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SÍNDROME DEL DÍA A DÍA

Hubo rollo por el cambio de sentido de un par de calles en Villa Regina. La historia de Regina cuenta que cada gestión mete un cambio de sentido de calles. Es como una obligación hacerlo. Asumís como intendente, decís que te encontraste con desidia, que la muni va a pérdida, que la herencia pesada, que el contexto nacional no acompaña, la guerra en Ucrania, la inflación y ¡pum! cambiás el sentido de una calle.

Digamos también que es bastante psiclotímico el ordenamiento, las calles tienen un sentido hasta una intersección y después se convierten en doble mano, calles paralelas y consecutivas con el mismo sentido. Acompañado de la falta o abandono de los nomencladores, convierten el manejar en Regina en una especie de combo sorpresa.

No son funcionales para vehículos y menos para peatones o ciclistas. Culturalmente se piensa estas cuestiones desde arriba de la camioneta. El peatón no existe, y sino pensemos en las veredas de nuestra ciudad. Encontrar una en buen estado es como encontrar un oasis en el desierto.

Galpones que quedaron emplazados en medio de la ciudad donde entran y salen camiones que ya no deberían circular por el ejido urbano. Arterias que ya no se bancan el trajin que demanda el sector productivo.

Volvemos a mencionar incansablemente que tenemos un problema de centralidad enorme siendo todavía una ciudad pequeña y no se piensa en solucionarlo a tiempo con una planificación estratégica concreta.

Seguimos saraseando con el proyecto Barda Norte y seguimos comiendo tierra (im)productiva y la posta es crecer hacia el este-oeste y hermanarse con las ciudades vecinas, hacer un corredor unificado y potenciarnos. Por ahora nada de eso.

Qué falta? Un plan con una mirada macro, abarcativa, funcional y concreta que ordene la ciudad y además la descentralice. Existe tal plan? Qué plan? Ja. El No plan. Por ejemplo, en este caso particular de cambio de sentido de calles, no se comunicaron con COPLADE. Es necesario? Si, es un órgano consultivo del concejo deliberante. Que además debe contar, casi por obligación, con una mirada macro de los problemas.

Suelen poner el ojo en pequeñeces que mejoran o complican a pocos. Quizás esté a su alcance solucionar el día a día y no más, de aquí el concepto de «Síndrome del día a día». Habría que pensar en sortear ese mal como objetivo principal y dar con tiempo para soluciones globales, que a la larga brinden soluciones de fondo. Mientras tanto, puro vaivén.

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