Todavía dan vueltas en nuestra ciudad fotografías en las que podemos ver a nuestros abuelos o padres disfrutando del Arroyo Salado cuando este todavía era una traza natural del Río Negro.
Si vemos una fotografía actual del cauce y comparamos que pasó en el transcurso del tiempo, el juego de las diferencias entre las imágenes es desalentador. En el aspecto físico su ancho es bastante menor al igual que su caudal, pero comenzar y hablar de este aspecto sería solo una descripción superficial. El grave problema que tenemos es justamente su contenido y el estado de salubridad del agua.
Pensemos solo en el nombre que hoy tiene y nos daremos cuenta de que el problema lo tenemos a cielo abierto recorriendo puntos centrales de distribución y circulación de nuestra ciudad. El DESAGUE ARROYO SALADO.
En el origen de Villa Regina, jugó un papel importantísimo en el diseño y proyección de la colonia colaborando con una planificación urbana que estaba diseñada en función a la salida de la producción en trenes de carga desde nuestra ciudad a los puntos de comercialización. Hoy el arroyo está integrado a un ejido mucho mayor y su crecimiento con poca planificación y desprecio por nuestros recursos naturales terminó contaminándolo a los niveles actuales.
El problema grave de salud para la población lo enfrentamos todos los días, ya que los puntos neurálgicos de la administración siguen estando dentro de lo que fue el casco histórico de la ciudad entre el arroyo salado y la barda.
Deberíamos plantearnos reaccionar ante este problema, invertir en el sistema de cloacas, manejos de residuos, un diseño de planificación que contemple no auto contaminar nuestros recursos y lo más importante, a su población. No debemos patear la pelota, sino que todos debemos estar convencidos en que no tenemos que seguir destruyendo un recurso natural hasta el extremo.
Un buen inicio es cambiar nuestro punto de vista y poner al arroyo salado en valor. Y ese cambio de mirada debemos adoptarlo rápidamente (Sobre esto tenemos que aprender de la experiencia de no reaccionar a tiempo como fue con la demolición de la chimenea Fioravanti).
Para no quedar en ideas inaplicables, podemos rescatar experiencias reales y concretas de ríos o brazos naturales de cauces que cruzan dentro de ciudades, los cuales estuvieron contaminados al nivel de ser un riesgo para la población y que hoy están saneados y convertidos en valor agregado para la ciudad. (Pulmones verdes sin riesgo de salud, atractivos turísticos, desarrollo de paseos comerciales, pesca y náutica liviana).
Tenemos que saber que esta discusión de qué Regina queremos, la hacemos todos los días y este problema del Arroyo Salado no es el único que compromete nuestra salud, ya que también debemos hacer foco en el manejo de utilización de agro tóxicos y pesticidas que respiramos y también prestarle mucha atención a nuestro Rio Negro y sus organismos de control, ya que hoy está contaminado por el drenaje de todas las ciudades del Alto Valle.
Estoy convencido de que es posible dejar atrás la cafetería y los monitores de pantalla para lograr un cambio de mirada que modifique la percepción del problema y sea incorporado como una demanda social ante la necesidad de lograr ambientes saludables, que nos permitan crear actividades económicas nuevas de cara al futuro y planificación saludable de nuestra ciudad.
El Intendente Marcelo Orazi participó de la conferencia de prensa en la que se brindaron detalles del Festival de Arte enmarcado en el programa ‘Maratón Cultural’ que se realizará durante viernes, sábado y domingo en el Cine Teatro Círculo Italiano. Vale aclarar que el evento no tendrá público pero podrá ser seguido vía streaming en…
A cuatro años del intento de magnicidio en su contra, Cristina Kirchner exhibió este martes el apoyo de más de 20 partidos políticos en un documento al que no se sumó el espacio Movimiento Derecho al Futuro (MDF) de Axel Kicillof.
«La democracia no admite la eliminación del adversario», se titula el documento que lleva la firma de 23 partidos y espacios peronistas, radicales y progresistas. Se trata de una muestra de respaldo muy fuerte para la expresidenta en la interna para el 2027.
Entre los firmantes están José Mayans por el PJ, Sergio Massa por el Frente Renovador, Miguel Pichetto por Encuentro Republicano Federal, Juan Grabois por Patria Grande, y Guillermo Moreno por Principios y Valores.
También acompañan los radicales Ricardo Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani. Otros firmantes son
Emilio Pérsico,
Martín Sabbatella, Carlos Heller, Claudio Lozano, Gustavo López y Juan Carlos Alderete, entre otros.
La ausencia de Kicillof y dirigentes afines marca el estado de las cosas en el peronismo, con una división muy marcada. El gobernador cumplió con la formalidad con un tuit en el que reclamó que la justicia investigue a los autores materiales del intento de asesinato.
En el documento de apoyo a Cristina se mencionan distintos factores que deterioran la democracia y remarcan uno de ellos: «la utilización de mecanismos judiciales, políticos y comunicacionales para perseguir, disciplinar o excluir dirigentes de la competencia democrática».
El párrafo es una señal más del intento del kirchnerismo por intentar instalar la candidatura de Cristina en 2027, una posibilidad que adelantó LPO y que semanas atrás explicitó uno de los nuevos abogados de la expresidenta que sostuvo que «se podría presentar en las PASO, porque no son para un cargo público».
Las pintadas de Cristina presidenta
La jugada del kirchnerismo -adelantada por LPO- es postular a Cristina con un candidato a vice que, por su inhabilitación para ocupara cargos públicos, sea quien quede al frente de la boleta. La idea es condicionar a Kicillof en la interna para forzarlo a negociar o directamente comerle todo el aparato del PJ que se encolumnaría detrás de una candidatura testimonial de Cristina.
La candidatura ya empezó a ser agitada días atrás por Kolina, el partido de Alicia Kirchner, que lanzó la campaña «Poder elegirla». Ahora se sumó La Cámpora, la organización de Máximo Kirchner que publicó un video que pega varios recortes de periodistas hablando de una posible candidatura y cierra con un mensaje claro: «Cristina inocente, Cristina libre, Cristina presidenta». Además, los camporistas hicieron pintadas de «Cristina presidenta».
En los años 70 y 80, miles de chicos argentinos pasaban el verano en las piletas de los clubes. La historia de las colonias y aquella vida de barrio.
Por Alcides Blanco para NLI
Hubo una Argentina en la que las vacaciones de verano no necesariamente implicaban viajar cientos de kilómetros ni reservar un departamento frente al mar. Para muchísimas familias, especialmente en las grandes ciudades, el verano empezaba cuando abría la pileta del club. Enero y febrero podían transcurrir a pocas cuadras de casa, entre una reposera, una pelota, un sándwich envuelto en papel, una gaseosa caliente y varias horas bajo el sol. Los chicos llegaban temprano para la colonia de vacaciones y volvían a casa agotados al mediodía; por la tarde, muchas veces, regresaban con sus padres o con los amigos del barrio. El club deportivo se convertía durante esos meses en una especie de playa doméstica, accesible para quienes no podían afrontar un viaje y, al mismo tiempo, en uno de los principales espacios de encuentro social de los barrios argentinos.
La colonia como parte de la infancia
La colonia de vacaciones tenía una organización que hoy puede resultar entrañable. Los chicos se agrupaban por edades, tenían profesores, horarios y actividades, y aprendían a nadar o perfeccionaban sus habilidades en la pileta mientras afuera se desarrollaba una vida paralela de juegos y amistades. Para muchos niños, la colonia era una prolongación de la escuela, pero sin guardapolvo, sin cuadernos y con la promesa de pasar buena parte del día en el agua. Había competencias, juegos por equipos, carreras, actividades deportivas y excursiones, pero también largos momentos de tiempo libre en los que la imaginación hacía el resto.
El club tenía además una ventaja decisiva para muchas familias: estaba cerca. En una época en la que no todos tenían automóvil y el transporte cotidiano tenía otras características, poder llegar caminando, en colectivo o en bicicleta significaba que los chicos podían desarrollar una autonomía que hoy resulta menos frecuente. El barrio era el territorio cotidiano y el club formaba parte de él. Los padres podían conocer a los profesores, a los dirigentes y a otras familias, mientras los chicos iban construyendo durante el verano una red de amistades que muchas veces continuaba durante todo el año.
La pileta también modificaba el ritmo familiar. El verano tenía horarios propios: almorzar más tarde, dormir una siesta, volver a la pileta después de las cuatro cuando el calor aflojaba y quedarse hasta que empezara a caer el sol. No había necesidad de llenar cada hora con una actividad organizada. Buena parte del atractivo consistía precisamente en tener tiempo libre. Los chicos podían pasar una tarde entera jugando a la pelota, haciendo competencias de clavados, charlando al borde de la pileta o inventando alguna aventura que en ese momento parecía importantísima.
El club como vacaciones posibles
Para las familias que no podían viajar, la pileta del club tenía además un significado económico. Las vacaciones fuera de la ciudad implicaban transporte, alojamiento, comida y otros gastos que no estaban al alcance de todos. El club ofrecía una alternativa mucho más accesible: una cuota social y, en algunos casos, un adicional por temporada permitían utilizar las instalaciones durante los meses de calor. La posibilidad de disfrutar del verano no dependía necesariamente de poder viajar, y eso convertía a las instituciones barriales en actores importantes de la vida social.
Esta característica estaba relacionada con una tradición mucho más antigua. Durante buena parte del siglo XX, los clubes argentinos fueron construyendo instalaciones deportivas y recreativas que excedían ampliamente la práctica competitiva. La pileta, el gimnasio, el salón de fiestas, la cancha y el buffet formaban parte de un mismo universo institucional. El club podía ser el lugar donde un chico aprendía a nadar, donde jugaba al fútbol, donde sus padres participaban de una comisión y donde la familia terminaba celebrando un cumpleaños. La institución acompañaba distintas etapas de la vida, algo que ayudaba a explicar su enorme arraigo.
En verano, además, aparecía una escena muy característica: las familias cargadas con bolsos, toallas, ojotas, termos y comida. La heladerita podía contener sandwiches, fruta y alguna bebida para evitar gastar demasiado en el buffet. Las madres y los padres buscaban un lugar con sombra mientras los chicos desaparecían rápidamente hacia la pileta. Al rato aparecía el problema inevitable: quién había perdido la toalla, quién tenía que ponerse protector solar nuevamente, quién había dejado las ojotas junto a la pileta y quién todavía no quería salir del agua.
También estaba la figura del guardavidas, que durante aquellas temporadas adquiría una autoridad especial. Su silbato podía detener una carrera, impedir una conducta peligrosa o anunciar que era momento de salir del agua. Los chicos aprendían así algunas de las primeras reglas de convivencia fuera de la escuela y de la familia. La pileta era diversión, pero también aprendizaje colectivo: había turnos, límites, normas y adultos responsables de hacerlas cumplir.
Una Argentina que también veraneaba cerca
Con el paso del tiempo, el modelo fue cambiando. Las vacaciones familiares se diversificaron, aumentaron las posibilidades de viajar y aparecieron nuevas propuestas de entretenimiento. Los barrios también se transformaron, los clubes atravesaron dificultades económicas y algunas instituciones perdieron parte de la infraestructura que habían construido durante décadas. La televisión por cable, los videojuegos, las nuevas tecnologías y, posteriormente, internet modificaron además la manera en que los chicos ocupaban su tiempo libre.
Sin embargo, las colonias y las piletas de los clubes nunca desaparecieron completamente. Siguen existiendo porque responden a una necesidad que no es solamente recreativa. Para muchas familias representan un espacio seguro, cercano y comunitario donde los chicos pueden encontrarse con otros chicos, practicar deportes y aprender a desenvolverse colectivamente. Lo que quizás cambió es el lugar que ocupan dentro de una sociedad en la que el tiempo libre está cada vez más fragmentado.
Recordar aquellas temporadas de pileta no significa afirmar que antes todo era mejor. También había desigualdades, clubes deteriorados, familias que no podían siquiera pagar una colonia y barrios en los que las condiciones de vida eran muy diferentes. Pero aquellas escenas permiten observar algo importante: la recreación también formaba parte de la vida comunitaria y no estaba necesariamente separada del deporte, la educación o la organización barrial.
Por eso, cuando quienes fueron chicos en los años 70 u 80 recuerdan el verano, muchas veces no aparece primero una playa lejana ni un hotel. Aparece una pileta. Aparece el olor a cloro, el piso caliente, la bolsa con la merienda, el silbato del guardavidas, la carrera para ocupar una reposera bajo un árbol y la orden repetida de una madre: «Salí un rato del agua». Para miles de argentinos, esas fueron sus vacaciones, y en esa pileta del club encontraron algo que excedía largamente el entretenimiento: amigos, autonomía, deporte, barrio y una forma de aprender que el verano también podía ser una experiencia compartida.
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