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El retorno a Regina de Girondo Masmédulo (II)
 

Llegaron las golondrinas, ágiles, veloces, intrépidas. Un vuelo migratorio que atraviesa los indescifrables confines del aquí y el allá. Ellas no tienen internet; sin embargo, viajan de un extremo al otro del globo…
Girondo piensa en el apodo «trabajador golondrina». Se cuestiona mientras se sacude el pantalón, ¿porqué golondrina? ¿Por qué soy muy pequeño? ¿Por qué hago el trabajo que el otro no quiere hacer? ¿Por qué prefiero el movimiento al sofá? ¿Por qué acepto ponerle el cuerpo a la desmedida realidad?

Preguntas que llevan a preguntas que llevan a senderos que llevan a ríos, y ríos que llegan a plantas que llegan a tierras que llegan a los aires del plácido recorrido de toda golondrina.

Toing toing toing. Revotan los vacíos del vacío. Girondo observa como el polvillo del pantalón se suspende, y entre las partículas resplandecientes encuentra lo que esperamos:

Tardará, tardará.

Ya sé que todavía

los émbolos,

la usura,

el sudor,

las bobinas

seguirán produciendo,

al por mayor,

en serie,

iniquidad,

ayuno,

rencor,

desesperanza;

para que las lombrices con huecos portesanos,

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las vacas de embajada,

los viejos paquidermos  de esfínteres crinudos,

se sacien de adulterios,

de diamantes,

de caviar,

de remedios.

PABLO NANI – LA TAPA

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