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EL SILENCIO DE LOS JUSTOS

Esta crisis desatada por el coronavirus ha dejado en evidencia varias cosas.
Entre otras, que muchas personas quieren ayudar pero no encuentran el
espacio, o que somos propensos a no corroborar si la información que tenemos
y compartimos es cierta. Algunos de estos temas intentamos abordar con
PensaRegina, pero hay algo subyacente que no podemos abordar y que más
que respuestas nos trae preguntas. Deseamos visibilizarlo porque entendemos
que debe ser abordado como sociedad toda.

Si el coronavirus dejó en evidencia muchas cosas, el aislamiento social,
preventivo y obligatorio directamente nos trae cachetadas de realidades.
Algunas personas deben quedarse en su casa con acceso a compra de
mercadería, televisión, Internet
, plataformas de entretenimiento y hasta de
conocimiento para los integrantes del hogar. De gran parte de éstas personas
hemos observado quejas de porque se tiene que cumplir el aislamiento,
que ya están aburridxs, que no soportan a las personas con quienes viven o
gente que se fue a otro país en plena crisis, y lo peor, conociendo las
condiciones, hoy culpan al otrx por su situación.

Y también hay otras personas que deben quedarse en su casa, lxs invisibles de
la sociedad que no sólo no pueden acopiar alimentos
, sino que no pueden
comprarlos porque los adquirían con el mango que buscaban todos los días.
Hay niñas, niños y adolescentes que no tendrán para buscar esa tarea que se
está subiendo a las redes. ¿Está mal que se avance en plataformas? No, y hay
docentes poniéndole mucho a ésta situación, Pero, ¿qué pasa cuando el
Estado no brinda las herramientas? ¿Sabemos que hay familias que no tienen
teléfono? ¿Y que otras no tiene para hacerle una carga para navegar?
¿Sabemos que existen redes comunitarias de bajo presupuesto y que se han
implementado con éxito?

Hay mujeres que tendrán que realizar el aislamiento con su maltratador, hay
niñas y niños que lo harán con su abusador.
¿Por qué no hicimos algo antes?

Mientras antes de la cuarentena éramos todos “el campo” y se llamó a no
comercializar, hoy esas mismas patronales rurales no aportan medio kilo de
alimento para el resto de la sociedad
. Mientras a unos, algunos miembros de
fuerzas de seguridad, los acompañan hasta sus casas a otros los hacen
“bailar”. Mientras las aseguradoras y otras empresas quieren soluciones hoy,
los otros deben esperar hasta abril para recibir una ayuda para subsistir.
Mientras unos son sólo queja sin hacer nada, otros están entendiendo lo que
necesita el país con el silencio de los justos. Soportando una vez más las
diferencias de una sociedad que muchas veces no los mira. O que prefiere
saber que están mirando por la tele pero no por la ventana.

Hoy hay gente poniendo el lomo. Trabajadorxs rurales, ésa persona que trabaja
en supermercados o mercadito de barrio, trabajadores de salud pública, la
fuerza de seguridad (la que hace cumplir la ley cumpliendo ellxs mismos las
reglas, no los abusadores), transportistas, docentes que están rompiéndose la
cabeza para llevar conocimiento de otra forma a sus alumnos, voluntarixs que
están haciendo máscaras, barbijos, sábanas, y otrxs. Mucha gente que nos
demuestra que cuando queremos podemos.

Antes de que se decretara la emergencia un niño estaba pidiendo en la
Terminal de Retiro dinero para comer. Quien podía dejaba dinero en una gorrita
que tenía, era tarde. Demasiado tarde para que estuviera un niño tan chiquitito
sólo. Tenía unos pocos billetes y monedas. Varios billetes de los que tenía eran
de cinco pesos. Un billete fuera de circulación y que no le iba a servir a ése
niño para comprar la comida. Urge crear redes durante, pero cuando todo esto
pase tenemos que mirarnos otra vez
. ¿En qué nos hemos convertido?
¿Queremos el bien para todxs o conformamos a nuestra conciencia con actos
para la tribuna que no sirven?
Vos, yo, nosotrxs, no seamos más como esos
forros que dejaron un billete que no servía a un niño que pedía para poder
comer. Somos capaces de ser mucho más que eso.

Sepamos qué podemos ser. Seamos.

Escribe: Gonzalo Bon
Portada: Germán Busin

Si sufrís de violencia de género llama al 144 (Whatsapp: 11 2771 6443)

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    Lo Celso y la bandera de Malvinas: un gesto que recordó que la Selección también representa la soberanía argentina

     

    Mientras la Selección Argentina celebraba el histórico triunfo 2-1 sobre Inglaterra y la clasificación a la final del Mundial 2026, una imagen terminó sintetizando mucho más que una victoria deportiva. Giovani Lo Celso posó con una bandera que proclamaba «Las Malvinas son Argentinas», un gesto que despertó orgullo entre miles de hinchas y volvió a colocar la causa de soberanía en el centro de la escena internacional.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    Cuando el fútbol expresa el sentimiento de un pueblo

    Argentina eliminó nuevamente a Inglaterra en una Copa del Mundo. Como ocurrió en México 1986, el partido inevitablemente estuvo cargado de una enorme carga histórica, política y emocional. Aunque el fútbol y la diplomacia transiten caminos distintos, resulta imposible separar completamente un enfrentamiento entre ambos países de la memoria colectiva argentina.

    En ese contexto, la imagen de Giovani Lo Celso sosteniendo una bandera con la inscripción «Las Malvinas son Argentinas» durante los festejos no apareció como una provocación gratuita, sino como la expresión de una convicción compartida por la inmensa mayoría de los argentinos.

    La Constitución Nacional incorpora la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur como un objetivo permanente e irrenunciable del Estado argentino, siempre por medios pacíficos y respetando el derecho internacional. Desde esa perspectiva, el mensaje desplegado por el volante argentino no representa una consigna partidaria sino una reivindicación nacional.

    El contraste con las restricciones impuestas por la FIFA

    Durante la previa del encuentro trascendieron cuestionamientos y restricciones respecto del ingreso de banderas vinculadas con la causa Malvinas dentro de los estadios mundialistas. La FIFA mantiene desde hace años una política extremadamente rígida sobre la exhibición de símbolos que puedan ser interpretados como mensajes políticos.

    Sin embargo, la bandera exhibida por Lo Celso apareció una vez terminado el encuentro, en medio de los festejos del plantel campeón de la semifinal, convirtiéndose rápidamente en una de las fotografías más difundidas del día.

    Para gran parte de los argentinos, lejos de tratarse de un acto de confrontación, la escena representó la reafirmación de una posición histórica del país, sostenida por todos los gobiernos democráticos desde 1983 y respaldada año tras año por resoluciones de las Naciones Unidas que instan a ambas partes a retomar las negociaciones por la soberanía.

    El gesto de Lo Celso también dejó en evidencia el contraste con la posición que había asumido la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quien en la previa del encuentro confirmó que, por un acuerdo de seguridad coordinado con la FIFA y otras fuerzas internacionales, no se permitiría el ingreso al estadio de remeras, banderas o carteles con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas», al ser considerados «contenido político». La decisión generó fuertes cuestionamientos por tratarse de un reclamo de soberanía reconocido por la Constitución Nacional y sostenido históricamente por el Estado argentino. En ese marco, la imagen de Lo Celso celebrando la clasificación con la bandera de Malvinas adquirió un significado todavía más potente: allí donde el Gobierno aceptó restringir una expresión de identidad nacional en nombre del reglamento de la FIFA, un futbolista de la Selección terminó reivindicando, ante los ojos del mundo, una causa que para millones de argentinos trasciende cualquier competencia deportiva.

    Una imagen que trasciende el resultado deportivo

    El fútbol argentino posee una relación inseparable con la historia de Malvinas. Desde el recordado Mundial de 1986 hasta la actualidad, cada cruce frente a Inglaterra despierta recuerdos que exceden los noventa minutos.

    Por eso la imagen de Lo Celso adquirió una dimensión simbólica. No fue únicamente el festejo por un triunfo deportivo; fue también la manifestación de un sentimiento nacional que atraviesa generaciones y que continúa presente entre los jugadores y los hinchas.

    Mientras millones de argentinos celebraban el pase a una nueva final del mundo, esa fotografía comenzó a multiplicarse en redes sociales acompañada por mensajes de apoyo, orgullo y reivindicación de la causa Malvinas.

    La Selección volvió a representar algo más que fútbol

    La Scaloneta ha construido en los últimos años una identificación muy fuerte con la sociedad argentina. No solamente por los títulos obtenidos sino por la manera en que sus futbolistas expresan pertenencia, cercanía y compromiso con distintos símbolos nacionales.

    En ese marco, el gesto de Giovani Lo Celso fue interpretado por buena parte de la opinión pública como una continuidad de esa identificación con la historia y la identidad argentina.

    En tiempos donde algunos sectores sostienen que el deporte debe permanecer completamente ajeno a cualquier referencia histórica o nacional, la imagen del mediocampista recordó que representar a la Selección también implica vestir una camiseta que simboliza a todo un país, con su historia, sus alegrías, sus heridas y sus reclamos permanentes.

     

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