En Argentina dos tercios de los niños y niñas con síndrome de Down no tiene certificado de discapacidad y un 60 % no tiene cobertura médica.
El 21 de marzo es el Día Mundial de las personas con Síndrome de Down y la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA) en conjunto con la Red Argentina de Familias de Personas con Trisomía 21- y Wunderman Thompson Argentina- crearon SINDROME DE NUMEROS, la primera herramienta dinámica de personas con síndrome de Down, que no solo recolecta los datos de esta población, sino que además con estos datos genera estadísticas y reclamos en tiempo real dirigidos a los organismos del Estado para que tomen acción.
El síndrome de Down se reconoce, al menos, desde el siglo V. Sin embargo hasta hoy los números reales de esta población siguen sin conocerse, en el mundo entero. Si el gobierno no registra en sus estadísticas a las personas con síndrome de Down, las está invisibilizando y las excluye de cualquier política.
Desde diciembre se están recopilando datos y ya se pueden establecer métricas para entender qué medidas tomar. El 21 de marzo, Día Mundial de las personas con síndrome de Down, ASDRA decidió dar a conocer algunos de los datos obtenidos hasta el momento para evidenciar la necesidad de contar con cifras oficiales para el desarrollo de políticas públicas adecuadas. Este relevamiento se realizó como parte de la campaña Síndrome de Números que reclama acerca de la falta de estadísticas oficiales sobre las personas con síndrome de Down.
Hasta el momento participaron más de 4000 personas. 13% de las respuestas son de CABA, 40 % de provincia de Buenos Aires y 47% del resto del país.
Algunas de las cifras recabadas fueron:
66% de las personas con síndrome de Down que no tienen Certificado Único de Discapacidad son niños y niñas.
58% de las personas con síndrome de Down que declaran no tener cobertura médica son niños y niñas.
48% de las personas con síndrome de Down registradas, mayores de 12 años, no ingresaron al Secundario.
17% de las personas con síndrome de Down, de entre 3 y 17 años, ni siquiera ingresaron al Sistema Educativo.
3% de las personas con síndrome de Down alcanzaron un nivel Terciario o Universitario.
66% de las personas con síndrome de Down registradas no cuentan con formación para el empleo.
85% de las personas con síndrome de Down están fuera del mercado laboral.
93% de las personas con síndrome de Down que tuvieron alguna formación laboral no acceden a un trabajo.
0,14% de las personas con síndrome de Down registradas viven solas.
12759 niños y niñas con síndrome de Down siguen sin ser censados desde 2010.
El Síndrome de Números es una problemática que invisibiliza a un grupo específico de la población: las personas con síndrome de Down. Y la única manera de cambiar esta realidad, es con números.
En nuestro país, no existen datos oficiales actualizados sobre esta población. Y sin datos, el Estado no tiene información para tomar medidas que las reconozcan, ni crear políticas públicas que garanticen sus derechos, como lo exige la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Si el censo 2022 no los reconoce, el Estado tampoco.
El objetivo de ASRA es desarrollar estadísticas y visibilizar las problemáticas que atraviesa esta población, para generar demandas en tiempo real dirigidas a los organismos responsables de resolverlas. También promueven el cumplimiento de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificada por la Argentina en 2008.
“Durante el año pasado comenzamos a pedir a la Agencia Nacional de Discapacidad estadísticas oficiales sobre las personas con síndrome de Down y luego al INDEC la inclusión de la pregunta por esta condición en el Censo. Además, lanzamos nuestra campaña Síndrome de Números para visibilizar el pedido y comenzamos a recabar nuestros propios datos. Sabemos que nuestra muestra es útil pero que necesitamos de estadísticas oficiales con la representación y alcance adecuados. Por eso, continuamos con nuestro reclamo y además, solicitamos a la gente que se sume a la campaña para que logremos hacer mucho ruido” afirmó Alejandro Cytrynbaum, presidente de ASDRA y referente de la Red Argentina de Familias de Personas con Trisomía 21.
Cómo sumarte!
Si tenés síndrome de Down o conocés a alguien con esta condición, ingresá en este link.
Respondé las preguntas desde nuestro chatbot de WhatsApp. Sumando estos datos nos ayudás a crear la primera base de datos sobre esta población.
¡Y listo! Con tu aporte podemos lograr que las personas con síndrome de Down dejen de tener Síndrome de Números.
Y ahora, la ciencia dictamina el veredicto final. Y si antes lxs sospechxs eran: los plebeyos o legos, damas o caballeros, proletarios o burgueses; sacerdotes, obejas y herejes; vagos, sabiondos y delincuentes; aristócratas, oligarcas y demócratas; amos, esclavos y esclavos de esclavos; capitalistas o comunistas; de alguna «raza» de los cánones oficiales o de algún…
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La historia suele recordar un único Cruce de los Andes, pero… ¿fue uno solo en realidad?
Por Alcides Blanco para NLI
Cuando se menciona a José de San Martín y la Cordillera de los Andes, casi todos imaginamos la misma escena: el general al frente del Ejército de los Andes, las columnas de soldados avanzando entre montañas, las mulas cargadas con armas y provisiones, el frío extremo, los pasos a miles de metros de altura y, finalmente, el descenso hacia Chile que desembocaría en la batalla de Chacabuco. Esa imagen corresponde a uno de los acontecimientos militares más extraordinarios de la historia americana, pero contiene una pequeña trampa: San Martín no cruzó los Andes una sola vez.
Tampoco lo hizo solamente dos o tres veces. La cifra que aparece en distintas investigaciones y reconstrucciones históricas es mucho más sorprendente: San Martín cruzó la Cordillera de los Andes ocho veces. El propio Ministerio de Defensa argentino ha señalado esa cantidad al recordar que el Libertador atravesó la cordillera en distintas oportunidades, incluso durante sus últimos años de actividad americana.
La pregunta, entonces, deja de ser una simple curiosidad. Porque si fueron ocho los cruces, inmediatamente aparece otra: ¿por qué un hombre que había realizado una de las operaciones militares más difíciles del continente necesitó volver una y otra vez sobre esas mismas montañas?
La respuesta obliga a abandonar la fotografía congelada del 17 de enero de 1817 y mirar el proceso completo de la campaña sanmartiniana. El famoso Cruce de los Andes no fue un acontecimiento aislado, sino una parte de un proyecto político y militar que comenzó en Mendoza, continuó en Chile, avanzó hacia Perú y obligó a San Martín a moverse repetidamente entre ambos lados de la cordillera.
El cruce que todos conocemos fue apenas el comienzo
El primer gran cruce ocurrió en enero de 1817, cuando el Ejército de los Andes comenzó a atravesar la cordillera para liberar Chile. Pero incluso este episodio que solemos imaginar como una única marcha fue, en realidad, una operación extraordinariamente compleja: las tropas no atravesaron los Andes por un solo lugar ni en una sola columna. Seis columnas avanzaron por distintos pasos, con las dos principales desplazándose por Los Patos y Uspallata y otras cuatro efectuando movimientos destinados a dividir la atención de las fuerzas realistas.
La dimensión de aquella operación resulta difícil de imaginar desde el presente. Más de 5.000 hombres, miles de mulas y caballos, artillería, alimentos, municiones, médicos y elementos de campaña debieron ser trasladados por una cordillera que no ofrecía las comodidades de una ruta moderna. El objetivo no consistía solamente en llegar al otro lado: había que hacerlo manteniendo la capacidad de combate de un ejército entero y, al mismo tiempo, procurando que el enemigo no pudiera determinar con precisión dónde se produciría el ataque principal.
San Martín llegó a las altas cumbres el 5 de febrero de 1817, según la cronología del Instituto Nacional Sanmartiniano, y pocos días después el Ejército de los Andes terminó de reunirse en territorio chileno. El 12 de febrero llegó la victoria de Chacabuco y la entrada en Santiago.
Hasta ahí, la historia que conocemos.
Lo que suele desaparecer de los relatos escolares es lo que ocurrió inmediatamente después.
Porque San Martín no se quedó tranquilamente en Chile esperando que los acontecimientos siguieran su curso. La guerra continuaba, los recursos debían conseguirse y el proyecto de avanzar hacia Perú necesitaba apoyo político y económico.
Y para eso volvió a cruzar la cordillera.
De Chile a Mendoza y otra vez hacia Chile
Poco después de Chacabuco, San Martín emprendió el regreso hacia Mendoza. La cronología oficial registra que el 11 de marzo de 1817 inició su viaje hacia Buenos Aires por el camino de Chacabuco y que el 18 de marzo partió de Mendoza rumbo a la capital. Su objetivo era obtener recursos y apoyo para continuar la campaña.
Pero la situación en Chile volvió a requerir su presencia y San Martín regresó. El 18 de abril de 1817 emprendió nuevamente el camino hacia Chile y llegó a Santiago el 11 de mayo. En otras palabras, el hombre que acababa de realizar el célebre cruce no había terminado su relación con la cordillera: la atravesó nuevamente en sentido contrario y volvió a hacerlo poco después en dirección oeste.
Esto modifica bastante la imagen tradicional.
El Cruce de los Andes no fue una especie de viaje heroico que San Martín realizó una vez para entrar en la historia. Fue, en cambio, una ruta que debió recorrer repetidamente porque su proyecto político y militar todavía estaba en construcción.
La cordillera no era solamente el obstáculo que había que vencer. Se convirtió en el espacio geográfico que San Martín debía atravesar cada vez que las necesidades de la campaña lo obligaban a desplazarse entre Mendoza y Chile.
Y todavía faltaban varios cruces.
La cordillera como camino de una guerra continental
Después de la victoria de Maipú, en abril de 1818, San Martín concentró sus esfuerzos en la expedición al Perú. Allí aparece otro aspecto fundamental: su proyecto nunca terminó en Chile. La independencia de ese territorio era una etapa necesaria para poder atacar el principal centro del poder español en Sudamérica.
La expedición libertadora finalmente partió desde Valparaíso en agosto de 1820 y desembarcó en la costa peruana. San Martín ya no necesitaba cruzar los Andes para continuar hacia Perú porque la campaña se desarrollaría por vía marítima. Sin embargo, la cordillera seguía formando parte de su itinerario político y militar, porque Chile y Mendoza continuaban siendo puntos esenciales de su red de apoyos, recursos y comunicaciones.
Por eso la cifra de ocho no debe interpretarse como si San Martín hubiera realizado ocho veces la misma travesía militar de 1817, con miles de soldados detrás suyo. No fueron ocho Cruces de los Andes iguales al gran cruce del Ejército de los Andes. Algunos fueron desplazamientos personales, otros estuvieron relacionados con las necesidades de la campaña y otros se produjeron en circunstancias políticas completamente diferentes.
Esta distinción es importante porque evita convertir una cifra sorprendente en una exageración.
La magnitud del primer cruce fue extraordinaria por sí misma. Lo verdaderamente sorprendente de las ocho veces es otra cosa: San Martín convirtió la cordillera en una ruta recurrente de su proyecto libertador durante varios años.
El cruce más inesperado ocurrió cuando ya se retiraba
Quizás el más llamativo de todos los cruces sea el que realizó en 1823.
Después de la entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar y de su renuncia al Protectorado del Perú, San Martín regresó a Chile. Ya no era el general que en 1817 había llegado al otro lado de los Andes al frente de un ejército victorioso. Su ciclo político en Perú había terminado y el protagonismo de la fase final de la guerra quedaría en manos de Bolívar y sus fuerzas.
El 26 de enero de 1823, San Martín abandonó Santiago para cruzar nuevamente la cordillera. El 4 de febrero llegó a Mendoza. La cronología del Instituto Nacional Sanmartiniano registra incluso el encuentro que mantuvo en esos días con Manuel de Olazábal y su permanencia posterior en Los Barriales.
Ese viaje tiene una carga simbólica extraordinaria.
En 1817 había atravesado las montañas para iniciar una de las campañas militares más audaces de la historia americana.
En 1823 las atravesaba para regresar después de haber abandonado el escenario peruano.
Entre ambos momentos habían pasado seis años, durante los cuales había contribuido decisivamente a la independencia de Chile y Perú. Había comandado ejércitos, organizado una expedición naval, entrado en Lima, proclamado la independencia peruana y enfrentado uno de los dilemas políticos más complejos de la emancipación sudamericana.
La cordillera que en 1817 había representado el comienzo de su gran proyecto continental era ahora parte del camino de regreso.
Pero todavía quedaba una última sorpresa.
¿Y cuál fue el octavo?
La respuesta suele generar confusión porque la cifra de ocho no corresponde a ocho campañas militares de la magnitud de 1817. Las reconstrucciones históricas contabilizan los distintos desplazamientos de San Martín a través de la cordillera durante los años de su actividad americana, incluyendo sus idas y vueltas entre Chile y Mendoza. Una reconstrucción publicada por La Nueva Provincia sostiene que fueron ocho cruces entre 1817 y 1824, mientras otras fuentes históricas ubican la secuencia de viajes en ese mismo marco temporal.
El último tuvo una particularidad que parece casi escrita para cerrar una película.
En 1824, después de la muerte de Remedios de Escalada y decidido a abandonar definitivamente el escenario rioplatense, San Martín emprendió su viaje hacia Europa. Antes de hacerlo, volvió a atravesar los Andes. Según testimonios recogidos por historiadores sanmartinianos, aquel octavo cruce ya no tuvo el carácter de una campaña militar: San Martín viajaba como un hombre que había decidido apartarse de la vida pública, acompañado por un pequeño grupo y sin el despliegue de sus años de gloria.
La imagen es poderosa precisamente por su contraste.
El hombre que en 1817 había encabezado un ejército de miles de hombres, con artillería, caballería, infantería y una compleja estructura logística, regresaba años después a través de las mismas montañas en circunstancias completamente diferentes.
Ya no llevaba un ejército detrás.
Llevaba consigo una etapa de su vida que estaba llegando a su fin.
Y esa diferencia permite entender por qué la pregunta sobre cuántas veces cruzó los Andes tiene un valor histórico que va mucho más allá del número.
Ocho cruces y dos San Martín diferentes
El primer San Martín que atraviesa los Andes es el comandante que ha construido cuidadosamente un ejército en Mendoza y que está dispuesto a desafiar la geografía para modificar el curso de una guerra. Es el hombre del plan continental, de la sorpresa estratégica, de Chacabuco y, posteriormente, de Maipú.
El último San Martín que atraviesa la cordillera es otro.
No porque haya cambiado sus ideales, sino porque había cambiado su lugar en la historia.
Entre ambos viajes está toda su trayectoria americana: la independencia de Chile, la campaña del Perú, la proclamación de su independencia, el Protectorado, Guayaquil, su renuncia, el regreso a Mendoza y la decisión de abandonar el continente.
Por eso la respuesta que parece una simple curiosidad —ocho veces— termina contando una historia mucho más grande.
La primera vez, San Martín cruzó los Andes para abrir una nueva etapa de la independencia.
La última, para cerrar la suya.
Y entre una y otra se encuentra el recorrido de un hombre que convirtió una cordillera considerada casi infranqueable en una vía de comunicación fundamental para un proyecto político que no pensaba la independencia de Argentina, Chile y Perú como acontecimientos aislados, sino como partes de una misma lucha continental.
Quizás por eso resulte tan extraño que la memoria colectiva haya conservado solamente “el Cruce de los Andes”, como si hubiera sido un acontecimiento único, encerrado entre enero y febrero de 1817.
En realidad, San Martín volvió una y otra vez a esas montañas.
Las cruzó cuando era gobernador de Cuyo, cuando comandaba un ejército, cuando necesitaba recursos, cuando regresaba de Chile, cuando avanzaba su proyecto continental y cuando finalmente comenzaba a retirarse de la política.
Ocho veces.
Y la última no tuvo detrás un ejército ni una batalla.
Tuvo algo mucho más silencioso: un hombre que después de haber atravesado los Andes para liberar un continente, volvió a cruzarlos para despedirse de la tierra donde había construido su mayor obra.
Esa es la parte de la historia que suele quedar escondida detrás de la imagen del caballo, las montañas y las banderas.
Sergio Massa reapareció en la ciudad de Rosario para respaldar la candidatura a gobernador de Diego Giuliano quien presentó su libro «La Santa Fe que viene» ante el centro de convenciones del hotel Ariston colmado y con la presencia de casi todas las tribus del peronismo provincial.
«Lo primero que tenemos que hacer los peronistas es convencernos de que queremos ganar la provincia», dijo a LPO uno de los dirigentes que trabaja en el armado de la candidatura de Giuliano.
Massa se sentó en la primera fila como uno más y evitó asumir un papel protagónico, pero su presencia fue determinante para garantizar la convocatoria. «Massa convocó a todo el peronismo y movilizó a todos los sectores», explicó a LPO un referente del kirchnerismo que participó del encuentro.
Del acto participaron varios dirigentes que asoman como posibles candidatos a gobernador por el peronismo, desde Marcelo Lewandowski, Germán Martínez y el propio Giuliano. A esa lista se suma el empresario del biodiésel Federico Pucciarello, impulsado por un sector de los senadores provinciales del PJ. El otro nombre es el del ex gobernador Omar Perotti pero no envió representante y fue el único sector ausente.
Diego Giuliano
Una de las presencias que más sorprendió fue la del intendente socialista de Villa Gobernador Gálvez, Alberto Ricci. El dirigente explicó a LPO que fue invitado personalmente por Giuliano y que comparte su reclamo para «sacar a los municipios del cautiverio» del poder provincial como dijo el ex ministro de Transporte.
«Somos rehenes del poder central de Santa Fe», sostuvo Ricci, que atraviesa su tercer mandato al frente de Villa Gobernador Gálvez. También participó el concejal del espacio de Carlos del Frade, Leo Caruana, y el ex socialista Rubén Giustiniani.
Durante su discurso, Giuliano advirtió que «hay riesgos de perder la cultura cívica en Santa Fe» por las reformas impulsadas por Maximiliano Pullaro, a quien acusó de concentrar «el poder en un solo puño». «La Constitución ya se reformó. Ahora viene una discusión todavía más importante: qué provincia queremos construir», afirmó.
El acto permitió que muchos dirigentes que estaban distanciados volvieran a verse las caras después de mucho tiempo. Desde los senadores peronistas comandados por Armando Traferri, a la Cámpora, Marcelo Lewandowski, Miguel Rabbia, Juan Monteverde y referentes de Ciudad Futura.
Alberto Ricci, intendente de Villa Gobernador Gálvez. Un socialista en medio de las tribus del peronismo de Santa Fe
También estuvieron el presidente del bloque peronista en Diputados, Germán Martínez; desde la ciudad de Santa Fe, Cachi Martínez y Silvina Frana, el intendente de Reconquista, Enrique Vallejos.
El único sector que pegó el faltazo fue el del ex gobernador Omar Perotti. El que asistió fue el senador provincial Alcides Calvo que es de Rafaela pero está distanciado de Perotti y se ocupó de aclarar que no fue en representación del perottismo.
Por el lado del gremialismo, participó la UOCRA, Correos, Luz y Fuerza, Municipales, La Bancaria y el sindicato de Dragado y Balizamiento, entre otros.
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