El mozo me abre la puerta, salgo del restaurante y, a él lo veo sentado, duro como una estatua. El mozo me mira: “es un adicto al paco”. Miro sus cortes, sus lastimaduras, su herida, su caja de cartón roñosa con un pedazo de pan. Miro su remera, su musculosa, es pleno invierno y el no siente nada, como un objeto no siente nada. Tomo la foto y me voy a googlear “Paco”.
El paco genera adicción desde la primera vez que se consume. El paco es pasta de cocaína: el hermano pobre del Crack. Según el Sedronar (Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina) ya hay chicos que se inician en esta adicción desde los 9 años. Las últimas estadísticas del 2017 indican que en Argentina, cada día se consumen cuatrocientas mil dosis. El paco asesina a unos 200 chicos por mes. Unos 2400 pibes al año.
Hijos del paco.
Huérfanos de estado.
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Un adicto al paco tirado, en pleno invierno descansando o asoleándose en una vereda de la ciudad de Buenos Aires. 2022, Argentina.
Con un fin de semana largo cargado de actividades se disfrutó de la Perla del Valle. Con muy buena recepción el viernes, sábado y domingo se llevó a cabo la propuesta ‘Tardes Dulces’ en las instalaciones de la Oficina de Turismo: acompañando un cafecito emprendedoras invitadas deleitaron a los visitantes con repostería y pastelería artesanal….
La afirmación de Milei de que “la justicia social es un robo” no es novedosa ni revolucionaria: es la versión más radical de una corriente libertaria minoritaria que la historia económica, la experiencia democrática y los grandes líderes del siglo XX pusieron en discusión. Desde Friedrich Hayek hasta Robert Nozick sostuvieron críticas conceptuales a la redistribución, pero incluso las democracias más capitalistas del mundo terminaron incorporando impuestos progresivos y políticas sociales como condición de estabilidad.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
La frase de Milei se inscribe en una tradición ideológica específica: el libertarismo radical, una corriente que considera que cualquier redistribución forzada por el Estado vulnera el derecho de propiedad. Sin embargo, cuando esa tesis se contrasta con la experiencia histórica concreta de las naciones desarrolladas, el resultado es contundente: no existe un solo país moderno que funcione sin algún grado de justicia social institucionalizada.
El origen intelectual: una tesis extrema y minoritaria
El economista austríaco Friedrich Hayek tituló directamente uno de sus libros The Mirage of Social Justice. Allí sostuvo que el concepto de justicia social es un “espejismo” porque el mercado no tiene voluntad moral; por lo tanto, no puede ser justo ni injusto. Para Hayek, intentar corregir resultados del mercado implica abrir la puerta a una expansión del poder estatal.
Más explícito fue el filósofo estadounidense Robert Nozick, quien escribió en Anarchy, State, and Utopia que “taxation of earnings from labor is on a par with forced labor”, es decir, que gravar ingresos es equiparable al trabajo forzado. Esa es la raíz conceptual más cercana a la frase de Milei.
Pero incluso dentro del liberalismo clásico estas posiciones fueron discutidas. Milton Friedman, muy mencionado por Milei, por ejemplo, defendía el mercado pero aceptaba el impuesto negativo a la renta como mecanismo para asistir a los más pobres. Es decir, reconocía que algún tipo de red de contención era necesaria para que el sistema no colapsara socialmente.
El problema es que el libertarismo puro funciona como construcción teórica, pero carece de evidencia empírica en Estados complejos y democráticos.
La experiencia histórica: sin redistribución no hay estabilidad
Las grandes democracias capitalistas del siglo XX no avanzaron hacia menos Estado luego de las crisis, sino hacia más regulación y más políticas sociales.
Tras la Gran Depresión producto del derrumbe de la bolsa en 1929, Franklin D. Roosevelt sostuvo con claridad que “necessitous men are not free men”, es decir, los hombres necesitados no son hombres libres. El New Deal no fue una concesión ideológica: fue una respuesta pragmática para salvar al capitalismo de sí mismo.
En Europa, incluso líderes conservadores comprendieron la necesidad de incorporar justicia social como principio organizador. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido construyó su Estado de bienestar con consenso transversal. La experiencia mostró que sin cohesión social, el mercado se vuelve políticamente inviable.
El filósofo John Rawls, en A Theory of Justice, planteó el llamado “principio de diferencia”: las desigualdades solo son aceptables si benefician a los más desfavorecidos. No se trata de igualitarismo absoluto, sino de una arquitectura institucional que garantice legitimidad.
La historia económica moderna es clara: los países más desarrollados combinan mercado con impuestos progresivos, servicios públicos universales y mecanismos de redistribución. Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón y los países nórdicos aplican impuestos a la renta, sistemas previsionales solidarios y políticas de bienestar. Ninguno abrazó el ideal libertario puro.
El caso argentino: justicia social como pacto democrático
En la Argentina, la justicia social no fue una consigna abstracta sino una reorganización concreta del vínculo entre capital y trabajo impulsada por Juan Domingo Perón. Derechos laborales, aguinaldo, vacaciones pagas y movilidad social ascendente no surgieron de la espontaneidad del mercado, sino de decisiones políticas.
Reducir ese proceso histórico a la categoría de “robo” implica desconocer que toda organización estatal moderna se basa en impuestos. Sin impuestos no hay educación pública, no hay infraestructura, no hay sistema judicial, no hay defensa, no hay estabilidad monetaria.
El propio desarrollo del capitalismo industrial necesitó del Estado para expandirse: desde la construcción de ferrocarriles hasta la financiación de universidades y sistemas científicos.
Una consigna más ideológica que aplicable
La idea de que la justicia social es un robo parte de una concepción absoluta del derecho de propiedad. Pero en la práctica, ningún país desarrollado sostiene esa tesis en términos absolutos. Incluso los modelos de baja presión fiscal mantienen impuestos indirectos, gravámenes corporativos y algún tipo de política social.
La pregunta central no es si existe redistribución —porque existe en todos los Estados modernos— sino qué nivel de redistribución garantiza estabilidad sin ahogar la actividad económica.
Los grandes líderes del siglo XX no abolieron la justicia social: la institucionalizaron como parte del contrato democrático. La experiencia histórica demuestra que cuando la desigualdad se vuelve extrema, el resultado no es más libertad sino más conflicto.
La frase de Milei, lejos de ser una novedad disruptiva, revive una discusión teórica que ya fue puesta a prueba. Y la evidencia empírica indica que las sociedades más prósperas no eliminaron la justicia social: la regularon, la administraron y la integraron como herramienta de cohesión.
El libertarismo absoluto puede funcionar como consigna. Pero solo es una utopía sin aplicación real en el mundo fuera de la imaginación descontrolada de Milei.
Actualmente, lanzó los primeros cuatro sencillos de “Ahí estamos”, un material de estudio de gran calidad que logra en esa incansable búsqueda de nuevos desafíos…
El presupuesto oficial de $74.915.195, es aportado por el Gobierno Nacional, a partir de un convenio firmado con el Ministerio de Transporte. La obra tiene un plazo de ejecución de 9 meses e incluye la mejora del acceso a la planta alta del edificio, que en una segunda etapa, se convertirá en un centro de actividad…
En los últimos meses, las acciones en Brasil mostraron un comportamiento excepcionalmente positivo en los mercados financieros internacionales, transformándose en uno de los activos bursátiles más fuertes del mundo en 2026.
El índice de referencia de la Bolsa de São Paulo, el Ibovespa, estuvo encadenando máximos históricos y fuertes subidas, impulsado tanto por factores domésticos como globales. En dólares, saltó un 65% en los últimos doce meses.
«Las acciones brasileñas vienen subiendo impulsadas por la expectativa de recortes en la tasa Selic, la desaceleración de la inflación y un ingreso fuerte de capitales extranjeros. A esto se suma un contexto de valuaciones todavía atractivas frente a otros mercados emergentes y una mejora en las perspectivas de crecimiento interno. Sectores como bancos y energía lideran el movimiento», resumió Martín D’Odorico, director de Guardian Capital.
En detalle, una de las causas principales de este rally es el flujo de capitales internacionales hacia Brasil. Inversionistas globales estuvieron rotando fondos desde activos estadounidenses hacia mercados emergentes en busca de mayores rendimientos, y Brasil se benefició enormemente de esa tendencia.
En las primeras semanas de 2026, los inversores extranjeros aportaron miles de millones de reales al mercado accionario brasileño, una cifra que en algunos meses superó la totalidad de lo invertido en todo 2025.
Los datos macroeconómicos positivos del país también reforzaron la confianza de los mercados. La economía brasileña está creando empleo a un ritmo sólido y registró niveles de desempleo históricamente bajos, lo cual mejora las expectativas de crecimiento y consumo interno.
Esta mejora en los fundamentos económicos locales hace que los activos de riesgo, como las acciones, resulten particularmente atractivos para los inversores.
El Banco Central de Brasil (BCB) mantuvo una de las tasas de interés más altas del mundo para controlar la inflación. Con la inflación convergiendo hacia el rango meta (en torno al 4,4% interanual en enero de 2026), el mercado descuenta el inicio de un ciclo de recortes de tasas a partir de marzo de 2026. Menores tasas suelen impulsar la valoración de las acciones.
Otro factor relevante es la expectativa de cambios en la política monetaria global y local. Los mercados financieros están descontando posibles recortes de tasas de interés, tanto de la Reserva Federal de Estados Unidos como del Banco Central de Brasil en el mediano plazo, lo que tiende a favorecer la toma de riesgo y la inversión en acciones frente a activos de renta fija.
«El Banco Central de Brasil (BCB) mantuvo una de las tasas de interés más altas del mundo para controlar la inflación. Con la inflación convergiendo hacia el rango meta (en torno al 4,4% interanual en enero de 2026), el mercado descuenta el inicio de un ciclo de recortes de tasas a partir de marzo de 2026. Menores tasas suelen impulsar la valoración de las acciones», relató Bruno Bonacina Rogliano, asesor financiero en Bull Market Brokers.
Además, el incremento en los precios de las materias primas impulsó a muchas de las principales empresas brasileñas, especialmente aquellas ligadas a la minería, la energía y los bancos, sectores que representan una parte significativa del Ibovespa.
«Las últimas semanas empezamos a ver que la posible futura demanda global de hierro, petróleo y alimentos favorece a los gigantes locales como Vale y Petrobras, que son pilares del índice Ibovespa», indicó Bonacina Rogliano.
Finalmente, factores políticos como el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea también generaron optimismo en torno a las perspectivas de comercio e inversión a largo plazo para Brasil.
Por estos motivos, el mercado aún confía en el potencial de las acciones brasileñas. «Hacia adelante, Brasil sigue teniendo potencial en un escenario de tasas más bajas, aunque el proceso electoral de 2026 y la dependencia de precios internacionales de materias primas podrían generar episodios de volatilidad», concluyó D’Odorico.
Con vistas al inicio del torneo de la Liga Municipal de Fútbol Infantil (LIMUFI) previsto para abril, la Municipalidad de Villa Regina lleva adelante tareas para acondicionar el predio del Club Banco Nación. En ese sentido, días atrás se rubricó el convenio entre el Municipio y la institución que permitirá que el torneo se dispute…