El Intendente Marcelo Orazi participó de la mesa de trabajo convocada por la Agencia de Desarrollo Económico CREAR Río Negro para compartir ejes y objetivos a desarrollar durante este año. En la oportunidad estuvo acompañado por el Secretario de Coordinación Ariel Oliveros.
En el encuentro estuvieron presentes la Subsecretaria en Coordinación Técnica Administrativa del CREAR María Eugenia Casi, el referente local del CREAR Atilio Caverzán, la Legisladora Marcela Ávila y representantes de las Universidades del Comahue y de Río Negro y de las Cámaras de Comercio y de Productores, Escuela Agraria, INTI entre otros.
En la oportunidad, el Intendente Orazi expresó que “el CREAR es un lugar donde los distintos actores económicos de la ciudad, empresarios, micro emprendimientos, Universidades, Escuela Agraria e instituciones pueden acercarse asiduamente más teniendo en cuenta la conexión con el Parque Industrial y su inscripción en el RENPI y llevar adelante proyectos que nos permitan el desarrollo sostenido de la ciudad”.
“La presencia de cada uno de ustedes en este primer encuentro adquiere otra relevancia teniendo en cuenta los factores que hoy se nos presentan más que favorables para la concreción de proyectos productivos e innovadores”, señaló.
Por su parte, Casi indicó que “debemos empezar a pensar en un lugar físico y poder bajar todos los programas que la provincia de Río Negro tiene y poder compartir con cada uno de ustedes lo que se está haciendo y poder aprovechar esta capacidad del Crear para desarrollar todas sus herramientas de inversión y desarrollo productivo. Poner en la mesa que viene aportando cada uno y que podemos aportar de cara a éste año de acuerdo a la realidad de cada uno”.
“En definitiva hay actores que no necesitan un crédito, pero sí un acompañamiento, que se asesore en determinados temas, que se capacite. Para ofrecer nuestros productos en el mercado interno y externo necesitamos que sean de calidad, indicó”.
Desde el pasado jueves se disfrutaron de diferentes iniciativas propuestas desde la Dirección de Turismo como parte del programa ‘Sentite Turista’. El jueves los niños y niñas pintaron y colorearon luego de una caminata recreativa por los monumentos presentes en el Paseo del Arroyo. Por otro lado, el viernes se llevó a cabo la propuesta…
La llegada de la primavera y el día del estudiante fue disfrutado a pleno por jóvenes y familias que eligieron la Isla 58 para encontrarse, respetando los protocolos, y vivir una jornada especial en un entorno natural fantástico. Desde temprano se fueron acercando al balneario municipal, que lució un aspecto espectacular para la ocasión. En…
El Intendente Marcelo Orazi firmó en la tarde de este jueves con el Ministro de Transporte de la Nación Mario Meoni el convenio que contempla la remodelación integral de la terminal de ómnibus de media y larga distancia de Villa Regina por un monto superior a los $65 millones. La rúbrica se concretó en la…
Quien es incapaz de instalarse, olvidando todo lo ya pasado, en el umbral del presente, quien es incapaz de permanecer erguido en un determinado punto, sin vértigo ni miedo, como una diosa de la victoria, no sabrá lo que es la felicidad o, lo que es peor, no hará nunca nada que haga felices a…
Unos 100 kayaks participaron de una nueva edición de la Bajada de Canoas que unió Huergo y Regina, organizada por la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina. Una jornada a pleno sol acompañó la travesía por las aguas del río Negro. Minutos después de las 13, comenzaron a llegar los palistas al…
Mucho antes de los cementerios-parque y de las grandes necrópolis suburbanas, Buenos Aires desarrolló una verdadera arquitectura de la muerte. El crecimiento de la ciudad obligó a trasladar cementerios, modificar costumbres y construir espacios monumentales donde las familias reproducían, incluso después de la muerte, las diferencias sociales de la vida cotidiana.
Por Redacción de NLI
Hay ciudades dentro de las ciudades que casi nunca miramos. Buenos Aires tiene una de ellas y está habitada por millones de personas que ya no están. Entre mausoleos, galerías, esculturas, árboles centenarios y calles perfectamente trazadas, los grandes cementerios porteños conservan una historia que excede ampliamente la cuestión funeraria. Son archivos arquitectónicos, sociales y políticos donde pueden leerse las transformaciones de la Argentina, desde la epidemia de fiebre amarilla hasta la inmigración masiva, el ascenso de las clases medias y la construcción de una identidad nacional.
El caso más conocido es el Cementerio de la Recoleta, pero su historia no comienza allí. Antes de que ese lugar se convirtiera en una de las necrópolis más famosas de América Latina, Buenos Aires había tenido otros cementerios ubicados mucho más cerca del centro urbano. El crecimiento demográfico y las sucesivas epidemias obligaron a las autoridades a replantear dónde y cómo debía enterrarse a los muertos.
El problema era sanitario, pero también profundamente cultural. Durante siglos, enterrar a una persona había estado ligado a iglesias y parroquias. La expansión de las ciudades modernas comenzó a separar progresivamente la muerte del espacio religioso y a convertir los cementerios en instituciones públicas, organizadas, reglamentadas y administradas por autoridades civiles.
La muerte también cuenta la historia de una ciudad
El traslado de los cementerios porteños estuvo estrechamente relacionado con las grandes epidemias que golpearon a Buenos Aires durante el siglo XIX. La fiebre amarilla de 1871, que provocó una de las mayores tragedias sanitarias de la historia argentina, aceleró una transformación que ya estaba en marcha: los cementerios ubicados dentro de zonas densamente pobladas comenzaron a ser considerados un problema para la salud pública.
La epidemia dejó decenas de miles de muertos y produjo una conmoción social enorme. Las autoridades comprendieron que la expansión urbana exigía nuevas políticas sanitarias, sistemas de agua y cloacas, hospitales y también una reorganización de los espacios destinados a los entierros.
Fue en ese contexto que adquirió importancia el Cementerio de la Chacarita, creado originalmente como consecuencia de la emergencia sanitaria. Lo que comenzó como una solución frente a una catástrofe terminó convirtiéndose en una de las principales necrópolis de la ciudad.
Pero mientras Chacarita adquiría una función más vinculada con el entierro masivo y popular, Recoleta desarrollaba otra característica: la monumentalidad.
En sus calles internas aparecen mausoleos familiares, esculturas, vitrales y obras realizadas por arquitectos y artistas de enorme prestigio. La explicación no es solamente estética. El cementerio se transformó también en un escenario donde las familias pertenecientes a los sectores más acomodados podían exhibir su posición social.
La ciudad de los vivos tenía sus palacios, sus avenidas y sus grandes edificios. La ciudad de los muertos también tenía los suyos.
Una sociedad entera quedó dibujada en sus mausoleos
Caminar por un cementerio monumental permite descubrir algo que los libros de historia muchas veces no muestran: cómo una sociedad quería ser recordada.
Los mausoleos familiares muestran apellidos vinculados con la política, la economía, las Fuerzas Armadas, la cultura y las grandes familias tradicionales. Pero entre esas construcciones también aparecen nombres de inmigrantes que lograron ascender socialmente y quisieron dejar una marca visible de ese recorrido.
La arquitectura funeraria se convirtió así en una especie de autobiografía colectiva.
Hay familias que eligieron monumentos sobrios; otras construyeron verdaderos templos en miniatura. Algunas encargaron esculturas de mármol importado y otras incorporaron símbolos vinculados con profesiones, creencias o acontecimientos familiares. Cada decisión transmitía una idea sobre quién había sido aquella persona y qué lugar había ocupado dentro de la sociedad.
El fenómeno no fue exclusivamente argentino. En las grandes ciudades de Europa y América, los cementerios monumentales se convirtieron durante los siglos XIX y XX en verdaderos espacios de representación social. Pero en Buenos Aires adquirieron una particularidad vinculada con la historia de una ciudad que recibió millones de inmigrantes y experimentó una transformación social extraordinariamente rápida.
En pocas generaciones, una familia podía pasar de la pobreza de los conventillos a la prosperidad económica. El mausoleo podía funcionar entonces como una declaración pública de ese ascenso.
La muerte, paradójicamente, se convirtió en otra forma de contar la movilidad social.
Cuando los cementerios dejaron de parecerse a una ciudad
Durante el siglo XX comenzó a cambiar nuevamente la relación de los argentinos con la muerte. La expansión de las ciudades llevó los cementerios cada vez más hacia las periferias. Aparecieron nuevas formas de entierro, nichos, bóvedas colectivas y, posteriormente, cementerios privados y parques.
También cambió la arquitectura. Los enormes mausoleos familiares dejaron de tener el protagonismo que habían alcanzado décadas atrás y comenzaron a ganar espacio soluciones más simples y funcionales.
La transformación no fue solamente económica. También cambió la relación cultural con la muerte. Las sociedades urbanas modernas tendieron a esconder cada vez más aquello que antes formaba parte visible de la vida cotidiana. Los antiguos velorios prolongados, las procesiones y determinadas ceremonias familiares fueron perdiendo presencia.
Los cementerios monumentales quedaron entonces como testimonios de una época en la que la muerte todavía ocupaba un lugar mucho más visible dentro de la vida social.
Y por eso resultan tan interesantes.
No son simplemente lugares donde descansan personas famosas. Son documentos históricos construidos en piedra. En ellos pueden estudiarse estilos arquitectónicos, transformaciones sociales, epidemias, migraciones, conflictos políticos, religiones, profesiones y hasta las aspiraciones de una sociedad.
Quizás por eso recorrer una necrópolis antigua produce una sensación extraña: uno camina por calles silenciosas, pero cada esquina cuenta una historia. Una escultura puede hablar de una tragedia familiar. Una fecha puede recordar una epidemia. Un apellido puede conducir hasta una empresa, un partido político o una institución que todavía existe.
Buenos Aires tiene varias de estas ciudades silenciosas. Y aunque millones de personas pasan cada año frente a sus puertas sin detenerse, detrás de ellas existe una parte fundamental de la historia argentina.
Porque los vivos construyen ciudades para vivir, pero también construyen lugares para ser recordados. Y cuando esas construcciones sobreviven durante más de un siglo, terminan contando una historia que ya no pertenece solamente a quienes fueron enterrados allí.
También pertenece al país que dejaron atrás.
Difunde esta nota
Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.