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Se realizan trabajos de limpieza en la ruta nacional 22

La Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina comenzó la semana pasada con trabajos de limpieza general del tramo de la ruta nacional 22, comprendido entre calle Pioneros hasta Moño Azul. Las tareas abarcan tanto el sector norte como el sur.

El cronograma de trabajo establece que una vez realizada la limpieza se pintará el tramo de amarillo.

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  • Villarruel dijo que Santilli conspira contra la República y lo trató de parásito

     

    Victoria Villarruel saló a responderle a Diego Santilli luego de que el jefe de Gabinete la invitara a renunciar. La vicepresidenta lo trató de parásito y dijo que conspiraba contra el orden de la República.

    Diego Santilli se sumó a los enfrentamientos de la vice, que hasta ahora tenía como interlocutores a protagonistas de menor fuste en el esquema libertario como Lilia Lemoine o Agustín Romo.

    El conflicto comenzó cuando Lemoine sugirió que «kukacruel», como llama a la vice, estaba aliada con Axel Kicillof y el Chiqui Tapia. Villarruel dijo que la diputada tenía cerebro de microbio y que se dedicaba a «llorar cariño presidencial». Pero la tensión subió cuando Milei compartió el tweet de Lemoine.

    Villarruel dijo estar preocupada por el estado de salud de Milei y sostuvo que el presidente tiene «persecuciones imaginarias» que lo llevan a tuitear estupideces y delirios, en referencia a posteos de Lilia Lemoine que replicó.

    Santilli le pidió la renuncia a Villarruel y abre un conflicto institucional

    Allí se sumó Santilli, que hasta hace un tiempo mantenía reuniones periódicas con Villarruel. Con el PRO en declive, esos encuentros fueron el atajo que encontró el ex diputado para abrirse paso en el mundo libertario. En ese momento aún no había estallado la relación entre Milei y su vice.

    Más allá de las chicanas públicas, Santilli y Villarruel tienen un rol clave para avanzar con el proyecto que más preocupa a Javier Milei: la eliminación de las Paso.

    Santilli viene negociando con los gobernadores el cambio en la normativa, pero aún no logró la mayoría necesaria para avanzar.

    Si logra juntar los votos, deberá terminar de instrumentar el acuerdo con Villarruel, que controla la agenda del Senado y a su vez mantiene una relación zigzagueante con Patricia Bullrich. Una de las preguntas que se hacen los legisladores libertarios es si la escalada del conflicto no terminará por complicar los planes del Gobierno.

    «Uno de los exponentes de la casta política a la que nos enfrentamos en el 2023 y le ganamos, pretende causar daño a la institucionalidad y conspirar contra el orden republicano de nuestra Patria. Ésta fue una fórmula mixta que surgió espontáneamente para quebrar la hegemonía de estos parásitos. Sea democrático y respete el voto popular», escribió Villarruel luego de que Santilli le sugiriera dar «un paso al costado».

     

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  • Ya se perdieron 44 mil empleos registrados en 2026 y alertan que el desempleo real es del 30%

     

    La crisis del empleo se espiralizó en el primer cuatrimestre de 2026. De acuerdo a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre enero y abril cerraron 5.654 empresas con la desvinculación laboral de 43.680 trabajadores registrados.

    Muchas de estas empresas son de rubros golpeados directamente por la apertura de importaciones y el aumento exponencial de los costos de producción. Entre los sectores más golpeados, aparecen el textil, calzado, autopartes, neumático, metalúrgico, entre otras.

    En ese cuadro, especialistas advierten una mutación acelerada del mercado laboral que tiene como aspecto central un corrimiento del trabajo asalariado al cuentapropismo, las apps y múltiples actividades informales y precarias.

    Autopartista despide a más de la mitad del personal, golpeada por la baja producción en Peugeot

    Es ahí donde el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, advirtió que casi un millón de puestos de trabajo asalariados se perdieron durante la última década y que casi la mitad de ese número responde a los últimos tres años.

    «En situación de desempleo, la opción disponible es pasar a un autoempleo informal. No tenés un empleo formal asalariado disponible, entonces la primera reacción que tenés es pasar a un rebusque», dijo Salvia a Infobae.

    La desocupación crece en el conurbano y ya supera los dos dígitos en regiones de la provincia

    Según un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina, el 29% de quienes salen del sistema de empleo formal se incorporan dentro de ese abanico de ocupaciones informales, un tendencia que -alertó- «se agravó notablemente».

    «La desocupación no es del 6%. Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28 o 30%», agregó Salvia, que habló de un 30% de la fuerza de trabajo en Argentina de alta productividad frente a un70% de subproductividad.

     

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    La ciudad argentina que desapareció bajo el agua y nunca volvió a ser la misma

     

    Durante décadas fue uno de los pueblos más prósperos del interior bonaerense. Tenía hoteles, comercios, una intensa actividad turística y miles de visitantes cada temporada. Pero una inundación extraordinaria cambió para siempre su historia y convirtió a Villa Epecuén en una ciudad fantasma que hoy atrae visitantes de todo el mundo.

    Por Redacción de NLI

    Las ruinas de una ciudad suelen asociarse con civilizaciones antiguas o con guerras devastadoras ocurridas a miles de kilómetros de la Argentina. Sin embargo, existe un lugar donde el tiempo parece haberse detenido hace apenas unas décadas. Calles que ya no conducen a ningún sitio, árboles convertidos en esqueletos blancos por la sal, edificios sin techos y automóviles deformados por el agua conforman un paisaje que muchos comparan con un escenario posapocalíptico. Se trata de Villa Epecuén, en el partido bonaerense de Adolfo Alsina, una localidad cuya historia resume tanto la capacidad de progreso del interior argentino como la fragilidad de las obras humanas frente a la naturaleza.

    Un pequeño pueblo que soñó con convertirse en un gran centro turístico

    La historia de Villa Epecuén comenzó a principios del siglo XX alrededor de un recurso natural excepcional: las aguas hipersalinas de la laguna Epecuén, cuya concentración de sal supera ampliamente la del mar. Desde muy temprano se difundió la idea de que esos baños poseían propiedades terapéuticas para aliviar enfermedades reumáticas, afecciones dermatológicas y distintos trastornos musculares. Más allá de las discusiones científicas sobre la magnitud de esos beneficios, el fenómeno alcanzó una enorme popularidad y transformó a la localidad en uno de los principales destinos turísticos del país.

    Durante las décadas de 1940, 1950 y 1960, miles de familias llegaban cada verano para disfrutar de los baños salados. La ciudad creció al ritmo de esa actividad. Se construyeron hoteles, hosterías, restaurantes, comercios y centros recreativos que generaban empleo para buena parte de la región. En su mejor momento, Villa Epecuén llegó a contar con más de un centenar de establecimientos hoteleros y una infraestructura capaz de recibir decenas de miles de visitantes por temporada. Era uno de esos ejemplos de desarrollo regional que demostraban cómo un recurso natural podía convertirse en el motor económico de toda una comunidad.

    Sin embargo, ese crecimiento convivía con un riesgo conocido desde hacía décadas. La laguna formaba parte de un complejo sistema hídrico del sudoeste bonaerense donde las variaciones climáticas podían modificar considerablemente el nivel del agua. Ingenieros y especialistas advertían periódicamente sobre la necesidad de mantener y reforzar las defensas que protegían al pueblo, aunque durante años la amenaza pareció lejana.

    La inundación que borró una ciudad del mapa

    A comienzos de la década de 1980, una sucesión de lluvias extraordinarias alteró el equilibrio de toda la cuenca. Los niveles de agua aumentaron de manera constante y comenzaron a ejercer una presión cada vez mayor sobre el terraplén que protegía Villa Epecuén. Finalmente, el 10 de noviembre de 1985, una parte de esa defensa cedió y el agua avanzó sobre la localidad.

    Lo que inicialmente parecía una inundación más terminó convirtiéndose en una catástrofe sin precedentes. En cuestión de semanas, el nivel del agua siguió creciendo hasta cubrir completamente calles, viviendas y edificios públicos. La evacuación de la población evitó una tragedia humana de mayores dimensiones, pero significó el abandono definitivo de una ciudad que había tardado más de medio siglo en construirse.

    Con el correr de los años, la laguna llegó a cubrir Villa Epecuén con varios metros de agua. Allí quedaron automóviles, muebles, hoteles enteros y recuerdos de miles de familias que nunca pudieron regresar. Durante casi dos décadas, el pueblo permaneció oculto bajo la superficie, convertido en una especie de Atlántida bonaerense cuya existencia sobrevivía únicamente en fotografías y relatos de antiguos habitantes.

    El regreso de las ruinas y la memoria de un pueblo

    A partir de los primeros años del siglo XXI, un prolongado descenso del nivel del agua comenzó a revelar lentamente las estructuras que habían permanecido sumergidas durante años. El paisaje que emergió sorprendió incluso a quienes habían vivido allí. La acción combinada del agua y de la sal había transformado completamente la ciudad. Los árboles aparecieron blanqueados como esculturas minerales, las paredes conservaron apenas sus esqueletos de hormigón y muchos objetos quedaron cubiertos por gruesas capas de cristales salinos.

    Lejos de desaparecer del imaginario colectivo, Villa Epecuén encontró una nueva forma de existencia. Fotógrafos, documentalistas, historiadores y turistas comenzaron a visitar las ruinas atraídos por un escenario único en América Latina. Incluso deportistas de reconocimiento internacional eligieron ese paisaje para filmaciones y producciones audiovisuales, contribuyendo a que las imágenes del antiguo pueblo recorrieran el mundo.

    Pero detrás del atractivo turístico permanece una historia profundamente humana. Las ruinas no representan solamente una curiosidad paisajística; son el recuerdo de una comunidad que perdió su lugar de pertenencia, de comerciantes que vieron desaparecer su trabajo y de familias que debieron reconstruir su vida lejos del sitio donde habían nacido. Al mismo tiempo, la experiencia de Villa Epecuén continúa alimentando debates sobre la planificación territorial, las obras hidráulicas, el impacto de los eventos climáticos extremos y la necesidad de pensar el desarrollo con una mirada de largo plazo.

    Hoy, caminar por las calles de Villa Epecuén significa recorrer una ciudad donde el tiempo parece haberse detenido en 1985. Cada pared derruida y cada árbol petrificado por la sal recuerdan que el progreso nunca está completamente garantizado y que la relación entre las sociedades y la naturaleza exige planificación, inversión y conocimiento. Tal vez por eso su historia siga despertando fascinación: porque demuestra que incluso en la inmensidad de la llanura bonaerense existen lugares capaces de condensar, en unas pocas cuadras, la grandeza y la fragilidad de toda una comunidad.

     

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