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Se realizó la primera entrega de certificados del curso de embalador

El Intendente Marcelo Orazi encabezó el acto de entrega de los certificados a quienes realizaron en diciembre pasado el curso de embalado de frutas organizado por la Oficina de Empleo de la Municipalidad.

En la oportunidad recibieron los mismos la primera tanda de un total de 123 personas que asistieron a la actividad. La segunda entrega se realizará mañana viernes a las 19 horas en el Minianfiteatro.

En la oportunidad, el titular de la Oficina de Empleo Darío Centeno manifestó que “desde este lugar siempre buscamos herramientas y alternativas que los pueda ayudar a conseguir trabajo. Les agradezco por su participación en el curso. Estoy contento porque hay vecinos que no están acá porque ya están trabajando en plantas de empaque”.

Por su parte el Intendente Orazi señaló que “es agradable estar en este tipo de actos porque significa otorgar herramientas que los acerque al mercado laboral que ofrece nuestra región en uno de los eslabones de la actividad frutícola”.

“Como dijo Darío me alegro que falte gente porque está trabajando. El Municipio, a través de la Oficina de Empleo, toma un rol presente pero fundamentalmente activo en la temática laboral, tan sensible e indispensable para todos. Lo hacemos no sólo a través de estas capacitaciones, sino también siendo intermediarios entre empresas y comercios reginenses que buscan y necesitan mano de obra local”, precisó Orazi.

“También lo hacemos cubriendo una franja que muchas veces queda al margen del mercado laboral, que son nuestros jóvenes a través del programa Empleo Joven. Son en definitiva no sólo decisiones sino hechos concretos en los que como Municipio intervenimos en el mercado laboral”, dijo el jefe comunal quien también felicitó a los asistentes por haber finalizado la capacitación.

Luego se procedió a la entrega de los certificados a cargo del Intendente Orazi y del titular de la Oficina de Empleo. Estuvieron además los Secretarios de Gobierno, Guillermo Carricavur; de Obras y Servicios Francisco Lucero y de Desarrollo Social Luisa Ibarra; la Directora de Recursos Humanos Celia Riffo y el capacitador Víctor Alvarado.

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    Los Neuss avanzan sobre la red eléctrica: una resolución oficial vuelve a exponer a los empresarios favorecidos por las privatizaciones de Milei

     

    Una resolución publicada este lunes en el Boletín Oficial dejó plasmado en un documento del Estado el nombre de uno de los grupos empresarios que más creció al calor de las privatizaciones y desregulaciones impulsadas por Milei. La familia Neuss aparece vinculada a la operación para quedarse con el control de Transener, la principal transportadora de energía eléctrica de la Argentina.

    Por Roque Pérez para NLI

    Mientras el Gobierno insiste en que el mercado debe reemplazar al Estado en áreas estratégicas, una nueva resolución oficial volvió a poner bajo la lupa a uno de los grupos empresarios que más se expandieron desde la llegada de Milei a la Casa Rosada. Se trata de la familia Neuss, un poderoso conglomerado económico que ya consolidó posiciones en el negocio energético y ahora avanza sobre uno de los activos más sensibles del sistema eléctrico nacional.

    La resolución difundida este lunes por el ente regulador del sector energético analiza la transferencia accionaria vinculada a CITELEC, la sociedad que controla Transener y Transba. Aunque el trámite tiene apariencia técnica, su importancia política es enorme: Transener administra la red troncal de alta tensión por donde circula gran parte de la electricidad que consumen hogares, industrias y comercios en todo el país.

    El documento oficial identifica entre los interesados en la operación a Edison Transmisión, una firma perteneciente a Edison Holding. Dentro de esa estructura empresaria aparece Juan Jorge Neuss, integrante de una familia que en los últimos años multiplicó su presencia en sectores considerados estratégicos para la economía argentina.

    Los nuevos ganadores del modelo libertario

    La irrupción de los Neuss en el centro de los negocios energéticos no es un fenómeno aislado. Desde la asunción de Milei, distintos procesos de venta, concesión y reorganización de activos públicos fueron configurando un escenario en el que un reducido grupo de empresarios comenzó a concentrar posiciones de enorme relevancia económica.

    La familia Neuss pasó de ser un actor importante dentro del mundo empresarial argentino a convertirse en protagonista de operaciones vinculadas con generación, distribución y transporte de energía. El avance sobre la estructura de control de Transener representa un nuevo salto en esa expansión.

    Para la oposición, el proceso refleja una contradicción cada vez más evidente del discurso oficial. Mientras se habla de competencia y libre mercado, los activos estratégicos del Estado terminan concentrándose en manos de grupos con acceso privilegiado a los círculos de poder y capacidad financiera para participar de operaciones multimillonarias.

    Una empresa clave para la soberanía energética

    La importancia de Transener excede largamente cualquier análisis financiero. La compañía opera más de 15.000 kilómetros de líneas de alta tensión y constituye una pieza central del sistema eléctrico nacional. Cualquier modificación en su estructura de control tiene consecuencias directas sobre la planificación energética, las inversiones futuras y el funcionamiento de la red.

    Por eso, la posibilidad de que el grupo de los Neuss termine consolidando una posición dominante en este segmento despierta interrogantes políticos que van mucho más allá de una simple compra empresaria.

    La discusión también reabre un viejo debate argentino: si la infraestructura estratégica debe permanecer bajo control público o quedar sometida a la lógica de grupos privados cuyo objetivo principal es la rentabilidad.

    El sello de una época

    La resolución publicada hoy no adjudica formalmente la operación, pero sí constituye un paso fundamental dentro del procedimiento regulatorio necesario para concretarla. Y deja algo políticamente significativo: el propio Estado reconoce en documentos oficiales la participación de los Neuss en una de las principales disputas empresariales derivadas del proceso de privatización impulsado por Milei.

    A medida que avanzan las ventas de activos públicos, los nombres de los potenciales beneficiarios comienzan a repetirse. En energía, infraestructura y servicios estratégicos aparecen cada vez con más frecuencia los mismos grupos económicos.

    La pregunta que empieza a instalarse en distintos sectores políticos es si la Argentina está asistiendo a una verdadera apertura competitiva o a una nueva etapa de concentración económica donde un puñado de empresarios cercanos al poder termina quedándose con áreas decisivas del patrimonio nacional.

     

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    Adamovsky y el Nobel que no vio

     

    Los tiempos de la política, los tiempos de la ciencia y la historia larga de tres Premios Nobel argentinos.

    Por Roque Pérez y Tomás Palazzo para NLI

    Existe una diferencia fundamental entre la historia política y la historia de la ciencia que, con frecuencia, pasa inadvertida incluso en trabajos escritos por historiadores. Mientras la primera suele organizarse en torno a gobiernos, rupturas institucionales o modelos económicos relativamente breves, la segunda se desarrolla según una temporalidad mucho más extensa, en la que la formación de investigadores, la consolidación de escuelas científicas y la maduración de los descubrimientos requieren décadas. Cuando ambas cronologías se superponen sin los recaudos metodológicos necesarios, el resultado suele ser una simplificación que, aunque útil desde el punto de vista narrativo, termina desdibujando la complejidad del proceso histórico.

    El artículo «¿Cómo era Argentina antes de la devastación?», publicado por Ezequiel Adamovsky en elDiarioAR, constituye un excelente ejemplo de esa tensión. Su objetivo central no consiste en escribir una historia de la ciencia argentina, sino en cuestionar la idea —muy difundida en ciertos discursos políticos y mediáticos— de que el país arrastraba una decadencia estructural desde mediados del siglo XX. Para ello, Adamovsky contrapone una serie de indicadores económicos, sociales e institucionales que describen a la Argentina previa al golpe de 1976 como una sociedad con altos niveles de industrialización, distribución del ingreso, movilidad social y desarrollo científico.

    Dentro de esa enumeración aparecen dos referencias particularmente significativas: los Premios Nobel obtenidos por Bernardo Houssay en 1947 y Luis Federico Leloir en 1970. La intención del autor es evidente. Ambos galardones funcionan como indicadores simbólicos de un país que había logrado insertarse en la elite científica internacional antes del ciclo económico inaugurado por la dictadura de 1976. Sin embargo, precisamente porque se trata de símbolos tan potentes, merecen un análisis mucho más cuidadoso que el que permite una simple referencia cronológica.

    La hipótesis de este ensayo es que la utilización de los Premios Nobel como evidencia de un determinado ciclo político presenta una limitación historiográfica importante, porque desconoce el carácter acumulativo, institucional y transgeneracional del desarrollo científico. Paradójicamente, el caso que Adamovsky omite —el de César Milstein— no debilita su argumento general, sino que lo fortalece, ya que pone de manifiesto con mayor claridad la profundidad histórica de las capacidades científicas construidas por la Argentina durante gran parte del siglo XX.

    La ciencia no tiene el tiempo de los gobiernos

    Uno de los problemas más frecuentes en la historia de la ciencia consiste en atribuir los grandes descubrimientos a los gobiernos bajo los cuales fueron anunciados o premiados. Esa tentación responde a una lógica comprensible: los procesos políticos suelen organizarse en períodos relativamente claros —presidencias, dictaduras, restauraciones democráticas— mientras que la producción científica carece de esos cortes nítidos. Sin embargo, esa diferencia temporal obliga precisamente a evitar asociaciones demasiado lineales.

    Un Premio Nobel rara vez reconoce un descubrimiento reciente. La Academia Sueca suele esperar muchos años antes de otorgarlo, tanto para verificar la trascendencia del hallazgo como para confirmar experimentalmente sus resultados. En consecuencia, el año del premio constituye apenas el último eslabón de una cadena que comenzó mucho antes. Detrás de cada Nobel existe una historia compuesta por escuelas científicas, maestros, discípulos, instituciones universitarias, organismos de financiamiento, bibliotecas, laboratorios y redes internacionales de cooperación que se desarrollan durante décadas.

    La historia científica argentina confirma plenamente esa lógica. Ninguno de sus tres Premios Nobel puede comprenderse observando únicamente el contexto político en que fue entregado. Cada uno representa la culminación de procesos iniciados mucho tiempo antes y sostenidos por una combinación variable de inversión estatal, aportes privados y vínculos internacionales. Pensarlos exclusivamente como productos del año 1947, 1970 o 1984 implica reducir trayectorias científicas extraordinariamente complejas a una simple coincidencia cronológica.

    La ciencia tiene una temporalidad propia. Mientras la historia política se mide en gobiernos y la historia económica en ciclos, la historia de la ciencia se mide en generaciones.

    Bernardo Houssay y la construcción de una escuela científica

    El caso de Bernardo Houssay resulta particularmente ilustrativo. Cuando recibió el Premio Nobel de Medicina en 1947, ya era uno de los fisiólogos más prestigiosos del mundo. Había comenzado más de treinta años antes, cuando la Universidad de Buenos Aires atravesaba un profundo proceso de modernización inspirado en los grandes centros europeos.

    Toda la formación de Houssay transcurrió en instituciones públicas argentinas. Estudió Farmacia y Medicina en la Universidad de Buenos Aires, desarrolló allí su carrera docente y convirtió el Instituto de Fisiología en uno de los principales centros de investigación biomédica del continente. Fue precisamente en ese instituto donde se realizaron los trabajos fundamentales sobre la función de la hipófisis en el metabolismo de los hidratos de carbono, investigaciones que décadas más tarde serían reconocidas con el Nobel.

    Este dato posee una enorme importancia historiográfica. Si el premio fue anunciado en 1947, la mayor parte del trabajo científico que lo hizo posible ya estaba realizado mucho antes. Ello no significa desconocer el papel desempeñado posteriormente por el Instituto de Biología y Medicina Experimental, sostenido gracias a aportes privados y fundaciones internacionales luego del desplazamiento de Houssay de la Universidad producto del Golpe del 43. Significa, simplemente, reconocer que el Nobel no puede atribuirse linealmente a un determinado contexto político porque constituye el resultado acumulado de un sistema universitario construido durante varias décadas.

    En realidad, Houssay representa algo más importante que un investigador brillante: representa la consolidación de una escuela científica nacional capaz de formar discípulos que continuarían expandiendo su legado durante medio siglo.

    Leloir y el equilibrio entre Estado, filantropía y comunidad científica

    La trayectoria de Luis Federico Leloir permite observar otro aspecto esencial del desarrollo científico argentino: la imposibilidad de explicar sus mayores logros mediante una oposición simplista entre Estado y sector privado.

    Al igual que Houssay, Leloir recibió toda su formación en instituciones públicas. Se graduó como médico en la Universidad de Buenos Aires y realizó su aprendizaje científico bajo la dirección del propio Houssay. Sin embargo, las investigaciones que culminaron con el Nobel de Química en 1970 fueron desarrolladas principalmente en el Instituto Campomar, una institución financiada inicialmente por la familia Campomar pero integrada por investigadores provenientes de la universidad pública y posteriormente vinculada al CONICET.

    Este modelo constituye probablemente una de las experiencias más originales de la ciencia argentina del siglo XX. El éxito del Instituto Campomar no derivó exclusivamente del financiamiento privado ni exclusivamente del apoyo estatal. Fue posible gracias a la convergencia entre ambos, complementada por una intensa circulación internacional de investigadores, becas y conocimientos.

    La experiencia de Leloir demuestra, por lo tanto, que la excelencia científica argentina surgió de un ecosistema institucional mucho más complejo que las dicotomías habituales entre Estado y mercado. Reducir su Nobel a cualquiera de esos factores supone empobrecer una historia que, precisamente, se caracterizó por la cooperación entre diferentes formas de financiamiento.

    El Nobel que completa la historia

    Es en este punto donde la ausencia de César Milstein adquiere una relevancia historiográfica inesperada.

    Milstein recibió el Premio Nobel de Medicina en 1984 por el desarrollo de la técnica de los anticuerpos monoclonales. A primera vista, podría parecer que este galardón pertenece a una etapa completamente distinta de la historia argentina. Sin embargo, un examen más detenido revela exactamente lo contrario.

    Toda la formación de Milstein fue argentina y pública. Estudió en la Universidad Nacional del Sur, obtuvo su doctorado en la Universidad de Buenos Aires y desarrolló sus primeras investigaciones en el Instituto Malbrán. Incluso su perfeccionamiento en Cambridge fue posible gracias a una beca obtenida cuando ya era un investigador formado dentro del sistema científico nacional.

    El descubrimiento premiado se produjo en Gran Bretaña y fue financiado por el Medical Research Council, organismo público británico. Sin embargo, el investigador que realizó ese descubrimiento era producto directo de la tradición científica argentina inaugurada por Houssay y consolidada por instituciones como la Universidad de Buenos Aires y el Malbrán.

    Aquí reside el aspecto más interesante del problema. Milstein no representa una ruptura con la historia científica argentina sino su prolongación. Su trayectoria demuestra que las capacidades construidas durante décadas continuaban produciendo investigadores de excelencia internacional incluso cuando las condiciones institucionales del país ya no permitían retenerlos.

    En otras palabras, el Nobel de 1984 constituye una evidencia particularmente poderosa de la calidad alcanzada por el sistema educativo y científico argentino durante la primera mitad del siglo XX.

    La paradoja de la omisión

    Es precisamente aquí donde el artículo de Adamovsky presenta, a nuestro juicio, su principal limitación metodológica.

    No porque su diagnóstico general sobre la Argentina previa a 1976 resulte equivocado. Muy por el contrario, buena parte de la evidencia económica, social e industrial presentada en su trabajo encuentra respaldo en investigaciones especializadas y forma parte de un debate historiográfico ampliamente documentado.

    La dificultad aparece cuando los Premios Nobel son incorporados como marcadores cronológicos de ese proceso.

    Si el propósito consiste en demostrar la existencia de una comunidad científica vigorosa antes de 1976, entonces Milstein debería ocupar un lugar tan importante como Houssay y Leloir. Su exclusión priva al argumento del ejemplo que mejor ilustra la persistencia histórica de aquellas capacidades institucionales.

    Naturalmente, no corresponde atribuir intenciones al autor. Existen múltiples razones posibles para esa selección, desde limitaciones de espacio hasta una decisión narrativa orientada a privilegiar únicamente los Nobel obtenidos antes del golpe de Estado. Sin embargo, cualquiera haya sido el motivo, la consecuencia historiográfica es la misma: el lector pierde la oportunidad de observar el fenómeno científico en toda su profundidad temporal.

    Paradójicamente, la incorporación de Milstein habría fortalecido la tesis central del artículo. Su historia demuestra que las inversiones realizadas durante décadas en educación pública, investigación universitaria y formación de recursos humanos continuaron produciendo resultados de excelencia incluso cuando esos investigadores debieron desarrollar parte de sus carreras en el exterior.

    Los Premios Nobel no son fotografías de un gobierno; son fósiles de un sistema científico. Cuando aparecen, revelan la existencia de un ecosistema que comenzó a formarse décadas antes. Por eso su verdadero valor histórico no consiste en decirnos cómo era el país el año en que fueron otorgados, sino cómo había sido capaz de pensarse, organizarse y sostenerse durante una generación entera.

    Más allá de los Nobel

    Quizá la enseñanza más importante que ofrecen los tres Premios Nobel argentinos sea que ninguno de ellos puede entenderse aislado de los otros.

    Houssay construyó una escuela.

    Leloir perfeccionó y expandió esa tradición mediante un modelo institucional original que integró universidad pública, filantropía privada y cooperación internacional.

    Milstein proyectó internacionalmente aquella misma tradición cuando las condiciones políticas y científicas argentinas dejaron de ofrecerle un ámbito adecuado para desarrollar su investigación.

    Los tres forman parte de una misma historia.

    Una historia cuyo protagonista principal no es un gobierno determinado ni una coyuntura económica específica, sino la lenta construcción de un sistema científico nacional capaz de producir conocimiento de frontera durante varias generaciones consecutivas.

    Por esa razón, utilizar los Premios Nobel como indicadores directos del éxito de un ciclo político resulta metodológicamente insuficiente. Los Nobel son indicadores de procesos largos, acumulativos y profundamente institucionales. Hablan menos del año en que fueron entregados que de las décadas que los hicieron posibles.

    Conclusión

    La principal virtud del artículo de Adamovsky consiste en cuestionar una narrativa simplificadora sobre la supuesta decadencia inevitable de la Argentina desde mediados del siglo XX. Su reconstrucción del desempeño económico, social e industrial previo a 1976 constituye un aporte valioso para ese debate. Sin embargo, cuando el análisis se desplaza hacia la historia de la ciencia, la utilización de los Premios Nobel como evidencia cronológica revela una limitación conceptual que merece ser señalada.

    La omisión de César Milstein no invalida la tesis del autor, pero sí la vuelve menos completa. Incorporar el Nobel de 1984 obliga a abandonar una lectura basada exclusivamente en la sucesión de gobiernos para adoptar otra, más propia de la historia de la ciencia, fundada en la larga duración de las instituciones, las comunidades académicas y la formación de investigadores.

    Visto desde esa perspectiva, Houssay, Leloir y Milstein dejan de ser tres episodios separados para convertirse en la expresión de un mismo proceso histórico: la construcción de una cultura científica que fue capaz de combinar universidad pública, inversión estatal, iniciativa privada y cooperación internacional hasta producir una de las tradiciones de investigación más prestigiosas de América Latina.

    Esta lectura ofrece además una clave para pensar el presente. Si la historia de Houssay, Leloir y Milstein enseña que los grandes logros científicos son el resultado de políticas sostenidas durante décadas, también obliga a analizar con la misma perspectiva los ciclos más recientes. La expansión del sistema científico experimentada entre 2003 y 2015 —expresada en la jerarquización del Ministerio de Ciencia, el fortalecimiento del CONICET, la repatriación de investigadores mediante el Programa Raíces, la creación de universidades nacionales y el incremento de la inversión pública en infraestructura y recursos humanos— probablemente no pueda evaluarse por los resultados inmediatos que produjo, sino por los que debería haber producido en las décadas siguientes. Del mismo modo, la reducción del financiamiento, la paralización de programas estratégicos, la pérdida de poder adquisitivo de investigadores y becarios y la creciente emigración de recursos humanos altamente calificados difícilmente encuentren su expresión más evidente en el presente. Si la historia de los Premios Nobel argentinos demuestra algo, es que los efectos de las decisiones adoptadas sobre educación superior y ciencia suelen hacerse visibles una generación después.

    La omisión de César Milstein no invalida la tesis del autor, pero sí la vuelve menos completa. Incorporar el Nobel de 1984 obliga a abandonar una lectura basada exclusivamente en la sucesión de gobiernos para adoptar otra, más propia de la historia de la ciencia, fundada en la larga duración de las instituciones, las comunidades académicas y la formación de investigadores. Visto desde esa perspectiva, Houssay, Leloir y Milstein dejan de ser tres episodios separados para convertirse en la expresión de un mismo proceso histórico: la construcción de una cultura científica que fue capaz de combinar universidad pública, inversión estatal, iniciativa privada y cooperación internacional hasta producir una de las tradiciones de investigación más prestigiosas de América Latina. Quizá la mayor paradoja sea que esta misma lógica obliga a mirar con preocupación el futuro. Si las decisiones que hicieron posibles los Nobel comenzaron a rendir frutos treinta o cuarenta años después, también es razonable suponer que las políticas de desinversión científica del presente proyectarán sus consecuencias mucho más allá de los gobiernos que las impulsan. La historia de la ciencia enseña que las capacidades pueden tardar generaciones en construirse y apenas unos pocos años en comenzar a desarticularse, aunque esa pérdida sólo se haga plenamente visible cuando ya resulte extremadamente difícil revertirla.

     

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  • Patricia contra Milei

     

    Patricia Bullrich salió a rechazar las colectoras y complica el acuerdo que necesita la Rosada con los gobernadores para allanar el camino de reelección de Milei. Los últimos préstamos de Toto Caputo con bancos internacionales traen reminiscencias a los primeros casos de sospechas de corrupción del macrismo en la Ciudad. El kirchnerismo comparó a Kicillof con Vandor, en una referencia histórica amenazante. La renuncia del viceministro de Salud arrastra un entramado de proveedores que en el gobierno quieren tapar.

    Ignacio Fidanza: Este miércoles 8 de julio, Patricia Bullrich volvió a diferenciarse de Milei, ahora en un tema muy sensible como la reforma electoral, que incluye la eliminación de las PASO y la habilitación de las colectoras para empujar el voto hacia Milei en la reelección. Javier Laquidara, contanos un poco qué pasó.

    Javier Laquidara: Patricia fue al Senado y, antes de entrar a Labor, dijo que estaba a favor de suspender las PASO -usando el mismo argumento de siempre sobre el gasto-, pero rechazó implementar las colectoras, advirtiendo que eso era deformar el sistema electoral. Es un golpe a la estrategia que vienen hablando en La Rosada con los gobernadores para traccionarle votos a Milei. Lo único que les importa ahora a Karina y a Santilli es traccionarle votos para asegurar la reelección como sea.

    Ignacio Fidanza: Claro, porque fíjate por qué es importante esto. Hay que explicarlo. La propia ley esta es un ejemplo: Milei y Santilli están convocando a los gobernadores a Tucumán -hay trece confirmados- como una puesta en escena de este pacto, de este enjuague que están instrumentando. Los gobernadores le votan la eliminación de las PASO a cambio de que les pongan candidatos «flojos» y ellos puedan reelegir en sus provincias. Todo este acuerdo se destraba porque los gobernadores tienen senadores y diputados que el gobierno necesita para eliminar las PASO. Entonces, ahí surge el dilema: «Está bien, nosotros te damos los votos para esto y te apoyamos en octubre en la reelección, pero queremos poner nuestro candidato a senador y diputado, porque si no perdemos todo poder de negociación». Y Karina dice: «Bueno, pero yo también quiero tener mi candidato a senador y diputado, ¿cómo hacemos?». Ahí dicen: «Ah, había un invento buenísimo del peronismo: la colectora. Reflotémoslo». Y son dos listas colgadas de Milei.

    Javier Laquidara: Bueno, justamente ahora, como empezaron a ver el quilombo que se armó -que lo revelamos nosotros-, en la Rosada algunos dicen: «Che, ojo que por ahí la colectora le conviene a Kicillof también». Como vos decís, el peronismo la inventó. Hay un sector que dice: «No nos conviene porque nos la van a usar en contra». Kicillof puede usarla en todas las provincias también; no tiene los mismos candidatos que tiene el gobierno, pero puede usarla. Yo creo que empezaron a sondear y se dieron cuenta de que con algunos gobernadores les conviene y con otros no.

    Ignacio Fidanza: Eso también es un tema de debate. Si vos sos la candidatura que arrastra, podés decidir a quién le das o no la colectora. Es verdad, eso puede ser parte de la ley. Ahora, Patricia Bullrich, ¿por qué se diferencia? Porque es poco republicano. Hay dos leyes que el peronismo usufructuó muy bien con grandes réditos: las colectoras y la ley de lemas.

    Javier Laquidara: Claro, y los acoples en Tucumán.

    Ignacio Fidanza: Claro, entonces se les cagó de risa Jaldo, a los libertarios de Catalán y a todos los que decían que hay que terminar con los acoples de Tucumán porque el peronismo siempre hace fraude, de alguna manera, a la voluntad popular.

    Javier Laquidara: Y ahora le piden a Jaldo que apoye la colectora.

    Ignacio Fidanza: Claro, él se les caga de risa y dice: «Los acoples están mal y las colectoras también».

    Javier Laquidara: Es más, él tira: «Que me lo explique un libertario». No dice quién, pero es Catalán que recogió el guante y salió a decirle: «No, las colectoras y los acoples están mal».

    Ignacio Fidanza: Ahora, ¿por qué es interesante lo de Patricia? Porque nosotros ya sabíamos, con el caso Adorni, que ella había tomado la decisión de decir: «Yo voy a defender mi base electoral», que es lo que los libertarios llaman «los ñoños republicanos». Bueno, entonces ella tiene esa base, ¿no? Las Cocker.

    Javier Laquidara: Las Mabeles.

    Ignacio Fidanza: Para esa gente, según entiende Patricia, el tema de la corrupción está mal, lo de Adorni estuvo mal, y las chanchadas electorales que hace el peronismo están mal. Y entonces, fíjate cómo acá marca la cancha de nuevo.

    Javier Laquidara: Y ella sacó 24 puntos; salió tercera, pero son 24 puntos. Y ellos mismos te dicen: «Cuando pasa algo así, tenemos que pensar en las Mabeles».

    Ignacio Fidanza: Ya lo dicen así, de frente.

    Javier Laquidara: Es el votante de Macri.

    Ignacio Fidanza: ¿Por qué hace esto? Porque está construyendo capital político propio. Y ella le dijo la semana pasada a uno de sus dos o tres hombres de mayor confianza: «Yo sé que vos militaste muy fuerte para que yo sea candidata a jefa de gobierno y que tenés muchas ganas de que gobernemos la ciudad, pero no va a ser. Yo no quiero gobernar la ciudad». Entonces, ahí te quedan dos caminos: vicepresidencia o presidencia.

    Javier Laquidara: Acordate del laberinto que ella presenta.

    Ignacio Fidanza: Claro, ella presenta ese laberinto de forma insidiosa, y ahí ya quedan dos.

    Javier Laquidara: Quedan dos. Y yo creo que, si no apoya la reforma política en parte, es porque quiere las PASO para tener la amenaza contra Milei y decirle: «Che, yo puedo presentarme si quiero».

    Ignacio Fidanza: Hoy es miércoles 8 de julio y esto es A Sangre Fría.

    Ignacio Fidanza: Estamos acá con Luciana Glezer. Hoy se conoció finalmente la operación de estos préstamos que venían dando vueltas con garantías del Banco Mundial.

    Luciana Glezer: Lo primero que salta a la vista es la falta de transparencia y de completar la letra chica. Pero sería ingenuo de nuestra parte pedir transparencia por parte de la gestión de Toto Caputo.

    Ignacio Fidanza: La falta de transparencia es la manera en que se manejan. Lo que llamaría la atención es que haya transparencia.

    Luciana Glezer: Claro, por eso, exactamente. Iba justamente a ese punto. Pero ¿qué está sucediendo acá? Por un lado, tenemos los avales, las garantías que dan los organismos multilaterales. Estas garantías cubren el 95% del crédito que finalmente sí le dan los bancos comerciales. Estamos hablando del Santander, del BBVA y del Deutsche Bank, canalizados por el Bank of New York Mellon, y el agente local es el Banco Nación.

    Ignacio Fidanza: O sea, para entenderlo fácil: lo que dicen estos bancos es «Vos me traés la garantía del Banco Mundial; si no me pagás, como suele hacer la Argentina, me va a pagar el Banco Mundial».

    Luciana Glezer: Sí, es así con algún matiz, porque hay quien dice: «No, si Argentina llega a incumplir, esas garantías funcionan para que el Banco Mundial presione a la Argentina». Es decir, como que el Banco Mundial nunca termina pagando. Y hay antecedentes claros de otros préstamos garantizados que fracasaron. En el Blindaje, un préstamo garantizado terminó en fracaso. Y previo a desembarcar en el Fondo Monetario Internacional, la misma gestión de Toto Caputo llevó un préstamo garantizado también al default con los bancos.

    Ignacio Fidanza: Pero algo mejor que ir sin eso debe ser, si no, ¿los bancos por qué lo pedirían?

    Luciana Glezer: A ver, hay que pagar mañana, ¿no? Hay que pagar mañana y, según las estimaciones, se necesitan entre 4.400 y 4.800 millones de dólares. Tampoco ahí está preciso el número, porque fíjate vos…

    Ignacio Fidanza: Estamos hablando de cuánto entre estos dos préstamos.

    Luciana Glezer: 3.200 millones. Y esto sí, el número está claro porque fue publicado en el Boletín Oficial: 2.000 van a dar entre el BBVA y el Santander, y 1.200 va a aportar el Deutsche.

    Ignacio Fidanza: Eso entra ahora.

    Luciana Glezer: Esto entró y va a estar para pagar mañana. Ahora bien, cuando vamos a la presentación del programa financiero y las filminas que mostró el equipo de Economía para exponer esta fuente de financiamiento con estos préstamos garantizados, marcaba ahí 4.000 millones de dólares. O sea que ya hay un agujero de 800 millones de dólares que no están.

    Ignacio Fidanza: Ya le prestaron menos de lo que esperaban.

    Luciana Glezer: De lo que esperaba, de lo que figuraba en esa filmina. Que también en esa filmina contabiliza 800 millones de dólares por privatizaciones para este año, más 100 millones más para el año que viene. Pero en la declaración de Toto Caputo -está el video de la conferencia de prensa- Toto Caputo dice otro número: dice entre 500 y 1.000 de acá hasta finalizar el mandato, con lo cual también ahí hay una diferencia. No están muy claros los números, pero sobre todo la tasa y la comisión.

    Ignacio Fidanza: Porque eso me gusta a mí: la comisión. Porque la comisión es un negocio de los macristas de cuello blanco, digamos, ¿no? Históricamente.

    Luciana Glezer: No de tilingos como Adorni.

    Ignacio Fidanza: Nada de pedorrada, de que te mando dólares barrani. Toda esa grasada, no. O sea, estamos hablando de millones de dólares. Me acuerdo, haciendo estos repasos, que, en el primer mandato de Macri como jefe de gobierno, uno de los primeros casos de corrupción fue precisamente cuando emiten los Bonos Tango de la Ciudad y meten una consultora runfla en el medio vinculada a ellos. Nicky Caputo andaba dando vueltas y otros, y las comisiones eran muy altas. Eso generó una causa, generó en ese momento que a la Legislatura porteña le interesara hacer por lo menos que investigaba algo, tuvieron que dar explicaciones… La causa duró varios años.

    Javier Laquidara: Macri estuvo preso seguro.

    Ignacio Fidanza: Como todo, terminó en la nada. Ahora vamos a hablar de los pactos de impunidad, que son una constante. Yo lo que veo es que la justicia argentina funciona por pactos de impunidad.

    Javier Laquidara: Son como acuerdos de la Moncloa.

    Ignacio Fidanza: Sí, exacto. Son distintos pactos de impunidad que duran un período, vencen.

    Javier Laquidara: Hay que renovarlos como el alquiler.

    Ignacio Fidanza: Sí, pero si ya no estás en el poder, no se renueva, vas en cana; y si estás en el poder, se renueva. O si cambió el poder, viene otro y hay pacto de impunidad para el que llegó y para el que se va, no. Entonces te decía, ya desde aquel inicio del protomacrismo, en su primera experiencia de gobierno, estaban con la joda de las comisiones de los bonos.

    Luciana Glezer: Bueno, eso me decía hoy… estuve charlando bastante con un exviceministro de economía al que le tocó cargar con una negociación justamente con estos mismos agentes, y me decía que ahí está la joda. Porque en la medida en la que vos trasladás y transferís la jurisdicción a Nueva York, ya esto implica un despliegue burocrático, una cantidad de agentes, consultoras, estudios jurídicos y subsidiarias de distintos tipos que cobran…

    Ignacio Fidanza: 5000 dólares por hora, es un taxi caro.

    Luciana Glezer: Exactamente. Entonces, esa tasa que nos presentan, que entre los dos avales está en la zona del 7%, hay que sumarle todo esto. Digo, la tasa efectiva termina estando muy por encima. Y estamos hablando de préstamos que están garantizados a esa tasa, con lo cual ahí sí tenemos alguna perspectiva de cuánto está pidiendo Wall Street. Y Wall Street evidentemente está pidiendo mucho más allá de los dos dígitos. Y sobre todo si vemos las tasas de los Treasury, el bono más seguro del mundo, que hoy superó el 5%. Digo, un bono norteamericano cotizando por encima del 5%, ¿qué le espera a la Argentina? Y esta comisión de 16 millones de dólares que, de movida, es la que blanquean, ¿no? El 0,5% que está estandarizada… Bueno, también implica…

    Ignacio Fidanza: 16 millones de dólares de comisión que se llevan los bancos por esta operación. Es espectacular, ¿no? Porque, o sea, si vos pagás por aparte los abogados y todo, ¿qué hace el banco? Es un control+enter: «Toma, te giro la guita». El tipo le lleva la garantía, le lleva todo y te da la plata mientras tanto, y se levantan… Es el mejor negocio. ¿Sabés lo que decía Néstor Kirchner? «Es de boludo pelearse con los banqueros, manejan el mundo».

    Luciana Glezer: De hecho, el Mellon maneja la deuda soberana argentina hace 22 años.

    Ignacio Fidanza: ¿Por qué te traigo lo de Néstor Kirchner? Porque Cristina se peleó con los bancos. Y no le fue bien.

    Luciana Glezer: Bueno, a eso iba, porque hubo un intento del kirchnerismo de correr al Mellon, porque el Mellon es el banco que es el agente colocador y el que les paga a los bonistas. Digo, le tenemos que pagar a los bonistas mañana; hay que depositarles la guita a los bonistas en el Mellon. El Mellon tiene su asiento fiscal en Delaware, o sea, es una guarida fiscal, Delaware, donde está operando este banco que el kirchnerismo intentó correr. ¿Pudo? No, no pudo. Pasó el default, pasaron los buitres, pasaron reestructuraciones y el Mellon siguió.

    Ignacio Fidanza: Lo que pasa es que el kirchnerismo es un poco envidioso, porque ese es como un club muy exclusivo al cual ellos nunca lograron entrar, sobre todo en la etapa de Cristina. Y Toto Caputo es de ese club, pertenece a ese mundo. De hecho, es uno de los motivos… vos sabés que a mí me lo han contado varios: Milei lo admira a Toto Caputo porque es el que llegó de verdad. O sea, todos estos economistas que andan dando vueltas, los Marulles, todo esto que opinan…

    Luciana Glezer: Nunca pasaron la puerta de la JP Morgan.

    Ignacio Fidanza: Claro, se sacan una foto en la puerta, se van de turistas a Nueva York y se sacan una foto en la puerta, ¿vos me entendés? Y Toto está ahí arriba operando. Entonces ahí te hacen un acuerdo de comisiones y andá a ver para qué cuentas.

    Luciana Glezer: Pero de todas maneras, Toto viene por su revancha, porque fracasó en su experiencia anterior a los ojos de estos tipos y le costó mucho. Por eso él habla de esto de delivery de medidas: mostrar y después pedir. Porque claramente, cuando se habla de todas las dudas respecto a la Argentina, él está incluido dentro…

    Ignacio Fidanza: Es como un precedente como Messi, ¿no? Estábamos perdiendo por paliza, lo dio vuelta y Toto venia 100 abajo después de Macri y ahora te dice: «Mirá, inflación de hoy de la Ciudad: 1.8%». Por abajo del 2%. Fíjate, tomá, andá a buscarla al ángulo. ¿Hace cuánto que no había una inflación así? Y te dice: «Si tengo equilibrio fiscal, están todos cagados de hambre, no importa, acá tenés los números, la macro te la voy ordenando». Luciana Glezer: Bueno, y así como están todos esperando el devenir de la Argentina en el mundial, mi cuenta regresiva es a la declaración jurada de Toto Caputo, que tiene tiempo, tiene plazo hasta el 28 de julio.

    Ignacio Fidanza: Tenés alguna duda, sos una fantasiosa.

    Luciana Glezer: O sea, pero cuando aparezcan los fonditos en la Isla de Man, eso lo va a tener que poner. Va a tener que poner en la declaración jurada cuánto aumentó su patrimonio en las Islas de Man, y ahí vamos a ver.

    Ignacio Fidanza: Pero si lo puso la otra vez, aumentó 2.000% y te dice: «No, bueno, yo soy un hombre que tengo acá las inversiones».

    Javier Laquidara:¿Habrá ido a la Isla de Man Toto?

    Ignacio Fidanza: No sé, pero es otra guarida de Bitcoin y cosas turbias, la Isla de Man.

    Javier Laquidara: Y de Adorni teníamos datos de que, ya nos olvidamos, pero en Comodoro Py medio que ya fue.

    Ignacio Fidanza: Ahí lo que está avanzando es uno de estos pactos de impunidad tan fructíferos que tenemos en la Argentina, que es muy visible, pero hay que explicarlo. Lijo tiene un socio que es Martínez de Giorgi, que acaba de matar la causa Libra. Esto ocurre después de que renuncia Adorni, y esto ocurre de manera simultánea a que, no sé si hoy o en estas horas, van a aprobar el pliego de la mujer de Martínez de Giorgi como jueza federal, y de Ponte, que es el protegido de Lijo. Todo esto ocurre al mismo tiempo, parece que está vinculado porque está vinculado.

    Javier Laquidara: Y después del viaje de Lijo con Mahiques a París.

    Ignacio Fidanza: Exacto, el viaje a París. Ahí parece que hubo un buen entendimiento a nivel política de Estado en la Argentina. Nosotros lo contamos acá: cuando la causa estaba picante para Adorni y había emisarios permanentes hablando con el juzgado de Lijo, en una de esas charlas Lijo dijo: «Bueno, pero yo soy un hombre de Estado, no soy un loco, no me voy a cargar al jefe de gabinete».

    Javier Laquidara: Cárguenselo ustedes.

    Ignacio Fidanza: Claro, lo llevó hasta el límite, sacaron muchas de las cosas que tenían que sacar, y ahí hay un reconocimiento en el gobierno a Juan Bautista Mahiques, el ministro de Justicia. Porque él era el Procurador de la Ciudad, el papá integra la Cámara de Casación Federal, con lo cual está en la justicia federal ahora. Y Juan Bautista Mahiques nunca descuidó sus contactos con la justicia federal; él se tenía que ocupar de la justicia de la Ciudad, pero eso era como peccata minuta, un tema menor, y ahora desplegó una serie de contactos que están destrabando todo lo que el gobierno quería destrabar con los jueces federales. Entonces parece un pacto de impunidad, porque es un pacto de impunidad. Mirá, te voy a dar un dato: cuando citan a declarar a la persona que le vendió la casa a Adorni -¿te acordás? La famosa operación complicada de la jubilada, la guita en negro, la guita en blanco, los mutuos, todo trucho- le dicen en el juzgado: «¿Usted reconoce esta escritura como la escritura de la operación de venta?». «Sí». «Bueno, gracias, chau, buenos días». O sea, la repregunta de tipo FBI de las películas te la debo.

    Javier Laquidara: Aparte, vos fíjate cómo estaba caminando lo de Adorni, que todos los días aparecía el flipper, la cascada, la justicia te va llevando y hoy no hay nada, se acabó Adorni.

    Ignacio Fidanza: Terminaron las filtraciones.

    Javier Laquidara: Por eso en el gobierno también pidieron que se deje de hablar de Adorni. El fin de semana nosotros contamos que el presidente de La Libertad Avanza en Entre Ríos hizo un acto en un salón del PAMI -bien casta- y lo defendió a Adorni para congraciarse con Milei, que odia a los periodistas. Y le tuvieron que decir desde Comunicación de la Nación: «Che, Adorni no, basta, ni defender ni nada, no digas nada». Andando nosotros publicamos eso, y se nos enojó Pettovello porque pusimos que Pettovello condena estos usos del PAMI y una delegación de ANSES para un acto partidario, y ella dijo: «El PAMI depende de Salud, pasquines».

    Ignacio Fidanza: Sí, le tiró el muerto a Lugones.

    Luciana Glezer: Qué buena compañera, ¿no? «Esto no es mío, es tuyo».

    Ignacio Fidanza: Pero acordate cuando fue lo de los créditos del Banco Nación, que hizo lo mismo: echó al de ella y lo dejó como un boludo a Toto Caputo, a Furiase y a todos, como unos corruptos que toleraban la corrupción; salvo ella.

    Javier Laquidara: No tolera nada de los medios y hoy se sacó una foto con Lugones como para decir: «No, chicos, está todo bien».

    Ignacio Fidanza: Está todo bien, te tiré abajo del camión, pero está todo bien.

    Javier Laquidara: Lugones también tiene un quilombo que vamos a contar.

    Ignacio Fidanza: Bueno, sí, a Lugones le renunció el viceministro, el segundo viceministro que le renuncia.

    Javier Laquidara: Claro, es la silla más caliente.

    Ignacio Fidanza: Y bueno, maneja toda la guita del ministerio. Vos sabés que Salud, la gente no lo percibe, pero es uno de los ministerios que tiene más guita en cuanto a contrataciones. Contrata de todo y, aun en medio de los ajustes, siguen contratando: medicamentos, oxígeno, los prestadores… Por eso la mayoría de los casos de corrupción de este gobierno son del Ministerio de Salud: Andis, el tema del oxígeno… Hay muchos casos de corrupción vinculados a Salud.

    Javier Laquidara: A mí me dijeron, porque se va Guido Giana, que era de Las Fuerzas del Cielo.

    Ignacio Fidanza: Ponele. En realidad, no estaba ahí por eso, era exgerente general del Güemes, propiedad del ministro.

    Javier Laquidara: Lo que me dicen es que entra este Sbarra, que ya tenía una causa que se la habían cerrado, justamente Pollicita, que le aparecieron 10.000 dólares en un sobre.

    Ignacio Fidanza: Él era funcionario en el gobierno de Macri, en este gobierno tan talentoso, de Pancho Cabrera.

    Javier Laquidara: Un valor, le apareció dinero en un sobre como a Felisa Miceli, ¿te acordás? Y no pasó nada.

    Ignacio Fidanza: También le apareció creo que un Mini Cooper, una casa en Nordelta, le aparecieron muchas cosas.

    Javier Laquidara: Ahora lo que dicen es que el tipo este viene a «ordenar» porque es del sistema.

    Ignacio Fidanza: No, bueno, es una joda. Era el número dos de Giana y viene a ordenar. Y Giana había venido a ordenar, que se organicen.

    Javier Laquidara: A mí lo que me dicen es que hay quilombo.

    Ignacio Fidanza: Ya termina el mandato y viene a ordenar, boludo, avisale.

    Javier Laquidara: Es como el que viene, el de Pulp Fiction, el señor Wolf que viene a ordenar un cadáver.

    Ignacio Fidanza: Sí, acá hay más de un cadáver.

    Javier Laquidara: Sí, me dicen… un importante exfuncionario me dice: «Si se llega a filtrar el proveedor por el que se armó el quilombo este, explota todo». Vamos a tener que averiguar, porque dice que el quilombo fue con un proveedor, no sé quién puede ser.

    Ignacio Fidanza: Ahí está, está lleno de negocios turbios el área de Salud. A mí me dijeron en su momento: «Lugones es intocable, el ministro de Salud es intocable». Otro quilombo vinculado al área de Salud y a Lugones es la obra social de los peones rurales (OSPRERA), la segunda más grande del país. Lule Menem está metido a fondo ahí, la intervinieron. Son como 20.000 palos por mes, es un delirio de guita. Hacen cualquier cosa también los proveedores. Avanzó esa causa. Fue tapa de Clarín hace dos o tres días. Un dato interesante en esta relación sinuosa de Clarín, tipo cardiograma, con el gobierno. Que pasan sin aviso de cierta complacencia a investigaciones muy picantes.

    Javier Laquidara: Bueno, Sturzenegger le pegó, dijo que se oponían a Starlink y ahora gracias a ellos hay gente con internet.

    Ignacio Fidanza: Pero vos sabés que Sturzenegger en eso que dice, dice algo muy interesante: dice «Hay 3 millones de clientes». Ese es el dato que faltaba, porque son 3 millones de clientes que pierde Clarín. Clarín tiene un punto cuando dice, con este fallo de Defensa de la Competencia que el gobierno festejó -que obliga a Clarín, si se quiere quedar con Telefónica, a desprenderse de 6 millones de clientes-, Clarín dice precisamente eso, dice: «Pero ustedes son unos locos». El concepto de competencia monopólica que tenemos nosotros, porque tenemos Telecom y vamos a tener Telefónica, nos pasó por arriba. La tecnología… viene un tipo como Elon Musk con Starlink, que ni lo vemos, no hace fibra óptica, no hay un puto cable… no es que va como nosotros a pelearnos con Espinoza en La Matanza para que nos deje romper la vereda para hacer 200 metros de fibra óptica; tiene los satélites a no sé cuántos miles de metros y, de la nada, así, pum, tiene 3 millones de clientes. Entonces, la competencia pensada como una competencia del siglo XX en términos de actores locales, la pasó por arriba la tecnología.

    Javier Laquidara: Si te ponés a pensar, es increíble cómo Clarín sigue siendo competente.

    Ignacio Fidanza: Es que sí, es una pistola en la cabeza si tiene tres palos de clientes.

    Ignacio Fidanza: Bueno, acabamos de escuchar una frase de Tignanelli, que es el jefe de bloque en la Legislatura bonaerense del kirchnerismo, pero además de eso, mucho más importante, la mano derecha en términos políticos de Máximo Kirchner. Y él comparó a Axel Kicillof con Vandor. Esto me parece que sube la interna a otro nivel.

    Javier Laquidara: A niveles setentistas.

    Ignacio Fidanza: Claro, hay que recordar que Vandor fue asesinado luego de desmarcarse de la conducción de Perón.

    Javier Laquidara: De hablar de un peronismo sin Perón.

    Ignacio Fidanza: Exacto. Entonces, si Cristina es Perón y Axel es Vandor, lo que está diciendo Tignanelli es muy fuerte.

    Javier Laquidara: Es casi una amenaza. Porque a Vandor le pegaron tiros en el despacho, nunca se supo bien quién fue, pero se decía que fueron los Descamisados. Había un Ejército Revolucionario que dijo que era una «Operación Judas», en su momento.

    Ignacio Fidanza: ¿De falsa bandera? Para cargarle el muerto a Perón, digamos

    Javier Laquidara: Claro, claro. Pero bueno, se decía que el peronismo lo había mandado a matar.

    Ignacio Fidanza: Es un ejemplo de una interna peronista totalmente descontrolada. mí me parece que no hay manera de que Tignanelli diga algo así sin haber hablado con Máximo Kirchner, y esto marca un punto de tensión hasta ahora… Obviamente, Kicillof no tiene nada que ver con los 70, no existen los Montoneros, Máximo Kirchner no es Firmenich, Kicillof no es Vandor, Cristina no es Perón, la Argentina no es la misma… o sea, todo es mucho más pedorro ahora. No es mejor en algún sentido; en otro tal vez sea mejor.

    Javier Laquidara: Otra cosa que confirma Tignanelli es lo que contamos nosotros: que el kirchnerismo quiere que Cristina sea la candidata.

    Ignacio Fidanza: Bueno, exacto, ese es el segundo dato político, dice: «La candidata es Cristina». Lo dice en on. A mí me encanta esto porque los kirchneristas no aprenden más. Cuando nosotros publicamos estas cosas te desmienten, te putean, te llama el de Wado, el otro, «¿de dónde lo sacaron?», bla, bla, bla… y después te lo confirman. Pasaron 20 años, ¿eh? Hasta tienen dirigentes presos, todo, y siguen igual.

    Javier Laquidara: Pasó el viernes, que publicamos que Recalde o Wado podían ser vice de Cristina. Nos desmienten, y al otro día salen en masa porque Feinmann dice unas palabras en el noticiero de que no, que está presa. Salieron de a diez.

    Ignacio Fidanza: No está en su mejor momento Feinmann.

    Javier Laquidara: Se metió en un quilombo internacional porque atacó a los mexicanos como si estuviera en un asado.

    Ignacio Fidanza: Además, a mí lo más terrible de todo eso es que, como yo digo, los mexicanos van a confirmar todos los prejuicios que tienen de nosotros después de escucharlo a Feinmann. Salió la presidenta, puso el audio… es tremendo, es tremendo, dice «se meten el ahorita en el orto».

    Javier Laquidara: Sí, y Santiago Caputo y el «Nene» Vera, que son de bandos diferentes, coincidieron en ser racistas.

    Ignacio Fidanza: Yo te digo una cosa, si le busco una lógica política a todo esto digo: bueno, estos quieren construir un partido de ultraderecha tipo Le Pen. Ahora, si no es eso, realmente no se entiende qué están haciendo.

    Después, digamos, tenemos para charlar otro de los temas de la semana, que fue el conflicto en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

    Luciana Glezer: Y tiene mucho que ver con lo de Starlink, porque lo cierto es que uno puede pensar que podría haber una alianza, por ejemplo, de ARSAT con el desarrollo científico para justamente avanzar en todas estas nuevas tecnologías. Sin embargo, es un espacio que está totalmente cedido y hay una descapitalización de lo que son los científicos, ese activo intangible. Porque todos estos tipos… centenar… creo que alcanza el centenar de despedidos en la Comisión Nacional de Energía Atómica, luego son absorbidos por empresas del sector privado a una calificación…

    Ignacio Fidanza: ¿Qué te dice el gobierno? Dice: «Hay 4.000, echamos 75 que eran contratados y que los propios directivos de ahí dijeron que la mitad no venía a laburar».

    Luciana Glezer: Se suman dos gerentes que estaban pidiendo por la reincorporación también de estos despedidos. Dentro de los despedidos hay… digo, no estoy al tanto caso por caso, pero sí, por ejemplo, una de las científicas que estaba encargada de la óptica, que esa también fue considerada… Más allá de eso, digo, más allá de discutir despido por despido en la Comisión Nacional de Energía Atómica, lo que hay que discutir es cuál es el modelo de desarrollo del sector nuclear, donde Argentina, como elemento determinante, fue distinto al resto de la región.

    Ignacio Fidanza: ¿Qué te dice el gobierno? Te dice: «Mirá, acá se construyeron tres centrales nucleares». Esto es muy interesante. Una la construyó Onganía, otra Perón y otra Néstor Kirchner.

    Javier Laquidara: Ravier, el vocero, lo dijo y comparó a Milei con Perón y Néstor.

    Ignacio Fidanza: Muy bien. Entonces, ¿qué pasa? Dice: «Bueno, ¿cuánto cuesta? 1.000 palos, 2.000 palos, 3.000 palos… No hay plata». Es cierto, no hay 3.000 palos verdes. Y trajeron a este yanqui… ¿cómo se llama la empresa? Luciana Glezer: Meitner.

    Ignacio Fidanza: Que dice que la va a poner él.

    Luciana Glezer: A ver, primero decir que había financiamiento, había financiamiento y consta así en el acuerdo con China, ¿no?

    Ignacio Fidanza: Vos fíjate en el gobierno qué dicen… que ese financiamiento -y pueden tener un punto, ojo- ese financiamiento en los hechos estaba caído ya con Massa.

    Luciana Glezer: Eso puede ser que sea así, porque quedó rehén de la feroz interna de ese gobierno que lo paralizó. Digo, un gobierno que no pudo nada, un gobierno impotente por su propia interna, y quedó preso de esa interna.

    Ignacio Fidanza: Porque Massa era Estados Unidos.

    Luciana Glezer: Sí, toda una ala del gobierno respondiendo a la Embajada de Estados Unidos, y el área más del núcleo duro kirchnerista impulsando este tipo de proyectos.

    Javier Laquidara: Y Alberto con Liz Solari.

    Ignacio Fidanza: Y Argentina como teatro del conflicto geopolítico China-Estados Unidos.

    Luciana Glezer: Otra gran obra de infraestructura… la otra gran obra de infraestructura que estaba, incluso en esta estaba firmado el contrato comercial, para todo lo que era el refuerzo del anillo eléctrico del AMBA, que ahora no se está funcionando.

    Ignacio Fidanza: Eso es una cagada, eso es una cagada. Pero el tema de entregarle a los chinos la energía nuclear es un tema delicado, yo entiendo que te puede generar un conflicto con Estados Unidos, y este gobierno tiene un alineamiento con Estados Unidos total. Ahora, el tema del AMBA, de poner eso… es una boludez que no lo hagan

    Luciana Glezer: Y además no se está pudiendo hacer porque no hay quien la financie, como bien decías vos. Pero volviendo al inicio o al origen del desarrollo nuclear argentino, porque es una pregunta para hacerse: ¿qué es lo que posibilitó que Argentina se convirtiese realmente en una potencia nuclear comparada no con los comparables de la región que incluso son mucho más grandes, como Brasil?

    Ignacio Fidanza: Estamos entre los cinco del mundo.

    Luciana Glezer: Exactamente. ¿Qué es lo que hizo eso? }

    Ignacio Fidanza: La cabeza, la materia gris argentina.

    Luciana Glezer: Hay un investigador de la Universidad de Jerusalén que estudió y dijo: «¿Por qué Argentina tiene desarrollo nuclear? ¿Qué fue lo que hicieron?». Y entonces ahí marca una élite científica que califica como subversiva porque insistió pese a todo, ¿no? Lo que ahora podría calificarse como resiliente, quizás.

    Ignacio Fidanza: Más sí, pero te digo… nosotros tenemos una tendencia a tirarnos abajo, ¿no? Y en este caso, con idas y vueltas, es verdad, hubo por lo menos… ya te lo dicen los nombres de los presidentes que hicieron centrales nucleares: 60 años de inversión pública, por lo menos.

    Luciana Glezer: Porque es una cantidad de guita que no pone ningún privado, no la pone ningún privado. Y este proyecto, que es el que marcabas vos, el que trae Meitner bajo el brazo, que se presenta en el marco de un Super RIGI que todavía no está sancionado -tiene media sanción, todavía falta completar en Senadores-, o sea, se presenta bajo un régimen que todavía no existe por 1.200 millones de dólares. Es, primero, en sociedad con el INVAP, que es una empresa, un instituto público; pero además es para hacer un ASMR, que es un reactor modular mucho más pequeño, mucho más chiquito, y está pensado en función de abastecimiento…

    Ignacio Fidanza: Pero es más chico en tamaño, como Atucha 1, 300 y pico. Estuve analizando el tema.

    Luciana Glezer: Un experto en energía nuclear. Sí, es que hemos llegado a ser potencia, Fidanza, es gracias a personas como vos.

    Ignacio Fidanza: Pero, digamos, a ver… ojalá que lo hagan, o sea, y que le den laburo. O sea, yo no lo veo mal a eso. Los de CNEA dicen: «No, se están llevando nuestros técnicos, qué sé yo». Si le dan laburo en la Argentina en la construcción de una cosa que queda acá en la Argentina, no me parece mal.

    Luciana Glezer: Y sobre todo si podés garantizar la transferencia tecnológica, que es lo interesante. Es cómo se desarrolló China: robando la tecnología… bueno, adquiriendo…

    Ignacio Fidanza: Robando, robando abiertamente. Lo acaban de hacer de nuevo con Antrophic, o sea, son expertos. ¿Qué hacen los chinos? Te lo roban y después te lo hacen mejor. Primero te lo hacen peor y después mejor.

    Javier Laquidara: Como con Apple.

    Ignacio Fidanza: Como con Apple, exacto, con Huawei, que ahora tiene una tecnología superior a Apple. Pero lo de la transferencia es muy interesante porque uno de los problemas que había con lo de China era que los chinos te ponían todo, no te daban acceso a los planos, te traían los técnicos, todo era de ellos; no había un ida y vuelta y una permeabilidad con los técnicos de acá. Entonces, supuestamente este señor, como vos bien decís, está más articulado porque además no tiene los recursos humanos, con las instituciones de acá. No solo el INVAP, también con la CNEA. Después, otra cosa interesante es que todo el entramado institucional y regulatorio de la Argentina respecto al sector nuclear -me contaba una persona que trabaja en el tema, por eso estoy al tanto con el tema- es de lo mejor del mundo. De hecho, Milei y Sturzenegger… Sturzenegger no sé porque es un loco y quiere hacer mierda todo, pero el resto del gobierno, esto de la CNEA, el INVAP, Nucleoeléctrica (NASA) y todo como está estructurado, en principio lo dejan así.

    Luciana Glezer: De hecho, digo, quienes están llevando adelante incluso los despidos… Martín Porro es un cuadro técnico formado en el ámbito de la CNEA. Es la misma élite técnica, si se quiere, la que está llevando adelante esta reformulación respecto a la política que se venía trayendo: la construcción del primer reactor modular 100% argentino con tecnología Candu, que no es la tecnología china, con los diferentes tipos de enriquecimiento de uranio, la planta de agua pesada… El ecosistema nuclear es un ecosistema complejo que, por supuesto, todo es muy discutible y uno puede polemizar. Ahora bien, la energía nuclear es una energía limpia, sumamente limpia, y es una energía de base, es una energía verde y es una energía intermitente. Es una energía que da una competitividad para el desarrollo tanto de cualquier industria como de los data centers, y la inteligencia artificial. Y esto está al lado del río, porque esto está en el predio de Lima, en Zárate Brazo Largo.

    Ignacio Fidanza: Bueno, pero no arranques como Lilita, que vienen por el agua.

    Luciana Glezer: No, no, yo por mí… yo soy al revés, yo soy «rompan, reventemos las montañas, drill baby, drill». No, nada más lejos de mí que un discurso ambientalista, por favor. Pero sí marcar para qué energía, para qué, para darle competitividad a qué y, sobre todo, ¿qué pasa con esa renta? ¿Dónde queda esa renta que se genera a partir de la energía barata? ¿Energía barata para quién también?

    Ignacio Fidanza: Vos sabés que, en esto del talento argentino, Brasil es el único país de Latinoamérica que se asimila en su desarrollo nuclear a Argentina, todo el resto no tiene nada. México tiene una central que se la hizo Westinghouse, los yanquis. Y Brasil no fue como nosotros que lo pensamos desde acá; es todo francés, llave en mano, todo se lo compraron a Francia, le mandaron los técnicos… no hay un desarrollo de conocimiento autónomo.

     

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