La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa a artesanos y emprendedores que quieran participar de la Feria ReEmprender del próximo domingo que tendrán tiempo hasta el viernes para inscribirse. Para ello, deberán acercarse a la Oficina de Turismo, ubicada en Florencio Sánchez 817.
Esta nueva edición de la Feria se desarrollará entre las 16 y las 20 horas y quienes la visiten podrán encontrar desde panificados artesanales hasta trabajos en manualidades.
El presidente se subió a un tweet de Lilia Lemoine, donde se burlaba y ponía en duda que Nadia Beller hubiera sufrido un intento de asesinato.
Según el parte médico difundido en Bolivia, Beller llegó al hospital con «heridas múltiples por proyectil de arma de fuego, con compromiso de mama derecha, brazo derecho y cuello y hombro izquierdo; una fractura expuesta conminuta de húmero derecho; y una herida supraclavicular izquierda sin evidencia radiográfica de compromiso óseo».
Lemoine se lo tomó a broma: escribió que los sicarios que intentaron matar a la ex pareja de Cerimedo habían estudiado en la «academia para copitos ‘Montiel'» y fue retuiteada por Milei.
En paralelo y tras un debate, el bloque de diputados libertario había decidido no salir a bancar a Cerimedo. El problema no fue la acusación por intento de femicidio, sino que el consultor fuera parte del esquema para difundir los audios de las coimas en Discapacidad. Y los diputados se negaron a avalar esa supuesta deslealtad con los Milei.
El presidente habría respaldado esa posición de forma tajante. Hubo desconcierto entre los integrantes del bloque libertario cuando Milei retuiteó la teoría conspirativa de Lemoine que deja bien parado a Cerimedo.
Como contó LPO, Lemoine está en una posición delicada. Karina tomó distancia y peligra su reelección en Diputados. La maquilladora quedó en medio del enfrentamiento entre las Fuerzas del Cielo y los Menem, sin banca en ninguna de las dos facciones. Temerosa de perder su banca, Lemoine salió a sobreactuar karinismo tras años de jactarse de su llegada directa a Javier Milei.
La fecha que quedó grabada en la historia responde a un calendario que Rusia ya no utiliza. La insurrección bolchevique comenzó el 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, pero esa misma jornada correspondía al 7 de noviembre en el calendario gregoriano. La diferencia de 13 días explica por qué la Revolución de Octubre ocurrió, para buena parte del mundo, en noviembre.
Por Alcides Blanco para NLI
La historia suele quedar atrapada en los nombres con los que fue bautizada. La Revolución de Octubre es uno de los ejemplos más famosos. Durante generaciones, millones de personas aprendieron que el 25 de octubre de 1917 los bolcheviques encabezados por Vladimir Lenin tomaron el poder en Rusia y pusieron en marcha uno de los procesos políticos más trascendentales del siglo XX. Sin embargo, si alguien viajara hasta aquella misma fecha utilizando el calendario que actualmente rige en la mayor parte del mundo, descubriría algo aparentemente desconcertante: el 25 de octubre ruso era el 7 de noviembre para el resto de Europa.
No se trata de un error histórico ni de una modificación posterior de los acontecimientos. La explicación está en una cuestión aparentemente menor, pero fundamental para comprender cómo se registraban las fechas en la Rusia de comienzos del siglo XX: el Imperio ruso todavía utilizaba el calendario juliano, mientras que la mayoría de los países europeos ya se regían por el calendario gregoriano, establecido en 1582 por iniciativa del papa Gregorio XIII. Entre ambos calendarios existía entonces una diferencia de 13 días.
Por eso, cuando los bolcheviques avanzaron sobre los principales puntos estratégicos de Petrogrado durante la noche del 24 al 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, en los países que utilizaban el calendario gregoriano ya era la noche del 6 al 7 de noviembre. La revolución que Rusia llamó “de Octubre” ocurrió, entonces, en noviembre según el calendario que hoy utilizamos.
Dos calendarios para una misma revolución
Para entender el asunto hay que retroceder algunos siglos. El calendario juliano había sido introducido por Julio César en el año 46 antes de Cristo y durante muchísimo tiempo fue utilizado como referencia en Europa. El problema era que su cálculo del año solar contenía una pequeña diferencia que, acumulada durante siglos, provocaba un desplazamiento progresivo de las fechas respecto de las estaciones.
En 1582 se introdujo el calendario gregoriano para corregir ese desfasaje. Los países católicos comenzaron a adoptarlo rápidamente, aunque otros Estados europeos lo hicieron mucho después. Rusia, vinculada además a la tradición de la Iglesia ortodoxa, mantuvo durante siglos el calendario juliano.
Así, mientras Francia, España, Italia y otros países europeos ya utilizaban el calendario gregoriano, Rusia continuaba registrando oficialmente sus acontecimientos con el sistema anterior. La diferencia, que durante buena parte de la historia había sido de 10 u 11 días, llegó a 13 días en los siglos XX y XXI.
Eso significa que un acontecimiento fechado oficialmente en Rusia como 25 de octubre de 1917 debe convertirse en 7 de noviembre de 1917 al trasladarlo al calendario gregoriano.
La confusión se vuelve todavía mayor porque los propios protagonistas de la revolución utilizaron las fechas del calendario vigente en Rusia. Para ellos, aquella jornada era efectivamente octubre. El nombre Revolución de Octubre no fue una equivocación: era la denominación correcta dentro del sistema de fechas que utilizaba el Estado ruso.
La revolución que cambió el siglo XX
Pero detrás de esos 13 días existe una historia mucho más profunda. La revolución no surgió de la nada ni comenzó y terminó en una única jornada. 1917 fue el resultado de una crisis acumulada durante años, agravada por la Primera Guerra Mundial, la pobreza, el hambre, las enormes desigualdades sociales y el agotamiento de un régimen autocrático que tenía en el zar Nicolás II su máxima autoridad.
Rusia había ingresado en la Primera Guerra Mundial en 1914 y el conflicto tuvo consecuencias devastadoras. Millones de soldados murieron, resultaron heridos o fueron tomados prisioneros. La economía se deterioró, las ciudades comenzaron a sufrir problemas de abastecimiento y la población campesina soportó enormes sacrificios.
En febrero de 1917 —también aquí hay que hacer la conversión de calendario— una oleada de huelgas, protestas y movilizaciones terminó provocando la caída del zar Nicolás II, que abdicó el 15 de marzo según el calendario gregoriano, correspondiente al 2 de marzo del calendario juliano.
La monarquía había caído, pero la crisis estaba lejos de resolverse.
Se formó un Gobierno Provisional, mientras paralelamente se fortalecían los soviets, consejos integrados por trabajadores y soldados. Se produjo así una situación de poder dual: por un lado, las instituciones del Gobierno Provisional; por otro, una estructura política nacida de la movilización popular.
El problema fundamental era que el nuevo gobierno decidió continuar la guerra. Para una población exhausta, esa decisión resultó cada vez más difícil de aceptar.
En ese escenario crecieron los bolcheviques, encabezados por Lenin, que sintetizaron buena parte de sus consignas en demandas que podían ser comprendidas fácilmente por una sociedad atravesada por la crisis: paz, pan y tierra.
Del 25 de octubre al 7 de noviembre
Durante el otoño ruso de 1917, la situación política se volvió explosiva. Los bolcheviques lograron aumentar su influencia en los soviets de Petrogrado y Moscú y comenzaron a preparar una insurrección destinada a desplazar al Gobierno Provisional.
La noche del 24 al 25 de octubre del calendario juliano, fuerzas revolucionarias ocuparon puntos estratégicos de Petrogrado: puentes, estaciones, centrales de comunicaciones y edificios fundamentales para controlar la ciudad.
El objetivo era aislar al Gobierno Provisional y tomar los centros neurálgicos del poder.
El episodio más simbólico fue la toma del Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional. En las horas siguientes, los ministros fueron detenidos y el poder quedó en manos del Consejo de Comisarios del Pueblo, encabezado por Lenin.
Pero aquí aparece nuevamente la cuestión del calendario.
Para los rusos de aquel momento, el asalto decisivo estaba ocurriendo el 25 de octubre de 1917. Para los países que utilizaban el calendario gregoriano, era el 7 de noviembre.
Cuando la revolución pasó a ser estudiada internacionalmente, muchos historiadores comenzaron a utilizar las fechas gregorianas para facilitar la comparación con los acontecimientos del resto del mundo. Sin embargo, el nombre original permaneció: Revolución de Octubre.
La paradoja quedó instalada para siempre.
Lenin, Trotsky y una revolución que no terminó aquella noche
Otro error frecuente consiste en imaginar la Revolución de Octubre como un golpe instantáneo que produjo inmediatamente un Estado soviético consolidado. En realidad, la toma del poder fue el comienzo de un proceso mucho más largo.
Los bolcheviques debieron enfrentar a sus adversarios políticos, reorganizar el Estado, hacer frente a la resistencia armada y, finalmente, atravesar una guerra civil que se extendió desde 1918 hasta aproximadamente 1922.
Entre las figuras centrales del proceso estuvieron Lenin y León Trotsky, quien tuvo un papel decisivo en la organización militar de la revolución y en la creación del Ejército Rojo. También participaron miles de dirigentes, militantes, obreros, soldados y campesinos cuyas historias quedaron muchas veces subordinadas a los nombres de los grandes líderes.
La revolución tampoco fue un fenómeno exclusivamente urbano. La cuestión de la tierra, el poder de los terratenientes y la situación de los campesinos fueron elementos fundamentales para entender la crisis del viejo régimen.
En 1918, el nuevo gobierno decidió adoptar oficialmente el calendario gregoriano. Rusia pasó directamente del 31 de enero al 14 de febrero de ese año, eliminando así los 13 días de diferencia que existían con el calendario occidental.
Desde entonces, Rusia comenzó a utilizar el mismo calendario civil que gran parte del mundo.
Pero la revolución ya había quedado bautizada.
¿Entonces fue en octubre o en noviembre?
La respuesta correcta es: en ambos, dependiendo del calendario utilizado.
El acontecimiento comenzó el 24-25 de octubre de 1917 según el calendario juliano vigente en Rusia. Esa misma fecha correspondía al 6-7 de noviembre de 1917 según el calendario gregoriano.
Por eso, cuando hoy se conmemora la Revolución de Octubre el 7 de noviembre, no se está cambiando la historia. Se está utilizando el calendario que Rusia adoptó posteriormente.
La paradoja tiene incluso una dimensión simbólica. La revolución que pretendía romper con el viejo orden terminó siendo recordada con una fecha perteneciente a un sistema de calendario que el nuevo poder abandonaría pocos meses después.
La historia, como suele ocurrir, también está hecha de pequeños detalles.
Trece días separan octubre de noviembre. Pero esos trece días también sirven para recordar algo más importante: las fechas históricas no existen aisladas del mundo que las produjo. Detrás de una jornada revolucionaria hubo una guerra, millones de personas movilizadas, una monarquía en crisis, hambre, desigualdad, luchas políticas y una sociedad que había llegado al límite.
La Revolución de Octubre fue, entonces, una revolución de noviembre para nuestro calendario. Pero siguió siendo de octubre para quienes la hicieron.
Y así quedó grabada en la memoria histórica: una revolución que ocurrió en noviembre, pero que la historia decidió llamar Octubre.
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Los libertarios y el PRO comienzan a mostrarse juntos en la provincia de Buenos Aires luego de conformarse la mesa política nacional días atrás en Casa Rosada.
La primera foto de unidad fue en la Cuarta sección (noroeste bonaerense) donde ambos partidos jugaron divididos en 2025, habilitando el triunfo del peronismo.
En las últimas horas, los referentes seccionales Pablo Petrecca (PRO) y Gustavo Bories (LLA) compartieron una actividad en Carlos Casares, distrito donde ya existe una buena relación y accionar conjunto entre ambos partidos.
«Para ganar la provincia de Buenos Aires, no alcanza solo con el PRO, no alcanza con LLA, no alcanza solo con partidos que pensamos parecido yendo separados», dijo a Casares Online Petrecca, que pidió «llevar el modelo Casares a otras localidades» donde las tensiones entre libertarios y amarillos impiden un armado conjunto.
Como contó LPO, en los próximos días comenzará a funcionar una mesa de coordinación provincial a partir de la cual también se buscará una integración del radicalismo, algo por lo que Petrecca en particular viene empujando durante los últimos meses.
«No solo el PRO y LLA, también sumar al radicalismo, un Juntos por el Cambio ampliado donde todos los que pensamos parecido estamos en la vereda de enfrente del kirchnerismo», agregó el ex intendente de Junín y actual senador PRO, que destacó «un buen diálogo» con el referente libertario local.
También, en la Segunda (norte provincial), otra sección donde los libertarios y el PRO jugaron divididos, el próximo martes habrá un encuentro seccional del partido amarillo para empezar a trabajar en el armado y la manera de confluir con los libertarios.
En 2025, la intransigencia de Karina Milei a compartir la lapicera con el PRO en el armado de listas seccionales hizo que Petrecca decidiera romper el acuerdo provincial de su partido y sumarse al armado de Somos Buenos Aires con los radicales, desde donde accedió al Senado.
Aquella división del voto antiperonista en la Cuarta hizo que Fuerza Patria logre un triunfo contundente. «Si vamos juntos, sacamos entre 50 y 60 puntos», dijo a LPO un dirigente que promueve un acuerdo amplio.
En tanto, en la Segunda (norte provincial), otra sección donde los libertarios y el PRO jugaron divididos, el próximo martes habrá un encuentro seccional del partido amarillo para empezar a trabajar en el armado y la manera de confluir con los libertarios.
«Tenemos intenciones de construir pero no es muy fácil», dijo a LPO un encumbrado dirigente PRO en la Segunda al admitir las tensiones persistentes con los libertarios.
La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina puso en marcha el Programa de Turismo Educativo destinado a instituciones de los tres niveles (inicial, primario y medio) con trabajos acordes a cada uno de ellos. El programa contempla salidas guiadas para conocer la historia, cultura, paisajes naturales y producción de nuestra ciudad. Por…
Juan Monteverde y Diego Giuliano viajaron a México para conocer uno de los sistemas integrados de transporte más importantes del mundo y buscar tecnología y cooperación para desarrollar un nuevo esquema de movilidad urbana en Rosario y su área metropolitana.
La misión incluyó reuniones con funcionarios del gobierno mexicano y de la Ciudad de México, además de una visita a los talleres de CRRC, la empresa china que es considerada la mayor fabricante de material ferroviario del mundo. El objetivo es analizar alternativas que permitan combinar metro, premetro, trenes regionales y otros medios de transporte.
Monteverde es el candidato del peronismo para disputar la intendencia de Rosario y el ex ministro de Transporte, Diego Giuliano es el presidente nacional del Frente Renovador y uno de los nombres que asoman como posibles candidatos a gobernador.
«Rosario tiene que recuperar su plan ferroviario pensado para toda la metrópolis», dijo Giuliano a LPO. La propuesta contempla un sistema multimodal para las áreas metropolitanas de Rosario y Santa Fe.
Durante la visita, Monteverde y Giuliano conocieron el funcionamiento del sistema de Ciudad de México, que articula Metro, Tren Ligero, Cablebús y Metrobús dentro de una misma red. La intención es analizar qué tecnología resulta conveniente para cada corredor y avanzar hacia un esquema multimodal e inteligente adaptado a la escala del Gran Rosario.
En ese marco, presentaron el proyecto ante representantes de CRRC y recorrieron sus instalaciones operativas y talleres ferroviarios. La compañía estatal china cuenta con una planta en el complejo industrial de Monterrey, pese a la estrecha integración comercial que México mantiene con Estados Unidos.
Una obra de esta magnitud no se construye de un día para otro. Requiere decisión política, planificación, conocimiento técnico, cooperación y capacidad para conseguir inversiones
La primera etapa del proyecto impulsado por Monteverde contempla un Premetro con dos líneas troncales, unidades eléctricas con capacidad para 150 pasajeros, carriles segregados y una frecuencia estimada de seis minutos. Una de las trazas uniría Granadero Baigorria con Villa Gobernador Gálvez, mientras que la otra conectaría el centro con el oeste rosarino.
Sucede que las políticas ferroviarias argentinas tras la privatización y el desguace en la dédcada de los 90 sufrieron el vaciamiento de los servicios de pasajeros y a duras penas se mantuvo el de carga. Uno de los ramales recuperados cuando Giuliano estuvo al frente del Ministerio de Transporte fue el que unió a Rosario con Cañada de Gómez, que llegó a transportar más de 50 mil pasajeros pero luego, la falta de mantenimiento del material rodante y de inversiones en la era Milei terminó con el servicio cancelado.
«Una obra de esta magnitud no se construye de un día para otro. Requiere decisión política, planificación, conocimiento técnico, cooperación y capacidad para conseguir inversiones», señalaron Monteverde y Giuliano, que buscan convertir la propuesta en uno de los ejes de la próxima discusión electoral en Rosario y Santa Fe.
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