DESCOMUNAL ESFUERZO

Nosotres, les argentines, nos estamos demostrando a nosotres mismes nuestra capacidad y esfuerzo mancomunado para lograr disminuir el contagio y sus posibles consecuencias…

Y si bien esto ya lo destacó el presidente, se han borrado las confrontaciones partidistas y de cualquier otro tipo para que esta crítica situación se detenga.

Resignar salir de tu casa, de ver a tus amigues, de realizar tus actividades preferidas, de posponer proyectos, de estar al borde de pensar lo peor como que se pongan en juego las propias necesidades, todo esto desestabiliza y crea una incertidumbre angustiante.



Lo cierto es que hay un riesgo cierto e inminente de vida, principalmente para los adultos mayores que nos hace revisar y reorganizar nuestra cotidianeidad. He aquí la principal indicación de la cuarentena: el riesgo cierto e inminente.

Estar atentos a las necesidades básicas es fundamental para poder sobrellevar estos difíciles momentos. Está comprobado que en este tipo de catastróficas situaciones es imprescindible poder beber, comer y recibir apoyo, así de simple, así de claro. Por esto no se pueden permitir desde el Estado los despidos, y se debe asegurar los alimentos a las personas más vulnerables de la sociedad.

Por otro lado, hay que estar atentos también a los estresores secundarios, o sea, no sólo a los primarios como los consecuentes de la pandemia, sino a esos que implican una reorganización cotidiana que ante la baja tolerancia a la frustración nos podrían alterar aún más…

La cooperación y la solidaridad están siendo los eslabones para saber sobrellevar esta crisis. Además, el diálogo es clave, y es por allí que el Estado lo está ejerciendo, por ejemplo entre el Comité de Crisis y el presidente, o entre este último y los gobernadores, o entre el Comité de Crisis y la OMS. Por lo tanto, las decisiones se toman en conjunto con claridad y consenso, y en este sentido la ansiedad social disminuye a pesar de todo.

Sumado a lo anterior, la decisión también es nuestra, y es ahí que la responsabilidad y el respeto por nosotres mismes y por el otre son y serán el corazón de nuestro descomunal esfuerzo para que este maratónico vendaval pase de una vez por todas.




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  • En Morón creen que la interna con Sabbatella estuvo detrás de los disturbios en el Concejo

     

    En el gobierno de Lucas Ghi entienden que detrás de los disturbios del martes, que dejaron destrozos y algunos heridos en el Concejo Deliberante, estuvo la feroz interna entre el intendente y Martín Sabbatella.

    «Por los relatos de algunos trabajadores si hay influencia (del sabbatellismo). Los trabajadores no se pelearían entre trabajadores, todos se conocen y se respetan», dijo a LPO una fuente cercana al intendente.

    «Cuando ves imágenes que están redireccionadas a los cargos de los funcionarios municipales se nota más esa influencia», agregó esa fuente en referencia a los papelitos arrojados durante la protesta en los que se instaba a reclamar al celular de Lucas Ghi y de su jefa de Gabinete, Estefanía Franco.

    El martes, un grupo de trabajadores municipales destrozaron el Concejo en un reclamo por falta de pago de salarios. La protesta se realizó en la previa a una sesión en la que se iba a aprobar el presupuesto de ese municipio del oeste del conurbano.

    Caos y destrozos en Morón por falta de pago a los trabajadores municipales

    En una de las dependencias municipales donde se concentran las áreas de Servicios Públicos hubo quema de cubiertas. También cortes de tránsito en el centro de la ciudad, precisamente en Plaza San Martín, frente al Palacio Municipal.

    Fuentes del municipio explicaron a LPO que hubo dos trabajadores municipales heridos a causa de piedrazos. Ambos estaban trabajando en la oficina de Economía y Tasas. En ese momento había vecinos que debieron retirarse para protegerse.

    El motivo de la protesta fue la falta de pago de horas extras por parte de la administración de Ghi. Desde el municipio sostienen que el sueldo fue depositado a todos los trabajadores. También se depositó el salario anual complementario. «Quienes cobraron cero es porque tienen descuentos y tienen problemas en sus cuentas», dijeron a LPO desde Morón.

    Por caso, apenas sucedieron los incidentes el concejal sabbatellista, Diego Spina, salió a cuestionar al gobierno municipal: «es muy injusto y doloroso lo que está haciendo el ejecutivo con los empleados municipales», dijo y siguió: «la falta de previsibilidad para el pago de las horas extras es una irresponsabilidad de gestión».

    Ghi y Sabbatella mantienen un fuerte enfrentamiento desde hace meses. El intendente se encuadró detrás de Axel Kicillof en el Movimiento Derecho al Futuro, mientras que su ex jefe político se mantiene como un incondicional de Cristina Kirchner.

    La derrota en las elecciones de octubre detonó la tregua impuesta en la interna de Morón que duró mientras duró la campaña. En medio de una guerra interna que incluyó el desplazamiento del sabbatellismo del gabinete municipal y la puja por el control del Concejo Deliberante, la derrota de la boleta de Fuerza Patria en Morón terminó por exacerbar el estallido.

     

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    Estados Unidos y la Doctrina Monroe: dos siglos de intervenciones, golpes y tutelaje sobre América Latina

     

    Desde 1823 hasta hoy, la Doctrina Monroe funcionó como coartada ideológica para justificar invasiones, golpes de Estado, bloqueos económicos y condicionamientos políticos sobre América Latina. Un repaso histórico, crítico y documentado de una política imperial que sigue vigente y que hoy vuelve a exhibirse en el respaldo de Washington a Milei y en el grave episodio denunciado por Venezuela como el secuestro de Nicolás Maduro.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El origen de una doctrina imperial

    La llamada Doctrina Monroe, formulada en 1823 por el entonces presidente estadounidense James Monroe, suele presentarse en los manuales como una advertencia contra el colonialismo europeo en el continente. Sin embargo, desde sus primeros usos reales, funcionó como una autoproclamación de tutela: América no sería para los pueblos americanos, sino para los intereses de Washington. En un contexto en el que Estados Unidos aún no era potencia global, la doctrina operó como una declaración de intenciones a largo plazo, que se consolidaría con el crecimiento económico, militar y financiero del país del norte.

    A fines del siglo XIX, tras la guerra contra España y la ocupación de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, la Doctrina Monroe dejó de ser una consigna diplomática para convertirse en una herramienta activa de dominación regional, reforzada luego por el llamado Corolario Roosevelt, que legitimó la intervención directa en países latinoamericanos ante cualquier situación que Washington considerara una “amenaza”.


    Golpes de Estado y gobiernos derrocados

    Durante el siglo XX, la Doctrina Monroe fue el marco político que permitió una seguidilla de intervenciones directas e indirectas. En 1954, el gobierno democrático de Jacobo Árbenz en Guatemala fue derrocado tras una operación organizada por la CIA para proteger intereses corporativos estadounidenses. En 1964, Estados Unidos respaldó el golpe militar en Brasil; en 1973, jugó un rol decisivo en el derrocamiento y asesinato de Salvador Allende en Chile; en 1976, apoyó activamente a la dictadura argentina.

    Estos procesos no fueron excepciones, sino parte de una política sistemática: cuando un gobierno latinoamericano intentó desarrollar un camino autónomo, redistribuir riqueza o controlar recursos estratégicos, la respuesta fue la desestabilización. Golpes, sabotajes económicos, operaciones psicológicas y financiamiento a sectores opositores fueron prácticas recurrentes.


    Dictaduras, terrorismo de Estado y Operación Cóndor

    En los años setenta, la Doctrina Monroe se tradujo en su versión más brutal con la Operación Cóndor, una coordinación represiva entre dictaduras del Cono Sur, con apoyo logístico, tecnológico y de inteligencia de Estados Unidos. Miles de militantes políticos, sindicales y sociales fueron secuestrados, torturados y asesinados en nombre de la “lucha contra el comunismo”.

    Lejos de ser un desvío, este entramado represivo fue funcional a la imposición de un nuevo modelo económico: apertura irrestricta, endeudamiento externo y destrucción del aparato productivo nacional. La violencia política fue el complemento necesario del saqueo económico.


    Del intervencionismo militar al disciplinamiento económico

    Con el fin formal de la Guerra Fría, Estados Unidos no abandonó su política de injerencia, sino que la adaptó. Las invasiones militares dieron paso, en muchos casos, al disciplinamiento financiero, las sanciones económicas, el endeudamiento condicionado y el uso de organismos internacionales como herramientas de presión.

    En América Latina, esta etapa incluyó bloqueos como el impuesto a Cuba y Venezuela, persecuciones judiciales selectivas contra líderes populares —el llamado lawfare— y el financiamiento de proyectos políticos alineados con la agenda de Washington. La Doctrina Monroe mutó, pero nunca desapareció.


    Bolivia: el golpe contra Evo Morales y el laboratorio del “golpe blando”

    El caso de Bolivia es uno de los ejemplos más claros del intervencionismo estadounidense en el siglo XXI, adaptado a nuevas formas. En 2019, el presidente Evo Morales, primer mandatario indígena del país y artífice de un proceso de nacionalización de recursos estratégicos —en especial el gas y el litio— fue forzado a renunciar tras una operación de desestabilización política, mediática e institucional.

    El rol de la Organización de Estados Americanos, alineada históricamente con la política exterior de Washington, fue clave. Un informe preliminar sin sustento técnico sobre supuestas irregularidades electorales fue utilizado como excusa para legitimar un golpe de Estado que derivó en la instalación de un gobierno de facto encabezado por Jeanine Áñez, inmediatamente reconocido por Estados Unidos.

    Durante el régimen posterior al golpe, Bolivia vivió masacres en Sacaba y Senkata, persecución judicial contra dirigentes del Movimiento al Socialismo y una política de alineamiento total con Washington. El objetivo fue claro: interrumpir un proyecto soberano y disciplinar a un país que había decidido controlar sus recursos naturales y construir alianzas fuera del eje estadounidense.


    Ecuador: Rafael Correa y la persecución como método

    En Ecuador, la Doctrina Monroe se expresó a través de una modalidad cada vez más frecuente: la persecución judicial selectiva. Tras una década de gobierno de Rafael Correa, marcada por la recuperación del rol del Estado, la reducción de la pobreza y una política exterior autónoma, se desplegó una ofensiva para borrar políticamente a su principal referente.

    Correa fue víctima de un proceso de lawfare que incluyó causas judiciales armadas, condenas sin pruebas materiales sólidas y la imposibilidad de presentarse a elecciones. Todo ocurrió bajo el gobierno de Lenín Moreno, quien llegó al poder con un discurso de continuidad pero rápidamente giró hacia un alineamiento pleno con Estados Unidos, restaurando acuerdos militares, entregando información estratégica y revirtiendo políticas soberanas.

    La persecución contra Correa no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia regional: neutralizar líderes populares sin necesidad de tanques en la calle, usando tribunales, medios concentrados y presión internacional.


    Brasil: Lula, la cárcel y la proscripción política

    El caso de Brasil es otro capítulo central del intervencionismo contemporáneo. Luiz Inácio Lula da Silva, líder histórico del Partido de los Trabajadores y dos veces presidente, fue encarcelado en 2018 tras un proceso judicial plagado de irregularidades, que luego serían reconocidas incluso por la propia Justicia brasileña.

    La causa que llevó a Lula a prisión se construyó sin pruebas directas y tuvo como resultado inmediato su proscripción electoral, allanando el camino para el triunfo de Jair Bolsonaro, un dirigente alineado ideológicamente con Washington y funcional a sus intereses geopolíticos y económicos.

    Años más tarde, quedó demostrado que el proceso contra Lula estuvo atravesado por coordinación entre jueces, fiscales y actores externos, incluyendo cooperación informal con agencias estadounidenses. El objetivo fue inequívoco: desarticular un proyecto político autónomo que había fortalecido la integración regional, los BRICS y la independencia económica de Brasil.

    Venezuela como objetivo permanente

    Venezuela se convirtió en uno de los principales blancos de esta política en el siglo XXI. Desde la llegada de Hugo Chávez y la recuperación del control estatal sobre el petróleo, Estados Unidos desplegó una estrategia de hostigamiento constante: sanciones económicas, intentos de aislamiento diplomático, reconocimiento de autoridades paralelas y amenazas militares explícitas.

    En las últimas horas, el gobierno venezolano denunció un hecho de extrema gravedad: el secuestro del presidente Nicolás Maduro en el marco de una operación atribuida a fuerzas estadounidenses. Más allá de la versión que intenta instalar Washington, el episodio fue calificado por Caracas y por diversos actores internacionales como una violación flagrante de la soberanía y un regreso abierto a las prácticas más crudas del intervencionismo.


    Milei y el alineamiento sin matices

    En este contexto regional, la Argentina atraviesa una etapa de subordinación explícita. Durante el proceso electoral que llevó a Milei al poder, el respaldo político y económico de Estados Unidos fue público y determinante. Señales financieras, gestos diplomáticos y apoyos externos funcionaron como un mensaje claro al sistema local: había un candidato alineado con los intereses de Washington.

    Lejos de ocultarlo, Milei celebró ese respaldo y adoptó una política exterior de alineamiento automático, avalando sanciones, intervenciones y acciones que históricamente el peronismo y los movimientos nacionales habían cuestionado. El resultado es una Argentina que renuncia a la autonomía regional y se reubica, sin negociación alguna, dentro del esquema de la Doctrina Monroe.


    Una doctrina que nunca fue pasado

    A más de doscientos años de su formulación, la Doctrina Monroe sigue viva. Cambió de formas, de discursos y de métodos, pero mantiene intacto su núcleo: América Latina como zona de influencia exclusiva de Estados Unidos. Desde los golpes militares del siglo XX hasta el condicionamiento económico y las operaciones encubiertas del presente, la lógica es la misma.

    La historia demuestra que cada vez que un país latinoamericano intentó salirse de ese corset, la respuesta fue la presión, la desestabilización o la violencia. Entender ese recorrido no es un ejercicio académico: es una condición necesaria para defender la soberanía, la democracia real y el derecho de los pueblos a decidir su propio destino.

     

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