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¿DEMASIADA SOBRECARGA? NO TE DETENGAS

¿Cuánto pesa el miedo de morir y el coraje de vivir? ¿Cuánto pesa el pesar de los dolores y la alegría de sentir? ¿Cuánto pesa un segundo y una uña de cangrejo? ¿Cuánto pesa una calle o un hueco en el pecho? ¿Cuánto pesa tu mirada sobre la mía y la mía sobre la tuya? ¿Cuánto pesa el sueño de estar bien despiertos o los días abandonados en los extremos del viento? ¿Cuanto pesa tu sonrisa y las ganas de estar juntos?

No hay sobrecarga si te acompaño, si me acompañas,
No se trata de peso o sobrepeso, se trata de abrir nuestras almas…

Porque el prejuicio sí que pesa, y mucho, más de una tonelada, dicen.
Es difícil, muy difícil levantar un prejuicio del suelo, de la cultura, o de la neurona estupefacta.


Y sí, nos pesamos nuestras desconfianzas, nuestros fantasmas, nuestros deseos y desgracias.

A veces sentimos pesadas: las lagañas, lo afectos, las creencias falsas, los arquetipos, las grietas en la piel o en el páncreas, las razones de las decisiones y las situaciones de las desazones.

Continuación literaria-poética del artículo ¿Cuántos kilos pesa la ansiedad?

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