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DÍA MUNDIAL SIN TABACO: Cultiva alimentos, no tabaco

Todos los 31 de mayo es el Día Mundial sin Tabaco y se acompaña con una consigna, una campaña internacional y aún así la batalla parece desigual frente al lobby empresarial, las luces de los stands en kioscos y comercios, las presiones de grupos sociales y las publicidades llamativas de los cigarrillos industriales.

Debido a políticas más restrictivas, altos precios y un cambio cultural, más de un millón de personas dejaron el tabaco en los últimos 15 años. Desde el 2005 que se ve una baja en el consumo. Sin embargo, todavía se fuma tabaco en una alta franja de la población. Como decía, en Argentina baja su presencia pero todavía uno de cada cinco mayores fuma (el 22%), lo que representa una de las tasas más altas de la región.

Cada año mueren en el mundo ocho millones de personas por causa del tabaquismo, le dicen «hábito» pero en realidad es una epidemia. Siete millones por ser fumadoras y más de un millón por el humo ajeno. Sobran los motivos para dejar de fumar aunque son muchas las barreras psicológicas y emocionales que lo impiden. Solo un 4% de las personas que intentan dejar de fumar sin apoyo profesional lo logran. El acompañamiento profesional puede duplicar con creces las probabilidades de éxito para abandonar el tabaco.

No se trata solo de las altas probabilidades de contraer una enfermedad, y en miles de casos morir, sino de una cadena interminable de efectos que lleva incluso al descubrimiento de micropartículas de plástico de filtros de cigarrillo en las fosas oceánicas más profundas del planeta, en el Pacífico. Se tiran al suelo 4,5 billones de colillas al año. Una sola colilla contamina 100ls de agua.

Cada año mueren en el mundo ocho millones de personas por causa del tabaquismo, le dicen «hábito» pero en realidad es una epidemia. Siete millones por ser fumadoras y más de un millón por el humo ajeno.

En Argentina, hay 45 mil personas que mueren al año por enfermedades relacionadas con el tabaco. El tabaquismo daña casi todos los órganos del cuerpo. Cada cigarrillo contiene más de 5000 productos tóxicos. La mitad de las personas fumadoras muere de una enfermedad relacionada al consumo de tabaco y viven en promedio 10-15 años menos respecto a las no fumadoras.

Hay un aspecto positivo: se fuma menos que hace una década. Más de un millón de personas dejaron el cigarrillo en estos últimos 15 años. Pero todavía fuman un 22,2% de las personas mayores de 18 años. Uno de cada cinco adultos. Y se concentra entre las de 25 y 49 años.

Más de un millón de personas dejaron el cigarrillo en estos
últimos 15 años.

Ha mermado la cantidad de fumadores, hace 13 años teníamos un 29% y ahora un 22% en adultos, han colaborado las leyes. La más importante es la que dispone los ambientes cerrados libres de humo”, recalca la médica Cristina Borrajo, coordinadora de la sección Tabaquismo de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) en diálogo con Tiempo Argentino.

Fuente: Telam y TiempoAr

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  • Marijuan pidió la indagatoria del hermano de Adorni por mentir en las declaraciones juradas

     

    El fiscal federal Guillermo Marijuan pidió la declaración indagatoria del legislador bonaerense Francisco Adorni, hermano del jefe de Gabinete, en el marco de una causa por enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa en sus declaraciones juradas.

    La declaración jurada pedida por Marijuan apunta al segundo delito. El fiscal considera que tiene información suficiente para avanzar contra Adorni por haber mentido en sus declaraciones juradas. La decisión ahora la tiene el juez Daniel Rafecas, que debe avalar o no el pedido del fiscal.

    El hermano de Adorni volvió a corregir su declaración jurada y ahora dice que tiene menos

    Como contó LPO, Francisco Adorni tuvo que rectificar dos veces su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción porque no le cerraban los números. La investigación abarca el período 2023-2026 cuando antes de ser legislador fue funcionario del Ministerio de Defensa.

    En la última rectificación, Adorni sostuvo que tenía menos patrimonio del que había declarado al anotar una menor valuación del 50% de su casa en City Bell, que primero valuó en 67.500.000 pesos y luego en 52.600.000.

    Marijuan imputó a Adorni tras una denuncia de Marcela Pagano que detectó que el patrimonio pasó de 43.790.000 pesos en 2024 a 80.500.000 pesos en 2025. El dato que complicó al legislador es que declaró una cancelación de un crédito hipotecario por 60 millones, lo que no se condice con su patrimonio.

    Además, la justicia investiga las inconsistencias de los Adorni respecto a la supuesta herencia que recibieron de su padre. En su primera rectificación Francisco incluyó una herencia de 21 millones que no había dado a conocer anteriormente ante la OA, un número que los investigadores creen que es exagerado.

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    Marijuan apunta a la omisión maliciosa de Francisco Adorni y remarca que no pudo desconocer los errores porque trabajó durante años como perito contador del Consejo de la Magistratura de la Provincia de Buenos Aires y una de sus funciones estaba vinculada a la revisión de declaraciones juradas.

    «De modo alguno podría haber desconocido o errado en la confección de sus Declaraciones Juradas Patrimoniales al asumir y desempeñar los cargos jerárquicos, como auditor interno incluso, para los que fue designado en el ámbito del Ministerio de Defensa de la Nación», sostuvo Marijuan, que dijo que en base a los elementos recabados el hermano de Adorni es «un experto en la materia.

     

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  • RdS nro. 26 – Misceláneo (I)

    Advertencia: este programa está compuesto en parte por segmentos de programas anteriores. Por lo tanto es posible que el oyente habitual reconozca esos segmentos. También es posible que encuentre pequeñas diferencias entre los segmentos de programas pasados y los actuales. En este Relámpago hay, entre otras cosas, música de: Bill Frissel, Jan Garbareck, Santana, Grand…

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  • Sufrimiento y éxtasis ricotero

     

    Publicado el 16 de septiembre de 2013

    Mauro, 37 años, ricotero, entra en el autódromo de San Martín minutos antes de que el Indio salga a escena y se arrodilla. Besa el barro y apoya la cabeza en la bandera enrollada. El amigo se para y abre las manos mirando al cielo, como si la lluvia que no cae desde hace seis meses en Mendoza, fuera una bendición y no lo único que le falta a su viaje.

    —Llegué. Acá estoy pelado. ¡Acá estoy!- dice, uniformado con pañuelo árabe, sweater, jean topper blancas, una bandera que dice Misiones y la cara del indio, la frase: “tu esqueleto me trajo hasta aquí”.
    Salió hace 43 horas desde Misiones en un micro que se rompió dos veces en el camino. La última fue definitiva, a 20 kilómetros de llegar. Se bajó con el bolso y empezó a hacer dedo con sus tres amigos. Se dividieron en dos para poder llegar y todavía no pudieron reencontrarse. Tampoco saben cómo ni cuándo van a volver.

    ***

    Un día antes, al anochecer, la Ruta 7 empieza a cargarse. Los camiones entorpecen la hilera de autos y micros que marchan desde Buenos Aires hacia Mendoza: uno de cada cinco, uno de cada cuatro, uno de cada tres, dos seguidos; todos, llevan la insignia. En esta religión hay, como en casi todas, un solo Dios; pero las maneras de adorarlo y simbolizarlo, incluso de nombrarlo, son de libre albedrío: Indio o Patricio Rey, la reproducción del arte de Rocambole en cualquier disco, todas las frases que se hayan escrito en los treinta años de esta banda que hace una década se redujo a su líder.

    “Vamos a misa”, dice el ploteado en el parabrisas y en el capot de un Peugeot 307; “El que abandona no tiene premio”; “El lujo es vulgaridad”; “Vivir sólo cuesta vida”; “Tu esqueleto me trajo hasta aquí”; “Este infierno es encantador”; “Nadie es capaz de matarte en mi alma”; “Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”.

    No llevar bandera es traicionar el rito, como el católico que no se hace la señal de la cruz al pasar por una Iglesia. Que todos sepan que se es parte, es casi una condición.

    Belén y Kevin, de 26 y 38 años, entran en la estación de servicio de Rufino a los gritos y cantando. Se olvidaron la bandera en La Plata y no se bancan los 700 kilómetros que quedan con el auto despojado de identidad.

    —¿Tenés cinta aisladora? —le piden a la vendedora.

    —Sí.

    —¿De qué color?

    —Negro.

    —¡Esaaa! —grita Belén. A las 11 de la noche y con dos grados se ponen a “plotear” el Clio en el estacionamiento. Andrés, el más joven de los ocho que viajan juntos en dos autos, corta la cinta y Kevin la pega con una cuidada desprolijidad: se toma el tiempo para que las curvas sean curvas y que la distancia entre las letras sea más o menos pareja. El resto le festeja cada cinta que pega. Cuando termina, todos toman distancia para mirar cómo se ve desde lejos: INDIO.

    Ahora sí. Se sacan la foto y arrancan.

    Las banderas van enganchadas en el baúl y cubren toda la parte trasera de los autos. La fiesta ya empezó. Esta vez hace demasiado frío; si se pudieran abrir las ventanillas, se escucharían las voces entonando y desafinando un tema atrás del otro a todo volumen. Como ahora en la estación de servicio del kilómetro 350: un Fiat Palio musicaliza con Gulp y afuera los viajeros comparten una cerveza. Cada auto que llega se suma al ritual: el saludo, casi como un código, es cantar un poco de la canción que suena y mover la cabeza como afirmando lo que los une. Así, siempre el mismo gesto, tan emocionante como estúpidamente igual, se repite en cada parada; sean 450 kilómetros como en último recital, en diciembre de 2011 en Tandil, sean los mil que hay que hacer esta vez para llegar a Mendoza. En cada parada, una y otra vez.

    ***

    Elba no lo puede creer.

    —Imagínese que acá no tenemos ningún turismo. Es la que gente que anda de paso nomás o los viajantes. Pero ayer… Ayer eran micros, micros y micros —dice mientras sirve el desayuno en el Parque Hotel Laboulaye, un alojamiento rutero en el kilómetros 490 de la 7.

    Se calcula que entre el jueves y el viernes pasaron por ahí unas 50 mil personas. Novecientos o mil micros y cinco mil autos.

    —Esto yo no lo vi nunca, jamás, ni con el fútbol ni con nada —confirma el mito la señora— Cuando me dijeron que estemos preparados, yo no lo creía. ¿Quién es este indio que la gente hace tanto viaje para verlo? Ni que fuera la Virgen de San Nicolás. Después me dijeron que son los Redonditos de ricota. A esos sí los escuche, pero ¿tan famosos son? —pregunta con el sentido común del que mira desde afuera. Los que están adentro parecen haberlo perdido.

    —Gente grande, familias con chicos… Algo deben tener. La gente no es tonta.

    Cada ricotero tiene su ritual de entrada: besar el piso, alzar las manos y agradecerle a alguien -o algo- más allá de lo terrenal; correr como si hubiera por delante una línea de llegada; gritar, saltar, rodar. Llegar es también cumplir una promesa. 

    Como si se tratara de alcanzar la cima del Aconcagua, cruzar a nado el Río de la Plata o caminar hasta Luján. El momento se saborea como un logro personal, casi un sacrificio.

    Como si haber pagado una entrada de 300 pesos no alcanzara para tener derecho a ver el show. Algo de la operación básica del capitalismo se pierde en el transe. O se borra, porque sólo así puede haber mística. Y eso es lo que ellos necesitan. Nada más puede justificar el esfuerzo.

    Despojado de eso, el fenómeno se vuelve absurdo. Sus 120 mil protagonistas, simples víctimas de la industria del entretenimiento. 

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    La furia empieza con el anuncio. Un día, casi sin rumores previos, ocurre la aparición: Carlos Solari sale de la caja de cristal que se construyó para sobrellevar una popularidad que dice que no le gusta, que dice no quiere ni buscó; que dice ni siquiera entiende.

    —14 de septiembre. Mendoza.

    Con ese mensaje anónimo y sin sujeto alcanza. Como un virus que inocula hasta el último ricotero del país, la noticia entra en el cuerpo, la maquinaria se pone en marcha. Todos los recursos -propios, prestados o robados-, se ponen a disposición de una logística que empieza en ese instante y continúa los dos o tres meses que faltan para la peregrinación.

    Para muchos será corta: un avión y un lindo hotel que se paga con tarjeta de crédito. Para otros, empieza por ver cómo juntar los 300 pesos que esta vez cuesta la entrada.

    Él, Carlos Alberto Indio Solari, llegó en un chárter privado desde San Fernando. Sus músicos, en aviones de línea. Hace tiempo que el líder de la multitud dejó de tocar por el mango: se calcula que con este show embolsó unos 15 millones de pesos. Lo suficiente para recluirse otros dos años; lo suficiente para no trabajar nunca más, si quiere.

    ¿Cómo será la cabeza y el ego de un tipo que sabe que genera esto? No hay fanatismo que pueda obnubilar tanto como para no preguntarse esto cuando en el kilómetro 850, a 140 del destino y a 16 horas de haber salido, el tránsito se frena de manera imprevista: son diez kilómetros de cola, una hora después serán 20, dos más tarde ya llega a 30. Cuatro horas para avanzar 10 mil metros. Los más impacientes van por la banquina; al rato, de la banquina ya pasan a la tierra lindante a los alambrados o, directamente, al otro lado de la autovía para acelerar en contramano.

    —Imaginate al Indio en la suite del 5 estrellas viendo esto por la tele. No hay manera de no sentirte poderoso —dice uno de los fanáticos en el auto.

    La gente se baja, prepara un fernet al costado de la ruta o en el baúl, camina por el medio de los autos o charlando con el que maneja; avanzan a un promedio de 2,5 kilómetros por hora, envueltos en banderas; hablan de lo que se viene a la noche, de que hay que abrigarse, comprar Fernet, ubicarse bien para Jijiji.

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    Una botella de gaseosa cortada y doblada hacia afuera para no lastimarse. Una parte de Fernet y dos de Coca Cola. Laura y Marcela preparan el trago para el grupo en una barra improvisada en el baúl de un cero kilómetro, varias horas antes del recital. En la división de roles de esta noche, a ellas les toca armar el porro.

    Fernet, Coca Cola, marihuana y cerveza; la mezcla acompaña las horas de espera. Una semana antes del recital, en los alrededores del autódromo ya había cinco carpas; tres días antes, cincuenta; el viernes más de cien.

    El día del show, a partir del mediodía, llega la multitud. Y los alrededores del autódromo colapsan. Hay autos, traffics y micros seis kilómetros a la redonda. Desde esa distancia parte la peregrinación caminada.

    —Voy a verlo por primera vez. No lo puedo creer —dice Ignacio, un uruguayo de 25 años que llegó desde Montevideo con cinco amigos en uno de los treinta micros que partieron el viernes.

    —Vengo de San Antonio de Padua. A todos lados desde hace 20 años —dice Carlos. Una hora antes de que empiece el recital vendió las últimas dos petacas de vodka a 20 pesos. Las otras 98 a 25. En tres horas y media recaudó dos mil pesos limpios.

    —Me pagué el viaje. Negocio redondo.

    Como él, son muchos los que se financian el viaje con puestos improvisados de alcohol o comida, venta de pósters y remeras.

    El autódromo de la ciudad San Martín es un continuo de cabezas y capuchas, de banderas y brazos alzados; desde el centro de la multitud no se ve el horizonte: sigue y sigue. La sensación de eternidad se vuelve miedo cuando en el segundo tema todo ese centro empieza a bambolearse como si lo estuvieran revolviendo. Empujan para un lado y para el otro, no se puede salir, hay que ir en puntas de pie porque si uno se cae, todos caerán encima, empiezan los gritos y aparece el pánico. El Indio sigue cantando. Desde dónde él está, desde arriba, lo que se ve es otra cosa: 120 mil personas coreando su nombre, cantando que se vaya a tocar a la luna y que la luna van a copar.

    —Esto es una ciudad. ¿Se dan cuenta? Somos una ciudad —dice. Decir que tiene una ciudad a sus pies sería demasiado.

    Y sigue:

    —Me dicen que este es el show con entrada paga más multitudinario que se haya hecho. Yo se los agradezco. No me voy a cansar de agredecérselos.

    Al mensaje demagógico, la respuesta es crítica.

    —¿Cómo no lo vas a agradecer? Si te hacemos millonario. Dale, cantá loco, cantá —dice alguien.

    Suena el primer acorde del próximo tema y ya nada se cuestiona: cada letra es coreada como el padre nuestro. Se la cantan a él, a alguien que no está, a la cara unos a otros, amigos o desconocidos.

    Es como en el carnaval: la riqueza y la pobreza, el origen de cada uno, se olvidan en la fiesta. La multitud es homogénea cuando se hace masa, como un rebaño de ovejas obedientes. Al menos no en lo que dura este rito no hay robos ni descontrol; ni una sola pelea.

    —Acá todos queremos vivir la fiesta. No hay intereses ni egoísmo. Yo le convido porro a uno que tiene una 4×4 y él me da birra. Estamos todos para lo mismo —dice Paco. Llegó en un Renault 9 desde Wilde con cuatro amigos más. Un poco de ropa, unas frazadas para dormir en el auto, cuatro botellas de Fernet, tres vinos, 5 cervezas y una heladerita con hielo. Pero calcularon mal: a las seis de la tarde ya no tenían más alcohol.

    Sufriendo el mismo frío, vibran las mismas letras, acusadas de ser las más crípticas del rock nacional y que, sin embargo, crean eslóganes e identificación como pocas otras.

    La fe no desconoce el sacrificio.

    —Indio, ¡la concha de tu madre! ¿Te resbalás? ¿Te duele la garganta? Vení acá hijo de puta —grita uno cuando a cinco temas de empezar el show, la llovizna se hace lluvia y cae a dos grados bajo cero sobre cuerpos transpirados, aplastados, mal dormidos, colmados de alcohol.

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    —Hoy más que nunca prepárense para hacer el pogo más grande del mundo —dice Solari justo a la medianoche, después de dos horas de show en las que hubo tantos clásicos de los Redondos como de su etapa solista.

    Las luces se apagan y empieza a sonar Jijiji. Como la asunción del Indio Solari a la categoría de líder, que esta canción y no otra sea el himno de cierre, no admite explicaciones. Desde los primeros shows de los Redondos fue así. Y nadie quiere que cambie. El ritual repetido, una y otra vez, es lo que moviliza. Es lo que se va a buscar, lo que se disfruta.

    Al borde de la hipotermia, todos saltan en una euforia irrepetible. Los gritos, ya afónicos, son los más fuertes de la noche. Se arman rondas por todo el autódromo y los cuerpos se cruzan, chocan, giran, van y vienen; las banderas se agitan. La sensación de que se termina es más excitante todavía. “Estos chicos son como bombas pequeñitas”, dice la canción, y la metáfora se vuelve literal en este instante, pequeñas explosiones individuales que hacen estallar el estadio. La fiesta ser repite de una punta a la otra, replicada en 120 mil. Hasta que la luz se apaga y sólo queda el silencio. Por unos segundos todos siguen mirando el escenario.

    Lo que quedaba de energía se acaba de ir. Real o no, el legendario temblor que los ricoteros afirman se siente. No sólo es mito, también es realidad. 

    La entrada Sufrimiento y éxtasis ricotero se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Adorni contradice a Bullrich y ahora dice que quiere ir a dar el informe al Senado

     

    Manuel Adorni se vio obligado este martes a decir que está dispuesto a concurrir al Senado para brindar su informe como jefe de gabinete, después que Patricia Bullrich lo bajó porque ningún senador está dispuesto a escucharlo sino que lo esperan para interpelarlo directamente.

    El funcionario comunicó por Twitter un mensaje que sonó a una desautorización de la jefa de bloque libertario, por un lado, y reveló una preocupación creciente del gobierno: si Adorni no va, incumple la Constitución. Pese a que el apego de la administración libertaria a las normas no es su virtud, la fragilidad del jefe de gabinete, envuelto en sospechas de corrupción, pone en vilo a la Casa Rosada.

    En efecto, una fuente al tanto de la situación reconoció ante LPO que «una cosa es que a Adorni lo bajen desde el Senado en un acuerdo con los aliados y otra es que se baje solo».

    El mensaje de Adorni por Twitter fue lacónico. «Estoy a disposición para presentarme el día 2 de Julio próximo al Honorable Senado de la Nación para brindar el informe de gestión como marca la Constitución Nacional. Fin», dice el texto.

    Patricia bajó a Adorni del informe ante el Senado: «No vengas que nadie te quiere escuchar»

    Pero tanto el momento de su divulgación como su significado son inseparables del enfrentamiento entre Karina Milei y la ex ministra de Seguridad. LPO informó que fue Patricia la que le planteó a la hermana presidencial que había que voltear el informe del jefe de Gabinete anunciado para el 2 de julio porque la oposición se preparaba para removerlo antes que para recibirlo. «No vengas, que nadie te quiere escuchar», fue lo que le dijo Bullrich al propio Adorni.

    Más allá de la interna entre la senadora y Balcarce 50, lo cierto es que el plazo para enviarle preguntas al jefe de Gabinete vencía este miércoles 24 de junio pero, al cierre de esta nota, solo un senador habría remitido a las autoridades del Senado nada más que dos preguntas. Lo habitual es que los informes de un jefe de Gabinete tengan alrededor de mil páginas y 4 mil preguntas. 

    La noche de furia de Adorni se completó con su irrupción intempestiva en la Fundación Faro, en donde Milei dio un discurso luego de que Adrián Ravier debutara como nuevo vocero del presidente. La presencia insospechada del jefe de gabinete, convertido en la mancha venenosa, fastidió a los Peaky Blinders de Santiago Caputo.

     

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