La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa a artesanos y emprendedores que quieran participar de la Feria ReEmprender del próximo domingo que tendrán tiempo hasta el viernes para inscribirse. Para ello, deberán acercarse a la Oficina de Turismo, ubicada en Florencio Sánchez 817.
Esta nueva edición de la Feria se desarrollará entre las 16 y las 20 horas y quienes la visiten podrán encontrar desde panificados artesanales hasta trabajos en manualidades.
El Intendente Marcelo Orazi participa en Bariloche de la ‘III Asamblea Nacional de Intendentes de la Red Argentina de Municipios Frente al Cambio Climático’, el Primer Congreso presencial desde el inicio de la pandemia. El acto de apertura estuvo presidido por la Gobernadora Arabela Carreras, junto al ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la…
Después de cinco meses de estabilidad cambiaria, el dólar volvió a mostrar una tendencia alcista. Sin embargo, el mercado no está descontando un salto devaluatorio, sino una corrección gradual del tipo de cambio.
Así lo refleja la curva de futuros, que ubica al dólar oficial en torno a $1.642 para diciembre, mientras que bancos y consultoras privadas manejan proyecciones que van desde $1.539 hasta $1.800 para el cierre del año.
De acuerdo con un informe de la Fundación Mediterránea, las posiciones de dólar futuro con vencimiento en diciembre operan con una tasa implícita efectiva anual del 22%, compatible con una depreciación administrada del peso durante el segundo semestre.
«La curva de futuros convalida la expectativa de un reacomodamiento gradual del tipo de cambio para la segunda mitad del año, descartando escenarios de un salto devaluatorio discreto», sostiene el estudio.
En las últimas semanas el dólar mayorista interrumpió la calma que había caracterizado al mercado durante buena parte del año. Este martes operó en $1.482, acumulando una suba del 5,7% desde fines de mayo, mientras que el contado con liquidación avanzó hasta $1.557, con un incremento del 5,5% en el mismo período.
Pese a ello, la entidad remarca que el tipo de cambio oficial continúa un 16% por debajo del techo de la banda cambiaria, fijado actualmente en $1.815, y que, medido en términos reales, todavía se ubica 10% por debajo de los niveles registrados a comienzos de año.
Si bien existen varios factores que llevan a que la presión sobre el dólar aumente, la mayor presión proviene de los ahorristas que ante la suba de la divisa desarman posiciones en moneda local y buscan cobertura en el dólar, cosa que, probablemente no arroje un buen resultado.
«Si bien existen varios factores que llevan a que la presión sobre el dólar aumente, la mayor presión proviene de los ahorristas que ante la suba de la divisa desarman posiciones en moneda local y buscan cobertura en el dólar, cosa que, probablemente no arroje un buen resultado», indicó Gastón D’amico, presidente de Boston Asset Manager.
«Es de esperar que en las próximas semanas tengamos una merma en la demanda de dólares y veamos un precio en descenso. Al igual que durante el 2024, pese a un alto índice de volatilidad de la moneda, no representa un aumento real al final del periodo, es decir, si bien presenta subas y bajas, en la práctica el dólar termina en el mismo valor inicial», añadió.
Las expectativas implícitas en el mercado de futuros coinciden con buena parte de las proyecciones privadas relevadas.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central prevé un dólar mayorista de $1.658 para diciembre, apenas por encima del valor que hoy reflejan los contratos negociados.
Según el informe, esa trayectoria implicaría una depreciación cercana al 14% anual, inferior a la inflación esperada por las consultoras participantes del relevamiento, que ronda el 30,5% para 2026.
Entre los bancos internacionales también predominan escenarios de ajuste moderado, aunque con diferencias significativas. Wells Fargo proyecta un dólar de $1.539 para el cuarto trimestre, mientras que JP Morgan y MUFG lo ubican cerca de $1.550. En el extremo superior aparecen BBVA, con una estimación de $1.705, y Capital Economics, que proyecta un cierre de $1.800.
«La estabilidad cambiaria tranquilamente puede durar hasta comienzo del 2027. El Gobierno está logrando bajar la inflación, sumando a los casi USD 11.000 millones comprados por el Banco Central en lo que va del año y con la posible vuelta a los mercados internacionales, el Gobierno tiene todo para que no se le escape el tipo de cambio», comentó Gastón Otaola, analista en Bull Market Brokers.
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La participación del Gobierno de Javier Milei en una cumbre impulsada por Donald Trump abrió interrogantes sobre el alineamiento argentino con una estrategia internacional que busca construir una coalición contra la izquierda y ampliar la cooperación en inteligencia y seguridad.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
Alejandra Monteoliva, Andrew Bailey y Peter Lamelas
Detrás de una cumbre internacional presentada oficialmente como un encuentro para fortalecer la cooperación contra el terrorismo, la administración de Donald Trump comenzó a desplegar una estrategia mucho más ambiciosa: construir una coalición internacional que identifique a la izquierda como una amenaza geopolítica. La presencia de funcionarios argentinos en ese encuentro no pasó inadvertida y abrió interrogantes sobre el rumbo que está tomando la política exterior de Javier Milei y el grado de alineamiento que su gobierno está dispuesto a asumir con Washington.
Durante buena parte de su gestión, Javier Milei convirtió la llamada «batalla cultural» en uno de los ejes centrales de su discurso político. El Presidente no sólo planteó una confrontación permanente contra el socialismo, el progresismo y lo que denomina «la agenda woke», sino que además buscó internacionalizar esa pelea participando de foros conservadores y estrechando vínculos con referentes de la nueva derecha global. Sin embargo, lo que hasta hace poco parecía limitarse al plano discursivo comienza ahora a trasladarse al terreno de la diplomacia, la seguridad y la inteligencia internacional.
Ese cambio de escala quedó expuesto tras la cumbre organizada por la administración de Donald Trump, donde participaron representantes de más de sesenta países y a la que la Argentina asistió a través del vicecanciller Pablo Quirno. Según reveló la periodista Luciana Bertoia, la reunión no estuvo orientada únicamente a fortalecer mecanismos tradicionales de cooperación contra organizaciones terroristas, sino que tuvo como uno de sus objetivos centrales comenzar a articular una coalición internacional frente a lo que Washington define como la amenaza del «terrorismo de izquierda», una categoría que abre numerosos interrogantes por su amplitud conceptual y por las consecuencias que podría tener en términos políticos e institucionales.
Una definición de «terrorismo» que ya no parece limitarse a organizaciones armadas
Uno de los aspectos más relevantes del encuentro es que la administración estadounidense comenzó a utilizar un lenguaje que amplía considerablemente el concepto tradicional de terrorismo. Históricamente, esa categoría estuvo asociada a organizaciones armadas específicas cuya caracterización surgía de tratados internacionales, resoluciones de Naciones Unidas o listados confeccionados por distintos Estados. Sin embargo, el discurso presentado durante esta cumbre parece incorporar una dimensión mucho más ideológica, donde la principal preocupación deja de ser exclusivamente la existencia de grupos armados para pasar a concentrarse también en organizaciones y movimientos que Estados Unidos considera parte de una amenaza política vinculada a la izquierda internacional.
Ese corrimiento no es un detalle menor. Cuando una categoría jurídica tan sensible como la de terrorismo comienza a mezclarse con definiciones ideológicas, inevitablemente aparecen preguntas sobre cuáles serán los límites de esa clasificación, qué actores podrían quedar incluidos bajo ese paraguas y hasta dónde podrían extenderse los mecanismos de vigilancia, cooperación e intercambio de información entre los distintos países participantes.
Por ese motivo, distintos especialistas en derecho internacional y organismos de derechos humanos vienen advirtiendo desde hace tiempo que cualquier ampliación de esas categorías exige controles institucionales particularmente rigurosos para evitar que herramientas diseñadas para combatir organizaciones violentas terminen utilizándose con finalidades políticas.
El alineamiento con Washington ya dejó de ser solamente diplomático
Desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, el acercamiento con Estados Unidos se transformó en uno de los pilares de la política exterior argentina. Las coincidencias ideológicas con Trump, la afinidad con sectores conservadores norteamericanos y el respaldo permanente a la agenda impulsada por Washington en distintos organismos internacionales fueron consolidando una relación que ya trascendió el plano estrictamente diplomático.
En los últimos meses comenzaron a multiplicarse las reuniones entre funcionarios de ambos gobiernos en áreas sensibles como seguridad, defensa e inteligencia. La reciente visita a la Argentina de autoridades del FBI y la participación de representantes nacionales en distintos encuentros organizados por Estados Unidos forman parte de esa profundización del vínculo, que para el oficialismo representa una oportunidad para fortalecer la cooperación internacional, pero que para buena parte de la oposición implica un proceso de alineamiento cuya magnitud todavía no fue suficientemente explicada ante la sociedad.
Porque una cosa es coordinar acciones contra organizaciones terroristas internacionalmente reconocidas y otra muy distinta es integrar una estrategia geopolítica donde la definición misma de quién constituye una amenaza pasa a depender, en buena medida, de criterios políticos establecidos por la principal potencia mundial.
Las preguntas que la Cancillería todavía no respondió
Hasta el momento, el Gobierno argentino no difundió documentación oficial que permita conocer con precisión qué compromisos asumió durante esa reunión ni cuál fue exactamente la posición que llevó la delegación encabezada por Pablo Quirno.
Tampoco explicó si la participación argentina implicará nuevos acuerdos de intercambio de información entre organismos de inteligencia, si habrá modificaciones en los mecanismos de cooperación existentes o si se avanzará en convenios específicos con agencias estadounidenses.
Ese vacío informativo comenzó rápidamente a generar pedidos de informes desde distintos sectores opositores, que consideran indispensable que el Congreso conozca el alcance de cualquier entendimiento que pueda afectar áreas tan sensibles como la inteligencia, la seguridad nacional o la política exterior.
La preocupación no gira únicamente alrededor del contenido de la reunión, sino también sobre el modo en que este tipo de acuerdos suelen desarrollarse, muchas veces mediante memorandos o mecanismos de cooperación administrativa que no siempre reciben un debate público acorde con su importancia institucional.
De la batalla cultural a una política internacional coordinada
Quizás el dato más significativo de todo este episodio sea que la denominada batalla cultural, que durante años funcionó como una herramienta de construcción política y electoral para las nuevas derechas occidentales, comienza a institucionalizarse como un eje de coordinación entre gobiernos.
Lo que antes aparecía como un discurso pronunciado en campañas, conferencias o foros ideológicos empieza ahora a traducirse en reuniones diplomáticas, estrategias de seguridad y posibles mecanismos permanentes de cooperación internacional.
En ese contexto, la participación argentina adquiere una relevancia que excede largamente un simple encuentro protocolar. Si el Gobierno efectivamente acompaña la estrategia impulsada por Washington, la Argentina podría quedar incorporada a una arquitectura internacional cuya lógica ya no se limita a combatir organizaciones terroristas tradicionales, sino que incorpora una fuerte dimensión ideológica en la definición de las amenazas globales.
Por eso, más allá de las simpatías o diferencias políticas que puedan existir respecto del gobierno de Milei o de la administración Trump, el debate de fondo pasa por otra cuestión mucho más trascendente: hasta dónde puede llegar el alineamiento internacional de un país sin que exista una discusión pública, parlamentaria e institucional sobre los compromisos que ese alineamiento implica, especialmente cuando involucra áreas tan sensibles como la inteligencia, la seguridad y la definición misma de quiénes pasan a ser considerados enemigos políticos en el escenario internacional.
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