POR EL PODER DE LA JUSTICIA
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POR EL PODER DE LA JUSTICIA

Es positivo el reconocimiento de la situación por parte del presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) Carlos Rosenkratz, también que sea prioritario en su discurso de apertura, pero eso es solo el primer paso, después siempre hay un hiato, una ruptura espaciotemporal entre el diagnóstico de la situación y el diseño o proyecto  de soluciones; y la implementación de las mismas. Se siente inevitable una reestructuración interna, profunda, no se puede recuperar la confianza y legitimidad perdida con hechos aislados.

Es muy difícil conseguir un consenso total sobre algo, sin embargo en la Argentina hay un consenso general sobre que la palabra justicia o la justicia misma del país, está devaluada. Cuando llegás a consensos unánimes es porque la cosa está jodida. La legitimidad que perdió el poder judicial es esencial. Sin ella, no tiene sentido y no puede ser eficaz en la realización de sus fines.

En la actualidad los jueces no fallan solamente de acuerdo a la ley, y ahí existe una clave, los jueces son  empleados de la constitución y de la sociedad que les confía sus conflictos. Profesionales del derecho, respetuosos de las reglas que el pueblo de la Nación fijó para resolver los conflictos que les toca adjudicar. Personas que no se sirven del derecho, que no sirven a intereses inherentes al derecho. Los jueces no deben ser poderosos, deben ser justos.

La interrelación entre los poderes invisibles (descritos por Norberto Bobbio)  y la fachada formal de la burocracia Argentina son de íntima amistad. Alcanzaron niveles de literalidad complejos, el problema del Estado invisible es que deje de serlo, que se vea, y eso está pasando ahora. A su vez, también al poder político le cuesta bancarse y respetar un aparato burocrático judicial que los investigue y los sancione. Enormes retos a superar.

Que el Presidente de la Nación pida remover a un juez (en este caso a Ramos Padilla) revela nuestro bajo nivel de calidad institucional, mal o bien, como juez de instrucción hace su trabajo. Es un recado negativo que desde las responsabilidades más altas del Estado la reacción sea coartar la posibilidad de trabajar.

Ese mensaje ejecutivo tiene un efecto disciplinador muy fuerte hacia adentro del esquema burocrático porque la constitución nacional garantiza que algunos cargos  tengan protecciones precisamente para que puedan tolerar la interferencia de otros sectores. Estas protecciones se han disuelto con el paso de los años y lo peor es que está naturalizado. Quien detenta el poder político de turno tiene la posibilidad de vetar o instituir a un funcionario público por “x” motivo, lo cual anula toda lógica de República.

Todo el tiempo se negocian políticas públicas entre una parte de la dirigencia, instituciones y un sector de la sociedad que no tiene por función  participar en la creación de políticas. Por caso, Marcelo D’alessio viene a ser un concepto, como él hay muchos. El caso del falso abogado expone que hay toda una actividad empresarial creada en torno de la cuestión judicial en la que participan: abogados, periodistas, empresarios, políticos, servicios (con diferentes escalas) donde en lo más alto se condensa mucho poder económico y político.

Con las anomalías propias se fue construyendo todo este universo de personajes que son parte de la escenografía judicial. Hay todo un entramado paralegal que funciona alrededor de la justicia, y esto  tiene en parte que ver con la construcción de lejanía que generó la justicia Argentina, si la justicia deseara estar más cerca de la gente no necesitaría de este tipo de intermediarios.

Es una gran oportunidad para cambiar, si bien el sistema parece frágil, endeble; el sistema judicial argentino es muy fuerte para digerir los conflictos, en términos sociopolíticos. Habrá que ver si el sistema logra procesar el conflicto con el paso del tiempo, resistirlo y reconformarlo o si hay un quiebre real que nos permita recibir un poco, valga la redundancia, de justicia para todos.

Discurso de Carlos Rosenkrantz en la apertura del año judicial

Portada: NY Times

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  • Se parte la UIA: Moretti destrozó a Caputo y Rappallini salió a desautorizarlo

     

    La tensión entre la industria y el gobierno de Javier Milei terminó abriendo una interna feroz dentro de la propia central fabril. En pocas horas, Guillermo Moretti acusó a Luis Caputo de ser un «trader que no sabe lo que es un torno», Martín Rappallini reclamó por la caída de la actividad y el costo de la energía, Caputo respondió que no gobierna para «determinados empresarios» y, cuando todavía quedaba humo sobre el campo de batalla, el presidente de la UIA salió a desautorizar a su vicepresidente. 

    La secuencia arrancó apenas una hora antes del acto oficial por el Día de la Industria. Moretti, uno de los vicepresidentes de la UIA y referente industrial de Santa Fe, decidió romper todos los diques. «Esta gente no conoce el país y no conoce lo que es la industria, no tiene idea», afirmó en una entrevista concedida a El Destape. Y apuntó directamente contra Caputo: «Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno». También cuestionó el crecimiento del patrimonio del ministro y sostuvo que sus finanzas personales habían aumentado «un 37% en dólares» mientras la Argentina se endeudaba. 

    Moretti fue bastante más lejos que la posición institucional que venía preparando la UIA. Habló directamente de «una política de desindustrialización» y vinculó la supervivencia fabril con las escuelas técnicas, las universidades, el CONICET y el INTI. También puso el foco sobre la diferencia entre los sectores beneficiados por el modelo. «Hay sectores en los que este Gobierno está apostando muy fuerte, el tema de la minería, energía y el petróleo», dijo, mientras describió a la industria manufacturera en una situación «muy difícil». 

    El clima ya venía cargado desde la víspera. Rappallini había anticipado que preparaba un discurso duro para el Día de la Industria y el Gobierno respondió vaciando políticamente el encuentro. El acto se hizo en la planta del Laboratorio Elea, en Malvinas Argentinas, ante unos 200 industriales y sin funcionarios nacionales de primera línea. 

    Choque total del gobierno con la UIA: el vice dijo que Caputo es un trader y Milei bajó a Santilli del acto

    Sin embargo, cuando Rappallini subió al escenario, su discurso terminó pareciendo moderado al lado de la descarga de Moretti. El presidente de la UIA presentó números muy duros: la producción industrial está 10% por debajo de 2022, hay ramas con caídas de entre 25% y 30% y desde agosto de 2023 se perdieron 90.000 empleos asalariados registrados. «La economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación. Tenemos que mirar la actividad», afirmó.Ese punto toca uno de los nervios del programa económico de Caputo. 

    Rappallini destacó que durante los últimos dos años los precios industriales subieron alrededor de 140%, contra un incremento cercano al 190% del nivel general y del 400% en los servicios. «La industria le está poniendo el hombro en la estabilización», dijo. 

     Guillermo Moretti 

     El reclamo más concreto apareció con la energía. Rappallini denunció que numerosas empresas, especialmente pymes, recibieron facturas de gas y electricidad que se multiplicaron entre tres y cinco veces. La UIA atribuye parte del salto a la decisión oficial de trasladar a los industriales el diferencial generado por el costo de importación de energía y viene reclamando un mecanismo de compensación. «Seguimos aguardando una respuesta», lanzó. 

    Al mismo tiempo pidió que Vaca Muerta no sea únicamente una plataforma para exportar hidrocarburos sino también una palanca para exportar producción industrial argentina. 

    La central fabril desplegó además una agenda de siete puntos: recuperación de actividad y crédito, reducción del costo argentino, defensa frente a la competencia desleal, energía, morosidad, infraestructura y modernización laboral. Rappallini pidió un «puente» entre la economía que queda atrás y la economía competitiva que pretende construir Milei. 

    También reclamó un pacto fiscal industrial para reducir impuestos nacionales, provinciales y municipales y advirtió que en algunos sectores los productos ingresados por circuitos irregulares representan entre 30% y 50% del mercado. «Esto lejos está de ser libre mercado», afirmó. 

    Caputo no dejó pasar el desafío. Horas después, durante el foro Vientos de Cambio, defendió el programa económico y rechazó el diagnóstico industrial. «El camino en el que estamos es el correcto. Estamos en un proceso de reconversión», afirmó. Después trazó la frontera política de la discusión: «El mío como ministro es defender el interés de todos los argentinos, no el de algunos o el de alguien en particular». 

    El ministro endureció todavía más la respuesta. Dijo que el modelo anterior había protegido empresarios mediante subsidios en energía, tipo de cambio y precios, y aseguró que la economía ahora crecerá «en dos velocidades». Sobre Moretti fue tajante: «El feedback de las industrias no es el que dijo hoy el vice de la UIA». Según Caputo, muchos empresarios entienden que llegó el momento de «reconvertirse» e invertir. «Si no nos adaptamos al mundo, cerremos las fronteras», resumió. 

    Milei completó la pinza esa misma tarde. En el mismo foro descartó cualquier flexibilización del programa por razones electorales. «El resultado fiscal no se negocia», afirmó. Y agregó: «No vamos a negociar la política monetaria porque no vamos a parar hasta terminar de derrotar la inflación». El Presidente condensó su posición en una frase que dejó poco margen para las demandas industriales: «Las buenas políticas no se negocian».

    Pero cuando parecía que la historia quedaba reducida al choque entre el Gobierno y los industriales, apareció el capítulo más incómodo para la UIA. Rappallini salió públicamente a despegarse de Moretti. Y lo hizo con una dureza que llamó la atención. 

    Después llegó la estocada. En LN+, Rappallini buscó bajar la temperatura y se mostró mucho más conciliador con el Gobierno. «Nosotros estamos de acuerdo con el orden macroeconómico, estamos de acuerdo con el equilibrio fiscal, estamos de acuerdo con bajar la inflación», afirmó. Y aclaró que la discusión con Caputo pasa por la economía real: «Lo que planteamos es que ahora tenemos que crecer». 

    También buscó quitarle amortiguar el choque: «No estamos en contra del Gobierno, estamos planteando una agenda industrial». Rappallini defendió además el rumbo general y sostuvo que «hay muchas cosas que se hicieron bien», aunque advirtió que «la actividad está claramente amesetada». 

    Rappallini sostuvo que Moretti «puede tener su propia mirada», pero aclaró que sus declaraciones representan «una posición personal o provincial, no la posición institucional de la UIA». Incluso recordó que la entidad tiene ámbitos internos para procesar las diferencias antes de expresarlas hacia afuera. El presidente de la central fabril terminó marcándole los límites a su vicepresidente en público.   

    El contraste con Moretti quedó expuesto. El presidente de la UIA se preocupó por dejar un puente tendido hacia Economía.

    Hay además un dato que vuelve más delicada la posición de Rappallini frente al Gobierno. El empresario es inversor del Proyecto San Jorge Cobre Mendocino, la mina de cobre y oro de Uspallata que ingresó al RIGI. El proyecto había sido presentado inicialmente por unos 630 millones de dólares y finalmente fue aprobado con una inversión total proyectada de 891 millones de dólares

    La pelea con Caputo dejó así una grieta expuesta dentro de la principal organización industrial del país. Moretti pateó el tablero, Rappallini trató de ordenar las piezas y el Gobierno aprovechó para reafirmar que no piensa modificar el rumbo. 

     

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