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Fin de semana de ‘Cine en mi barrio’

Tras la suspensión el fin de semana pasado debido a las condiciones climáticas, la Dirección de Cultura programó para el viernes 5 y sábado 6 el final del ciclo ‘Cine en mi barrio’.

En este caso se proyectará la película ‘El príncipe olvidado’ el viernes en la Isla 58 y el sábado en La Unión, a partir de las 21 horas.

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    Los vencimiento de deuda que enfrentará Milei en lo que le queda de mandato son muy desafiantes y explican la renovada presión del FMI y los bancos acreedores para que acuule reservas, que este lunes se cristalizó en el forzado giro del plan económico.

    El último informe de coyuntura de CIFRA describe con precisión un giro central en la política económica de Javier Milei: el paso de una desdolarización forzosa inicial hacia un nuevo ciclo de endeudamiento. 

    Ese proceso de desdolarización involuntaria de arranque no respondió a una decisión soberana, sino a una imposibilidad estructural de financiamiento externo, en una economía «atravesada por la irresuelta crisis de deuda que le pone límites estrechos a la recuperación de la actividad y a la propia sostenibilidad del régimen económico que instauró el gobierno de Milei», describen los investigadores. 

    Pero el cuadro cambió cuando «con el salvataje del FMI y los organismos internacionales de crédito se registró un importante ascenso de la deuda externa pública de 20.860 millones en el segundo trimestre, hasta alcanzar su récord de 197.499 millones de dólares», afirma CIFRA. «Con dos agravantes decisivos», advierte el informe, «casi la mitad está en manos de organismos internacionales de crédito y es una deuda de muy corto plazo». 

    El FMI se impuso a Milei y lo obliga a comprar reservas, temen que acelere la inflación

    La foto es dura. En los próximos 18 meses vencen cerca de 47.800 millones en capital e intereses. Si se suman los compromisos privados, los vencimientos superan los 57.000 millones. Eso no es una coyuntura: es una agenda de pagos que condiciona todo.  

    En paralelo, la salida de dólares por fuga se aceleró después de la flexibilización cambiaria acordada con el FMI: más de 32.000 millones que se fueron al exterior desde que se abrieron las restricciones, según el reciente informe de CIFRA. 

    Con el salvataje del FMI y los organismos internacionales de crédito se registró un importante ascenso de la deuda externa pública de 20.860 millones en el segundo trimestre, hasta alcanzar su récord de 197.499 millones de dólares.

    En este tablero, la apertura y la apreciación cambiaria tuvieron un efecto práctico: las cantidades importadas subieron más de 36% y las de bienes de consumo final crecieron 62,7% interanual en los primeros diez meses de 2025. Producción local que se sustituye por compras afuera. Otra forma de drenaje de dólares.

    Mientras tanto, por la puerta de los dólares genuinos, las proyecciones mas optimistas estiman que Argentina lograra juntar USD 9.000 millones por la via comercial a lo largo del 2026. En efecto, en los primeros 10 meses del año de este año, el resultado fue de 6.846 millones de dólares, cuando en 2024 había arañado los 19.000 millones, y en el acumulado de los primeros 10 meses alcanzaba 16.000 millones. 

    A las claras, no se trata de una mala racha. Es la reproducción de una estructura histórica donde el endeudamiento externo y la fuga de capitales condicionan la viabilidad macro. 

    El ministro de Economía de la Dictadura, Alfredo Martinez de Hoz habla con el entonces secretario del Tesoro, W. Michael Blumenthal en un enctro del FMI en la Ciudad de México.

    Desde 1976, la economía argentina reproduce el esquema. Cada ciclo de apertura financiera comienza con un fuerte ingreso de divisas vía deuda externa y termina con una sangría equivalente o superior por fuga de capitales privados. 

    El primer episodio estructural se inicia con la dictadura de Martínez de Hoz. Entre 1976 y 1983, la deuda externa pasó de 7.800 millones de dólares a 45.000 millones, mientras la fuga de capitales rondó los 23.000 millones. En apenas siete años, el endeudamiento se multiplicó por seis y medio, y por primera vez el Estado asumió deudas que originalmente habían sido privadas. 

    Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, el proceso no se detuvo. La deuda alcanzó los 65.000 millones de dólares y la fuga sumó otros 10.000 millones. El país ya destinaba más de la mitad de su producto a atender compromisos externos. El colapso de fines de los ochenta, con la hiperinflación y el retorno del FMI como árbitro de la política económica, fue la evidencia empírica de la imposibilidad de sostener la valorización sin destruir la base productiva. 

    En los años noventa, con Menem y Cavallo, la dinámica se relanzó a gran escala. La deuda trepó hasta los 145.000 millones de dólares y la fuga acumuló cerca de 80.000 millones. Bajo la convertibilidad, el país pareció estabilizarse, pero lo hizo a costa de sustituir inversión productiva por entrada de capitales financieros y privatizaciones. La relación deuda/PBI se mantuvo en torno al 50%, un nivel que sólo era sostenible mientras los flujos externos siguieran ingresando. Cuando se interrumpieron, el modelo implosionó en 2001. 

    El quiebre de la convertibilidad dio lugar a una etapa de signo opuesto. Entre 2003 y 2015, los gobiernos kirchneristas redujeron la deuda externa pública de 145.000 millones a cerca de 63.000 millones de dólares, llevando el ratio deuda/PBI a su mínimo histórico, alrededor del 17%. Fue el período del desendeudamiento, impulsado por los canjes de 2005 y 2010 y el pago al FMI. Sin embargo, la fuga de capitales no desapareció: según los cálculos de FLACSO, durante esos años se fugaron unos 70.000 millones de dólares, el equivalente a casi todo el superávit comercial de la década. 

    Con el gobierno de Cambiemos, el patrón volvió a invertirse. Entre 2016 y 2019, la deuda externa total saltó de 75.000 a 323.000 millones de dólares -una expansión del 330%- y el Banco Central registró salidas netas de capitales por 86.000 millones. En términos de producto, la deuda trepó al 89% del PBI, y la correlación entre ingreso de deuda y fuga fue casi perfecta: por cada dólar que entró, 0,9 dólares salieron del país. 

      En función de la relación entre deuda y fuga, resulta interesante observar la dinámica del endeudamiento privado. Durante la gestión de Macri, la deuda externa privada aumentó en «15.335 millones de dólares, alcanzando un stock de 81.088 millones a fines de 2019», dicen desde CIFRA.  

    En el período del Frente de Todos, dice el informe, «se asiste a una nueva expansión de 22.076 millones de dólares, pero en cuya composición sobresale una reducción de la deuda financiera, en el marco de las concesiones cambiarias que hizo ese gobierno al gran capital privado para que reduzca sus compromisos externos, y un aumento de la deuda comercial». 

    Esas «concesiones cambiarias» implicaron que el Estado les proveyó dólares baratos para cancelar deuda externa, lo que permitió a las grandes empresas reducir sus pasivos financieros al costo de las reservas del Banco Central. 

    Como sintetiza CIFRA, el resultado fue un cambio en la estructura del endeudamiento: menos deuda financiera, más comercial, y una ampliación del stock total a «103.154 millones de dólares». 

    Con Milei, el informe registra un giro opuesto: «un fuerte aumento de la deuda financiera en el marco del ‘festival de obligaciones negociables’ y una reducción de la deuda comercial», lo que marca el regreso pleno al esquema de valorización financiera y endeudamiento en dólares que el Frente de Todos había intentado desarmar con dólares baratos.  

    La serie histórica pinta un cuadro preocupante: El 87% de los dólares que ingresaron por endeudamiento desde 1976 terminó fugado. 

     

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    El Banco Central volvió a comprar dólares después de nueve meses, pero la foto completa muestra un movimiento de ida y vuelta. Cumplió con lo que había prometido en el nuevo esquema monetario, pero al mismo tiempo los dólares se fueron por otras ventanillas. Compró por un lado y pagó por el otro. Esa es la lógica que dominó la primera rueda del año. 

    Este lunes, el BCRA compró USD 21 millones en el mercado oficial. Es la primera compra neta de 2026 y la primera desde mediados del año pasado. El dato cortó una racha prolongada sin acumulación y confirmó que el Central empezó a ejecutar el plan que anunció en enero. 

    La intervención no fue improvisada. Esos USD 21 millones representaron cerca del 5% del volumen operado en el mercado libre de cambios, que rondó los USD 400 millones. Ese porcentaje no es casual: es exactamente la porción que el Central había comprometido absorber por rueda. El problema no es el cumplimiento, sino la distancia entre ese ritmo y las metas finales de acumulación. 

    El mercado no festejó el Presupuesto: la tasa se disparó por encima del 140% y el Tesoro tuvo que vender dólares

    En términos contables, las reservas brutas subieron unos USD 301 millones y quedaron en torno a los USD 43.400 millones. El aumento se explicó por la compra neta y por movimientos financieros, en un esquema que sigue mostrando más administración diaria que acumulación sostenida. 

    Pero el mercado también registró el otro costado de la jornada. Mientras el Central compraba en el contado, operadores detectaron posibles ventas en el mercado de futuros del dólar y no descartaron intervenciones vía bonos. Lo que entró por una ventanilla se compensó por otra. 

    El analista Christian Buteler detalló el cierre del día. El dólar mayorista terminó en $1.470, con una baja de 0,34%. El volumen operado fue de USD 384 millones. El tipo de cambio quedó 4% por debajo del techo de la banda y 61% por encima del piso. En paralelo, el Tesoro continuó vendiendo dólares y bonos, incluso cuando enfrenta pagos por unos USD 4.200 millones en los próximos días y no tiene esos fondos plenamente cubiertos. También hubo ventas de instrumentos dólar linked. Por algo subió el riesgo país.

    el Tesoro continuó vendiendo dólares y bonos, incluso cuando enfrenta pagos por unos USD 4.200 millones en los próximos días y no tiene esos fondos plenamente cubiertos. También hubo ventas de instrumentos dólar linked. Por algo subió el riesgo país.

    Las estimaciones privadas confirman la magnitud de esas intervenciones. «El Tesoro vendió entre USD 3.500 millones y USD 5.000 millones desde mitad de año para contener presiones cambiarias», explicó Leo Anzalone, director del CEPEC. Fueron operaciones puntuales en el mercado oficial para sostener el dólar dentro de las bandas y evitar saltos que desordenen expectativas y precios, sobre todo antes de las elecciones. 

    Desde OPEN, Federico Machado agregó que el goteo no se frenó después de los comicios. «Lo preocupante es que las ventas continuaron incluso cerca de la fecha del pago de bonos de enero. El 29 de diciembre se vendieron USD 220 millones», precisó. 

    Otro especialista agregó el dato distintivo: «Salieron a vender fuerte en la apertura de la rueda y recompraron al cierre», dijo. Todo ocurrió en un mercado de bajo volumen, donde cada intervención se siente más.  Los datos de las pantallas también sugieren que el Tesoro habría embolsado entre USD 100 y USD 200 millones adicionales, según señaló la fuente. 

    El resultado es un esquema de circulación: el Central y el Tesoro compran y vende para que el sistema se mantenga estable. Santiago Bausili prometió juntar entre USD 10.000 millones y USD 17.000 millones de reservas. Los USD 21 millones del lunes muestran que el plan empezó a ejecutarse. Pero para cumplir con la meta, las comprar deberán acelerarse al doble. 

     

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