Desconectados de la realidad que vive la Argentina, Macri y su equipo de trabajó arribaron a las PASO inmersos en una burbuja tan frágil como inestable. Una burbuja de detergente, que como tal, tenía como destino explotar. La cachetada de las PASO fue tan fuerte que obligó al gobierno a emular algo que jamás se había atrevido a hacer. Esbozar, aunque sea falsamente, una autocrítica. Ahora: paquete de medidas, sustitución de fichas, y a maquillar un payaso que ya pasó de moda. ¿Tarde pero seguro? No aplica.
Las bases del oficialismo se vendían “en control” y con estabilidad; no es poco después de tres años de recesión, más pobreza, más desempleo, más inflación, más el derrumbe del consumo y el poder adquisitivo. Un sector importante de la población que creyó -en 2015- que el equipo de Macri los iba a representar más otro que eligió “bueno por conocer” o bien le ganó el odio: en 2019 NO COMPRÓ. Quedándose el oficialismo con un núcleo de adhesiones que no sufre la crisis y otro que sigue maquillando su odio de clase en “antiperonismo” inquebrantable. Que sabe a poco porque es poco. No hay 15 puntos veraneando en Europa.
Ese sentimiento de superioridad que siente parte de la clase media argentina psuedo-europeizada sobre los que en realidad son sus pares pero ellos miran desde un pedestal cimentado en la historia de otras repúblicas, es el mismo sentimiento omnipotente de la mano que ejecutó las políticas del oficialismo, con el agregado que también dejó afuera a esa clase media. Políticas neoliberales que no reconocen la inclusión como tal, que no las incluye en el sueño americano (¿?). Dejando un país entero de rodillas, el ejecutivo y sus secuases frente al norte de América, y el pueblo frente a ellos.
El miedo que quiso perpetrar el macrismo no registró que era un boomerang que en su retorno los golpearía en sus partes íntimas. Su propia obra de terror y el interminable loop sobre la pesada herencia, reconoció al miedo frente a un espejo refractario.El newfear o el miedo a la continuidad le ganó al relato del miedo y el retorno a un pasado ya olvidado.
El kirchnerismo le tendió la alfombra roja al macrismo en 2015, ahora el oficialismo le devuelve el favor. Sin el kirchnerismo el macrismo no hubiese llegado al ejecutivo nacional y sin Cambiemos, hoy el Frente Para la Victoria devenido en Unidad Nacional y ahora en Frente de Todos, tampoco hubiese logrado bastardearlo con 15 puntos de diferencia. Se retroalimentan entre ellos. ¿Loco?, no en este país infestado de odio, donde solo prevalecen los extremos.
La manipulación de las redes sociales, el cerco mediático y la militancia maquillada de comunicación, la magia del Big Data y su microsegmentación como herramienta electoral «infalible»; no reconoce la pobreza, el hambre y la desesperación de quienes viven con un sueldo en pesos. HAMBRE MATA BIG DATA. La tecnología no reconoce panzas vacías y el alma no se alimenta de tecnología: Mala ecuación.
Se vota con el bolsillo cuando te licuan el sueldo todos los meses, cuando las tarifas se comen las instituciones sociales pero a su vez se subsidian a las grandes empresas, cuando la inflación se duplica y la pobreza se siente cerca, se huele y se palpa. Cuando el desempleo te quiebra la familia, cuando a las pymes las asfixia la tasa de interés y la apertura de las importaciones, cuando se cae el consumo.
Se vota con el bolsillo. Y cuando el bolsillo decide, no tiene asco ni reparos. Se expresa contundente. Cuando la economía determina la decisión, lo hace sin tapujos ni contemplaciones.
Será difícil -si no imposible- que el Presidente y el mejor equipo de los últimos 50 años logren revertir esta paliza electoral. Pero será más difícil llegar a diciembre si quienes gobiernan apuntan sus cañones a Octubre y no al día de hoy. Responsabilidad, mesura y empatía; es la exigencia primordial.
Cada mañana sale el sol, acá y en África, allá se levantan las gacelas y saben que deberán correr más rápido que el más veloz de los leones, o morirán; pero también despiertan los leones y saben que deberán correr más rápido que las más lentas de las gacelas o morirán de hambre. El dilema en la Argentina es que quien hoy se reconoce león, mañana puede ser gacela, quien hoy es dominante, mañana es dominado. Entonces no importa que animal seas, si no que tengas bien en claro que cada mañana, más allá del gobierno de turno, vas a tener que correr rápido, muy rápido, para poder sobrevivir en este país cargado de intolerancia y vacío de empatía.
Portada: Flickr Hive Mind Intervención: Germán Busin Gráfica: Germán Busin
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La compra de los cazas a Dinamarca fue apenas el comienzo. Desde abril de 2024, el Gobierno fue ampliando progresivamente el alcance del secreto militar: primero la operación contractual por los aviones, después las obras y materiales importados, luego el armamento y las capacidades complementarias y, ahora, también la exportación de componentes al exterior para mantenimiento y actualización. En el camino aparecen cientos de millones de dólares y decenas de miles de millones de pesos cuya documentación detallada dejó de estar sometida a las reglas ordinarias de publicidad.
Por Luis Bulnes Valdez para NLI
El Gobierno de Milei volvió a ampliar el alcance del secreto militar sobre el programa de los F-16, y la decisión publicada este 18 de agosto en el Boletín Oficial permite reconstruir una historia bastante más extensa que la simple adquisición de 24 aviones de combate a Dinamarca. Desde abril de 2024 hasta hoy, distintas decisiones presidenciales fueron colocando bajo confidencialidad buena parte de la cadena contractual, logística, edilicia y de sostenimiento necesaria para poner en funcionamiento el nuevo sistema de armas de la Fuerza Aérea Argentina.
El punto de partida fue el Decreto 370/2024, publicado el 29 de abril de 2024. Allí el Ejecutivo declaró secreto militar la operación contractual tramitada mediante el expediente EX-2024-05198131-APN-DGPPYP#FAA, justamente el expediente asociado a la adquisición del sistema de armas F-16. La norma estableció además que, una vez declarado el secreto, el organismo contratante quedaba exceptuado de las disposiciones relativas a la publicidad y difusión de las actuaciones del proceso.
Sin embargo, el precio principal de la compra sí quedó expuesto públicamente. La Decisión Administrativa 252/2024 estableció que el contrato con la Organización de Adquisiciones y Logística del Ministerio de Defensa danés tendría un valor de US$301.200.000, pagadero en cinco cuotas anuales, e incluiría 16 aeronaves monoplaza, 8 biplaza, componentes y servicios.
A esa cifra se sumó desde el comienzo otro componente mucho más difícil de reconstruir en detalle: el sistema de armas y equipamiento provisto por Estados Unidos. Las estimaciones difundidas durante la operación ubicaron ese paquete en torno de US$350 millones, llevando el costo inicial del programa a aproximadamente US$650 millones.
El secreto se expandió: de los aviones a las bases, motores y armamento
Cuatro meses después de la declaración inicial, el Gobierno dio un segundo paso. El Decreto 807/2024, publicado en septiembre de 2024, declaró secreto militar la contratación y construcción de las obras de infraestructura y la importación del material relacionado con la incorporación del sistema de armas del expediente original. La propia norma cita como fundamento que el Decreto 9390/63 considera secreto militar determinadas adquisiciones, construcciones y sus negociaciones y trámites.
Eso significó incorporar a la zona de confidencialidad algo que tiene una dimensión económica concreta: las obras necesarias para que los F-16 puedan operar en la Argentina. En 2024 se informó una previsión de $44.694 millones para la modernización y construcción de infraestructura en la VI Brigada Aérea de Tandil y el Área Material Río Cuarto. La programación contemplaba desembolsos en distintos ejercicios presupuestarios y trabajos sobre instalaciones vinculadas con la operación de los nuevos cazas.
Pero el alcance no terminaba en pistas, hangares o edificios. La documentación pública que acompañó aquella decisión mencionaba material sensible relacionado con el sistema, incluyendo partes de aeronaves, motores, repuestos y armamento real y de entrenamiento.
En diciembre de 2024 llegó una nueva ampliación. El Decreto 1073/2024 declaró secreto militar las operaciones contractuales tramitadas mediante el expediente EX-2024-116082935-APN-EMGFAA#FAA. Y acá aparece un dato especialmente relevante: el propio texto oficial explica que la incorporación del sistema F-16 sería complementada mediante una Letter of Offer and Acceptance (LOA) dentro del programa estadounidense Foreign Military Sales, además de otra suscripción con la United States Navy, junto con contratos adicionales para incorporar equipos y capacidades complementarias.
Es decir: el segundo expediente no es simplemente una repetición administrativa del primero. Es el mecanismo utilizado para mantener bajo secreto las adquisiciones adicionales necesarias para completar el sistema de armas. La propia norma establece que los procedimientos quedan exceptuados de las disposiciones de publicidad y difusión de las actuaciones.
Ahora el secreto alcanza también al sostenimiento de los F-16
El decreto publicado este 18 de agosto agrega una nueva capa. El Decreto 735/2026 declara secreto militar la exportación del material relacionado con el sistema de armas correspondiente al expediente original y a los contratos adicionales. El texto menciona expresamente la posibilidad de que salgan del país partes integrantes de las aeronaves, motores, repuestos, armamento real y armamento de entrenamiento para tareas vinculadas con mantenimiento y actualización.
La decisión coincide con el comienzo de una nueva etapa operacional. El Gobierno informó oficialmente que el 30 de marzo de 2026 comenzaron los vuelos del sistema F-16 en el Área Material Río Cuarto, dentro del programa Peace Condor. La Fuerza Aérea señaló que el proceso incluye entrenamiento de pilotos y técnicos y que la puesta a punto de las instalaciones continúa.
La secuencia, entonces, es reveladora: primero se ocultó la operación contractual; después, las obras y las importaciones; luego, las compras adicionales y capacidades complementarias; y ahora, también la salida del país de componentes para mantenimiento y actualización.
No significa que el Gobierno esté vendiendo los aviones ni que cada salida de una pieza implique una operación comercial secreta. Por el contrario, resulta perfectamente compatible con el funcionamiento de un sistema de armas complejo que determinados motores, componentes o equipos deban ser enviados al exterior para inspección, reparación, actualización o intervención técnica. Lo que cambia es el grado de información pública disponible sobre qué se envía, a quién, por cuánto, bajo qué contrato y con qué frecuencia.
Y ahí aparece el verdadero problema periodístico.
US$650 millones y una cuenta que todavía no terminó
La compra de los 24 F-16 fue presentada como una operación de aproximadamente US$301,2 millones, pero el propio Gobierno y distintas fuentes periodísticas explicaron que el programa completo debía contemplar también armamento, equipamiento y capacidades complementarias, llevando la estimación inicial a unos US$650 millones.
Además, el gasto no terminó con la firma del contrato. En junio de 2026 se informó que Argentina ya había abonado tres de las cinco cuotas correspondientes a la compra de las aeronaves, por aproximadamente US$180 millones, mientras que el Presupuesto 2026 contempla otros $20.000 millones para trabajos de modernización y actualización tecnológica en Tandil y Río Cuarto.
Y existe una cuestión todavía más importante: comprar un avión de combate es apenas el comienzo del gasto. El sistema necesita horas de vuelo, combustible, repuestos, capacitación, mantenimiento, infraestructura, simuladores, armamento, actualización de software y componentes, además de servicios técnicos y logísticos.
El propio Gobierno informó en abril de 2026 que el programa apunta a alcanzar una capacidad operacional completa y que la capacitación de pilotos y técnicos se realiza con participación de la empresa estadounidense Top Aces. También presentó al Centro de Instrucción y Capacitación en Mantenimiento de Aeronaves F-16 como una pieza estratégica para avanzar hacia una mayor autosuficiencia en el sostenimiento de la flota.
Por eso el nuevo decreto es importante: el secreto ya no acompaña solamente la compra de los cazas, sino que comienza a envolver su ciclo de vida.
Hay además una contradicción que merece ser discutida. El secreto militar tiene una razón legítima cuando se trata de proteger información cuya divulgación pueda afectar la seguridad nacional. El propio Decreto 9390/63 contempla como materia secreta determinadas adquisiciones, construcciones y negociaciones militares.
Pero secreto militar no debería ser sinónimo de cheque en blanco. Una cosa es no publicar las características técnicas sensibles de un misil o los detalles operativos de una aeronave; otra diferente es que la ciudadanía no pueda conocer cuánto dinero público se gastó, qué empresa fue contratada, qué obra se adjudicó, cuánto se pagó, qué mecanismo de contratación se utilizó o qué órgano de control intervino.
De hecho, el propio Congreso viene planteando preguntas sobre el financiamiento y el sostenimiento de los F-16. En documentación parlamentaria aparecen interrogantes sobre con qué fondos se costearán los aviones, cómo se financiará su mantenimiento y qué recursos se utilizarán para adquirir otros equipos destinados a completar el sistema de armas.
La investigación documental deja así una conclusión concreta: los F-16 no costaron solamente US$301,2 millones y tampoco terminaron de pagarse cuando llegaron los primeros seis aviones. Existe un programa mucho más amplio, con infraestructura, armamento, capacitación, capacidades complementarias, mantenimiento y futuras actualizaciones.
Una parte de esa información puede y debe permanecer protegida por razones de defensa. Pero otra parte es información económica y administrativa sobre recursos públicos, y allí la discusión sobre transparencia permanece plenamente vigente.
El desafío, entonces, no es revelar dónde está cada misil ni publicar información que pueda comprometer la seguridad de la Fuerza Aérea. Es mucho más sencillo: determinar cuánto dinero público está involucrado en el programa F-16, quién lo recibe, mediante qué contratos, qué obras se ejecutaron, qué compras se hicieron y qué controles existen sobre ellas.
Porque si la cuenta total puede superar ampliamente los US$650 millones, la pregunta que queda abierta no es solamente cuánto cuestan los aviones; es cuánto terminará costando realmente el sistema F-16 completo y cuánto de esa cuenta podremos conocer los argentinos.
Ante el aumento de caudales anunciado por la AIC, el Departamento de Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina recomienda a la población isleña y ribereña extremar las medidas de precaución, evitando utilizar embarcaciones, cruzar brazos o planificar actividades laborales o recreativas en cercanías del margen norte-sur del río Negro. Además, en caso de…
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