El jóven futbolista granate es el deportista destacado de esta segunda edición.
Cerraron los Premios eTapas 2022 con la participación de 20 deportistas locales en etapa formativa que fueron destacadxs y elegidxs por sus propios profesores, siendo esta selección un premio en sí mismo. Qué más valedero que la persona que te ve entrenar todo el año, te elija. El deportista destacado del año es Mateo Vertúa de 16 años, jugador de fútbol de Círculo Italiano, el 10 del “granate”. Recibió 3.486 en la final y un total de 4.199 votos sumando las dos instancias. Solo en la final, entre lxs ocho deportistas se sumaron más de 12.000 votos.
En los eTapas buscamos destacar el compromiso, el compañerismo, la dedicación constante; eso es lo que le pedimos a cada profe con el que nos comunicamos. En el total de las dos instancias fueron casi 20mil votos en total. Detrás de ese esfuerzo, la familia, lxs amigxs y las instituciones. Por eso agradecemos a todos y todas las que colaboraron apoyando a su deportista brindando un poquito de su tiempo. Gracias.
El podio de los eTapas 2022
La instancia final fue ajustadísima entre los tres que hicieron podio, Emilio García (arquería) y Facundo Valdez (Karate) son quienes acompañan a Mateo como los tres más votados. El representante de Arquería del Valle sumó 3.053 votos en la final y un total de 4.105 votos. Los siguió el karateca del Dojo Santa Rita, Facu Valdez con 3.010 votos en la final y 3.881 en ambas instancias. Más abajo arrimó el basquetbolista del Atlético Regina, Emiliano Aguero con 1.789 votos en la final y un total de 2. 442.
También accedieron a esta última instancia Agustina Díaz volleybolista “Granate”, Paula Pacheco quien representa a SIAM en la disciplina Kick Boxing, la ciclista Milena Perez (MTB) y Valentina Casaccio del Club de hockey Atlétivco Integración Deportiva. Felicitaciones para todas!
Paula PachecoMilena PerezValentina CasaccioEmiliano AgueroAgustina Diaz
En la instancia clasificatoria el total de votos entre lxs 20 deportistas fue de 7.566. En la final se recibieron 12.426 votos.
También participaron de los Etapas 2da edición: Mirko Pavlin, Agus Gacía, Juli Gacía, Julia Vellila, Fer Parra, Vicky Balboa, Ambar Riffo, Suyai Sanhueza, Lauty Bernal, Fabricio Iogna, Valen Vodanovich y Diana Hepp. A todx ellxs, a sus familias, a sus profes y a sus clubes, también les agradecemos.
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Con frases que reflejan lo que una IA entiende como máximas pensadas para el bronce, el Gobierno nacional, a través del ministerio de Capital Humano, lanzó el viernes pasado el Gemelo Digital Social. “Argentina se adelanta al futuro, porque el futuro no espera”, tuiteó Milei, repitiendo la voz en off de un video institucional difundido en redes sociales, respaldado por la ministra Sandra Petovello y por el propio presidente. El anuncio oficial no especificó cómo se replicarán los datos individuales ni qué software será utilizado.
El futuro, según reza la estética triunfalista del poder, es una cuestión de anticipación, de proyección. O tal vez de hiperstición, ese tipo particular de ficción que, a fuerza de ser enunciada y actuada, termina volviéndose real. Es una idea acuñada por Nick Land y la Cybernetic Culture Research Unit (CCRU) que plantea que ciertas narrativas especulativas trascienden la representación de un futuro posible para, de hecho, generar las condiciones de su propia materialización. Es un mecanismo que se vuelve especialmente relevante en el contexto actual, marcado por una convergencia entre economía financiera, tecnología digital y producción cultural que reconfigura la relación entre lo simbólico y lo material. Si tradicionalmente la ideología operaba organizando el campo de lo pensable dentro de un marco dado, la hiperstición introduce una lógica performativa que transforma las condiciones de lo posible, a través de un manejo específico de las redes de circulación y replicación.
La hiperstición no es una profecía que se cumple porque alguien adivinó el porvenir, tampoco una falsa creencia que termina sublimándose en hechos (un rumor sobre la insolvencia de un banco que acaba por hacerlo quebrar). Es una idea que produce el futuro que dice estar describiendo. Opera como un bucle en el que primero se cuenta una historia sobre cómo va a ser el mundo, sabiendo que puede articularse con decisiones e inversiones que modulan miedos y deseos para que, finalmente, el mundo se parezca cada vez más a esa historia. La hiperstición implica una autoría, una voluntad que no distingue entre lo que es y lo que se dice en pos de que la ficción y la realidad colapsen en una misma sustancia.
El sistema del Gemelo Digital Social, según se anunció, integrará en una base unificada datos de ANSES, salud, educación, trabajo, migraciones y territorio para construir un modelo predictivo. Podrá simular escenarios y optimizar decisiones públicas en tiempo real. Se trata, en el lenguaje del oficialismo, de un salto hacia el “Estado predictivo”, un Estado que ya no reacciona después de que los problemas ocurren, sino que los prevé y los administra antes de que se manifiesten. La ambición es total, como total es el sueño de control que anima a los tecnolibertarios.
Un detalle: el video de presentación contenía un error ortográfico que resultó una especie de condensación involuntaria de todo el proyecto. Llegando al primer minuto, una leyenda en mayúsculas afirma que el Gemelo será “el primer sistema que ayuda a predicir el futuro”. Una falta elemental, que cualquier corrector automático modifica en un segundo. Lo que se suponía un manifiesto de alta tecnología aparecía como el trabajo apurado de quien ni siquiera puede deletrear su propia promesa. Al anunciar que la inteligencia artificial puede reemplazar el juicio de lo político, el anuncio del Gemelo Digital Social intenta afirmar por adelantado un futuro que se esfuerza por cumplir desfinanciando lo público mientras compra tecnologías híper marketizadas como salvación. El error ortográfico, más que un descuido, parece ser la marca de que están desesperados por hacer real una ficción que todavía no saben ni escribir.
La ambición es total, como total es el sueño de control que anima a los tecnolibertarios.
Las reacciones no tardaron. La oposición presentó pedidos de informes. Especialistas advirtieron sobre la ausencia de un marco legal para la protección de datos y el peligro de que el sistema derivara en un amplio esquema de vigilancia social. Aunque no fue una respuesta al lanzamiento del Gemelo, justo este lunes se conoció la primera encíclica del Papa León XIV, que pone especial énfasis en la falta de neutralidad moral de la IA y denuncia que el control de las plataformas, las infraestructuras y los datos está en manos de “grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso”.
Y en el centro de las sospechas quedó un nombre que hace semanas tiene fascinada a la Argentina, como el flautista de Hamelin a sus ratones: Peter Thiel. El magnate tecnológico, cofundador de Palantir, dueño de una fortuna estimada en más de 23.000 millones de dólares, se reunió con Milei en la Casa Rosada a fines de abril. Pero no era su primer encuentro, ya que se habían visto en mayo de 2024 en Los Ángeles y en una visita anterior del empresario a la sede del gobierno argentino. La diferencia es que esta vez la llegada de Thiel a Buenos Aires fue mucho más aparatosa. Se instaló con su familia en una lujosa vivienda en Barrio Parque, se reunió con Santiago Caputo (el asesor estrella de Milei) y Federico Sturzenegger, y asistió al superclásico River-Boca en el Monumental. Palantir, vale recordar más allá de esa espuma, desarrolla sistemas de inteligencia y vigilancia utilizados por la CIA, el FBI y la NSA. Y el Gemelo Digital es, precisamente, uno de los tantos productos que ofrece la compañía.
Palantir desarrolla sistemas de inteligencia y vigilancia utilizados por la CIA, el FBI y la NSA. Y el Gemelo Digital es, precisamente, uno de los tantos productos que ofrece la compañía.
Pero Thiel no es una excepción ni un excéntrico solitario. Es, ante todo, la cara más visible de una élite tecno-solucionista que, desde Silicon Valley, ha diseñado y exportado al mundo una forma particular de entender el poder, la tecnología y el papel del Estado. Esta élite no constituye un monolito unificado, por el contrario, está atravesada por rivalidades personales, diferencias generacionales, disputas por el control de sus imperios y visiones enfrentadas sobre el ritmo de la innovación, el grado de alianza con el aparato estatal y el estado del mundo en general. Sin embargo, cuando se trata de leer el núcleo duro de sus proyectos (imponer la idea de que el avance corporativo y tecnológico debe primar sobre cualquier derecho colectivo, y que la democracia es un obstáculo para la eficiencia), empezamos a ver que funcionan como un proyecto de clase. La foto de la asunción del segundo gobierno de Trump con todo Silicon Valley detrás revela, justamente, que a pesar de sus rencillas internas, caminan juntos para que el derecho empresarial y el mercado se impongan como únicos horizontes posibles.
Volvamos al caso concreto de nuestro país, donde la operación Gemelo encuentra un antecedente claro en un ensayo general que surgió hace más de un año y que (como todo ensayo) fue más torpe, más discursivo y menos operativo, pero ya contenía la matriz general. En 2025, el mismo ministerio de Capital Humano lanzó PAIDEIA, un pomposo programa para integrar inteligencia artificial en las aulas de todos los niveles y en toda la geografía del país. El término paideia representaba, en las ideas de Platón, el ideal griego de formación integral del ciudadano, un dispositivo cultural para pasar de potencia a acto las capacidades cognitivas individuales en favor del conjunto completo de la polis. El programa de la Secretaría (ex Ministerio) de Educación prometía exactamente lo contrario. En el proyecto se mencionan tres niveles (pensamiento computacional, aplicación de IA y desarrollo de IA) sin especificar jamás qué algoritmos se usarían, quién los auditaría, ni qué empresas estarían detrás. Pero mientras el programa se presentaba como la solución para la educación del futuro, el presupuesto educativo sufría una reducción real cercana al 50 por ciento, además del enorme desprecio por la investigación básica y el cierre de varios organismos fundamentales en el desarrollo científico nacional.
Entre PAIDEIA (que hasta ahora no se implementó) y el Gemelo digital hay una diferencia crucial, que marca el pasaje entre ambas experiencias. PAIDEIA resultó ser principalmente humo. El Gemelo Digital, en cambio, ya tiene servidores y ya está cruzando datos sensibles, convirtiendo a los ciudadanos en variables de un modelo predictivo. Es posible pensar, entonces, que estamos ante un proyecto que va de la educación a las políticas públicas y que probablemente continuará hacia otros dominios como la salud, la seguridad y la justicia. En cada caso, la operación es similar y comienza con un debilitamiento de la institución, un anuncio de salvación tecnológica y la transferencia de poder, datos y dinero a manos privadas (a veces extranjeras, casi siempre opacas).
Los antecedentes de “estados predictivos” en el mundo
Antes de que la Argentina descubriera este “Estado predictivo”, en otros países ya se habían ensayado versiones de esta misma lógica. Los resultados nos piden, como mínimo, mucha cautela. El mayor sistema de identificación biométrica del mundo se presentó como una herramienta de inclusión en India con el Aadhaar (que viene del sánscrito y significa “sustento”, “base”), un número único de 12 dígitos vinculado a los datos biométricos (incluyendo las huellas dactilares y el iris) de cada residente del país, que se obtiene voluntariamente y funciona como una llave de acceso a subsidios, cuentas bancarias y otros servicios estatales. La “Autoridad de Identificación Única de la India” (UIDAI) eligió este nombre deliberadamente para comunicar el rol del sistema como una infraestructura de identidad fundamental sobre la cual se pueden construir servicios públicos y privados. Pero sin una ley robusta de datos, el Estado terminó teniendo acceso a la biometría, los hábitos de consumo, los movimientos migratorios y las transacciones financieras de más de 1.300 millones de personas. Como resumieron algunas organizaciones de derechos digitales, el Estado del bienestar se transformó silenciosamente en un Estado observador. El problema es que cuando el sistema falla (todo sistema falla) miles de ciudadanos quedan excluidos de beneficios por un error que para cuando se arregla puede ser tarde.
La operación comienza con un debilitamiento de la institución, un anuncio de salvación tecnológica y la transferencia de poder, datos y dinero a manos privadas (a veces extranjeras, casi siempre opacas).
Eso pasó en Países Bajos donde, en 2021, un escándalo masivo conocido como el “Toeslagenaffaire” provocó la caída del gobierno de Mark Rutte. La agencia tributaria neerlandesa utilizó un algoritmo, al que Amnistía Internacional llamó “xenófobo”, para detectar fraudes en los subsidios para guarderías infantiles, señalando desproporcionadamente a las personas de origen inmigrante. Hubo más de 26.000 casos de acusaciones injustas, lo que llevó a muchas familias a la ruina económica, al divorcio o a que les fueran retirados sus hijos. El impacto fue tan devastador que la investigación parlamentaria lo calificó como una “injusticia sin precedentes”. A diferencia de otros casos, la reacción ciudadana y política fue inmediata y demostró que lo que había de fondo no era un debate técnico, sino político.
Por otro lado, en 2020 el gobierno británico implementó un sistema automatizado para detectar fraudes en el programa de beneficios universales que señaló a 200.000 personas como “sospechosas de fraude”. La investigación posterior mostró que sus modelos tenían sesgos sistemáticos por edad, discapacidad, estado civil y nacionalidad. Personas con enfermedades mentales fueron acusadas de mentir sobre su condición. ¿Les suena? La propia evaluación interna del gobierno admitió que la precisión del sistema era del 35 por ciento. El 65 por ciento restante fueron errores que recayeron sobre los más vulnerables.
Argentina, claro, es diferente. No tiene una ley de protección de datos que regule el cruce de información entre agencias. No tiene un organismo de control independiente para la inteligencia artificial en el sector público. Y tiene un gobierno que ya ha mostrado que el cuidado de las mayorías no está entre sus prioridades. Más que adelantarnos al futuro, puede ser que estemos corriendo más rápido que nadie para repetir los errores de ayer con una fe religiosa milenaria. La diferencia es que en este suelo sagrado, cuando el algoritmo se equivoque no habrá contralor al que reclamarle.
Argentina no tiene una ley de protección de datos que regule el cruce de información entre agencias. No tiene un organismo de control independiente para la inteligencia artificial en el sector público.
El Gemelo Digital como un generador de angustia
Hasta acá, la cuestión más extendida sobre los algoritmos, predicciones, empresas e ideologías. Pero falta una dimensión que suele quedar fuera del foco cuando se discuten estos temas: la de los cuerpos de quienes habitamos en Argentina. Cuerpos que duelen, que tienen hambre y se cansan, que se enferman, se burnoutean y envejecen. Algo que en la jerga filosófica puede llamarse el “cuerpo somático” para distinguirlo de los conceptos que lo rodean o de sus espectros digitales.
La investigadora Alejandra López Gabrielidis ha dedicado buena parte de su trabajo a pensar la tensión entre los cuerpos somáticos y los virtualizados. Su agudo diagnóstico parte de observar que lo que experimentamos como malestar en la era de la datificación no es solo una cuestión de vigilancia o de pérdida de privacidad, sino y sobre todo, una angustia de escala. Por un lado, al ser seres de carbono, estamos hechos de carne, metabolismos y ritmos biológicos, pero también de presencias compartidas y tiempos sinuosos para la digestión de lo vivido. Como forma de vida, los seres humanos hemos generado distintas formas de memoria exosomática: la capa de recuerdos, saberes y operaciones que depositamos fuera de nuestro cuerpo (en herramientas, pinturas, discos rígidos, algoritmos) y que luego actúa sobre nosotros como una especie de segundo sistema nervioso que modula lo que podemos pensar y hacer sin que lo decidamos conscientemente. Ese cuerpo de datos vive a una velocidad y en una topología radicalmente distintas a las de la carne, ya que son instantáneas, ubicuas, fragmentarias y teóricamente infinitas. El problema actual es que la aceleración a la que llegamos hace que el cuerpo somático ya no pueda seguirle el ritmo al datificado y, sin embargo, se le exige que lo haga (de ahí, muchas de las explicaciones sobre la depresión y la ansiedad como padecimientos colectivos, no individuales).
El Gemelo Digital Social es una máquina perfecta para producir y explotar esa angustia. Porque lo que el sistema construye no es un “espejo” (como gustan de decir sus promotores), sino un molde. Toma nuestros rastros y ensambla con ellos una versión nuestra mucho más manejable que la original . Ese fragmento abstracto cobra vida como perfil que ya no necesita de nuestra presencia para existir y se puede convertir en el verdadero objeto de la gestión estatal. El cuerpo somático, mientras tanto, se queda afuera, subordinado a la exigencia de ajustarse y optimizarse. Eso es lo que López Gabrielidis ve como una carrera en la que el cuerpo de carne y hueso tarde o temprano pierde, salvo que se logren establecer canales de comunicación que compatibilicen las escalas. Pero esa salida requiere un requisito previo innegociable, que consiste en que el cuerpo de datos sea reconocido como algo que somos, no como algo que nos pertenece, o que puede pertenecerle a alguien, como una propiedad más. Al contrario, en el contexto del Gemelo Digital, ¿quién es dueño de ese otro yo que el Estado está construyendo sin debate (ni consentimiento) previo? El error ortográfico del video (“predicir”) quizás no venía tanto de predecir como de producir. Producir cuerpos clasificados y pre-optimizados.
El error ortográfico del video (“predicir”) quizás no venía tanto de predecir como de producir. Producir cuerpos clasificados y pre-optimizados.
Detrás de todo este artefacto con futuro incierto, y de todos sus parientes, hay siempre una pequeña frase, a veces dicha en voz baja, a veces en negritas con luces de neón: “There Is No Alternative” (conocida como TINA). En el caso del neoliberalismo clásico, la frase fue acuñada por Margaret Thatcher en 1979 para explicar que, frente al mercado, la privatización y el ajuste, el Estado sobra, salvo para poner la fuerza bruta que haga falta para que florezcan “en libertad”. Esta doctrina, que durante décadas justificó el desmantelamiento de lo público, ha encontrado en el tecnolibertarianismo actual una actualización perfecta. ¿Y qué aparece en el lugar de lo que se desmantela? Promesas de otro futuro. El Gemelo Digital, PAIDEIA, la “libertad educativa”, los vouchers, las criptomonedas salvíficas. Tecnologías que se anuncian con fuegos artificiales pero que resultan ser versiones opacas, sin auditoría, sin soberanía, sin mecanismos de apelación y casi siempre a favor de los mismos intereses. Que se horrorizan frente a la defensa de lo común o la exigencia de transparencia, previsión y rendición de cuentas.
Porque incluso si el Gemelo funcionara exactamente como promete, seguiría abierta una cuestión elemental: ¿qué problema político intenta resolver realmente? Porque si el objetivo es reducir enfermedades, abandono escolar o vulnerabilidad social, ¿no sería más directo (y hasta más barato) reconstruir hospitales, fortalecer la atención primaria, reabrir centros de salud mental, garantizar salarios dignos y ampliar redes de cuidado? Las políticas públicas nunca dependen solamente de la capacidad de procesar datos, sino de la idea de sociedad que organiza aquello que se decide construir.
¿No sería más directo (y hasta más barato) reconstruir hospitales, fortalecer la atención primaria, reabrir centros de salud mental, garantizar salarios dignos y ampliar redes de cuidado?
Ahí es donde TINA y la hiperstición se dan la mano. Alternativas hay. Pero con el camino del monocultivo y la monotecnología se están produciendo activamente las condiciones para que desaparezcan. Desfinanciar la universidad pública no es una consecuencia inevitable de la crisis, sino una decisión. ¿Cómo leer, entonces, al Gemelo Digital? Sobre todo, cuando se presenta como una tecnología de cuidado, como una decisión disfrazada de oportunidad.
Lo que está en juego, al final, no es si un algoritmo puede predecir el futuro (puede, dentro de ciertos márgenes, como lo puede en márgenes aún más acotados la macroeconomía liberal). Lo que está en juego tampoco es si la tecnología es “buena” o “mala”, es quién tiene el poder de imaginar el futuro. Porque en definitiva la imaginación (justamente, la facultad que ningún gemelo digital tiene) es la única herramienta que tenemos para construir mundos que no sean una repetición de este presente. Argentina se adelanta al futuro. ¿A cuál de ellos? Ya lo veremos, la cuestión está aún abierta. Un buen comienzo sería recuperar la capacidad de decir “no” cuando nos prometen que no hay alternativa.
Mucho antes de compartir un grupo mundialista, España y Cabo Verde ya estaban conectados por una de las decisiones geopolíticas más trascendentes de la historia. Las llamadas Bulas Alejandrinas, dictadas en 1493 por el papa Alejandro VI, utilizaron al archipiélago africano como referencia para repartir los territorios que Europa todavía no había conquistado. Aquel documento terminó moldeando el mapa de América, África y parte del mundo moderno.
Por Alcides Blanco para NLI
Cuando la pelota empiece a rodar entre España y Cabo Verde, la mayoría verá un partido entre una potencia histórica del fútbol y una selección que representa el crecimiento del deporte africano. Sin embargo, existe un vínculo mucho más antiguo y profundo que el deporte. Se remonta al siglo XV, cuando el papado decidió intervenir en la disputa colonial entre las coronas ibéricas y utilizó al archipiélago caboverdiano como punto de referencia para dividir el planeta.
En 1492, el viaje de Cristóbal Colón abrió una competencia feroz entre Castilla y Portugal por el control de las nuevas rutas comerciales y de las tierras recién descubiertas. Ambos reinos eran las grandes potencias marítimas de la época y reclamaban derechos exclusivos sobre territorios que ni siquiera conocían completamente.
El papa que repartió el planeta
La solución llegó desde Roma. En mayo de 1493, el papa Alejandro VI emitió una serie de documentos conocidos como Bulas Alejandrinas, que establecían una línea imaginaria ubicada aproximadamente a cien leguas al oeste de las islas Azores y de Cabo Verde.
Todo lo que quedara al oeste de esa línea, establece la Bula Inter Caetera de 1493, sería considerado zona de influencia castellana. Lo que estuviera al este permanecería bajo dominio portugués.
La elección de Cabo Verde no fue casual. El archipiélago, descubierto y colonizado por Portugal durante el siglo XV, era uno de los puntos estratégicos de la navegación atlántica y funcionaba como una referencia geográfica conocida para los cartógrafos de la época.
En otras palabras, unas pequeñas islas volcánicas frente a la costa africana se transformaron en el punto desde el cual Europa intentó repartir el mundo entero.
De las Bulas al Tratado de Tordesillas
Portugal consideró insuficiente el reparto papal. Las negociaciones entre ambas coronas concluyeron en 1494 con el Tratado de Tordesillas, que desplazó la línea divisoria unas 370 leguas al oeste de Cabo Verde.
Ese cambio aparentemente técnico terminó teniendo consecuencias enormes.
Gracias a ese corrimiento, una porción del continente sudamericano quedó dentro del área portuguesa, permitiendo que siglos después surgiera Brasil como una nación de lengua portuguesa, mientras el resto de América Latina quedó mayoritariamente bajo influencia española.
Sin aquella referencia geográfica basada en Cabo Verde, el mapa político y lingüístico del continente americano probablemente sería completamente distinto.
Cabo Verde, un puente entre continentes
Durante los siglos siguientes, Cabo Verde ocupó un papel central en el comercio atlántico. Sus puertos se convirtieron en escalas obligadas para barcos que viajaban entre Europa, África y América.
También fue uno de los principales centros del tráfico esclavista organizado por las potencias coloniales, convirtiéndose en un espacio de mezcla cultural, lingüística y étnica que todavía hoy caracteriza a la sociedad caboverdiana.
Su ubicación estratégica hizo que el pequeño archipiélago tuviera una influencia histórica mucho mayor que su tamaño territorial.
Un partido que también cuenta una historia de cinco siglos
El encuentro entre España y Cabo Verde es mucho más que un choque mundialista. Representa, de manera casi simbólica, el cruce entre dos protagonistas de una historia que comenzó hace más de quinientos años cuando un papa, un reino colonial y un conjunto de islas africanas quedaron unidos por una decisión destinada a organizar la expansión europea.
Las Bulas Alejandrinas nunca lograron controlar completamente la realidad ni evitar los conflictos posteriores, pero sí dejaron una huella indeleble sobre la geografía política del planeta. La existencia de Brasil como país lusófono, la distribución colonial de América y buena parte de las relaciones entre España y Portugal encuentran allí uno de sus puntos de partida.
Así, mientras noventa minutos decidirán quién suma tres puntos en el Mundial, la memoria histórica recuerda que España y Cabo Verde ya habían compartido protagonismo en uno de los episodios más ambiciosos de la historia universal: el intento de dividir el mundo con una simple línea trazada sobre un mapa.
Durante el fin de semana continuaron las propuestas de la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina. El domingo se realizó la segunda visita a la granja ‘La Soñada’, emprendimiento de turismo rural que se dedica a la cría de animales, que es uno de los principales atractivos de los más chiquitos. Con…
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Un comentario
¡Gran idea la de destacar a los jóvenes en los diferentes deportes! ¡Felicitaciones a Mateo Vertúa, muy buen deportista, pero lo más lindo de él, es que es una excelente persona! Buen hijo, gran alumno, compañero, colaborador, siempre dispuesto a ayudar al otro. Merecido su primer lugar.
Muchas gracias por la iniciativa, sigan adelante.
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¡Gran idea la de destacar a los jóvenes en los diferentes deportes! ¡Felicitaciones a Mateo Vertúa, muy buen deportista, pero lo más lindo de él, es que es una excelente persona! Buen hijo, gran alumno, compañero, colaborador, siempre dispuesto a ayudar al otro. Merecido su primer lugar.
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