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COVID-19: Regina adhiere a la última Resolución del Ministerio de Salud

La Municipalidad de Villa Regina adhiere a la Resolución del Ministerio de Salud de Río Negro Nº 1456 y, de esta manera, se extienden hasta el 31 de marzo las restricciones de circulación nocturna quedando prohibida la circulación de personas por cualquier medio habilitado entre las 2 y las 6 horas.

Se exceptúa de esta restricción al personal considerado esencial en los términos del Decreto Nº 297/20 del Poder Ejecutivo Nacional y normativa complementaria, quien deberá acreditar tal circunstancia ante requerimiento de cualquier autoridad.

Los días viernes, sábados, vísperas de feriados o feriados, la circulación se extenderá hasta las 3 horas.

Los restoranes, bares y confiterías del rubro gastronómico podrán funcionar en los mismos horarios en que se habilita la circulación.

De forma excepcional, se habilita la circulación de clientes y personal dependiente de dichos establecimientos hasta una hora después del horario de cierre, debiendo acreditar la constancia de consumición y certificación de trabajo, respectivamente, ante el requerimiento de cualquier autoridad pública.

De igual modo, se autoriza de forma excepcional la circulación de los clientes de dichos establecimientos, con un límite de hasta una hora después del horario de cierre, debiendo acreditar tal extremo con la exhibición de constancia de consumición, ticket, factura o constancia emitida por el establecimiento en cuestión ante el requerimiento de cualquier autoridad pública.

Por otro lado, se mantienen vigentes los horarios de los comercios de los distintos rubros.

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    LAS COIMAS DE KARINA: la renuncia de Ornella Calvete confirma el derrumbe del clan que manejó la caja paralela de la ANDIS

     

    El escándalo que estalló en la causa ANDIS ya no sólo arrastra empresarios, operadores y funcionarios libertarios: ahora se llevó puesta a Ornella Calvete, la hija del operador paraestatal Miguel Ángel Calvete, tras el hallazgo de casi 700.000 dólares en su domicilio. La renuncia expone un entramado familiar que Noticias La Insuperable ya había revelado en su nota del 15 de noviembre, donde se detalló el rol central de Calvete padre como “jefe paraestatal de la ANDIS” y engranaje clave del sistema de retornos que complica directamente a Karina Milei.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para Noticias La Insuperable

    Un apellido que vuelve a la escena: la renuncia que Milei no pudo evitar

    La Dirección Nacional de Desarrollo Regional y Sectorial del Ministerio de Economía quedó vacante. La salida de Ornella Calvete se precipitó luego de que se confirmara la incautación de un monto obsceno —unos 700.000 dólares y otras divisas— durante un operativo judicial del 9 de octubre.

    En el propio ministerio que conduce Luis Caputo reconocen que sostenerla era insostenible: el escándalo por las coimas en la ANDIS terminó chocando de frente con los despachos más sensibles de la cartera económica. Nada menos que la hija del operador más comprometido en la causa PACBI formaba parte de esa estructura.


    Cuando la causa golpea la puerta de la familia

    La investigación avanzó sobre un dato que parecía menor, pero se volvió decisivo: Ornella es hija de Miguel Ángel Calvete, el mismo operador que —como reveló Noticias La Insuperable— el fiscal Franco Picardi definió como el “articulador de la asociación ilícita”, con llegada directa a Spagnuolo, Garbellini y el resto de la cúpula que comandó el desmantelamiento del programa Incluir Salud.

    El padre no es simplemente un implicado más:

    • era el enlace entre la ANDIS y las droguerías amigas,
    • direccionaba pagos,
    • asesoraba a funcionarios desde afuera,
    • y poseía sociedades imposibles de justificar para un operador sin cargo formal.

    La renuncia de Ornella, lejos de despegarla, la hunde más en los vínculos familiares y económicos que el fiscal ya había marcado como estructurales del esquema.


    Los chats que complican todo: el “3% para KM”

    La gota que rebalsó el vaso fue un diálogo que figura en el dictamen de Picardi. El 10 de septiembre de 2025, Ornella escribe insistiendo por gestiones con “Claudio de Ortopedia Alemana”. La respuesta es clave en el expediente: “No hace falta… con el 3% a KM está perfecto”.

    Ese “KM”, como ya explicó este portal, es uno de los nudos decisivos que conecta el flujo de retornos con la cúpula libertaria.

    Los investigadores reconstruyeron además que, días después, la funcionaria alertó a su padre por mensaje sobre la presencia policial en el edificio donde vivía: “Hay policía en la planta baja”. Él la instruyó sobre qué decir si encontraban dinero en su departamento: “digo que me lo prestó alguien, olvidate”.

    Toda una radiografía familiar del mecanismo de protección y encubrimiento que la fiscalía señala como propio de una organización delictiva.


    La caja paralela: los dólares, INDECOMM y el cash “blanco”

    Los procedimientos judiciales en las propiedades de los Calvete secuestraron no sólo dólares, sino también dispositivos, documentación y papeles vinculados a INDECOMM, la SAS que Miguel Ángel constituyó en 2019 y que, según la investigación, era una pata fundamental del circuito de facturación en torno a los insumos PACBI.

    Los diálogos entre padre e hija revelan una obsesión compartida por la disponibilidad de “cash blanco” y la liquidez rápida, una señal más del uso de empresas satélites y estructuras privadas para mover fondos generados a partir del direccionamiento de compras en la ANDIS.


    Una renuncia que salpica a Caputo… y sube hasta Karina

    La renuncia de una directora nacional sería, en otro contexto, un episodio menor. Pero no en esta causa. No cuando:

    • el operador central del sistema es su padre,
    • su pareja es Javier Cardini, subsecretario de Gestión Productiva del propio Ministerio de Economía,
    • el dinero encontrado no tiene justificación patrimonial,
    • y los chats mencionan directamente retornos para la mesa chica libertaria.

    El derrumbe del clan Calvete le abre un flanco enorme a Caputo, quien deberá explicar cómo una funcionaria con ese nivel de exposición judicial manejaba áreas sensibles del desarrollo productivo. Y, lo que es peor para Milei, la caída golpea el núcleo político: el caso vuelve a apuntar a la órbita de Karina Milei, figura mencionada explícitamente en el “3%” al que refiere el fiscal.


    Un esquema que ya había sido anticipado

    Cuando Noticias La Insuperable publicó el 15 de noviembre la nota “LAS COIMAS DE KARINA: Quién es Miguel Ángel Calvete – De ‘Caficho’ a ‘Jefe paraestatal de la ANDIS’”, rápidamente se hizo viral.

    Hoy, la renuncia de Ornella confirma cada línea de aquel informe:

    • la articulación entre empresas y funcionarios,
    • la presencia de operadores externos dentro de la estructura,
    • los vínculos familiares,
    • los dólares sin justificar,
    • y la existencia de un esquema de retornos que sube hasta donde el gobierno no quiere ni mencionar.

    La caída de una pieza clave

    Ornella Calvete salió eyectada por la presión judicial, pero su renuncia abre un nuevo capítulo. Los fiscales ahora apuntan al corazón del entramado económico que sostuvo el desfalco del PACBI. Y ahí, como siempre, aparece el apellido Calvete.

    La pregunta inevitable ya está instalada:
    ¿Cuántos más van a caer antes de que la causa llegue al despacho que todos saben que puede llegar?

     

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  • LA DISEMINACIÓN DE LO INMEDIATO

    Y ahora, la ciencia dictamina el veredicto final. Y si antes lxs sospechxs eran: los plebeyos o legos, damas o caballeros, proletarios o burgueses; sacerdotes, obejas y herejes; vagos, sabiondos y delincuentes; aristócratas, oligarcas y demócratas; amos, esclavos y esclavos de esclavos; capitalistas o comunistas; de alguna «raza» de los cánones oficiales o de algún…

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    LOS SECRETOS DE MENKAURE: Detectan dos cavidades ocultas detrás del revestimiento de la Pirámide

     

    Un equipo internacional reveló, usando técnicas no invasivas, la presencia de dos posibles cámaras de aire escondidas detrás de los bloques de granito pulido del lado Este de la Pirámide de Menkaure. El hallazgo reabre el debate sobre si el monumento podría tener una segunda entrada desconocida desde hace 4.500 años.

    Por Alcides Blanco par Noticias La Insuperable

    Un misterio antiguo que vuelve a abrirse

    La Pirámide de Menkaure es la más pequeña del complejo de Giza, pero también la menos explorada. Mientras la de Khufu (Keops) y la de Khafre acumularon más de un siglo de investigaciones, Menkaure permaneció casi intacta desde las excavaciones de George Reisner entre 1906 y 1910. Todo eso cambió gracias a un nuevo estudio publicado en NDT & E International (ScienceDirect), en el marco del proyecto ScanPyramids.

    Según los autores —entre ellos el célebre arqueólogo Zahi Hawass y el físico Mehdi Tayoubi— existía una sospecha creciente: el patrón y la calidad del granito pulido en la cara Este del monumento es sospechosamente parecido al área que rodea la entrada principal en la cara Norte.

    La hipótesis de una segunda entrada

    La idea había sido planteada por el investigador Van den Hoven, quien observó que ciertos bloques de granito en la cara Este están no sólo mejor tallados, sino pulidos con una fineza idéntica a la de la entrada original. ¿Se trataba de una segunda vía de acceso? ¿O de un pasaje preparado pero nunca utilizado?

    Para poner a prueba esta hipótesis, el equipo utilizó tres técnicas de análisis no destructivo (NDT) extremadamente precisas:

    • ERT (Tomografía de Resistividad Eléctrica)
    • GPR (Radar de Penetración Terrestre)
    • UST (Ultrasonido)

    Estas herramientas permiten “ver” detrás del revestimiento sin dañar un solo bloque.

    Fig. 1. (a) La cara norte de la Pirámide de Menkaure; (b) una vista en primer plano de la entrada principal; y (c) la sección pulida de la cara este (objeto de estudio en esta investigación).

    Cómo se ve el interior sin abrirlo

    Primero se realizó una amplia exploración con ERT en un segmento de casi 27 metros de ancho de la cara Este. Esta técnica mide cómo se resiste el granito al paso de corriente eléctrica y permite detectar vacíos o materiales de distinta densidad.

    Los datos del ERT mostraron anomalías de alta resistividad, típicas de aire encerrado detrás del revestimiento. Sobre esa pista, el equipo concentró las mediciones de GPR y UST en un área más pequeña, construyendo incluso un andamiaje de madera para poder trabajar con precisión milimétrica.

    El GPR, con antenas de 200 y 600 MHz, detectó cambios abruptos en la permitividad del material, mientras que el UST, extremadamente sensible a cavidades incluso muy pequeñas, confirmó discontinuidades internas.

    El resultado: dos cavidades donde no deberían existir

    Al fusionar los datos de las tres técnicas —en un proceso llamado Image Fusion (IF)— las imágenes revelaron dos anomalías claras detrás de los bloques pulidos.
    Los modelos numéricos que acompañaron el análisis mostraron que la interpretación más consistente es la existencia de cavidades llenas de aire, no fracturas ni diferencias de densidad.

    Aunque aún no se puede afirmar que se trate de una entrada, la ubicación, la forma y el patrón coinciden con lo que podría ser:

    • un pasadizo preparado,
    • una entrada simbólica,
    • o un espacio arquitectónico auxiliar abandonado durante la construcción.

    Un hallazgo a la altura del “Gran Vacío” de Keops

    El estudio aplica la misma metodología que permitió en 2017 descubrir el famoso corredor oculto sobre la entrada de la Pirámide de Keops, también detectado por ScanPyramids mediante técnicas de muografía y luego confirmado por GPR y UST.

    Lo notable es que Menkaure había sido ignorada durante más de un siglo. Ahora vuelve al centro de la escena arqueológica con una incógnita fascinante: ¿qué función tenían estas cavidades y por qué se encuentran detrás de bloques pulidos diseñados casi con el mismo detalle que la entrada principal?

    Lo que viene: ¿se abrirá el acceso?

    Por ahora, el equipo continuará con análisis complementarios antes de considerar cualquier intervención física. Como ocurrió con Keops, no se tocará un solo bloque hasta que no haya evidencia abrumadora de que es seguro y científicamente justificable.

    Pero el hallazgo ya es suficiente para reactivar uno de los misterios más antiguos del mundo:
    la Pirámide de Menkaure podría no haber mostrado todavía todos sus secretos.

     

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  • El tiempo violentado

     

    Desde hace dos años vivimos con un ruido persistente. Es el bajo continuo de una casa en demolición. Un crujido que viene de estructuras que creíamos sólidas y que ahora se desmoronan. Junto al estruendo del Estado atacado hay otro sonido más sutil pero constante: el del tiempo violentado. El pasado se convierte en arma, el futuro es secuestrado, y el presente se vuelve eterno e inmutable. Es un fenómeno global, pero en Argentina toma forma concreta en el gobierno de Javier Milei. Desde que asumió en 2023, el presidente de la motosierra y sus acólitos han hecho de los historiadores y de su disciplina un blanco preferencial de sus ataques. Buscan instalar una Historia plana y maniquea mediante la “denuncia” de supuestas manipulaciones y tergiversaciones previas del pasado.

    La reemplazan con una puesta en escena de símbolos imperiales romanos, con imágenes y retóricas de evidentes reminiscencias fascistas, como se pudo ver en los estandartes de las agrupaciones de las “Fuerzas del Cielo” y en la misma escenografía del reciente acto de cierre de campaña en Rosario de La Libertad Avanza. Reviven el “Día de la Raza” para blanquear su racismo elitista y homenajean a represores como si fueran héroes, como hizo recientemente la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, durante un acto de la Policía Federal: en un solo movimiento, reinstaló la figura de Ramón Falcón, represor y asesino de obreros a comienzos del siglo XX, y la de Alberto Villar, uno de los organizadores de la Triple A y seguramente responsable del asesinato de muchos compañeros de militancia de cuando la ministra era una revolucionaria montonera en los setenta. Son operaciones banales, pero para nada ingenuas. Abrevan en el pasado para hacer una cuidadosa selección de momentos de la historia en los que se reconocen y anclan su relato fundacional. Momentos en los que se emocionan y con los que se encandilan, lo que les permite correr argumentalmente —sin demasiada precisión— la frontera del “comienzo de la decadencia argentina”.

    Reviven el “Día de la Raza” para blanquear su racismo elitista y homenajean a represores como si fueran héroes.

    Frente a este embate, la pregunta no es solo cómo defendernos, sino cómo recuperar el potencial político de pensar un sentido para la Historia mientras todo parece derrumbarse. ¿Para qué sirve? La respuesta no puede ser un lamento. Tiene que ser una trinchera. Giuliano da Empoli, en su libro La era de los depredadores, describe un mundo donde los señores de la tecnología ya no necesitan ni a la “casta” política ni al Estado. Tampoco a la Historia ni a la democracia. No es que no usen el pasado, sino que, además de maleable, lo vuelven algo volátil. Los sectores dominantes apuestan por memorias difusas que les permiten reescribir la Historia y reactivar las pasiones antidemocráticas del siglo XX. Los gurúes tecnológicos hacen de su ignorancia histórica una estrategia de marketing. En ese cruce entre la nostalgia distópica y la amnesia digital, pensar históricamente se vuelve un acto de resistencia. No como un mero refugio, sino como una forma de recuperar su condición de herramienta política. Preguntarse por el pasado es, en el fondo, preguntarse por el futuro. ¿Qué sociedad queremos? ¿Cómo la construiremos? ¿Qué utopías imaginaron otros antes que nosotros? ¿Cuáles son las nuestras?

    Para responder, necesitamos afilar nuestras herramientas conceptuales y convertirlas en gestos de insubordinación. Investigar, enseñar y escribir Historia implica la práctica de un anacronismo consciente. En la disonancia, en lo incomprensible y exótico, anuda la pregunta por la realidad en la que vivimos, y cómo enfrentarla. Anacronismo que no es para juzgar el pasado con los ojos del presente (lo que sería un error analítico), o tomarlo sin más como brújula (lo que sería un endiosamiento), sino para traer al presente discusiones y proyectos aún inconclusos y ver qué formas tienen hoy nuestros propios sueños. El anacronismo no es un error metodológico. Es una estrategia para mostrar que el pasado es un territorio en disputa. Una tierra viva, hecha de capas de luchas y conflictos que, a veces, tiembla. Y cuando la hacemos temblar, desde nuestro pequeño lugar, tratamos de revalidar la idea de que tenemos que pensar en los usos que le damos al pasado. No se trata de traer sin más, nostálgicamente, las luchas del pasado, los nombres respetados y queridos, sino el gesto rebelde, el principio básico de la indignación, que movió a las mayorías populares a lo largo de la historia.

    ***

    En primer lugar, la crítica histórica debe ser anticlimática. Debe oponerse al clímax vacío del “momento histórico” agonal en el que nos quieren hacer creer que vivimos, y a la promesa de un destino manifiesto que, “esta vez sí”, alcanzaremos, obviamente si aceptamos “la única solución posible”: ser de derechas, ser como ellos. Consideran, como expresó en un reciente tuit Agustín Laje, uno de los propagandistas cercanos a Milei, que están ganando la “batalla cultural”: “Qué lindo que se ha puesto todo (…) Pensar que, hace dos décadas, cuando iba al colegio, decir que no eran 30.000 te costaba una sanción; el Che era un santo laico que estampaba camisetas; Néstor y Cristina encabezaban una revolución ‘nacional y popular’ (…) y decir que uno era de derecha, en cualquier rincón, era tabú (…) «Veinte años después nos cagamos en las mentiras del setentismo, y afirmar que no fueron 30 mil se convirtió en un lugar común; ya nadie usa las remeras del Che: el socialismo revolucionario ya no está de moda (…) La agenda woke está en crisis, y la juventud occidental empieza a girar rápidamente a la derecha”. 

    No son buenos tiempos para pensar a la Historia y al pasado como lo que son: conceptualizaciones densas, la acumulación de procesos sociales, con sus flujos y reflujos. Al achatar el tiempo, intentan quitarle a la Historia su razón de ser: no se puede aplicar la crítica a algo que cambia todo el tiempo o es plano.

    El pasado está allí para avisar que quizás se apresuren en cantar victoria. Más allá de esa provocadora fanfarronada, la historia en sus distintas formas puede mostrar que la experiencia humana es lenta, compleja, llena de idas y vueltas, pactos oscuros y victorias pírricas. No hay fechas fundacionales puras, sino procesos largos donde lo nuevo convive con lo viejo, donde las revoluciones terminan administrando lo que juraron destruir. En esa complejidad está su fuerza: desactiva los relatos épicos y simplificadores. Si los poderosos la banalizan y la convierten en cotillón, nosotros, los estigmatizados, no podemos darnos ese lujo. Frente a la voluntad monolítica del nazismo, hubo quienes resistieron. Frente al discurso estigmatizador contra los sindicatos, por ejemplo, es en la historia donde encontramos tanto ejemplos de dignidad, como la certeza de que cada vez que los más débiles se dividieron, los poderosos avanzaron sobre ellos. Puede decirse que son cuestiones de sentido común, pero en un momento en que alguien puede afirmar algo y contradecirse en minutos, balbucear explicaciones insuficientes para salir indemne de una denuncia por corrupción, no está de más recuperar una idea: frente a tantas certezas y verdades tajantes, frente a tanta fragmentación condenatoria (“mandriles”, “comunistas”, “kukas”, wokes”), la mera duda y la argumentación son anticlimáticas y, en el mediano plazo, poderosas. ¿Cuántos de quienes abrazan “las ideas de la libertad” sabrán que se la deben, en gran medida, al enorme sacrificio de “los comunistas” que resistieron en la Europa ocupada o fueron parte del Ejército Rojo?

    No son buenos tiempos para pensar a la Historia y al pasado como lo que son: conceptualizaciones densas, la acumulación de procesos sociales, con sus flujos y reflujos. Al achatar el tiempo, intentan quitarle a la Historia su razón de ser: no se puede aplicar la crítica a algo que cambia todo el tiempo o es plano. En segundo lugar, y en un presente perpetuo, debemos aprender a ser anaeróbicos, a vivir como si existiera el tiempo histórico, cuando la realidad y la política en las redes lo niegan. Todo es instantáneo: tanto que pasado, presente y futuro son lo mismo. En consecuencia, debemos ser como bacterias que sobreviven sin oxígeno en ambientes hostiles, necesitamos mantener viva la conciencia del tiempo. Separar pasado, presente y futuro en un contexto que los mezcla y los niega. Esto es tan vital como respirar, y sin esa división en tres tiempos, no hay experiencia histórica ni política posibles. ¿Hacia donde proyectar, si las líneas del presente y el futuro se superponen hasta ser la misma?

    En tercer lugar, y sobre todo, debemos ser anamnésicos. Recordar no como un acto de nostalgia, sino como exploración de lo humano. Ver cómo otros enfrentaron sus circunstancias y construyeron caminos hacia los futuros que imaginaron. La anamnesis no es solamente el “rescate del olvido”, sino que es un prolijo trabajo de selección de temas y preguntas orientados por una mirada política. Hay una tarea en recuperar palabras que la ultraderecha reaccionaria se ha apropiado hasta vaciarlas de significado: “libertad”, la más notoria de ellas. Pero ¿qué es un proyecto político sino un pensamiento apoyado en una tradición de lucha y de ideas, adaptadas a su tiempo? 

    La anamnesis nos da la posibilidad de encontrar en el pasado señales de que nada es permanente, de que todo orden puede cambiar. Sobre todo, pensar históricamente no es visitar un santuario, sino prepararse para una batalla. Exhumamos para interrogar, no solo para venerar. La lucha contra la desmemoria es también contra el olvido de las ideas que movilizaron a otras personas antes que a nosotros. Olvido que, gradualmente, llevará a que no nos reconozcamos capaces de construir nuestros propios proyectos; que podemos elaborar nuestro plan de acción en función de un futuro.

    ***

    Hace poco, ante las denuncias del gobierno sobre “adoctrinamiento” en escuelas, circulaba en broma la idea de que, si tan eficaz hubiera sido ese trabajo de propaganda, los libertarios no habrían ganado las elecciones. En ese chiste subyace una idea tan limitada como la de los libertarios sobre el uso político de la historia. Les ha parecido a muchos que con instalar ciertas fechas, recuperar algunos lugares para la memoria, era suficiente. Y eso fue un gran error que llevó a una ritualización excluyente. De allí que los simpatizantes de LLA se sientan excluidos y ahora simplemente piensen en reemplazar el clavo que sacan con otro (obviamente, verdadero). El ejercicio de la memoria histórica es algo vivo, el pasado no es una religión. A los luchadores se los recuerda luchando. A los seres humanos, por su imaginación, su razón, su capacidad de distinguir lo correcto de lo incorrecto. Por sus posicionamientos éticos, construidos a partir de una imaginación de sociedad. Por sus proyectos comunitarios. Porque un ser humano, antes que nada, es alguien a quien no le da todo lo mismo. Y por eso decide. Decide, por ejemplo, decir que no. El acto más profundo de resistencia.

    Sin aislarnos, debemos abstraernos. Bajar de la rueda, practicar cierto analfabetismo digital, volver a la carne y el hueso. Nos arrastraron a un campo de juego donde podemos perder todo lo que nos hace humanos. Frente a la virtualización de la existencia y la distorsión digital del tiempo, la memoria se ancla en lo corpóreo.

    La batalla también es en los cuerpos. Sin aislarnos, debemos abstraernos. Bajar de la rueda, practicar cierto analfabetismo digital, volver a la carne y el hueso. Nos arrastraron a un campo de juego donde podemos perder todo lo que nos hace humanos. Frente a la virtualización de la existencia y la distorsión digital del tiempo, la memoria se ancla en lo corpóreo. Es el hueso que no se disuelve, la herida que cicatriza pero no desaparece, el abrazo que perdura. La Historia no se escribe solo en papeles; se inscribe en los cuerpos. En el cansancio del maestro que siembra en el aula. En los gestos cotidianos que tejen comunidad. Volver a la carne y el hueso es resistir el desarraigo. Es recordar que la patria es un territorio compartido por seres que sienten, aman, luchan y construyen.

    La batalla por la memoria se libra en dos frentes inseparables: la reflexión serena y la acción urgente. Y sucede en bibliotecas, universidades y aulas, allí donde se examinan fuentes y se practica la anamnesis contra el olvido programado. Un telegrama, una factura, una minuta pueden revelar la mecánica de decisiones que cambiaron vidas. Este trabajo silencioso, riguroso, es la base de toda afirmación creíble. Y es el que hoy se subestima.

    Debemos “embarrarnos”. Porque la batalla en redes es la manifestación actual de la batalla en las calles. En plazas, asambleas, aulas como ágoras, donde la Historia se socializa, se discute, se convierte en herramienta para leer el presente e imaginar futuros. Abandonar cualquiera de estos frentes es claudicar. La investigación sin anclaje en lo cotidiano está al borde de la erudición estéril, de lógica endogámica. A lo sumo, preserva, pero no construye. La calle sin archivo es presente efímero, manipulable, sin profundidad. Nuestra tarea es conectar ambos territorios. La calle da sentido al archivo; el archivo da profundidad a la calle.

    ***

    Recuerdo a mis estudiantes del Colegio Nacional en 2021, en plena pandemia, escribiéndose cartas para leer cuando terminaran su quinto año. Sin saberlo, realizaron una acción profundamente histórica. Le hablaban al futuro; inscribieron su presente en una línea de tiempo que proyectaban hacia adelante. Afirmaron, recién salidos de la pandemia, que habría un “después”. Que el tiempo seguiría. Hoy, al abrir esos sobres, imagino algunas de las preguntas que les surgieron. ¿Dónde estaba entonces? ¿Qué recorrí desde aquel adolescente encerrado? ¿Siguen vivos mis deseos? ¿Qué quiero construir ahora? Ese diálogo entre lo que fuimos, somos y queremos ser es el núcleo de la conciencia histórica. Pero para poder entablarlo, necesitamos que la experiencia del tiempo vuelva a ser multidimensional.

    Una de mis alumnas, al terminar de leer, me dijo: “Abracé a quien era entonces”. No es solo una metáfora. Es prueba de que el tiempo no es una línea recta, sino un diálogo permanente. Ese abrazo a través del tiempo es lo que hacemos cuando enfrentamos críticamente el pasado colectivo. Es negar esta realidad plana que nos quieren imponer como única.

    En un presente que busca clausurar el porvenir, vendernos consumo y resignación, afirmar que el futuro existe —y que podemos moldearlo— es revolucionario. La Historia no mira solo hacia atrás. Es un bucle, un eco que viaja en todas las direcciones. Interpretamos el pasado para habitar críticamente el presente y abrir la posibilidad de un futuro distinto.

    Más allá del sueldo mezquino, más allá de la derrota coyuntural de los valores que defendemos, el oficio de la Historia es sostener ese espacio de posibilidad. Ese lugar donde un pibe, en una escuela fría o en una casa humilde, pueda no solo imaginar su futuro, sino empezar a construirlo. Y lo hace preguntándose por su lugar en el tiempo, por lo que vino antes, por lo que puede venir después.

    Nuestra derrota más profunda no sería aceptar un relato histórico falso. Sería renunciar a la capacidad de imaginar y luchar por los futuros posibles que están ahí, como semillas dormidas en las lecciones del pasado. Porque en el teatro de lo político, la crítica al adversario se ha vuelto un ritual cómodo: un exorcismo que nos absuelve de toda culpa. Nos reunimos para denunciar al otro, ese espejo deformado de nuestros propios errores, y en esa condena encontramos una identidad rápida, sin esfuerzo. Pero esa práctica, tan común, es en realidad una forma de evasión. Al poner todo el error en el enemigo, evitamos mirarnos a nosotros mismos. La energía que debería ir a la introspección se gasta en fabricar monstruos externos. Y aunque eso genera el calor efímero de la indignación, nos deja vacíos, atrapados en un presente sin salida.

    Nuestra derrota más profunda no sería aceptar un relato histórico falso. Sería renunciar a la capacidad de imaginar y luchar por los futuros posibles que están ahí, como semillas dormidas en las lecciones del pasado.

    La autocrítica, en cambio, es incómoda. Nos obliga a sacarnos la armadura de la lucha partidaria y mirar de frente nuestros errores, nuestras complicidades, nuestras oportunidades perdidas. Duele, porque rompe la narrativa heroica que nos contamos. Señalar al otro nos confirma en nuestra virtud; mirarnos al espejo nos enfrenta a nuestra fragilidad. Esta reticencia no es ingenua: es la defensa de un aparato ideológico que teme más a la disolución interna que a los ataques externos. Prefiere la solidez de un relato incuestionable a la riqueza inestable de la revisión.

    El verdadero desafío no es solo superar esa comodidad de criticar al otro. Es redirigir esa energía hacia la imaginación del futuro. Porque si nos obsesionamos con el enemigo, nos volvemos reactivos. Definimos nuestro horizonte en oposición, nunca en afirmación. Si logramos reducir esa lógica de espejos, liberaremos una energía que puede alimentar algo mucho más difícil y más valioso: la imaginación. No como evasión utópica, sino como construcción política concreta. Diseñar instituciones, vínculos sociales, sentidos comunes para un porvenir que aún no existe.

    Ahí es donde la autocrítica se vuelve fértil. Limpia el terreno y nos permite construir, con humildad y audacia, sobre cimientos verdaderos. En este presente que quiere borrar las huellas y cerrar los caminos, la Historia —con sus herramientas críticas y su capacidad de recordar— no es un lujo académico. Es el terreno donde se libra la batalla más importante: la batalla por la posibilidad misma de un mañana.

    Y en ese abrazo a través del tiempo, en esa obstinación por la memoria, en ese cuestionamiento vital sobre nuestra trayectoria en el mundo, está la esperanza que nos impide rendirnos.

    La entrada El tiempo violentado se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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