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Con ‘Suelo urbano’ se dotará de servicios a loteo Barazzutti

El Intendente Marcelo Orazi firmó con la Gobernadora Arabela Carreras el convenio para la implementación del programa ‘Suelo Urbano’ que contempla la obra de infraestructura básica para 107 terrenos del loteo Barazzutti con una inversión $21.615.872,05.

De esta manera se dotará de los servicios de red de agua, eléctrica y alumbrado público a este sector de la ciudad, dando respuestas a la demanda de las familias que esperan contar con esta infraestructura para poder empezar a construir.

Recordemos que hace unos días el municipio de Villa Regina concretó hace unos días la apertura de las calles en esa zona.

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    San Martín y la Patria Grande: el proyecto político detrás del Libertador

     

    José de San Martín no pensaba la independencia como un proyecto aislado para cada territorio. Su estrategia militar y política apuntaba a una América del Sur libre y capaz de decidir su propio destino.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hay una imagen de José de San Martín que la escuela argentina repitió durante generaciones: el general sobre su caballo, cruzando los Andes, espada en mano, conduciendo al Ejército de los Andes hacia la liberación de Chile y, después, del Perú. Es una imagen verdadera, pero incompleta. Porque detrás de aquella extraordinaria operación militar existía una concepción política mucho más amplia que la simple independencia de las Provincias Unidas. San Martín no estaba pensando solamente en liberar un territorio; estaba pensando en impedir que América del Sur quedara nuevamente sometida a una potencia extranjera y en construir las condiciones para que los nuevos Estados pudieran sostener su propia soberanía. Su proyecto no puede separarse de la idea de una independencia continental, de la necesidad de coordinación entre los pueblos americanos y de su permanente preocupación por evitar que las disputas internas destruyeran aquello que la guerra contra España había permitido conquistar.

    Por eso, cuando hoy utilizamos la expresión Patria Grande para interpretar el pensamiento sanmartiniano, no estamos diciendo que San Martín utilizara ese término en el sentido político contemporáneo. Estamos empleando una categoría posterior para describir una idea que aparece de manera reiterada en su actuación: las nuevas repúblicas americanas no podían pensarse completamente aisladas unas de otras. La frontera entre los proyectos independentistas no era para él una frontera política definitiva, sino una circunstancia dentro de una lucha mucho más amplia contra el dominio colonial. El Ejército de los Andes, la liberación de Chile y la expedición al Perú forman parte de una misma estrategia porque, desde su perspectiva, la independencia de una provincia o de un solo país no servía de mucho si el poder español conservaba capacidad militar suficiente para reconquistar el resto del continente.

    La independencia como proyecto continental

    San Martín había comprendido algo que resulta fundamental para entender su estrategia: España podía perder una batalla y seguir siendo una potencia capaz de recuperar territorios. Mientras el centro del poder colonial permaneciera intacto en el Perú, la independencia de los territorios del sur continuaría amenazada. Por eso su plan no consistió en avanzar directamente hacia Lima atravesando el Alto Perú, sino en buscar una vía alternativa: organizar el Ejército de los Andes, cruzar la cordillera, liberar Chile y desde allí avanzar por el Pacífico hacia el corazón del poder español en Sudamérica.

    La operación implicaba una concepción política antes que militar. No se trataba simplemente de ganar batallas; se trataba de modificar el mapa estratégico de todo el continente. San Martín necesitaba que Chile fuera independiente porque necesitaba sus puertos, sus recursos y su posición geográfica para continuar la campaña hacia Perú. Necesitaba que Perú dejara de ser el principal bastión realista porque mientras allí existiera un poder español organizado, la independencia sudamericana permanecería incompleta.

    La correspondencia de San Martín muestra que esta preocupación por la dimensión continental de la guerra era permanente. En sus comunicaciones con otros dirigentes insistía en la necesidad de coordinar esfuerzos y concentrar recursos para terminar con el poder español. Su famosa frase acerca de que la independencia del Perú era necesaria para asegurar la de Chile y la de las Provincias Unidas sintetiza una lógica que atraviesa toda su estrategia: la libertad de cada territorio dependía también de la libertad de los demás.

    Por eso resulta difícil encerrar su pensamiento dentro de las fronteras nacionales que terminarían consolidándose décadas después. San Martín fue argentino, por supuesto, pero su actuación política y militar fue esencialmente americana. Combatió por las Provincias Unidas, pero también organizó la liberación de Chile y condujo la campaña libertadora del Perú. Su horizonte político era necesariamente mayor que el territorio de las Provincias Unidas.

    Contra España, pero también contra cualquier dominación extranjera

    Existe otro aspecto menos difundido de su pensamiento: para San Martín, la independencia no podía reducirse a cambiar una bandera por otra. Una nación que expulsara a un poder colonial para quedar inmediatamente sometida a otra potencia no habría conquistado una verdadera soberanía.

    La cuestión era especialmente delicada porque las guerras de independencia sudamericanas coincidieron con una profunda transformación del equilibrio internacional. Gran Bretaña había adquirido una enorme importancia económica y naval; Francia mantenía ambiciones internacionales; España intentaba recuperar sus antiguas posesiones y Estados Unidos comenzaba a proyectar con mayor fuerza su influencia sobre el continente. Las nuevas repúblicas americanas nacían, por lo tanto, en un escenario internacional en el que su debilidad podía convertirlas rápidamente en objetos de disputa entre potencias.

    San Martín observaba ese escenario con preocupación. Su correspondencia demuestra una permanente atención hacia la situación europea y hacia las posibilidades de intervención extranjera en América. La independencia política debía estar acompañada por capacidad para defenderla. De poco servía proclamar una república si no existían fuerzas capaces de proteger su territorio, sus recursos y sus decisiones.

    En este punto aparece una idea profundamente moderna: la soberanía no consiste solamente en tener un gobierno propio, sino en disponer de la capacidad material para sostener las decisiones propias. Un país políticamente independiente pero económicamente vulnerable, militarmente indefenso o completamente dependiente de potencias extranjeras podía convertirse nuevamente en un territorio subordinado, aunque ya no existiera un virrey español.

    Esa concepción ayuda a comprender por qué San Martín otorgó tanta importancia a la organización militar, a los recursos propios y a la coordinación entre los territorios americanos. La independencia debía poder defenderse.

    El encuentro con Bolívar y el sueño que quedó incompleto

    El episodio que mejor permite observar la dimensión continental del pensamiento sanmartiniano es, probablemente, su encuentro con Simón Bolívar en Guayaquil, en julio de 1822.

    Ambos habían llegado a conclusiones estratégicas similares desde caminos diferentes. Bolívar había impulsado la independencia del norte de Sudamérica y San Martín había construido la campaña desde el sur. Los dos entendían que la derrota definitiva del poder español exigía terminar con el último gran bastión colonial en el Perú.

    Lo que ocurrió exactamente durante aquellas conversaciones sigue siendo objeto de debate histórico. No existe una transcripción completa del encuentro y muchas de las versiones posteriores fueron construidas a partir de cartas, testimonios y reconstrucciones. Pero existe un dato que no necesita de ninguna leyenda: San Martín decidió retirarse del escenario peruano y dejó a Bolívar la conducción militar que terminaría derrotando definitivamente a las fuerzas españolas en Ayacucho en 1824.

    La decisión es extraordinaria porque San Martín no abandonó Perú después de una derrota. Se retiró después de haber construido las condiciones para la independencia y cuando todavía podía aspirar a conservar una enorme influencia política.

    La explicación se encuentra también en su concepción de la independencia. No quería transformar la guerra libertadora en una disputa personal por el liderazgo continental. Había diferencias políticas entre ambos dirigentes y existían cuestiones complejas respecto del futuro institucional del Perú, pero San Martín terminó priorizando una cuestión que consideraba superior: que la independencia pudiera completarse aunque él dejara de ser el protagonista.

    Ese gesto tiene una dimensión política enorme. La historia suele recordar a los grandes líderes por su voluntad de poder. San Martín ofrece una imagen diferente: un dirigente que, después de haber construido una campaña militar extraordinaria, aceptó abandonar el centro de la escena cuando consideró que su permanencia podía dificultar el objetivo principal.

    La Patria Grande que aparece en su pensamiento, entonces, no era solamente una consigna sentimental de unidad latinoamericana. Era también una estrategia concreta de supervivencia política frente a las potencias coloniales y frente a la fragmentación interna.

    Una América unida, pero no necesariamente idéntica

    Hablar del proyecto continental de San Martín tampoco significa convertirlo retrospectivamente en defensor de un único Estado sudamericano. Esa interpretación sería tan simplificadora como la visión puramente nacionalista que lo presenta exclusivamente como héroe argentino.

    San Martín entendía que los territorios americanos tenían realidades políticas diferentes. Su preocupación principal era que pudieran constituirse como naciones soberanas y evitar el retorno del dominio colonial. El objetivo era la independencia, no necesariamente la desaparición de las identidades políticas particulares.

    Por eso su pensamiento puede ser leído como una tensión entre unidad estratégica y diversidad política. Los pueblos americanos podían organizar sus propios gobiernos, desarrollar sus propias instituciones y mantener sus particularidades, pero necesitaban comprender que compartían intereses fundamentales frente a las potencias extranjeras.

    Esa concepción resulta particularmente interesante porque anticipa una discusión que atravesaría toda la historia latinoamericana: ¿cómo construir soberanía nacional sin caer en un aislamiento que vuelva vulnerable a cada país por separado?

    San Martín parecía haber entendido que una América fragmentada podía ser más fácil de dominar que una América capaz de coordinar sus intereses.

    El legado que quedó después de su muerte

    San Martín murió en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850, cuando las nuevas repúblicas sudamericanas ya llevaban varias décadas de vida independiente. Para entonces, sin embargo, el proyecto continental que había contribuido a construir estaba atravesado por profundas divisiones. Las guerras civiles, las disputas territoriales y las rivalidades entre las nuevas dirigencias habían reemplazado al enemigo colonial como principal fuente de conflicto.

    Aquello que San Martín había intentado evitar se convirtió en una de las grandes tragedias políticas del siglo XIX americano: la independencia no produjo automáticamente unidad, desarrollo ni soberanía económica.

    Las nuevas repúblicas quedaron insertas en un sistema internacional profundamente desigual y muchas de ellas desarrollaron economías orientadas hacia la exportación de materias primas y la dependencia de mercados y capitales extranjeros. La ruptura política con España no significó el final de todas las formas de subordinación.

    Allí es donde el pensamiento sanmartiniano adquiere una dimensión que excede la efeméride.

    Su proyecto no puede ser utilizado como una doctrina política cerrada para el presente, porque San Martín perteneció a otro tiempo, enfrentó otros problemas y no dejó un programa económico moderno en el sentido actual. Pero sí dejó una serie de principios que permiten discutir la idea de soberanía: la independencia como condición indispensable, la defensa de los recursos propios, la coordinación entre los pueblos americanos y el rechazo a que las nuevas naciones fueran simples piezas de las disputas entre potencias.

    Por eso la expresión Patria Grande puede resultar útil si se utiliza con rigor histórico. No para inventarle a San Martín pensamientos que pertenecen al siglo XXI, sino para describir una dimensión real de su acción política: nunca entendió la emancipación americana como una colección de pequeñas independencias completamente desconectadas entre sí.

    Su ejército cruzó los Andes porque la geografía no podía convertirse en una frontera para la libertad. Su campaña continuó hacia Chile porque la independencia argentina era vulnerable mientras existiera un poder español fuerte en el Pacífico. Avanzó hacia Perú porque allí estaba uno de los principales centros del poder colonial. Y finalmente aceptó retirarse porque entendió que la causa podía ser más importante que el hombre que la conducía.

    Tal vez allí se encuentre la parte más profunda de su legado.

    San Martín no imaginó una América Grande solamente porque quisiera verla unida en un mapa. La imaginó capaz de decidir su propio destino.

    Y esa diferencia es fundamental.

    Porque la Patria Grande, entendida desde su experiencia histórica, no significa que todos los países deban ser iguales ni que deban renunciar a sus identidades. Significa comprender que la soberanía de cada uno puede ser más sólida cuando existe cooperación con los demás y que la independencia política pierde buena parte de su sentido cuando las decisiones fundamentales continúan tomándose desde afuera.

    Doscientos años después, el mapa sudamericano sigue dividido en Estados diferentes. Pero aquella pregunta que atravesó la vida de San Martín continúa abierta: si los pueblos que conquistaron juntos su independencia pueden también construir juntos las condiciones materiales para defenderla.

    Ese fue, quizás, el verdadero horizonte político del Libertador.

    No solamente liberar territorios.

    Liberar a un continente de la idea de que su destino debía ser decidido por otros.

     

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  • Los bonos ya descuentan un dólar más alto y desafían la estrategia oficial para mantener la calma cambiaria

     

    La estrategia del Gobierno para mantener al dólar bajo control empieza a mostrar un límite en las expectativas del mercado. Aunque el Tesoro y el Banco Central reforzaron durante las últimas semanas las intervenciones para evitar que la cotización supere los $1.500, los precios de los bonos ya descuentan un tipo de cambio más alto para los próximos meses y reflejan que los inversores esperan una depreciación gradual del peso.

    Los valores implícitos surgen de la relación entre los bonos dólar linked y los títulos a tasa fija. De acuerdo con cálculos de Facimex Valores, el tipo de cambio de equilibrio se ubica en torno a los $1.512 para fines de agosto, $1.536 para fines de septiembre y cerca de $1.645 hacia mediados de enero de 2027. No se trata de un escenario de salto brusco, sino de una aceleración administrada del ritmo de depreciación.

    En el mercado coinciden en que el Gobierno viene utilizando distintas herramientas para sostener el esquema cambiario. A las intervenciones en el mercado spot se sumó una creciente utilización de instrumentos atados al dólar, especialmente bonos dólar linked, para absorber demanda de cobertura y evitar movimientos abruptos de la cotización.

    «El Gobierno busca permitir una corrección gradual del tipo de cambio, pero evitando movimientos bruscos que puedan alterar la dinámica inflacionaria. En ese marco viene interviniendo principalmente a través de instrumentos dólar linked para moderar la presión sobre el dólar y sostener el esquema cambiario», explicó Tomás Sisto Bourel, responsable de Research de Fortress Capital.

    El analista sostuvo que las expectativas que hoy refleja el mercado son consistentes con ese escenario. Recordó que Goldman Sachs proyecta un dólar de $1.500 dentro de tres meses, $1.600 en seis meses y $1.800 dentro de un año. A su vez, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) prevé un tipo de cambio de $1.673 para diciembre de 2026 y de $1.805 para junio de 2027. Los contratos de futuros también descuentan niveles cercanos a $1.625 para fin de año, mientras que los bonos reflejan una depreciación implícita anual de entre 22% y 24%.

    Según Sisto Bourel, incluso un dólar cercano a los $1.800 seguiría ubicándose dentro del techo de la banda cambiaria vigente, por lo que el escenario base continúa siendo una depreciación administrada y no una devaluación disruptiva. «El Gobierno todavía cuenta con margen para ampliar la cobertura mediante el mercado de futuros, por lo que no esperamos necesariamente un salto cambiario sino una depreciación gradual acompañada por intervenciones puntuales», afirmó.

    El cambio de estrategia también aparece reflejado en un informe de Portfolio Personal Inversiones (PPI). La sociedad de Bolsa sostiene que el Banco Central redujo deliberadamente el ritmo de compra de reservas para evitar agregar presión alcista sobre el tipo de cambio. En la primera rueda bursátil de agosto la autoridad monetaria compró apenas USD 18 millones, una de las cifras más bajas del año y equivalente a sólo el 3,9% del volumen negociado en el mercado spot.

    Para PPI, la prioridad oficial dejó de ser maximizar la acumulación de reservas y pasó a ser sostener la estabilidad cambiaria. Esa decisión estuvo acompañada por una fuerte expansión de la cobertura oficial. Según sus estimaciones, el stock de instrumentos vinculados al dólar aumentó unos USD 5.000 millones durante julio y alcanzó aproximadamente los USD 11.240 millones, impulsado por emisiones de bonos Dual TAMAR/dólar linked y por intervenciones del Banco Central en el mercado secundario.

    Sisto Bourel coincide con ese diagnóstico y calcula que el stock de instrumentos atados al tipo de cambio en manos privadas ya ronda los USD 12.000 millones, luego de las ventas realizadas por el Banco Central y de los sucesivos canjes y licitaciones del Tesoro. A su juicio, la cobertura oficial pasó a concentrarse cada vez más en bonos dólar linked, mientras los futuros redujeron su participación relativa.

    Sin embargo, detrás de la discusión financiera también aparecen factores propios de la economía real. Martín Burgos, director de la consultora Lado B, sostuvo que la presión cambiaria responde además a una cuestión estacional vinculada a la disponibilidad de divisas. «Ya se vendió buena parte de la cosecha gruesa. En el segundo semestre los dólares empiezan a escasear y el Banco Central tiene que administrar esa menor oferta para evitar sobresaltos a través de herramientas monetarias y financieras», explicó.

     

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