EL PAISAJE DE LA DOMINACIÓN

EL PAISAJE DE LA DOMINACIÓN

¿Quién domina a quién? ¿La montaña de mar a el mar de una montaña o el mar de una montaña a una montaña de mar? ¿La economía de la salud a la salud de la economía o la salud de la economía a la economía de la salud? ¿El deseo al cuerpo o el cuerpo del deseo al cuerpo? ¿La tecnología al ser humano o el ser humano a la tecnología? ¿El sodio al potasio o el potasio al sodio gracias al fósforo y al calcio? ¿El método de la ciencia a la ciencia del método o la ciencia del método al método de la ciencia? ¿Los huesos de los vencidos por la victoria a la sangre de los victoriosos de la derrota o a la sangre de los victoriosos de la derrota a los huesos de los vencidos por la victoria?

Recorridos atados a una contradicción anudada en otra contradicción, entonces, ¿ cómo entrar en el laberinto de las necesidades cuando la servidumbre voluntaria se somete a una tempestad que persiste? O, mejor dicho, ¿cómo salir de la sujeción involuntaria de la tempestad cuando la voluntad se entrega a una servidumbre perdida en un laberinto de necesidades?

La voz que domina el improperio o el canto, la mano que domina un arma o un abrazo, la naturaleza que domina la tragedia o la alegría de la vida. No hace falta caer para levantarse, ni bajar para subir en la bajada. Es así que el martillo golpeó al clavo y todxs sonrieron, pero cuando el clavo golpeó al martillo la niebla de la indiferencia se instaló sin previo aviso. Navegar entre olas, surfearlas en un vértigo irresoluto que oscila entre quedarse para irse en el mismo lugar de ayer, y lo mismo del irse para quedarse en el mañana del hoy.

Por lo anterior, o por esto que no es aquello, el dominó que se había perdido en algún recoveco de la memoria empezó a arrastrar a los recuerdos. Es ahí que cae un recuerdo que empuja a otro recuerdo que cae, y este a otro… Sí, un dominó de recuerdos rebosado con un chimichurri de emociones listas para ser engullidas por un muy hambriento olvido. Cataclismo de las pasiones, o gorgoteos delante de gorgoteos sobre aspiraciones inspiradas en conquistar el pan o el placer.

No te ocultes, gritó el alba resonando en el impensado límite del crepúsculo. Patrañas obstusas que se sumergieron en los efímeros remolinos de un caudaloso río de dominados y dominantes.

Son las cadenas de la dependencia que nos sujetan por los más preciados intereses. Los roles cambian como el color de las hojas en otoño o en primavera. Entonces, los eslabones de esas cadenas se tranforman, pudiendo ser: carozos, anillos, agua destilada, acertijos, naranjas ombligo, bufandas, sacramentos, protocolos para proctólogos o urólogos, anfibios, esmeraldas, transeúntes, tachos de basura, desesperanzas, anteojos de sol o chalecos antibala, ñandúes, etc.

Así, así la contemplación del paisaje de la dominación se torna insoportable cuando la angustia nos comprime el pupo o el dólar turista se escapa de una jungla tan verde como encandilante. Por eso, la extinción de los turistas no estaba en ningún horóscopo.

Pamplinas en la pampa húmeda de un hueco en la yugular del futuro. Ajenjo para calmar al miedo del miedo. Perplejo para saltar la piola de una tira de proteínas espiraladas por las espaldas contracturadas de tanta ansiedad onomatopéyica.

En fin, cansadísimx de cualquier paisaje, miró la pared del viento y encontró un rulero suelto y sin cabellos. ¿Para qué? Se preguntó mientras respiraba óxido nítrico.

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