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Finde de ‘Tardes Dulces’ en la Oficina de Turismo

La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina invita a disfrutar de ‘Tardes Dulces’ en la Oficina ubicada en Florencio Sánchez 817.

El sábado se contará con la presencia de María Rodríguez Pastelería y el domingo con ‘Batiendo sabores’.

En ambos casos, la actividad se desarrolla entre las 14 y 18 horas.

Por otro lado, Turismo invita a que se acerquen a la Oficina para consultar por actividades en emprendimientos turísticos rurales.

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    La detención de un puntero del peronismo vinculado a la desaparición de una adolescente de 14 años reavivó la interna en el Gobierno provincial. En el foco de la polémica está Ricardo Moreno, abogada penalista, concejal de la ciudad de Córdoba y jefe de las 62 Organizaciones en esta provincia: uno de sus militantes, Claudio Barrelier, está preso, imputado por la privación ilegítima de la libertad de Agostina Vega (14).

    El yerno de Moreno, el reconocido penalista Jorge Sánchez del Bianco, quien está casado con Carla Moreno, funcionaria de Martín Llaryora en el Ministerio de Cooperativas, es el abogado defensor de Barrelier. Sanchez del Bianco es uno de los penalistas más caros de la ciudad, de gran prestigio en ese fuero. Antes, en una causa de 2025, el propio Ricardo Moderno había sido el defensor del principal sospechoso de la desaparición de la adolescente.

    En medio del escándalo, en las últimas horas Daniel Passerini despidió de la Municipalidad de Córdoba a Barrelier, quien había ingresado como «becario» a la comuna capitalina en 2021, durante la intendencia de Llaryora, aparentemente con el padrinazgo de Moreno.Desde la Municipalidad explicaron que no fue despedido en 2025 porque la Justicia no notificó de la detención del hombre quien también tiene vínculos con la barrabrava de Instituto.

    Passerini saca del clóset al peronismo cordobés: «Milei no va a ser reelecto»

    «No sólo metió a un barrabrava a la Municipalidad, sino que ahora manda al yerno a que lo defienda en una privación ilegítima de la libertad de una adolescente. No se puede creer. Moreno es inteligente, claro que se da cuenta del daño que le hace al peronismo», se quejó este jueves un peronista que integra el Gobierno provincial.

    En medio del escándalo, en las últimas horas Daniel Passerini despidió de la Municipalidad de Córdoba a Barrelier, quien había ingresado como «becario» a la comuna capitalina en 2021.

    Para colmo, Barrelier mintió varias veces: primero dijo que no había visto a la adolescente desaparecida. Luego, que la chica de 14 años se había ido en un auto. Hasta que apareció un video de la joven ingresando a la casa del puntero.

    Con este combo, crece en el peronismo el malestar con Moreno. En El Panal suman que Diego Casado, sobrino de Moreno y también concejal de la ciudad por el PJ, publica furibundos mensajes en contra de Llaryora y de su mesa chica. En particular, Casado suele apuntar a Pablo Bario, mano derecha de Llaryora aunque sin cargo formal en el gabinete provincial.

    Aunque haya malestar, en el peronismo se tienen que tragar el sapo: los concejales Moreno y Casado son determinantes en la mayoría del oficialismo. Sin ellos, la oposición podría tomar el control de las sesiones en el Concejo Deliberante.

     

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  • Se instalan carteles de velocidad máxima permitida

    50 carteles de velocidad máxima permitida (40 km/h) fueron confeccionados en el taller de mantenimiento y señalización vial de la Dirección de Tránsito y Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina. Los mismos serán colocados en las calles Cipolletti, Mitre, Juan XXIII, Brown, General Paz y arterias del casco céntrico con el objetivo de…

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  • Narrar las ciudades

     

    Durante gran parte del siglo XX, las ciudades pudieron narrarse a sí mismas como promesa. El progreso, la planificación, la expansión de derechos y la modernización ofrecían un horizonte que ordenaba el tiempo urbano. Había un pasado que explicaba, un presente que transformaba y un futuro que justificaba el esfuerzo colectivo. Es decir, identidad, comunidad y un horizonte compartido.

    Hoy, sin embargo, ese hilo narrativo aparece fracturado, o al menos deshilachado. En tiempos acelerados, se vuelve difícil contar una historia de manera continua. La experiencia urbana suele presentarse como escenas fragmentadas sin correlato histórico y sin integración, como si la ciudad se contase en un presente continuo, donde lo vivido pierde densidad y lo cotidiano ya no se enmarca en una trama más extensa. La ciudad que no se recuerda, se acumula. Se trata de experiencias intensas pero tan breves como historias de instagram que no logran dejar huella en una memoria compartida.

    La Plata, nacida como promesa moderna, como ciudad del porvenir, también es atravesada por la fragmentación que diluye el relato de futuro. El espíritu fundacional persiste como fantasma urbano. Está en el trazado, en los edificios, en la memoria institucional, pero ya no ordena por sí solo el horizonte colectivo, ni garantiza una proyección compartida.

    Alguien podría decir que estamos en presencia de otra manera de contar las cosas. Pero esa fragmentación y esos saltos desdibujan y atentan contra la necesaria construcción de un relato gubernamental que cuente con la también necesaria complicidad ciudadana.

    Cuando se observan las rupturas y continuidades en los proyectos de ciudad que expresan los sucesivos gobiernos locales, la ausencia de una narrativa que ordene juega un rol determinante, porque es esa ausencia la que dificulta la durabilidad de un proyecto más allá de los períodos de gestión.

    La Plata ciudad compacta o ciudad extendida. Ciudad que sostiene a los espacios públicos como identidad o avanza hacia mayor cantidad de barrios cerrados. Un cordón verde productivo que se defiende y estimula o que retrocede frente a la urbanización. 

    Esta tensión se manifiesta no solo en la práctica sino también en los discursos: los propios gobiernos locales, cuando describen el modelo de ciudad que imaginan, revelan esas contradicciones. Byung-Chul Han habla de una verdadera crisis de la narración. Ese relato, que durante siglos permitió a las sociedades articular pasado, presente y futuro en una historia compartida, ha sido desplazado por el flujo incesante y enloquecido de información. Mientras una narración construye sentido, continuidad e identidad, la información fragmenta, acelera y disuelve la trama. Donde no hay relato, no hay experiencia histórica, sino un presente perpetuo o desorientación temporal. Esta mutación cultural afecta de lleno a la vida urbana, donde la ciudad se vuelve escenario de acontecimientos sucesivos y simultáneos, pero donde cuesta pensarse como proceso y como proyecto.

    Para Alejandro Galliano, el capitalismo contemporáneo no sólo reorganizó la economía y la cultura, sino también la experiencia del tiempo. Así, el futuro dejó de funcionar como promesa estructurante y el presente se impuso como un continuo sin horizonte. Esta dificultad para proyectar y para inscribir la experiencia en una trama histórica afecta de manera directa a las ciudades, que ya no se perciben como procesos sino como superficies de acontecimientos. La ciudad se vive, se recorre, se consume, pero se vuelve muy difícil narrarla como una historia que articule sentido y dirección.

    La ciudad como texto, mito y fantasma

    Walter Benjamin advirtió, tempranamente, que la modernidad urbana se manifiesta en constelaciones, ruinas y fantasmas. El pasado no desaparece, sino que irrumpe de manera fragmentaria, espectral, exigiendo ser leído e interpretado. Las ciudades son archivos vivos donde se superponen capas de sentido, proyectos inconclusos, promesas truncas y mitos persistentes que retornan bajo nuevas formas.

    Aparece, entonces, la idea de los mitos. Roland Barthes pensó la ciudad como un sistema de signos. El mito, para él, no es una fábula arcaica sino un dispositivo que naturaliza construcciones históricas, que vuelve “evidente” lo que en realidad es producto de determinadas relaciones de poder y de sentido. Las ciudades están atravesadas por mitologías urbanas, relatos que organizan identidades, expectativas y jerarquías, muchas veces de manera silenciosa y transformando en “naturales” determinadas formas de habitar, de circular y de imaginar el futuro.

    Desde el campo de la comunicación política, Mario Riorda ha insistido en que la narrativa no es un adorno ni una técnica de difusión, sino la arquitectura que ordena una gestión. Los mitos de gobierno no son ficciones, son relatos que construyen horizonte, producen legitimidad y articulan decisiones en torno a una idea de futuro. Sin narrativa gubernamental no hay proyecto, no hay conducción de un proceso histórico; hay administración de lo dado.

    Esto implica que gobernar no es sólo gestionar servicios o ejecutar obras, sino producir un relato que vuelva inteligible el tiempo urbano: de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde queremos ir. La narrativa no reemplaza a la política pública, pero le da sentido, dirección y coherencia estratégica.

    Riorda es, precisamente, quien más indaga en la idea de mito de gobierno como un proyecto que debe ser apropiado por la sociedad, e implica coherencia entre relato y políticas públicas a nivel institucional y, a la vez, compartido por la comunidad. Si no hay complicidad social, no hay posibilidad de trascender la gestión. O ni siquiera de que el mito funcione.

    La Plata, espíritu fundacional

    La Plata, ciudad planificada, capital administrativa y universitaria, encarna de modo singular esta tensión entre mito, tiempo y proyecto. La ciudad funciona, crece, se transforma, y requiere de una narrativa integradora que articule su pasado planificado con un proyecto capaz de convocar a la comunidad, a la dirigencia y a las instituciones en torno a un mismo horizonte. Garantía de no ser víctima de rupturas permanentes.

    Francisco Colom González recuerda que las ciudades no sólo se habitan, sino que son construcciones narrativas que articulan memoria, experiencia y promesa. Cuando esa capacidad de relato se debilita, el espacio urbano pierde espesor histórico y se reduce a una suma de fragmentos funcionales. Narrar una ciudad es, en este sentido, un acto político que define qué pasado se recuerda, qué presente se interpreta y qué futuro se imagina como posible.

    Hay instancias en que las ciudades se ven en ese tiempo de redefinición, como les pasó a Barcelona y a Bilbao. Cuando su mito fundacional se ve agotado y da paso a una transformación con otro horizonte. Pero se narra un proceso que, sin desentenderse de su historia, explica el cambio e intenta otorgar un sentido compartido. 

    Barcelona tuvo su momento de quiebre en los Juegos Olímpicos de 1992, aunque ya a fines de la década del 70 había iniciado un proceso de cambio. A partir de entonces logró construir una narrativa de ciudad innovadora, creativa y mediterránea. 

    Bilbao, por su parte, tuvo una reconversión postindustrial. Un caso un tanto más traumático producto de la crisis de los años 70 y 80 con la caída de la industria pesada. Asociada a las chimeneas, el humo industrial, el color gris, y cierta decadencia, tuvo también un giro notable. Al principio, con muchos reparos por parte de sus habitantes. 

    El giro llegó hacia fines del siglo XX con el llamado “efecto Guggenheim”: el museo se instaló en el marco de una estrategia urbana previa que ya venía transformando la ciudad.

    Por caso, recrear una narrativa para La Plata no significaría, entonces, repetir nostálgicamente su mito de origen, sino reescribirlo a la luz de sus desafíos contemporáneos, como su expansión y metropolización, las desigualdades territoriales, la cuestión ambiental, la economía del conocimiento, los cambios y tendencias demográficas, la identidad bonaerense y la inserción regional, entre otras tantas dimensiones que impactan en su devenir.  

    Aunque todavía no se presenta como tal, está cada vez más presente la idea de pensar a La Plata como capital de la provincia de Buenos Aires. Navega en la tensión de quedar asociada al conurbano —con todas las connotaciones que eso conlleva— o construir su identidad de región capital junto a Berisso y Ensenada.  

    Significa, entonces, volver a articular pasado, presente y futuro en una trama que permita pensarla como proyecto histórico y no sólo como administración de lo existente. Pero es cierto también que el presente de una ciudad está atravesado por sus espectros: ideales fundacionales, promesas de progreso, traumas sociales y modelos de futuro que no se cumplieron, pero que siguen ordenando el imaginario. Esos fantasmas no son decorativos sino que estructuran el modo en que se gobierna, se planifica y se legitima el poder. El pasado no está detrás, camina al lado, como una sombra que orienta y condiciona el rumbo. Dardo Rocha y el proyecto fundacional acompañan, de algún modo, a cada gestión de gobierno y a la propia comunidad.  

    Cuando el tiempo parece haberse vuelto plano y el futuro incierto, la narrativa urbana se convierte en una herramienta central de gobierno. No como propaganda, sino como construcción de sentido y de horizonte. Porque una ciudad sin relato es apenas un territorio que funciona; una ciudad con narrativa es una comunidad que se reconoce en su historia, interpreta su presente y se anima a proyectarse hacia un futuro compartido.Sin narrativa no hay proyecto. Y sin proyecto, no hay ciudad como comunidad histórica capaz de pensarse a sí misma en el tiempo.

    La entrada Narrar las ciudades se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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