, porque es URGENTE que nos despojemos del cinismo y volvamos a vivir remitiendo al carácter ideológico de nuestra existencia. Porque necesitamos volver a hacer, pensar, sentir y callar por CONVICCIÓN y no para ser cancheros, para ser simpáticos, para ser exportables, para ser candidateables o adinerados. Porque tenemos que dejar de concederle a las corporaciones de la distracción y al embrutecimiento terreno en nuestra vida diaria, de darle la mano a la cultura de la decadencia moral, ética y estética. Porque no hay que negociar más con el cinismo, porque hay que volver a poner en valor la ternura y la conmoción verdaderas.”
Todos los discursos de slam posteriores (Lucho, el Partido Imaginario) insistieron con esta crítica, defendieron la educación pública, reivindicaron a los 30.000, criticaron la melancolía de la repetición y desarmaron las políticas liberticidas del actual gobierno. El Quinto Slam está llegando. Se amasó en las jornadas de costura y artesanía autofinanciadas, entre silencios, diálogos, telas grises y ensayo de cantitos para Peter Thiel y los tecnoligarcas.
Agosto 2026.
León Gieco – “Sólo le pido a Dios”
Sólo le pido a Dios Que se mueran los tecnoligarcas Que se mueran para siempre Todos esos amigos de Jeffrey Epstein
La caminata desde el improvisado aquelarre hasta la mansión de Thiel son veinte cuadras. Durante esos dos kilómetros las miradas y los celulares no paran de enfocar a los Gandalf que caminan guiados por el sonido de un silbato que indica cuándo bajar el ritmo. No hay selfies, sólo fotos de los transeúntes entre quienes prima la simpatía, como el de un ciclista de Avenida Libertador que festeja el paso de magos con una sonrisa y un “Argentina, no lo entenderías”. Durante la procesión en la Avenida el viento vuela algún que otro sombrero, el paso lento se combina con un andar rápido hasta llegar al Instituto Sarmantiniano. Es 17 de agosto, fecha de homenaje al prócer. De cara a la estatua del Libertador la troupe mágica se para y le dedica un minuto de aplausos con algunos gritos de “¡Viva la Patria!” y “¡Viva la Patria Grande!”. Mágicamente ese homenaje retrasa el tiempo para producir un cruce mágico: el Regimiento de Granaderos que venía de un acto oficial y el grupo de los Gandalf que comienza a aplaudir ante la mirada de algunos simpáticos y otros atónitos. No conformes con los aplausos, empiezan a tronar a pecho la Marcha de San Lorenzo, lo que arranca sonrisas a varios granaderos y hasta el corcoveo de algunos caballos. Entre ese fervor patrio y la mansión de Thiel sólo hay doscientos metros. La alegría y cierto cuidado se palpa en el aire.
Ya en la puerta de la mansión del tecnoligarca fascistoide se despliega el cartel mitad en inglés, mitad en castellano: “You shall not pass. La concha de tu madre”. De una de las ventanas de Thiel una mujer se asoma y saca una foto rápidamente. Las cámaras que cuidan al magnate obviamente están encendidas y el intercomunicador de su puerta se enciende. El cancionero es repasado una y otra vez entre bailes y algún pogo. Los pocos que pasan se detienen, filman y hasta un auto de alta gama frena en la esquina y festeja la movida mientras filma con su celular algunas de las imágenes que hoy recorren el mundo.
Antes de finalizar, se hace una ronda y se canta el himno con coro final a puro salto. El encuentro se cierra con un aplauso y se desanda el camino. Se vuelve a aplaudir al Libertador cuando se pasa ante su imagen, se camina por la Avenida con su nombre, se responde las preguntas de algún transeúnte y de nuevo se junta el aquelarre que entre saludos, comentarios y algún mate comienza a planificar el próximo encuentro obligado de todos los lunes y el Quinto Slam. Como si no hubiera un antes y un después, porque entre vivir y hacer política no hay límite posible.
La semana pasada estuvo en Villa Regina la trabajadora social María Isabel Peña, integrante de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Junto a la Secretaria de Desarrollo Social de la Municipalidad de Villa Regina Luisa Ibarra y a la Directora de Acción Social…
El Concejo Deliberante de Villa Regina aprobó el llamado a convocatoria pública para cubrir el cargo de Director del Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo (COPLADE). Los interesados podrán inscribirse a partir de este lunes 19 de abril y hasta el viernes 21 de mayo de 2021 y para ello deberán completar el…
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