WISKY EN LA ROCA

Los comicios a nivel provincial no sorprendieron demasiado, Soria y Matzen irán al Congreso como se preveía, la posibilidad más lógica tras la baja de Gatti visualizaba este escenario. La polarización política, llegó desde Buenos Aires, el electorado provincial pareciera votar a un escenario nacionalizado implantado por los medios, la  polarización alcanzó a casi todas las provincias. Los dos mundillos políticos de nuestro país accedieron a una banca en el Congreso con el voto del electorado rionegrino.  María Emilia Soria (FPV) absorbió aproximadamente la mitad de los votos acéfalos de JSRN, logrando el acompañamiento del 50% de los rionegrinos. Lorena Matzen (Cambiemos) se quedó con la otra mitad del electorado abandonado por el partido del Gobernador Alberto Weretilnek, de esta manera creció más de 10 puntos con respecto a las primarias, superando el 30% de los votos. Magdalena Odarda cayó 1 punto con respecto a las PASO.

Las obviedades esconden ciertos secretos, y tras el triunfo anticipado del FPV y Cambiemos en Río Negro, existe cierto reposicionamiento de cara a las elecciones de 2019. Martín Soria, recorre un camino que tiene como meta la Gobernación rionegrina, desde las elecciones en el 2015  evidenció haber  jugado su propia estrategia de cara a ese objetivo. Hoy, con el acompañamiento de casi la mitad del electorado provincial se posiciona con una fuerte intensión de voto. Luego del discurso de victoria de su hermana María Emilia, Martín dijo “acabamos de dar otro paso contundente, vamos a regresar al gobierno dentro de un año y medio”. El Intendente de la ciudad de Gral. Roca, cerró el acto político como protagonista principal de los comicios.

Detrás del acceso a la banca de la allense  Lorena Matzen, asciende la figura del Diputado Nacional Sergio Wisky quien es el elegido por el Gobierno Nacional para ser el candidato a Gobernador de Rio Negro en 2019, el Diputado  cumplió con su deber cívico el domingo por la mañana y no demoró en expresar que a partir del próximo martes comenzaría a trabajar para ser Gobernador de Rio Negro.  Dentro del bunker de Cambiemos en Allen, el presidente de la UCR Darío Berardi se mostró muy contento por los resultados obtenidos y recordó que hace 2 años la UCR obtuvo solo 3,1% de los votos. Fue cauto ante la idea de posicionar a Wisky como candidato a Gobernador y aclaró “la lista la vamos a  hacer de forma inteligente como lo hicimos ahora”.

Dos apreciaciones diametralmente enfrentadas se desprenden del papel político que decidió jugar JSRN cortando transversalmente las elecciones legislativas 2017, surcando a partir de su decisión el camino al resultado final de los sufragios. Dependiendo del cristal con el que se la mire se podrá decir que, le brindó el apoyo a la candidata del Gobierno Nacional para que acceda al Congreso pero principalmente posicionó  al candidato del PRO Sergio Wisky para el 2019. O bien se podrá interpretar, que fortaleció al Clan Soria que ayer empezó a olfatear un dulce olor a venganza que los estimulará a competir  para reivindicar el mandato de su padre que quedó trunco allá por 2011.

Para los comicios del 2019 aún queda mucho camino y tiempo por recorrer, e infinitos son los factores -internos y externos, provinciales o nacionales, socioeconómicos y culturales- que podrían modificar el resultado. Pero los aromas a alianzas siempre sobrevuelan el día posterior a las elecciones, quizás alguna potencie la posibilidad de achicar la brecha evidenciada el día de ayer  entre los universos políticos antagónicos que reinan en nuestro país, y ayer se impusieron claramente dentro de nuestra provincia.

El dibujo del nuevo mapa político nacional cobra peso y también hace su juego. Como los medios, el marketing, los punteros, las charlas de café; todas variables que pueden modificar un sufragio y en consecuencia la vida política de un candidato, OJO, la vida de un candidato. La tuya, la mía, la del vecino siguen igual. Perdón. No te robo más tiempo, seguí laburando.

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    DERECHA FEST: Mientras el país se hunde, Milei recurre a un acto de fe ideológica

     

    En Mar del Plata, Milei volvió a subirse a un escenario militante para repetir un libreto cada vez más gastado: guerra cultural, enemigos internos y autosatisfacción ideológica. Lejos de ofrecer respuestas concretas a una Argentina golpeada por el ajuste, el discurso de anoche en la Derecha Fest confirmó que el Presidente prefiere el aplauso identitario antes que la gestión.

    Por Roque Pérez para NLI

    El mensaje de Milei no tuvo sorpresas. Fue, una vez más, la reafirmación de un relato construido sobre la confrontación permanente. En lugar de hablarle al conjunto de la sociedad, eligió hablarle a los convencidos, reforzando una lógica de “nosotros contra ellos” que ya es marca registrada de su gobierno.

    La escena fue elocuente: un Presidente celebrando su propio rumbo frente a un auditorio afín, mientras afuera crecen la pobreza, la recesión, la destrucción del empleo y la incertidumbre económica. La Derecha Fest funcionó como refugio simbólico para un oficialismo que evita dar explicaciones sobre los efectos reales de su programa.

    La “batalla cultural” como coartada

    El eje central del discurso volvió a ser la llamada “batalla cultural”, presentada como el gran desafío histórico del país. Bajo esa consigna, Milei simplifica la realidad argentina en una lucha moral entre supuestos defensores de la libertad y un enemigo difuso al que llama “la izquierda”, “el estatismo” o “los zurdos”.

    Este recurso no es inocente. Convertir la política en una guerra cultural permite desplazar el debate sobre la gestión concreta. No se habla de salarios pulverizados, de jubilaciones recortadas ni del derrumbe del consumo. Se habla de ideas abstractas, de enemigos ideológicos y de un futuro prometido que nunca llega.

    La Argentina real, la que no entra en los slogans, quedó completamente ausente del escenario marplatense.

    Insultos, amenazas simbólicas y polarización

    Uno de los momentos más celebrados por el público fue la reiteración de frases provocadoras y descalificantes hacia quienes no adhieren al proyecto libertario. Expresiones como que “se viene la noche” para determinados sectores no aportan ninguna solución, pero sí alimentan un clima de hostilidad política y social.

    Desde la investidura presidencial, este tipo de mensajes no solo degradan el debate público, sino que legitiman la intolerancia como forma de acción política. El adversario deja de ser un actor democrático y pasa a ser un enemigo a derrotar culturalmente.

    Mientras tanto, los problemas estructurales siguen sin abordarse.

    Liberalismo declamado, realidad omitida

    Milei volvió a presentar al liberalismo como una verdad revelada, casi religiosa, que no admite matices ni críticas. El mercado aparece como solución mágica, aun cuando los datos muestran una economía paralizada, caída del poder adquisitivo y mayor desigualdad.

    No hubo en el discurso ninguna autocrítica, ni siquiera una mención a los costos sociales del ajuste. Tampoco explicaciones sobre cómo su modelo mejorará la vida de quienes hoy están peor que hace un año. El liberalismo fue invocado como dogma, no como política pública evaluable.

    En ese marco, la Derecha Fest operó más como acto de reafirmación emocional que como espacio de rendición de cuentas.

    Un presidente cómodo en el escenario, ausente en la gestión

    El contraste es cada vez más evidente: Milei se muestra cómodo en actos ideológicos, viajes y eventos militantes, pero esquiva el debate serio sobre los resultados de su gobierno. La épica reemplaza a la política, y el show reemplaza a la gestión.

    La Derecha Fest dejó una imagen clara: un Presidente que elige la ovación de su núcleo duro antes que enfrentar la complejidad de un país en crisis. En lugar de construir consensos mínimos para salir adelante, profundiza la división y el enfrentamiento.

    El discurso de Milei en Mar del Plata no fue un mensaje para la Argentina, sino para su tribuna. Un acto de fe ideológica que ignora deliberadamente la realidad social y económica. Mientras el país acumula problemas urgentes, el Presidente insiste en la guerra cultural como cortina de humo. Y así, entre aplausos y consignas, la Argentina sigue esperando respuestas.

     

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