Estas son las frases salientes del intendente de Villa Regina Dr. Marcelo Orazi expresadas en la reciente conferencia de prensa brindada por el Comité de Crisis en el Municipio reginense.
«Ratificamos algunas medidas de protección, como la obligatoriedad del barbijo en la vía pública y dentro de los comercios»
«La intención del municipio es que la gente no circule, es un tema complicado con la función de los bancos pero después de las 15hs creo que logramos aplacar la ciudad»
«Un porcentaje mayor de los que no cumplían han tomado conciencia de la situación que estamos viviendo»
«Está prohibida la actividad deportiva al aire libre, porque llevaría a que haya mucha gente en circulación»
«Por ahora no está habilitado el delibery el día domingo»
«Nos vamos a guiar por los decretos nacionales y provinciales»
«No nos tenemos que relajar porque no tengamos ningún caso en Regina»
«Los intendentes vamos a tener la facultad de ir viendo como funciona cada localidad para ir tratando de ver que podemos flexibilizar»
«El destino de las donaciones las resuelve el comité de crisis, la municipalidad cumple la función de acopio»
«En el decreto no distinguimos un horario especial para la atención de personas mayores, pero está establecido que de 07 a 09 hs recomendamos que concurran las personas mayores de 60 años»
Una planificación que prevea otro plan industrial. Muchas empresas se quieren venir a instalar a Regina. Una ciudad que tiene potencial, muy cercana a los centros productivos. Difunde esta nota
La ex novia de Fernando Cerimedo, Nadia Shirley Beller Delgado, dijo que fue su esposa quien filtró los audios de Diego Spagnuolo que destaparon el escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) y que complicó seriamente a Karina Milas.
Nadia Beller dijo que el ex estratega digital de Milei mantenía su vínculo con Natalia Basil, nombrada por Spagnuolo en la Andis y que fue ella quien filtró los audios para destapar la corrupción del gobierno libertario. «Cuando yo cuestioné la moral de ella (por Basil) como corrupta, Cerimedo me dijo que fue ella quien denunció y filtró los audios y que la corrupta era Karina Milei», dijo
Beller Delgado responsabilizó a Cerimedo por el ataque que sufrió el lunes por la noche en el que recibió cuatro impactos de bala.
«Sobre Milei, lo escuché muchas veces cuestionar hechos de corrupción con su socio. Decían que se caía y que no había forma de salvarlo. Pero no sé de casos concretos», agregó a radio El Destape.
Más tarde, en otra entrevista con radio Rivadavia, Nadie Beller volvió sobre la misma idea. «Ellos filtraron los audios para que caiga la corrupción de Milei, eso lo tengo grabado y él sabe que lo tengo grabado», subrayó.
Cuando yo cuestioné la moral de ella (por Basil) como corrupta, Cerimedo me dijo que fue ella quien denunció y filtró los audios y que la corrupta era Karina Milei.
Además, afirmó que Basil es «agente de la CIA» según le había dicho Cerimedo y que trabaja en combustibles con un exasesor de Trump, que de acuerdo a la agredida, también es de la CIA.
Recordó que «hubo un incidente en el que me di cuenta de que él me mentía en su relación con su expareja. Me dijo que ella lo engañó y que cuando estaba embarazada tuvo que hacerse un ADN».
Además, detalló que «en abril descubrí que tenía conversaciones románticas con ella. Lo encaré y esa fue la primera vez que, según él para neutralizarme, me ahorcó. No me contestó si era verdad o era mentira, dijo que ella empezó a sospechar sobre mí y él intentó engañarla para que no viniera a Bolivia».
También dijo que le envió a Cerimedo «fotos de cajones llenos de billetes de hechos de corrupción» en los que estaría involucrados miembros del gobierno boliviano. «El resto del dinero lo maneja su testaferro, que se llama Iván, que vive en el mismo edificio en La Paz, y del que no sé el apellido», añadió. La mujer, que afirma esperar un hijo de Cerimedo, manifestó que «tengo miedo de permanecer internada, acá es muy fácil que entren para eliminarme».
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Argentina llegó a construir uno de los aviones a reacción más avanzados de su época, pero una combinación de cambios políticos, decisiones económicas y falta de continuidad estratégica impidió que aquel proyecto se transformara en una industria aeronáutica permanente.
Por Redacción de NLI
En una Argentina que todavía buscaba definir su lugar en el mundo de la posguerra, un grupo de ingenieros, técnicos y trabajadores industriales imaginó algo que parecía imposible: que el país pudiera competir en uno de los campos tecnológicos más sofisticados del siglo XX. No se trataba solamente de fabricar un avión, sino de demostrar que una nación periférica podía desarrollar conocimiento propio, formar especialistas y construir una capacidad industrial vinculada a la defensa y a la producción de alta complejidad. Ese sueño tuvo un nombre: Pulqui II, un proyecto aeronáutico que durante algunos años colocó a la Argentina entre los pocos países capaces de diseñar un caza a reacción moderno.
Cuando Argentina quiso entrar al mapa de la tecnología aeronáutica
A comienzos de la década de 1950, el mundo estaba atravesado por una revolución tecnológica. La Segunda Guerra Mundial había acelerado el desarrollo de los motores a reacción y las principales potencias comenzaban a abandonar los aviones tradicionales de hélice para avanzar hacia una nueva generación de aeronaves capaces de alcanzar mayores velocidades y alturas. En ese escenario, la Argentina impulsó un programa propio desde el entonces Instituto Aerotécnico de Córdoba, una institución que concentraba conocimiento científico, formación profesional y capacidad industrial.
El proyecto contó con la participación de ingenieros argentinos y del diseñador aeronáutico alemán Kurt Tank, uno de los especialistas más reconocidos de su época, quien había trabajado en la industria alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Su llegada a la Argentina permitió incorporar conocimientos avanzados, pero el desarrollo no fue simplemente una copia extranjera: el equipo local debió adaptar diseños, materiales y procesos a las capacidades disponibles en el país.
El resultado fue el Pulqui II, un caza de ala en flecha con motor a reacción que realizó su primer vuelo en 1951. Para comprender la magnitud del proyecto hay que recordar que en aquel momento eran pocos los países que tenían la capacidad técnica para construir aeronaves de esas características. Argentina no solamente compraba tecnología: intentaba crearla.
El avión tenía prestaciones comparables con modelos que utilizaban algunas fuerzas aéreas de las grandes potencias. Su desarrollo implicaba mucho más que la fabricación de una máquina militar: requería metalurgia avanzada, ingeniería de precisión, formación de técnicos especializados y una red industrial capaz de sostener un proceso tecnológico complejo.
El proyecto que quedó atrapado entre la política y el cambio de modelo
Sin embargo, el Pulqui II nació en un momento histórico marcado por profundas disputas políticas. El proyecto formaba parte de una visión de desarrollo industrial que buscaba ampliar las capacidades del país, fortalecer sectores estratégicos y reducir la dependencia tecnológica externa. Esa concepción entró en crisis con el golpe de Estado de 1955 y el cambio de orientación política y económica que comenzó después.
Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, muchos proyectos asociados al período anterior fueron revisados, frenados o directamente abandonados. El Pulqui II no escapó a esa lógica. Aunque continuaron algunos trabajos técnicos, la falta de financiamiento sostenido y de una decisión política clara hizo que el programa perdiera impulso.
El problema no fue únicamente la interrupción de un avión específico. Lo que se debilitó fue una línea de desarrollo tecnológico que podía haber permitido consolidar una industria aeronáutica nacional con capacidad exportadora y de innovación permanente. El proyecto había generado conocimientos, especialistas y experiencia acumulada, pero esa construcción necesitaba continuidad para transformarse en una política de Estado.
La historia del Pulqui II muestra una de las tensiones más profundas de la Argentina moderna: la dificultad para sostener en el tiempo proyectos estratégicos que requieren décadas de inversión, planificación y estabilidad institucional. La ciencia y la industria no producen resultados inmediatos; necesitan continuidad más allá de los cambios de gobierno.
La memoria de un sueño industrial que todavía interpela
Con el paso del tiempo, el Pulqui II quedó convertido en un símbolo contradictorio. Por un lado, representa una de las experiencias más ambiciosas de la ingeniería argentina y demuestra que existía capacidad para desarrollar tecnología de frontera. Por otro, también refleja una oportunidad perdida: la imposibilidad de transformar un proyecto exitoso en una industria consolidada.
La Argentina tuvo momentos en los que logró construir capacidades tecnológicas de primer nivel. La experiencia aeronáutica de Córdoba, el desarrollo nuclear, la producción satelital y otros campos muestran que el país contó con científicos, técnicos e instituciones capaces de competir internacionalmente cuando existió una estrategia sostenida.
El Pulqui II no debe ser recordado solamente como un avión que nunca llegó a producirse en serie. Su verdadera importancia está en la pregunta que deja abierta: qué podría haber ocurrido si un país latinoamericano hubiera mantenido durante décadas una política industrial y científica orientada a generar tecnología propia.
Más de setenta años después de aquel primer vuelo, el Pulqui II continúa siendo una historia de ambición tecnológica, talento nacional y decisiones políticas. Un recordatorio de que la soberanía no se construye únicamente con recursos naturales, sino también con conocimiento, investigación y la capacidad de imaginar un futuro propio.
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