La gorra sabe // Diego Valeriano

La gorra sabe lo que puede. Siempre pudo y ahora sabe que puede un poco más, justo ahora que ni lo esperaba. Sabe cómo hacer que las pibitas se caguen de miedo cuando vuelven de noche, sabe cómo hacer que los guachos trabajen para ellos, sabe lo que puede un fierro. Saben descansar, verduguear, hacer crecer el miedo, mirar para otro lado. Saben qué calles esquivar cuando es necesario. Saben qué decirle a la novia linda del preso nuevo cuando llora toda triste en la comisaría. Saben hacer desaparecer. 

La gorra sabe de política. ¿Cómo no saberlo? Sabe cuándo atacar, cuándo correrse, que decir, cuándo pueden ir un poco más allá. Saben del odio y desprecio de la política a lo que vagabundea, a lo que no obedece, a lo que se escapa, a lo joven, a la vagancia. La gorra sabe que los necesitan, saben que ciertos territorios hostiles ellos caminan para que no los caminen otros. Saben qué hacer, entienden las consignas, las interpretan, las patrullan. Sabe el valor de la política sobre la vida y la diferencia entre un militante y un guacho.

La gorra sabe y si se la banca sabe más. Sabe que mañana, cuando Facundo sea olvido, cuando el ministro siga ahí boqueando sin filtro, cuando las panelistas griten otra cosa, sabe que pueden dar unos pares de trompadas más. Apretar más tranquilos, verduguear lo más piola, disparar sin armar tanta escena, romper la noche en la lancha por la Rivadavia levantando a las chicas del cementerio de Morón, patear puertas, seguir despreciando madres que preguntan por sus hijos. También saben que ahora en el patrullero no están solos, los acompaña el miedo de Axel, la prepotencia de Berni, el silencio de la militancia, la complicidad de la justicia y ese odio bien manija y visceral de todos los que nacieron así, con el corazón ortiba. 

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    Hace más de quince años que vivo en Alemania. Como cualquier migrante tuve mi proceso de adaptación, mi tiempo de nostalgia –o duelo migratorio, como se lo ha bautizado – y mis motivaciones personales y profesionales para sostenerme en tierras extrañas. En ese período que no tiene una duración fija y varía de persona a persona he incorporado costumbres, he entendido reglas no escritas, he sumado palabras a mi vocabulario de las cuales no conozco su traducción al español. En resumen, una parte de mí se ha asimilado por obvias razones que obedecen principalmente al paso del tiempo. 

    Entre ese listado de novedades culturales, que podría considerarse infinita, hay una en particular que tanto en Argentina como en otros países no funciona necesariamente de la misma forma. Me refiero al tratamiento del nacionalsocialismo, de sus crímenes, de sus consecuencias y, especialmente, de su transpolación a situaciones actuales. He aprendido que hay que ser extremadamente cuidadoso y sobre todo riguroso antes de establecer algún tipo de paralelismo entre el nazismo y cualquier otro evento, en particular si son contemporáneos.

    Este aprendizaje me dotó de cierta susceptibilidad para evaluar cuándo usar ese concepto, susceptibilidad que me era ajena pero que reforcé con el tiempo al profundizar en mis investigaciones sobre la ultraderecha en el mundo. Un ejemplo de esto es mi obsesión por separar a la extrema derecha de la derecha radical cada vez que tengo oportunidad. Señalar que son problemas diferentes y por eso requieren abordajes distintos aunque en el fondo tenga un objetivo muy similar. Lo mismo me sucede con el uso del concepto de fascismo. 

    Podría afirmar que casi más de la mitad de los bloqueos que tuve redactando las páginas de Epidemia Ultra (Planeta), esos que sufre todo escritor, se debían a mis dudas sobre si usar o no esos conceptos. Una constante revisión, fundamental.

    Las violaciones cometidas por el ICE

    Ese marco de pensamiento, esta regla personal que me autoimpuse para el ejercicio de mi profesión quedó a prueba con el retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. 

    ¿Acaso la violencia y discrecionalidad que vemos a diario en el accionar de las operaciones de la U. S. Inmigration and Customs Enforcement de Trump, más conocida como ICE, será el disparador? Sus agentes han llevado el número de personas detenidas arbitrariamente, y sin mayor proceso que la mera sospecha, a niveles históricos. En diciembre de 2025 superaron las 70.000 personas. En lo que va de enero de 2026, informes de prensa calculan un promedio de 824 detenciones diarias. Son incontables los informes y denuncias de organizaciones no gubernamentales, universidades, colegios de abogados. Hasta investigaciones iniciadas por miembros del Congreso de Estados Unidos dan cuenta de flagrantes violaciones cometidas por el ICE. Se ignoran el debido proceso, los estatutos federales relacionados a la detención de menores, varias enmiendas de la Constitución relativas a derechos ciudadanos y distintos tratados internacionales.

    Voces oficiales, como la del vicepresidente J.D. Vance, justificaron los actos de este grupo armado: «El precedente aquí es muy simple. Tienes un oficial federal de cumplimiento de la ley realizando acciones federales de cumplimiento de la ley. Ese es un asunto federal. Ese tipo está protegido por inmunidad absoluta. Estaba haciendo su trabajo.» 

    La declaración de Vance fue realizada el 8 de enero de 2026, en un intento por legitimar el asesinato de Renee Good en Minneapolis cometido días antes por el agente Jonathan Ross del ICE. Sin embargo, no existe la inmunidad absoluta según los expertos legales. A ese homicidio se le suman otros en enfrentamientos en Chicago y Los Ángeles, y en centros de detención en Texas y New Jersey. 

    En los últimos días se han visto redadas puerta a puerta del ICE. Un acto que se acerca más a una estrategia terrorista coordinada por el Estado que a obedecer objetivos de control migratorio y de seguridad. 

    Es fascismo

    Ante estas acciones resulta imposible no recurrir al término de fascismo. Y en esto no hay intencionalidad política ni militante, sino un intento por conceptualizar el comportamiento de un gobierno que abandona los principios de la democracia liberal y de los Derechos Humanos. Lo hace en pos de luchar contra una supuesta decadencia moral que demanda el renacimiento de una nación a costa de lo que sea y de quien sea. La división va incluso más allá del antagonismo populista y se convierte en la exigencia de la lealtad absoluta o del castigo brutal. El historiador y experto en fascismo Roger Griffin lo definió en algún momento como palingenesia ultranacionalista.

    Su colega, Robert Paxton, cuya posición inicial no sentenciaba al primer gobierno de Trump como fascista, cambió de opinión hace tiempo: «La incitación de Trump a la invasión del Capitolio el 6 de enero de 2021 elimina mi objeción a la etiqueta fascista. Su aliento abierto a la violencia cívica para anular una elección cruza una línea roja. La etiqueta ahora parece no solo aceptable sino necesaria».

    La autora Siri Hustvedt publicó una columna en el diario El País reclamando la necesidad de abandonar la categoría de “conservador” para referirse al presidente de Estados Unidos. Señaló que estamos ante “un nuevo tipo de fascismo global”. Enzo Traverso ya había escrito sobre posfascismo para referirse a esos fenómenos que reversionan el fascismo clásico pero mantienen sus características principales: nacionalismo radical, rechazo a principios democráticos –pese a haber utilizado esos medios para llegar al poder-, violencia explícita como medio para imponerse y, sobre todo, la construcción del mito del renacimiento tras la decadencia. 

    La fase actual de la Epidemia Ultra es fiel exponente de esta situación. Lamentablemente nos toca ser testigos, aunque, como digo en el libro, también nos toca ser los primeros para entenderlo y luego construir una propuesta mejor. Tal vez no la veamos, pero habremos hecho nuestra parte.

    La entrada No es fuerza bruta, es fascismo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    Finalmente, Axel Kicillof aceptó la propuesta de Máximo Kirchner y será el presidente del PJ bonaerense. A horas del plazo para presentar listas, el peronismo llegó a un acuerdo para sortear la interna y presentar una lista de unidad.

    A fines de enero, Máximo Kirchner sorprendió con una propuesta audaz: proponer a Kicillof para presidir el partido. De inmediato, voceros del gobernador negaron cualquier que eso pueda ser una salida para un consenso. Sin embargo, con el correr de los días la idea fue ganando fuerza.

    El acuerdo se selló este mediodía con un reparto de poder equilibrado entre el axelismo y el kirchnerismo. Además de Kicillof en la presidencia, Verónica Magario quedó como vice primera y Federico Otermín (cercano a Cristina) como vicepresidente segundo.

    El acuerdo Máximo-Kicillof por el PJ incluye un guiño a su candidatura presidencial

    El asiento de secretario General fue para Mariano Cascallares, el líder de Almirante Brown que forma parte del armado político del gobernador. Leonardo Nardini, un intendente muy cercano a Máximo, quedó como presidente de la Junta Electoral (asiento que ocupa desde hace cuatro años), mientras que el propio Máximo quedará como presidente del Congreso del partido.

    No se comunicó hasta el momento la conformación del Consejo del partido. Son cuatro representantes por cada una de las secciones electorales, más cuatro cada una de las ramas: Gremial, Mujer y Juventud. El axelismo venía advirtiendo que pelearía por tener preminencia de leales al gobernador en esos escaños bajo la premisa de que el partido tiene que estar alineado con el gobernador.

    El comunicado -difundido por La Cámpora- contiene algunos párrafos que son parte del discurso diario del gobierno de Kicillof. «La provincia asumió la responsabilidad de ser red y escudo: sosteniendo derechos, trabajo, producción, salud, educación y obra pública allí donde el Estado nacional deserta», dice.

    Máximo Kirchner.

    También hay un guiño a los intendentes, que cumplieron un rol clave en la búsqueda de consensos. El documento plantea que en el trabajo del gobierno provincial cumplen «un rol fundamental los intendentes, quienes, desde cada municipio, defienden a sus comunidades y sostienen servicios esenciales ante el daño que producen las políticas de Milei».

    En tanto, el kirchnerismo también tuvo su espacio en el texto del acuerdo con un repudio explícito del partido «a la injusta condena y detención de Cristina Kirchner, enmarcada en un clima creciente de autoritarismo, persecución política y ataque sistemático a las instituciones de la democracia».

    El peronismo avanza en una negociación «de abajo hacia arriba» para no complicar el acuerdo de Kicillof y Máximo

    LPO contó que el acuerdo entre Kicillof y Máximo incluía un guiño del líder de La Cámpora a la candidatura presidencial en 2027 del gobernador.

    En el kirchnerismo veían que la eterna pelea bonaerense terminaba empantanando la estrategia nacional. El peronismo se muestra de cara a 2027 sumido en internas y lejos de la gente.

    Ahora, tras el acuerdo, esperan que Kicillof tiene que empezar a trabajar en su candidatura nacional, lo que implica definir un discurso claro y recorrer el país.

    En el kirchnerismo preocupa la situación de Cristina. Ven que si el peronismo no consigue recuperar el poder no van a poder mejorar las condiciones de prisión. En su entorno reconocen cierta preocupación por su situación actual y porque no lograron ni siquiera que la Justicia acepte retirarle la tobillera o facilitar visitas.

    El acuerdo está cerrado. En las próximas horas seguirán negociando la conformación del Consejo del partido y la situación en los PJ locales donde una docena de distritos presentan dificultades para un acuerdo y podría haber internas.

    En el peronismo reconocen que la situación en los distritos es complicada toda vez que quedaron muchas heridas abiertas tras el cierre de listas de septiembre.

    El gobernador escuchó los primeros planteos para que se ponga al frente partido en enero en una cumbre de intendentes y ministros en Villa Gesell. Ese planteo fue más fuerte la semana pasada en Casa de Gobierno. Voceros de Kicillof desmintieron la propuesta. «Es un tema terminado hace rato», dijeron.

     

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