Kon’nichiwa. Arigatō. Sayōnara. Nippón. Japón. La tierra del manga y el animé. País de los cerezos, la tecnología de avanzada, el sushi, los samuráis. Akira Kurosawa, Yoko Ono, Haruki Murakami. Totoro, Oliver Atom, Pokemón. Dos bombas nucleares, un mega tsunami, varias guerras. Japón-japón-qué-grande-sos.

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Nunca viajé aunque me encantaría (¿a nadie le sobra un áreo?). El punto es que la cultura nipona me produce mucha fascinación, a quién no por cierto. Son como nuestra otredad más otra. Si Latinoamérica fuese un niño, Japón vendría a ser ese hermano mayor nerd, friki y empezando posgrado en algo.

Hay que decir que la vienen remando desde hace miles de años. Ya están bastante entrenados en esto de ser un grupo humano con nombre, apellido y toda una reputación. 127 millones de hombres y mujeres repartidas en la módica suma de 6852 islas del Cinturón de Fuego del Pacífico. Terceros en el podio de las mayores economías mundiales pero a nosotros nos exportaron a Naohiro Takahara, delantero número 9 que hizo un solo gol en Boca Juniors.

Los japoneses tienen fama de súper disciplinados, meticulosos con el orden, amantes del arroz (porque no les queda otra) y un poco sanguinarios a la hora de manipular la katana aunque todo esto son simples prejuicios del inconsciente colectivo y pueden no tener la más mínima relación con la realidad.

La ceremonia del té, los origamis, el karaoke, Nintendo, el karate, Yukio Mishima, el Hentai, etcétera, etcétera. Tanta data le hemos robado a estos orientales y la que nos falta robar aún. ¿Tendrá nuestra cultura algo para aportarles? Bueno, les dimos el capitalismo y se lo tomaron muy en serio. Quisiera ser japonés por unos días o meses. Tomarme más tiempo para hacer las cosas.

Saber cómo ven
con los ojos rasgados
en aquellos lados

Estamos Imaginando Buenas, programa #33

Kioto, Japón. Foto: Noriko Itakura

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