Estas son las frases salientes del intendente de Villa Regina Dr. Marcelo Orazi expresadas en la reciente conferencia de prensa brindada por el Comité de Crisis en el Municipio reginense.
«Ratificamos algunas medidas de protección, como la obligatoriedad del barbijo en la vía pública y dentro de los comercios»
«La intención del municipio es que la gente no circule, es un tema complicado con la función de los bancos pero después de las 15hs creo que logramos aplacar la ciudad»
«Un porcentaje mayor de los que no cumplían han tomado conciencia de la situación que estamos viviendo»
«Está prohibida la actividad deportiva al aire libre, porque llevaría a que haya mucha gente en circulación»
«Por ahora no está habilitado el delibery el día domingo»
«Nos vamos a guiar por los decretos nacionales y provinciales»
«No nos tenemos que relajar porque no tengamos ningún caso en Regina»
«Los intendentes vamos a tener la facultad de ir viendo como funciona cada localidad para ir tratando de ver que podemos flexibilizar»
«El destino de las donaciones las resuelve el comité de crisis, la municipalidad cumple la función de acopio»
«En el decreto no distinguimos un horario especial para la atención de personas mayores, pero está establecido que de 07 a 09 hs recomendamos que concurran las personas mayores de 60 años»
El Gobierno confirmó que insistirá en modificar el régimen de licencias por enfermedad durante las sesiones ordinarias. Qué busca cambiar, qué impacto tendría sobre los trabajadores y por qué el tema vuelve a tensar la relación con la CGT y la oposición.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
El oficialismo confirmó que volverá a impulsar cambios en el régimen de licencias por enfermedad durante las próximas sesiones ordinarias del Congreso de la Nación Argentina. Tras haber retirado el polémico artículo 44 de la reforma laboral ante la presión política y sindical, ahora el espacio de La Libertad Avanza anticipa que no abandona el objetivo de modificar el esquema vigente.
La señal la dio el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, quien sostuvo que el tema deberá debatirse en una ley específica. En otras palabras: el Gobierno perdió esa batalla en Diputados, pero no la guerra legislativa.
Qué quiere cambiar el oficialismo en las licencias médicas
El artículo eliminado planteaba una reducción en el salario durante el período de licencia por enfermedad o accidente. Actualmente, la Ley de Contrato de Trabajo garantiza que el trabajador cobre el 100% de su remuneración durante el período establecido por antigüedad.
Desde el entorno de Milei argumentan que el sistema actual genera “abusos”, fomenta certificados médicos irregulares y aumenta el costo laboral para las empresas. Bajo ese diagnóstico, el oficialismo busca introducir un esquema que —según su visión— “corrija distorsiones”.
Pero el punto central es otro: no se trata solo de combatir fraudes, sino de redefinir el equilibrio entre protección del trabajador y reducción de costos empresariales. Y ahí es donde aparece la tensión estructural.
Para el Gobierno, modificar las licencias médicas es parte de su programa de “modernización laboral”. Para amplios sectores sindicales, es un intento de recortar derechos históricos en nombre del ajuste fiscal y la competitividad.
El conflicto político que se abre en sesiones ordinarias
La eliminación del artículo 44 no fue técnica: fue política. La presión de bloques opositores y la advertencia de la Confederación General del Trabajo obligaron a retroceder. Reabrir el debate implica volver a encender ese conflicto.
El oficialismo apuesta a que, con el clima legislativo más ordenado en sesiones ordinarias, pueda construir mayorías parciales o negociar una redacción menos frontal. Sin embargo, el costo político no es menor: tocar las licencias por enfermedad impacta directamente en el bolsillo y la seguridad económica de millones de trabajadores formales.
Además, en un contexto de caída del consumo, salarios deteriorados y ajuste en el sector público, cualquier iniciativa que afecte ingresos durante períodos de enfermedad puede leerse como un nuevo endurecimiento del programa económico.
No es casual que el Gobierno haya optado por fragmentar el debate. Al retirar el artículo de la reforma laboral general, evita que el rechazo a las licencias contamine otras reformas. Pero al anunciar que insistirá, deja claro que forma parte de su núcleo ideológico.
Qué está realmente en juego
Más allá del tecnicismo legislativo, la discusión es profunda. Se debate:
El rol del Estado en la protección ante la enfermedad.
El equilibrio entre productividad y derechos laborales.
El modelo de relaciones laborales que quiere consolidarse en Argentina.
Si prosperara una modificación que reduzca ingresos durante licencias médicas, el impacto no sería homogéneo. Golpearía con más fuerza a trabajadores con enfermedades crónicas, patologías prolongadas o menor estabilidad laboral.
Para el oficialismo, el argumento es fiscal y empresarial. Para los sindicatos y la oposición, el eje es social y constitucional. La disputa no es administrativa: es sobre el modelo de país.
Las sesiones ordinarias del Congreso serán el escenario donde esta tensión vuelva a expresarse. Y el resultado marcará hasta dónde puede avanzar el Gobierno en su agenda laboral sin romper equilibrios políticos más amplios.
Villa Regina, 06 de Octubre de 2020 A la comunidad local:Ante la crisis del sector cultural, agudizado en este contexto de pandemia, donde los trabajadores y trabajadoras de la cultura nos vemos imposibilitados de poder generaringresos genuinos en nuestros espacios de trabajos tanto individuales como colectivos.Los trabajadores de la Cultura de nuestra comunidad, nos reunidos…
El concepto de “cadaunitos” desarrollado por el sociólogo Josep-Vicent Marqués en el libro No es natural permite analizar con notable precisión el núcleo ideológico del mileísmo: una visión del mundo donde la sociedad se disuelve en individuos aislados. Desde una perspectiva política, económica y sociológica, esa concepción no sólo redefine el rol del Estado sino que también tensiona los fundamentos mismos de la democracia moderna.
Por Tomás Palazzo para NLI
Imagen modificada digitalmente
Los “cadaunitos” de Marqués: la ilusión de la sociedad sin sociedad
En el primer capítulo de No es natural, Marqués propone una crítica al sentido común que naturaliza el orden social. Allí utiliza el término “cadaunitos” para referirse irónicamente a una concepción según la cual la sociedad sería simplemente la suma de individuos aislados, cada uno viviendo su vida privada sin mediaciones colectivas.
El autor señala que muchas formas de vida que creemos naturales en realidad son construcciones históricas y sociales, y que podrían ser distintas. La vida cotidiana de los “cadaunitos” aparece entonces como una ficción ideológica: individuos que creen actuar libremente pero que en realidad reproducen estructuras sociales que se presentan como naturales.
Esta crítica es central para la sociología moderna. Desde Émile Durkheim hasta Karl Marx, las ciencias sociales han sostenido que el individuo no existe fuera de la sociedad, sino que es producido por ella. El propio Marx sintetizó esta idea al afirmar que el ser humano “solo puede individualizarse en sociedad”. En otras palabras: el individuo no es el punto de partida de la sociedad, sino su resultado.
El individualismo radical en el ideario de Milei
El proyecto político de Javier Milei se inscribe dentro del libertarismo económico y del anarcocapitalismo, corrientes que sitúan la libertad individual como valor político supremo. En esa tradición, el Estado aparece como una institución sospechosa o incluso ilegítima, mientras que el mercado y las decisiones individuales son considerados los mecanismos más eficientes para organizar la vida social.
Esta concepción ha sido señalada por distintos analistas como una forma de individualismo radical. Un artículo de Carla Yumatle advierte ya, antes de su llegada a la presidencia, que en el ideario libertario mileísta la libertad individual ocupa el centro del sistema moral, mientras que el lugar de la democracia como valor político aparece difuso o subordinado.
En términos ideológicos, esto se expresa en varios rasgos característicos del discurso mileísta:
la crítica a la “justicia social” como principio organizador del Estado;
la deslegitimación de la intervención estatal en la economía;
la exaltación del éxito individual y el mérito personal;
la reducción de los problemas sociales a decisiones individuales.
Desde una perspectiva sociológica, este marco conceptual se acerca notablemente a la lógica que Marqués ironizaba con los “cadaunitos”.
Economía política de los “cadaunitos”
En el plano económico, la visión libertaria supone que la sociedad funciona como un mercado compuesto por individuos autónomos que intercambian libremente. Esta idea tiene raíces en el liberalismo clásico de Adam Smith, pero alcanza su forma más radical en el libertarismo contemporáneo, donde el mercado reemplaza casi por completo a la política. Sin embargo, numerosos autores han cuestionado esta premisa.
El economista Karl Polanyi sostiene —en su libro The Great Transformation— que la idea de un mercado que funciona solo, sin intervención del Estado ni de la sociedad, es relativamente reciente en la historia (siglo XIX, con el capitalismo liberal). Antes de eso, las economías no funcionaban solo por oferta y demanda. La producción, el trabajo y el comercio siempre estuvieron regulados por normas sociales, costumbres, religiones o decisiones políticas.
De manera similar, el sociólogo Pierre Bourdieu describió el neoliberalismo como una utopía que pretende crear un mundo compuesto por individuos empresarios de sí mismos, donde cada persona compite permanentemente con las demás.
En ese esquema, la sociedad se transforma en un campo de competencia entre “cadaunitos”.
Política sin comunidad: el problema democrático
La crítica más profunda al individualismo radical aparece en el plano político. La democracia moderna se funda en la idea de soberanía popular, es decir, en la existencia de un sujeto colectivo llamado pueblo. Sin embargo, si la sociedad se concibe únicamente como la suma de individuos, esa noción se vuelve problemática.
De allí que algunos analistas hablen de un individualismo antidemocrático, en el sentido de que la lógica libertaria privilegia la libertad individual por sobre la deliberación colectiva o el bien común.
La paradoja es evidente: si la sociedad está formada por individuos aislados, entonces el espacio político se reduce a la defensa de intereses privados. En ese punto, la política tiende a desaparecer o a convertirse en mera gestión técnica del mercado.
La crítica sociológica al individualismo extremo también se vincula con el problema de la desigualdad. Si cada individuo es responsable exclusivo de su destino, entonces la pobreza deja de ser un problema estructural y pasa a interpretarse como un fracaso personal.
Este enfoque ignora lo que el sociólogo C. Wright Mills llamó la “imaginación sociológica”: la capacidad de comprender que muchos problemas individuales son en realidad problemas sociales. Cuando esa dimensión desaparece, el resultado es una sociedad fragmentada donde cada sujeto queda librado a su propia suerte.
En términos de Marqués, el mundo de los “cadaunitos”.
Milei y la naturalización del individualismo
Volviendo a la tesis central de Marqués, el autor advertía que muchas ideologías intentan presentar como “natural” aquello que en realidad es histórico y político. El individualismo radical funciona exactamente de ese modo.
La idea de que cada persona debe arreglarse sola, que el mercado es el mecanismo más justo o que la desigualdad es inevitable, se presenta como una ley natural cuando en realidad responde a decisiones políticas concretas.
En este sentido, el mileísmo puede interpretarse como una forma contemporánea de naturalización del orden social: un relato donde la sociedad desaparece y sólo quedan individuos compitiendo entre sí.
La política contra los “cadaunitos”
El concepto de Marqués resulta sorprendentemente actual para interpretar el debate político argentino.
Si el mundo está compuesto por “cadaunitos”, la política pierde sentido y el mercado se convierte en árbitro universal. Pero si aceptamos que los seres humanos viven en sociedades estructuradas por relaciones de poder, desigualdades y vínculos colectivos, entonces la política vuelve a ser indispensable.
En definitiva, el problema no es la libertad individual —valor central de la modernidad— sino su absolutización. Porque cuando la sociedad se reduce a individuos aislados, lo que desaparece no es el poder, sino la posibilidad de controlarlo colectivamente.
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