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SOMOS LOCALES OTRA VEZ

Ya pasó una semana de la Fiesta Provincial de la Vendimia 2020 y todavía se habla, se comparten fotos y videos de aquellas noches que tuvieron como principales actores al público local que se acercó en gran número durante todo el finde, como también a los artistas reginenses que le pusieron el color y el sonido.

La Dirección de Cultura a cargo de Silchu Alvarado, apostó al talento reginense para engalanar artísticamente la fiesta provincial. Desde Turismo la directora Katy Iogna mostró completo apoyo y ambas áreas trabajaron e impulsaron esas energías para que se lleve a cabo la fiesta, que en medio de una emergencia económica llegó a estar en duda.

Se montaron dos escenarios. El Anfiteatro (centro de atención de los medios de comunicación) se encargó de los artistas regionales y nacionales; y también contó con aperturas coreográficas increíbles, como siempre impuso su belleza al pie de la barda, mientras que en la plaza de los próceres se ubicó el escenario alternativo, a la par de «Los Caminos del Vino», paseo de artesanos, globas y paseo gastronómico, galería de arte, etc. El escenario alternativo le dio vida, fue el corazón de la Fiesta.

Fueron 33 las bandas que se presentaron durante el finde. 21 pasaron por el escenario alternativo, más de 100 artistas en total, el evento de Hip Hop le dio espacio a más de 30. En el «Cono Randazzo» fueron 6 bandas locales, 3 regionales y 3 nacionales. Se presentaron durante las aperturas coreográficas en el anfiteatro 135 artistas, más otros 30 que dieron apertura a la fiesta luego del discurso del intendente en la plaza de los próceres. En total más de 250 artistas, de los cuales más del 80% son reginenses.

No se puede poner en discución la calidad de los artistas que pasaron por esta fiesta y de seguro muchos quedaron afuera (es entendible y atendible), la idea es justamente esa, darles el lugar y la real importancia que se merecen. El arte es ese mundillo que te hace pasar buenos momentos y que te saca de la cotidianidad que a veces es bien cruda. El arte, como el deporte son patas que complementan a la educación, que hoy en día ante tanta falta de principios y valores se hacen imprescindibles para mejorar la convivencia social.

Es importante destacar la profesionalidad, no solo de los artistas, sino también de la puesta en escena. Cada escenario contó con sonido, iluminación y pantallas led; servicios que fueron contratados en Regina. Todo de primer nivel, tanto equipos como los profesionales y responsables a cargo. Asumiendo la responsabilidad de olvidarnos de alguien (pedimos disculpas) Daniel Chanqueo, Daniel Vertúa y Mariano Plos, Julián Milanesi, Franco Martinez, Juani Liberatti, Pato y Seba Ávila, Mauro Barberis; son algunos de los responsables que fueron parte de la excelente puesta en escena de la cual todos los artistas agradecieron el nivel de profesionalismo de los mismos.

El artista necesita espacios para poder manifestarse y no hace falta un escenario gigante con un centenar de personas admirando la escena, solamente un espacio donde poder sentirse cómodo para expresar lo que cada uno hace con tanta pasión y dedicación. Tener el lugar para mostrar su trabajo, en lo que tanto tiempo delega y tan bien le hace.

Esta Vendimia fue un claro mensaje de que Villa Regina está lleno de talento y podemos brindarle a cualquier público un espectáculo para divertirse, pasar el rato o quizás un ratazo como pasó con las más de 3 horas de la exhibición de hip hop que dio Epicrew + Black Power para dejar más en claro todavía que hay talento joven y están pidiendo pista. Que hay nuevos géneros y que los más chicos necesitan de ese apoyo para encontrar caminos que los ayuden a crecer y a su vez llegar a más gente.

Fuimos locales otra vez, y esta no es la primera vez que lxs artistas locales sacan a relucir su talento y capacidad artística en la escena reginense. Hay bandas que graban temas propios, hay estudios de grabación de primer nivel, hay obras de teatros dirigidas e interpretadas por equipxs %100 reginenses, hay coreografas y bailarines de alto vuelo. Tenemos la materia prima. Necesitamos la mirada y el oído de las personas a cargo para interpretar hacia donde vamos y sobre todo donde estamos para poder empezar a trazar un camino mejor para todas las generaciones que vienen…

Más videos de la fiesta en nuestro canal de youtube


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    Así como las afirmaciones terraplanistas no modifican el hecho de que la Tierra sea redonda, así como los movimientos antivacunas no cambian la naturaleza contagiosa del Covid, el conservadurismo cultural, expresado hoy por fuerzas como las que lideran Javier Milei y Donald Trump, no modifica esta realidad: las sociedades humanas son constitutivamente diversas, heterogéneas y desiguales; en todas las comunidades humanas, pero aun más en aquellas donde existen el dinero y el Estado, hay multiplicidades y hay disparidades.

    Qué hacer con esta diversidad es un debate que viene concentrando la mayor parte de la historia ideológica, filosófica y política, y que por supuesto no está saldado. Dentro de estas controversias, uno de los capítulos centrales es el concepto de libertad, que ha sido utilizado por la extrema derecha como una de sus banderas. Para los conservadores, hoy llamados libertarios, la libertad se basa en la idea de que somos todos iguales: un rico y un pobre son consecuencia del modo distinto en que cada uno usó sus posibilidades. En esta mirada, la desigualdad fáctica es una consecuencia de una igualdad ontológica. Para las corrientes conservadoras, la libertad agiganta desigualdades. El rol del Estado, además de garantizar seguridad y justicia, debe ser restringir la diversidad: el Estado, que no debería cobrar impuestos, sí debe decretar que hay dos géneros, que la familia debe estar constituida de cierta manera y que las mujeres no pueden disponer de sus cuerpos.

    Desde una mirada democrática y progresista que asume que las sociedades son por naturaleza diversas, en cambio, la igualdad es algo a construir. Pero esa perspectiva hoy está a la defensiva. A través de una serie de subterfugios de ingenieros del caos, la posición histórica que conjuga liberalismo cultural, pluralismo político y justicia social ha sido estigmatizada como “woke” o “progresista”. La expresión “woke” surgió en Estados Unidos, un territorio de alta intensidad en la batalla cultural, en referencia a “despertar” (awake) ante la discriminación (“despierto” en el sentido de “concientizado”); pero hoy se usa de modo despectivo, que es la connotación que le dio Milei en su discurso en Davos. Como si las personas que descienden de esclavos o de pueblos originarios, como si las mujeres, que hasta hace setenta años no podían votar, hoy, justamente porque se reconocieron algunas de esas desigualdades, contaran con privilegios.

    La derecha conservadora está presente en distintas corrientes políticas, del mismo modo que la corriente que defiende las diversidades está presente –aunque no de modo uniforme– en partidos distintos. En Argentina, el peronismo, el radicalismo, el socialismo y la izquierda cuentan entre sus integrantes con personas que defienden este punto de vista. Se trata de una corriente que busca principalmente dos metas: que las personas y los grupos sean cada vez más libres, y que esa libertad se sostenga en formas igualitarias que la hagan real y no puramente declarativa o formal. Es una corriente de opinión que pone en escena grandes tradiciones culturales de la modernidad, heredadas de la Revolución Francesa y la Estadounidense, y que no tiene una única posición en materia de desarrollo económico, justicia distributiva o lucha por la igualdad. Ese “progresismo” no está en contra de ninguna religión, pero sí lucha por una separación completa de cualquier religión y del Estado. Ninguna ley puede sustentarse en creencias religiosas. Pero sí debe haber leyes que, por motivos universalistas, exijan el respeto de todas las religiones. Esta perspectiva, sometida hoy a una fuerte ofensiva, merece una reflexión autocrítica.

    Acerca de la autocrítica

    La hegemonía cultural de la extrema derecha impacta en el campo progresista. ¿Los movimientos por la libertad de las diversidades se “pasaron de rosca”? La ofensiva cultural de Milei y las derechas extremas, la derrota electoral del peronismo y los niveles de inflación y pobreza que dejó el gobierno de Alberto Fernández han planteado ese debate. ¿Hay una incidencia de la lucha por las diversidades en el oscurantismo que estamos viviendo hoy? ¿No habremos ido demasiado lejos? ¿Se puede seguir sosteniendo la defensa del colectivo LGTBQi+ en el contexto actual?

    Los procesos sociales y políticos siempre son imperfectos. Conocer esas imperfecciones, practicar la autorreflexión, es clave para mejorarlos. Por otro lado, se trata de movimientos profundos y de larga duración. En Argentina, por ejemplo, el movimiento masivo de mujeres de los últimos años comenzó en 2015 con el “Ni Una Menos”, una gigantesca movilización contra la violencia de género. ¿Frenar el reclamo contra los asesinatos de mujeres hubiera sido “menos radicalizado”? Y hoy, ¿qué está más vigente? ¿El reclamo de que no mueran más mujeres por el hecho de ser mujeres o la propuesta oficial de retirar del Código Penal el agravante por femicidio?

    La autocrítica no equivale a autoflagelación; debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican. Entre las múltiples causas que produjeron esta nueva etapa histórica global de las derechas extremas están, en efecto, los profundos déficits de la izquierda, la centroizquierda y los partidos tradicionales. Pero no coincido con quienes, subidos a la marea reaccionaria, afirman que la culpa es del progresismo, de un supuesto “wokismo” o de una “excesiva” ampliación de derechos civiles. Ese argumento puede terminar en diputados que voten con Milei regresiones culturales o puede llevar a un catolicismo de gobierno en contra de la libertad de las personas y los grupos. Empieza cuestionando el DNI no binario y termina aboliendo el divorcio.

    Pero entonces, ¿cuáles son esos errores de la izquierda? Si hubiera que elegir uno, diría lo siguiente: mientras las vocaciones igualitarias y de justicia social se tornaban cada vez más difíciles de lograr, en gran parte por no tener una alternativa concreta al capitalismo neoliberal, la izquierda avanzó con leyes y políticas tendientes a garantizar derechos civiles. Dependiendo de los países, se avanzó en materia de identidad de género, aborto, discriminación positiva, educación sexual, matrimonio igualitario, derechos de los pueblos originarios y los migrantes. Cuantas más dificultades aparecían en materia económica y social, cuanto más complicado se hacía sostener el horizonte de movilidad social, más se acentuaron estos derechos como compensación.

    La autocrítica no equivale a autoflagelación: debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican.

    Ese fue el gran problema. Las libertades civiles no pueden compensar el fracaso económico o social. Si son las únicas banderas que se agitan cuando se desfinancia el Estado de Bienestar, se retiran regulaciones públicas o se producen escaladas inflacionarias, como en el caso argentino, se corre el riesgo de que las fuerzas democráticas queden reducidas y debilitadas. Los límites para corregir o superar el neoliberalismo los terminan pagando los avances en materia de diversidad o pluralismo.

    Mi primera tesis es que, frente a quienes creen que la ampliación de libertades favoreció a la derecha extrema, creo que su causa es el fracaso económico.

    En segundo lugar, la cuestión de los particularismos. Mientras Martin Luther King buscó cambios que mejoraran la desigualdad estructural de la sociedad norteamericana, muchas políticas de la identidad del siglo XXI se concentraron en derechos particulares. Y es difícil pedirles algo más que simpatía pasiva o inactividad a quienes no están directamente involucrados en la conquista de un derecho. Esto no implica que movimientos como “Ni Una Menos”, “Black Lives Matter” o la “Marcha anti-fascista” de febrero de 2025 no hayan sido señales contundentes en la dirección correcta, sino simplemente llamar la atención sobre cuál puede ser el alcance de esas convocatorias.

    Algo similar ocurre con el “lenguaje inclusivo”. Se trata de un cambio cultural crucial, que busca ampliar libertades e incluir diversidades. Pero debe expandirse a partir de la posibilidad, no como imposición. Los mayores fracasos del cambio cultural ocurrieron cuando se pretendió imponer a través de prescripciones. El liberalismo cultural busca ampliar, no restringir, las posibilidades de las personas.

    El caso de las cuotas

    Muchas veces, en lugar de luchar por cambiar una legislación, una política o un presupuesto, las reivindicaciones progresistas se enfocaron en personas concretas: los varones blancos, incluyendo casos de punitivismo extra-judicial, como escraches a adolescentes, altamente polémicos. En aquellos casos, hubo voces feministas potentes que alertaron que el feminismo no surgió para cambiar al dueño del poder del patriarcado, sino para modificar un tipo de poder y de dominación. El punitivismo y la cultura de la cancelación fueron algunos de los errores más graves. Pero no es verdad que sean inherentes a los reclamos por la diversidad y la libertad: fueron casos minoritarios en causas justas.

    Detrás de este tipo de cuestiones aparece un problema que vale la pena debatir a futuro: la tensión entre lo particular y lo universal. Si cada uno de los grupos discriminados reclamara sólo para sí mismo, si todo se tradujera en una simple cuota por grupo, a largo plazo se terminarían socavando algunos de los consensos culturales necesarios para mantener las políticas de acción afirmativa. Un ejemplo es el de las universidades. En la mayoría de los países del mundo existe un sistema de examen de ingreso a la universidad y cupos por carrera. Al observar las universidades se hacía evidente que la abrumadora mayoría de los alumnos eran varones blancos. Eso llevó a reclamar políticas de cuotas raciales, étnicas y nacionales, como las que se terminaron concretando en Estados Unidos y Brasil. Este sistema garantizaba una mayor presencia de diversidades, restando lugares a los blancos. Pero, ¿qué quedaba, por ejemplo, para los blancos pobres? ¿Quién se preocupó de su situación? En muchos casos fueron los grandes olvidados, lo que contribuyó a que volcaran su respaldo a fuerzas políticas conservadoras que dicen defenderlos. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera incluido una cuota general para los estudiantes de colegios públicos de bajos recursos en el ingreso a la universidad? Mientras en un terreno puramente cultural la especificidad por grupo es adecuada, en cuotas vinculadas a desigualdades puede no producir las consecuencias buscadas.

    En un mundo dominado por la incertidumbre económica, en el que se achican los recursos públicos, muchos países optaron por un modelo de cuotas para asegurar la presencia de los grupos discriminados no sólo en el acceso a la universidad sino también al empleo público –y en ocasiones al empleo privado–. Esto implica que los logros de la ampliación hacia los sectores discriminados se hicieron sobre la base de una reducción relevante de la participación de los sectores anteriormente privilegiados. Y esta estrategia, correcta desde un punto de vista filosófico, se topa con un problema político. Las personas de carne y hueso que se ven afectadas, que no logran ingresar a la universidad o no consiguen empleo, se van pasando en masa al ejército del “contragolpe cultural”, esperando el surgimiento de un Trump, un Milei o cualquier otro líder que proponga revertir la situación.

    Se trata de un error recurrente del progresismo: no percibir el dolor de las víctimas de sus políticas, y no elaborar una respuesta. Mi punto es sencillo: si se presuponen las restricciones económicas, como de hecho las aceptaron la mayoría de las fuerzas de centroizquierda en Europa y América, que los perdedores de la discriminación positiva pasen al otro lado es inexorable. Pero si se cuestiona un modelo que reduce los impuestos a la riqueza y desfinancia al Estado, y se usa ese dinero para ampliar el acceso a la universidad y el empleo, logrando mejorar la diversidad sin afectar drásticamente los espacios previos, la base política de la derecha extrema quedará reducida. Es cierto que esto no es posible para los varones privilegiados, que inexorablemente se verán afectados: será necesario pensar una política cultural específica para ellos.

    La defensa de la libertad

    Estamos ante un feroz ajuste a las libertades y es urgente emprender una fuerte defensa de políticas por la libertad basada en igualdades. La libertad, convertida en el eslogan hueco de la extrema derecha, no puede ser resignada por las fuerzas democráticas y progresistas. El principio básico de la lucha por la libertad es maravilloso: que las personas y los grupos puedan autorrealizarse en todas las dimensiones de la vida. Esto incluye su identidad de género, étnica, nacional, local, religiosa, así como su libertad de expresión, en la familia, en el trabajo…

    Esas libertades tienen un requisito: un piso de igualdad, porque quien sufre desnutrición no puede ser libre, quien no puede acceder a la escuela no puede ser libre. Una comunidad libre es aquella que garantiza un piso de igualdad para todos sus miembros.

    Los libertarios conservadores de la extrema derecha afirman que ser iguales es que cada uno se las arregle como pueda. Es una propaganda basada en la negación de la historia tal como sucedió. Los esclavos existieron hasta el siglo XIX bajo el imperio de la ley, y los afrodescendientes continúan siendo discriminados en prácticamente todos los países de América y Europa hasta hoy. La conquista colonial existió. El patriarcado y la desigualdad de géneros existieron… y todavía existen. En muchos países las mujeres votan recién desde hace algunas décadas. Y en la mayoría de los países europeos y americanos jamás hubo una presidenta o una primera ministra mujer. El capitalismo, por su parte, tiene mecanismos poderosos para reproducir la desigualdad de clases entre generaciones: a través de la herencia y también de la “herencia de clase”. La mayoría de los hijos de personas pobres son pobres. La movilidad social ascendente está en crisis en la mayoría de los países, y los mecanismos sociales que la hacían posible se están debilitando a un ritmo vertiginoso. Los libertarios conservadores quieren liquidar esos mecanismos, del mismo modo que se proponen atacar las leyes que tienden a asegurar libertades vinculadas a la diversidad y la disidencia. Esto implicará también contrarrestar su ofensiva individualista poniendo en valor la solidaridad, lo común y lo público. Enfrentar políticamente aquel proyecto exige autorreflexión y determinación.

     

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  • Caputo rechaza la presión del PRO para incorporar en Diputados el artículo Galperín

     

    Javier Milei avaló la postura de Luis «Toto» Caputo contra Federico Sturzenegger y aceptó que se quite la habilitación a las billeteras virtuales para efectuar pagos de salarios, contemplada en la versión original del proyecto de reforma laboral que se votó este miércoles en el Senado.

    La modificación que barrió con los intereses de Mercado Libre se introdujo durante las negociaciones entre Patricia Bullrich y Diego Santilli con los senadores aliados y los gobernadores, respectivamente. Pero, además, ese cambio atendió a la bronca de los bancos, que cuando detectaron el capítulo 35 y el beneficio para esas plataformas manifestaron su rechazo.

    Tal como informó LPO, las entidades bancarias le hicieron llegar su reclamo a Bullrich ya durante el debate en la comisión de Trabajo, en diciembre pasado. «Es un artículo con nombre y apellido: Marcos Galperin», decían en la city.

    En ese contexto, el desplazamiento de las billeteras virtuales no es otra cosa que la traducción de la victoria parcial de Caputo contra Galperín. Se trata de una definición de Estado, en el marco de un gobierno que apuesta a una reactivación económica que aún no se concreta y necesita imperiosamente del crédito para dinamizar el mercado.

    Macri manda a hacer lobby por Galperin, tras el acuerdo de Milei con los bancos

    De hecho, los enviados de Galperín habrían abordado a Patricia Bullrich antes del debate en recinto y la jefa de bloque libertario tuvo dos respuestas tajantes. «No vamos a aceptar modificaciones», dijo en primer término. Y luego, acaso para tranquilizar a esos interlocutores, deslizó: «lo vamos a incorporar en la reglamentación».

    El apetito de Mercado Libre por la habilitación para pagar sueldos motivó un comunicado del PRO de Mauricio Macri, quien abandonó este martes por un instante su reposo para ordenar el pronunciamiento a favor de las billeteras virtuales. «Desde el PRO creemos que cada trabajador tiene que poder elegir cómo cobrar su sueldo. No es el Estado el que tiene que decidir eso», expresó el partido amarillo en su texto.

    Marcos Galperin.

    Además, planteó que «el Congreso, por su propia naturaleza, suele ir más lento que la realidad social y tecnológica. Pero cuando finalmente aborda estos temas, no puede hacerlo negando cómo viven, trabajan y cobran hoy millones de argentinos».

    Es cuanto menos curioso que la única crítica que haya tenido el macrismo para una ley de más de 200 artículos haya sido sobre un artículo en particular y que justo exprese el interés de Galperín.

    Desde el PRO creemos que cada trabajador tiene que poder elegir cómo cobrar su sueldo. No es el Estado el que tiene que decidir eso.

    LPO reveló en 2024 que dentro del PRO observaban al empresario como un «presidenciable». Además, Galperín tiene una estrecha vinculación con Macri y fue beneficiado con exenciones impositivas millonarias durante el gobierno de Cambiemos.

    Por eso, no llama la atención que los diputados del PRO, liderados por Cristian Ritondo, hayan anunciado que insistirán cuando la reforma laboral llegue a la Cámara Baja para incorporar la habilitación a las billeteras virtuales como «proveedores de servicios de pago».

    Como sea, fuentes al tanto de la situación comentaron a LPO que Galperín ya habría iniciado los trámites para presentar los papeles y convertir Mercado Pago en un banco, lo mismo que tuvo que hacer en México para participar del negocio del manejo de la masa dineraria de los sueldos.

     

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