EL GRAN OTRO VS EL GRAN VIRUS

El Gran Otro lucha enfervecido contra el Gran Virus. La batalla ha sido declarada. Los protocolos fueron creados para delinear el discurso operativo de ese Gran Otro. Objetivo número uno: acabar de una vez con lo silencioso, invisible y destructor del Gran Virus.

Entre tanto, del otro lado, el Gran Otro del Gran Otro anunciaba que:

«Debemos identificar todas las consecuencias del hecho de que el gran Otro es el campo de los conocimientos supuestos«.

Entonces, el Gran Otro se armó y desarmó con su método al escucharlo. Es así que su carácter inductivo intenta frenar las consecuencias devastadoras del Gran Virus, quien sin mediaciones simbólicas ni rodeos especulativos conquista territorios y cuerpos.

Parece que en el fondo, el Gran Virus se estuviera riendo sarcásticamebte del método de defensa del Gran Otro, o sea, de su defensa como ataque.

¡Control! ¡Control! Suenan las sirenas de la prevención. El Gran Otro respira y espera. Sin embargo, el Gran Virus muta, cambia de rumbo, sortea obstáculos, y se transforma en una poderosa máquina que sabe como invadir hasta los rincones menos pensados…

¡Cuarentena! Salió a gritar desnudo y desaforado el Gran Otro. Lo pudimos escuchar: los infectados, los que estaban cerca, los que estaban lejos, los del costado, y sobre todo, los que estaban siendo aplastados por las contrariedades del Gran Otro del Gran Otro. Sí, ese mismo Gran Otro del Gran Otro que había empezado a cuestionar al Gran Otro.

Todos entramos en confusión mientras nos lavábamos las manos, estornudábamos e intentábamos seguir una orden clara y confiable.

Realmente no sabíamos bien qué hacer, dicho de otra forma, no teníamos ni idea, o sea: si salir de casa, comprar comida para todo el año, comprar dólar turista, invertir en alcohol en gel y papel higiénico para veinte años. No, no, la verdad es que no lo sabíamos…

El Gran Virus empezó a meterse en la mente del Gran Otro y de nosotros, algunos se salvaron, otros no tanto.

El Gran Otro estaba confundido, parecía infectado y tenía una extraña tos. Además, no cerraba escuelas pero sí espectáculos. Declaraba la emergencia sanitaria y no tocarse la cara mientras se rascaba con inquietud su Gran Entre Ceja y Ceja.

La intuición se apoderó del Gran Otro del Gran Otro, y supo al instante que el orden era un caos encubierto por la agencia de inteligencia del Gran Virus.

Mientras tanto, el Gran Otro, cansado de oír las aseveraciones del Gran del Otro del Gran Otro, y ante su ineficacia hacia el Gran Virus se encerró en la heladera de su tía Eulogia Inoperante.

La población mundial empezó a girar en círculos. Todos se dieron cuenta de que el aislamiento del Gran Otro era el mensaje a seguir, a pesar de las negativas del Gran Otro del Gran Otro. Y lo hicimos, pero no en las heladeras. Nos encerramos con llave en nuestros hogares. Fue un éxito, sí, un Gran Gran Éxito…

El Gran Virus pasó de largo, aunque el Gran Otro murió congelado en la casa de su tía Eulogia Inoperante.

Imagen de portada: Pablo Budassi

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