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MARCHA ATRÁS

El gobierno nacional dio marcha atrás a las 24 cuotas retroactivas que iban a pagar los usuarios a partir del año que viene. La resolución la publicó el viernes pasado en el Boletín Oficial Javier Iguacel, titular de la secretaría de energía, y establecía que los usuarios de la red de gas de todo el país debían afrontar un cargo extra en sus facturas para compensar a las empresas por la devaluación del peso.

El Estado asumirá el gasto que generó a las productoras a partir de la devaluación y  pagará esa compensación en 30 cuotas hasta el año 2021. La resolución era claramente inconstitucional, propios y ajenos al gobierno lo sabían. Me pregunto, ¿la licuación del salario del trabajador, quién la subsana?

No es la primera vez que el gobierno avanza sobre una  decisión y después vuelve sobre sus pasos. ¿Pro o contra? Los oficialistas dirán que éste es un gobierno que escucha, un gobierno de diálogo, autocrítico. Que acepta los errores y los corrige. Los opositores por el contrario expresarán que la idea es proponer y tantear, teniendo en cuenta que  los medios esconden y ayudan a que la sociedad no se movilice, algunas decisiones antipopulares pasan desapercibidas, se concretan y golpean los bolsillos más livianos.

Lo fáctico es que el gobierno se hará cargo de la compensación a las productoras pero quedará vigente el incremento que se definió en audiencia pública, del 35% desde octubre y un 15% más desde enero del año que viene. Podrán pensar que se viene el verano y el consumo de gas baja. Pero bajará el consumo y no la tarifa; el calor hará lo suyo y el invierno llegará otra vez. Los más afectados serán nuevamente los sectores más carenciados que percibirán tarifas con un 50% de incremento.

No pasó una, pero pasó la otra. O quién sabe, quizás esa compensación a las productoras está tácitamente cubierta en los aumentos vigentes y en definitiva pasaron las dos.

Hace un tiempo atrás publicamos en #LaTapa un artículo titulado «Cuando la Patagonia se liberó de Argentina», entre otras cosas, el artículo hacía hincapié sobre las políticas antipatagónicas del gobierno actual.

En éste caso, el nuevo tarifazo vuelve a golpear a la zona más austral del país, siendo que hasta en verano las provincias sureñas necesitan del gas para templar sus hogares, además del uso para los quehaceres cotidianos. El simbronazo que algunos sentirán más adelante, ya golpea las familias del sur.

Vaca muerta es el segundo yacimiento hidrocarburífero no convencional más grande del mundo.

Está ubicado en la Patagonia.

Portada: Germán Busin
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  • Riesgo 2018: El Mundial podría sumar USD 2.000 millones al gasto con tarjeta en el exterior

     

    Los argentinos ya gastaron USD 14.687 millones con tarjeta en dólares desde que Javier Milei llegó a la Casa Rosada. El dato surge de las estadísticas del Banco Central y expone uno de los costados incómodos del esquema económico: mientras el gobierno se esfuerza por sumar reservas, los consumos en el exterior son una aspiradora de divisas.

    La cifra corresponde al período comprendido entre diciembre de 2023 y abril de 2026. Sólo en el primer cuatrimestre de este año, los préstamos vinculados a pagos con tarjeta en moneda extranjera alcanzaron USD 2.588 millones, algo por encima de los USD 2.533 millones registrados en igual período del año pasado.

    En el equipo económico relativizan el problema. Explican que cerca del 70 por ciento de esas operaciones se cancelan con dólar billete para evitar la percepción del 30 por ciento de ARCA, por lo que esas divisas no salen directamente de las reservas del Banco Central.

    Pero en el mercado señalan que ese argumento es apenas una verdad a medias. Los dólares podrán salir del colchón y no del Central, pero después alguien vuelve a comprarlos. Y ahí aparece el verdadero problema: la demanda privada de divisas crece a una velocidad cada vez más difícil de financiar.

    «Que el pago de la tarjeta se realice con fondos provenientes de la FAE no cambia mucho el problema ya que un pago sustituye a otro», explicó Martín Burgos, director de la consultora Lado B. «La cuestión es la dinámica que está teniendo la compra de divisas, sea para ahorro personal o para el pago de un servicio en el exterior».

    Burgos advirtió además que el esquema empieza a mostrar similitudes peligrosas con el final del gobierno de Mauricio Macri. «Se está reproduciendo el mecanismo que llevó al macrismo al abismo, donde los egresos por formación de activos externos terminaron absorbiendo todo lo que ingresaba por deuda externa, ya sea del FMI o de préstamos financieros», sostuvo.

    La preocupación no es solamente teórica. En el mercado ya hacen cuentas sobre el impacto que podría tener el Mundial de Fútbol de Estados Unidos, México y Canadá. Las estimaciones privadas hablan de un gasto potencial de entre USD 1000 y USD 2000 millones por parte de turistas argentinos, dependiendo de cuánto avance la Selección en el torneo.

    El dato no es menor. El Mundial de Rusia 2018 coincidió con el estallido de la crisis cambiaria de Macri, cuando el Banco Central perdió reservas a un ritmo vertiginoso y terminó recurriendo al FMI. La diferencia es que ahora Estados Unidos aparece como un destino mucho más accesible para los sectores de ingresos altos argentinos gracias al dólar planchado.

    En otras palabras: el Gobierno festeja que los argentinos vuelvan a viajar al exterior justo cuando la economía necesita que los dólares se queden adentro. El problema es que la discusión ya no pasa sólo por la salida de dólares. Empieza a aparecer otro riesgo más delicado: el crecimiento de la deuda en moneda extranjera dentro del sistema financiero.

    Tras la flexibilización dispuesta por el Banco Central en 2025, algunas entidades comenzaron a explorar créditos en dólares para clientes que cobran en pesos. Aunque el sistema todavía se mueve con cautela, el tema ya encendió alarmas en varias mesas bancarias.

    Los bancos recuerdan demasiado bien lo que ocurrió en otras experiencias argentinas donde familias o empresas tomaron deuda en dólares mientras sus ingresos seguían pesificados. El negocio funciona mientras el tipo de cambio permanece artificialmente tranquilo. El problema aparece cuando llega la corrección.

    Ahí es donde el esquema de Milei empieza a mostrar su doble fragilidad. Por un lado, la economía necesita dólares para financiar turismo, ahorro y consumo externo. Por otro, empieza lentamente a recrear pasivos en moneda extranjera sobre actores que generan ingresos en pesos.

    En el mercado financiero muchos creen que el verdadero test llegará cuando el Gobierno tenga que elegir entre sostener el atraso cambiario o acelerar una devaluación para evitar que las reservas vuelvan a drenarse. El problema es que cuanto más se expanda el crédito en dólares, más costosa será esa corrección.

    El riesgo es terminar atrapados en la peor combinación posible: una economía que pierde dólares por turismo y fuga mientras acumula deuda dolarizada que explota apenas el tipo de cambio se mueve. Exactamente el cóctel que terminó detonando la crisis de 2018.

     

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