Escala la rebelión de concejales libertarios: «Hay que despegarse un poco del Gobierno nacional»

Escala la rebelión de concejales libertarios: «Hay que despegarse un poco del Gobierno nacional»

 

La Séptima (centro bonaerense) fue la única sección electoral de la provincia donde La Libertad Avanza no metió legisladores en septiembre del año pasado. Desde entonces, la interna seccional está envuelta en una vorágine de cruces y portazos que muestran sus picos máximos de tensión por estos días.

Luego del portazo que la concejal Adela Casamayor dio en Olavarría para pasarse al Partido Libertario, ahora la rebelión de concejales se expande a Azul, donde Saúl Lucero expuso sus reproches al armado libertario y llamó a «despegarse un poco del Gobierno nacional».

«Pasamos a ser leones de circo, obligados a actuar como ellos quieren, cuando nuestra responsabilidad es representar a los vecinos y no limitarse únicamente a los intereses del Gobierno nacional», dijo Lucero en declaraciones a La Cien Azul.

Y agregó: «Hace un tiempo vengo evaluando la posibilidad de separarme del bloque. Las tensiones surgen, justamente por mi forma de votar. No considero que debamos actuar como marionetas».

 Pasamos a ser leones de circo, obligados a actuar como ellos quieren, cuando nuestra responsabilidad es representar a los vecinos y no limitarse únicamente a los intereses del Gobierno nacional 

Según detallaron a LPO fuentes libertarias en la Séptima, el estallido también se registra en otras ciudades de la sección, como Tapalqué. Además, advierten que en el bloque libertario de Azul, además de Lucero, hay una concejal que mantiene una postura similar.

Todo eso representa un desafío concreto a Pablo Di Salvo, dirigente precisamente con base en Azul que, en diciembre pasado, fue designado coordinador seccional por Sebastián Pareja, en reemplazo de Alejandro Speroni, que encabezó la boleta libertaria que fracasó en su intento de acceder al Senado bonaerense.

Desde su llegada, Di Salvo es blanco de acusaciones internas. Primero por parte de Casamayor, que lo denunció por «aprietes» para posar en una foto de unidad del bloque libertario en Olavarría de la que la concejal se arrepintió, para luego avanzar con las acusaciones.

Concejal denunció «aprietes» de un armador de Pareja y explotó la interna libertaria en Olavarría

La atomización libertaria en las dos principales ciudades de la sección recrudece reclamos internos que también van de la mano con las designaciones en las oficinas locales de Anses y Pami.

«Los nombramientos en las dependencias nacionales siempre recaen en las mismas personas que buscan posicionarse», dijo Lucero. 

En Olavarría, en tanto, resuena en la interna libertaria el mensaje que Alejandro Carrancio dio esta semana a una radio local. Ahí, adelantó que las candidaturas locales de 2027 hay que buscarlas en quienes fueron al encuentro de Suipacha.

 «Si ahora quieren bajar línea y ordenar, se les pasó el tiempo», dijo a LPO un dirigente de la interna libertaria en la Séptima en rebelión a las directivas de Pareja y sus armadores seccionales

A esa actividad, desde Olavarría fueron la coordinadora Celeste Arouxet y su mano derecha, el concejal y titular del Pami local, Guillermo Lascano. Ambos, son cada vez más resistidos por el pan-libertarismo olavarriense, que acelera sus reuniones por fuera de los coordinadores puestos por Pareja.

«Si ahora quieren bajar línea y ordenar, se les pasó el tiempo», dijo a LPO una voz de la interna que evidenció su malestar con el mensaje de Carrancio, que hace pie en la sección a través de la diputada Geraldine Calvella.

El azuleño Di Salvo también suma críticas: «Se subió al caballo y está tomando malas decisiones», sostuvo otro dirigente consultado. Mientras tanto, circula la versión de un regreso de Speroni al armado seccional de la mano de Carrancio, ahora para controlar a los concejales libertarios, movida que ya tiene a Lilia Lemoine como principal impulsora.

 

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  • Montoneros, putos y faloperos

     

    El Frente de Liberación Homosexual (FLH) marchó por primera vez con una bandera propia el día de la asunción de Héctor Cámpora. Se asomó a la Plaza de Mayo con algo de temor, pero al mismo tiempo, con una ilusión: la democracia pondría fin a décadas de persecución, según reconstruyó Santiago Insausti en un artículo sobre los cuatrocientos desaparecidos gays. Los jóvenes revolucionarios iban a abrazar a estos militantes de la diversidad como no había ocurrido antes con el peronismo.

    En 1973 seguía vigente un edicto del primer gobierno de Perón, del año 1949, que le permitía a la Policía Federal encarcelar por treinta días a “las personas de uno u otro sexo que públicamente incitaran o se ofrecieran al acto carnal”. A pesar de la vigencia de esa normativa, para fines de la década del sesenta se había consolidado un movimiento cultural y político potente en defensa del colectivo LGTB y de los derechos de la mujer, que en 1971 dio paso a la creación del FLH.

    Aquel 25 de mayo su columna se sumó a la plaza que colmaron los montoneros. El temor que sentían aquel día ante una posible “reacción anti-marica” quedó registrado en la revista 2001 Periodismo de Anticipación, que publicaba artículos de temas tan variados y contrapuestos como la carrera al espacio, ovnis, vida extraterrestre, ecología, parapsicología y también, sexualidad. Una extensa crónica contó que el FLH entró por Retiro y se ubicó frente al Banco Hipotecario. Alguien les gritó: “Aquí necesitamos hombres. No luchamos dieciocho años para que ustedes vengan a esta plaza”, y un integrante del frente le respondió: “Nosotros también somos hombres, y tan dueños de la plaza como vos”. Las mujeres de las minorías sexuales todavía no formaban parte de la conversación.

    Durante el gobierno de Cámpora —por unas pocas semanas—, el FLH se convirtió en un interlocutor respetable en distintos ámbitos públicos. Sus miembros se reunieron con legisladores, enviaron cartas a todos los comisarios para que dejaran de aplicar los edictos represivos y repartieron volantes en bares gays. Nació el periódico Somos y se imprimió el manifiesto Sexo y revolución, con el poeta y escritor Néstor Perlongher como activista destacado.

    Formado en la izquierda trotskista, el futuro autor de “Cadáveres” había sufrido en el Partido Obrero la discriminación por ser gay; ahora Perlongher venía a plantear a la juventud peronista que los procesos de liberación debían incluir al cuerpo y el combate del modelo heteropatriarcal de familia funcional a la opresión capitalista.

    Los integrantes del FLH marcharon por segunda vez el 20 de junio para recibir a Perón en su regreso del exilio. Llegaron en micros que salieron de Constitución a la avenida Ricchieri, se sumaron a la Columna Oeste de la Juventud Peronista y para aflojar los primeros momentos de tensión reformularon estrofas de la marcha peronista que se podían interpretar como un canto a la diversidad sexual: “Por ese gran argentino,/ que trabaja sin cesar/ para que reine en el pueblo/ el amor y la igualdad”.

    El empoderamiento de la derecha peronista a partir de los episodios ocurridos en Ezeiza significó el fin de la primavera camporista para la comunidad homosexual. En respuesta a los carteles de la JP que lo señalaban como el responsable de una “masacre”, el coronel Jorge Osinde empapeló la ciudad con carteles en los que “acusaba” a los montoneros de ser “homosexuales y drogadictos”. La respuesta de la izquierda peronista mantuvo el mismo tono homofóbico: “No somos putos/ no somos faloperos:/ somos soldados de Perón/ y Montoneros”.

    En el mes de octubre se estrenó la película El último tango en París, de Bernardo Bertolucci, que escandalizó por una escena en la que Marlon Brando, actor que ya tenía más de cincuenta años, para tener sexo con una muy joven María Schneider le untaba el ano con manteca. Aunque fue parcialmente censurada, a la JP le inspiró una rima machista del mismo tenor: “Brujo vení,/ Brujo vení, Brujo vení/te va a quedar el culo/ como el Tango de París”.

    Con el tercer peronismo volvieron las razias y las detenciones arbitrarias en los bares y ambientes que frecuentaba la comunidad homosexual. A partir de enero de 1974 Perón repuso en un cargo jerárquico de la Policía Federal a Luis Margaride, un comisario que había estado al frente de las Brigadas de Moralidad durante el régimen del dictador Juan Carlos Onganía. Era católico ferviente, no le gustaban los hombres con barbas ni las mujeres en minifalda y en nombre de las buenas costumbres había encabezado personalmente operativos en hoteles alojamiento para exigir la libreta de matrimonio a sus huéspedes.

    Con Isabel Perón, Margaride —el FLH lo apodó la tía Margarita— llegó a jefe de la Policía Federal y recibió la orden de parte de López Rega de “asustar” a la comunidad gay para que no volviera a salir a la calle.

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    Barraza era periodista y había investigado en 1963 la tortura y desaparición del sindicalista Felipe Vallese; responsabilizó a Juan Fiorillo, jefe de la Brigada de Servicios Externos, quien fue condenado en 1971 a tres años que no cumplió. Fiorillo, liberado poco antes del crimen, se sumó a la Triple A.

    Barraza había conocido a Laham al regresar de Europa, en noviembre de 1970. La hermana, Virgina, era novia de uno de sus grandes amigos, el periodista Carlos Eichelbaum; los tres lo fueron a buscar a Ezeiza. Desde ese día no se separaron: se mudaron juntos y vivieron como pareja.

    En una ocasión notaron que un auto los seguía. La última vez que los vieron fue el 11 de octubre; dos días después faltaron a un almuerzo con la madre de Carlos.

    Pasaron casi cuarenta años hasta que una agrupación recuperó la historia del FLH, se apropió del pretendido insulto y le cambió el sentido para formar en La Matanza, en el conurbano, una línea interna del Partido Justicialista llamada “Putos Peronistas”.

    La entrada Montoneros, putos y faloperos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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