DE TANTO ARRIMAR EL HOCICO LLEGARON AL PLATO
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DE TANTO ARRIMAR EL HOCICO LLEGARON AL PLATO

La semana pasada se llevó a cabo una asamblea para elegir integrantes provisorios del Consejo de Administración y síndicos de la cooperativa La Reginense con la presencia de algunos de los nuevos socios, el interventor José Perez, el subsecretario y la directora de Cooperativas y Mutuales de Río Negro, Héctor Ressel y Patricia Rodríguez Sábato, respectivamente. Los que no asistieron fueron los 9 socios más antiguos de la cooperativa.

 Esta es la segunda reunión que llevan adelante sin ellos, en la anterior no fueron anoticiados y en ésta última al ser presencial argumentaron no poder asistir por ser grupo de riesgo frente a la pandemia, ya sea por enfermedades preexistentes o por su edad. En estas condiciones se conformó el nuevo Consejo, sin la participación de un grueso de socios.

Esta asamblea fue impugnada vía judicial por los socios de mayor antigüedad y está a la espera de la resolución a cargo de la jueza civil Dra. Paola Santarelli. La asamblea presencial, prohibida por decretos, fue avalada el ejecutivo de la ciudad. Eso sí, a vos no te dejan juntarte a almorzar en el rio con los pocos amigos/as que tenés. Cuando quieren, pueden. Las prohibiciones no son para todos por igual.

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Vamos un poco para atrás…

El interventor José Perez fue designado en el cargo por el director de la Dirección de Cooperativas de la  provincia hace un año. Previo a la intervención se intimó a que se realice un sumario y se analice documentación, ya que la cooperativa venía a los tumbos y a pérdida hace muchos años. El frío y el empaque es, según los socios, lo que genera pérdida constante y requiere de una fuerte inversión para generar productividad, mucho caudal de fruta y reestructuración edilicia profunda.
Tal es así que en su momento se había decidido vender el frío y el empaque, tenían todo acordado con una empresa de renombre local para realizar la venta, indemnizar a los trabajadores, pagar una deuda con AFIP generada por un 3ro y quedarse solo con la sidrera llevando adelante el proyecto del museo del vino y la sidra en conjunto con FUNDESUR.
¿Por qué no se hizo si estaba todo acordado? Apareció la provincia con Weretilneck en campaña ofreciendo las requeridas soluciones económicas para poner la nave a punto, pero la nave no alcanzó ni a carretear. En ese momento, hasta la mayoría de los obreros estaban de acuerdo en percibir su indemnización y liberarse del problema recurrente de trabajar pero no saber cuándo ni cómo cobrar.  

En esa intimación la Dirección de Cooperativas encontró un recuso legal para intervenir la cooperativa La Reginense. El mínimo obligatorio de socios que demanda el estatuto  es de 10 y al momento La Reginense funcionaba con 9 (varios socios antiguos  fallecieron), de este modo se usó esa ilegalidad como causal grave y así es como se solicitó una intervención judicial para normalizar la cooperativa. Días antes de ser designado como interventor, José Perez debió renunciar  a la presidencia de la Cooperativa vitivinícola La Balsa de Valle Azul para tomar el nuevo cargo. La intervención inicial era por 6 meses.

Un año lleva la intervención que debe finalizar para que los nuevos socios accedan al Consejo de Administración y Sindicatura legalmente, se presume que pase en 30 días, aunque los nuevos cargos ya se autorizaron en el expediente judicial formalizándolos y también fueron notificados los trabajadores permanentes. Contradictorio pero cierto.

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¿Dejarías que derriben el Indio Comahue?…

Ahora hay un apuro por terminar la intervención, parece que los conflictos eran solo nominales. Dentro de esta nueva nómina de socios existen empresarios locales con juicios laborales abiertos, empresarios ligados a dirigentes políticos y miembros de la cooperativa vitivinícola de Valle Azul; gente que hace más de un año merodea las instalaciones sin tener cargos formales. Ahora ya está adentro y se acomoda la servilleta. El proceso es largo, pero empezó hace más de un año.

Asimismo en dicha asamblea, se aprobó que el nuevo Consejo analice un proyecto de financiación denominado “La Reginense Ltda. Siglo 21”. Lo cierto es que la cooperativa da pérdida constante hace tiempo y requiere de una inversión que nadie está dispuesto a hacer y tampoco la van a realizar los nuevos socios, de hecho esta última temporada la financiación bajó desde el gobierno provincial mediante aportes no reintegrables (el desfasaje económico de la administración lo pagaste vos y la cooperativa no debe devolver el dinero).

Pero esos aportes se usaron solo para pagar el sueldo a los trabajadores temporarios (50 familias), pero que  al día de la fecha no recibieron sus aportes ni el pago de sus obras sociales. A los permanentes (unas 20 familias) se les adeuda cuatro meses  en el mejor de los casos.

Resumen de situación previsional, empleado temporario La Reginense

Muchas irregularidades  a las que fue sometida la cooperativa y principalmente sus trabajadores.

En la última partida de sidra, que fue promocionada como un producto de alta calidad, ni siquiera se lo dejó participar el ingeniero Alejandro La Fourniere contratado como responsable técnico  de la sidrera y de la calidad de la misma, terminando por ser un producto de bajísima calidad. El ingeniero también se expresó mediante comunicado “quiero aclarar que no tengo ninguna responsabilidad en las mencionadas falencias de la calidad, dado que fui desplazado por el interventor quien ante mi reclamo de restitución  de mi puesto me mandó a realizar tareas de arrancado de yuyos en el predio de la empresa. Lo que motivó mi desvinculación de la empresa por despido indirecto y tampoco abonó mis sueldos atrasados…”. En el mismo comunicado expresó que el interventor Perez trabajó afanosamente en separar y maltratar a los socios de la cooperativa.

Comunicado de prensa del Ingeniero Agrónomo Alejandro de la Fourniere

Se presume que próximamente se entre en juicio por la pérdida de un gran caudal de fruta (alrededor  de 150mil dólares)  que se quemó por una pérdida de amoníaco, los accidentes pasan, lo que no puede pasar es que no contrates el seguro que cubre esas fallas. Esa misma pérdida afectó la salud de trabajadores que debieron seguir trabajando en esas condiciones insalubres y peligrosas.

La selección del delegado de los trabajadores se hizo de manera ilícita mediante planillas incompletas presentadas por Perez, y ante el empate de los dos candidatos el interventor designó a dedo a su conveniencia.

En este largo tiempo los trabajadorxs reclamaron también por la desaparición de maquinaria del predio, manejos despóticos, maltrato y autoritarismo puesto en práctica por el interventor, como también las irregularidades ya mencionadas, estos reclamos siempre fueron autoconvocados sin el apoyo del sindicato.

Sin fuerza de trabajo no hay negocio…

La utilización de la infraestructura y el recurso humano en beneficio de privados es uno de los principales activos que moviliza a los empresarios, como también la bodega y la sidrera; mientras tanto se menoscaba la historia de la icónica sidrera de casi 90 años, mediante la vieja estrategia de desgastar y presionar a los trabajadores, endeudar esperando salvavidas mientras se trabaja la fruta. Vender, comprar, quedarse con lo que sirve, cerrar un negocio “redondo en boca” para pocos, agrio para muchos.

En el medio de esta puja de empresarios con la connivencia política local/provincial están los mismos de siempre: los trabajadores. Explotados, ponen el lomo para trabajar una fruta ajena a la producción de la sidra sin tener convicción alguna de cuando van a cobrar. Ya olfatean otra temporada de miseria.

Habrá que ver si los trabajadores se prestan para brindar su fuerza de producción a sabiendas que nuevamente tendrán complicaciones para cobrar o deciden tomar otras determinaciones, ellos más que nadie saben qué es lo que pasa y qué es lo que va a volver a pasar. El Loop de La Reginense.

Negocio y puja que hace tambalear una parte de la historia de nuestra ciudad, el último ícono productivo, social y cultural, pero como suele ocurrir en Regina pareciera que a nadie le interesa, menos aún a los actores políticos que saben, saben mucho, pero no actúan. Eso los convierte en cómplices de este “regalito”.

El característico conservadurismo pseudo fascista heredado en Regina como buen pueblo de inmigrantes que es solo aplica para señalar y juzgar los actos de las clases populares, de los que se criaron del otro lado del salado, hasta ahí llega su moral. Entre ellos no se señalan. Entre ellos se toman un “feca” y se palmean la espalda mientras miran a un 3ro con cara de… «este es un boludo».

Se arrimaron de a poquito, deambularon por calle Los Nogales con los cubiertos en la gaveta de la «chata», la mesa estaba servida y el vino obvio que no les va a faltar. Faltaba que los inviten a entrar. Ya entraron.

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    El proyecto impulsado durante el gobierno de Cristina Kirchner llega a su última etapa y puede cambiar la medicina nuclear

     

    El RA-10, proyecto iniciado en 2010 durante el gobierno de Cristina Kirchner, entra en su etapa final y podría transformar la producción argentina de radioisótopos para medicina nuclear.

    Por Ignacia Fratelint para NLI

    Un proyecto científico que comenzó hace 16 años, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, está entrando finalmente en su etapa decisiva. El Reactor Argentino Multipropósito RA-10, una de las mayores apuestas tecnológicas de la historia reciente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), alcanzó un 96% de avance en su montaje y el Gobierno confirmó que antes de fin de 2026 comenzará el proceso de puesta en marcha, con el objetivo de completarlo durante los primeros meses de 2027. Detrás de esa obra hay una infraestructura destinada a producir radioisótopos para medicina nuclear, desarrollar tecnología para la industria y la ciencia y, potencialmente, convertir a la Argentina en uno de los principales proveedores internacionales de estos insumos estratégicos.

    El dato político y temporal es importante porque el RA-10 no nació durante la actual administración ni fue concebido como respuesta a una necesidad coyuntural. El proyecto comenzó en 2010, cuando la CNEA inició el diseño de un nuevo reactor multipropósito destinado fundamentalmente a ampliar la producción nacional de radioisótopos. En aquel momento gobernaba Cristina Fernández de Kirchner y la Argentina atravesaba una etapa de fuerte impulso a la ciencia, la tecnología y el desarrollo de capacidades nucleares nacionales. Cuatro años después, en 2014, la Autoridad Regulatoria Nuclear otorgó la licencia de construcción y en marzo de 2016 comenzó la obra civil en el Centro Atómico Ezeiza.

    Lo que está ocurriendo ahora, por lo tanto, es el cierre de un ciclo iniciado mucho antes. El reactor atravesó diferentes administraciones, etapas presupuestarias, modificaciones y períodos de distinto ritmo de ejecución hasta llegar al estado actual, en el que la obra civil ya está terminada y se realizan los ensayos preoperacionales necesarios para comprobar que todos sus sistemas funcionen de acuerdo con los parámetros previstos. La propia CNEA informa que el diseño demandó más de un millón de horas-hombre y más de 10.000 documentos técnicos, una dimensión que permite comprender que no se trata simplemente de levantar una construcción, sino de desarrollar y ensamblar una infraestructura tecnológica extremadamente compleja.

    De un proyecto de 2010 a una herramienta contra la dependencia sanitaria

    El RA-10 no es una central eléctrica. Es un reactor multipropósito de investigación y producción de 30 megavatios, diseñado para aprovechar los neutrones generados por la fisión nuclear en aplicaciones médicas, científicas e industriales. Una de sus funciones centrales será fabricar radioisótopos utilizados en medicina nuclear, entre ellos molibdeno-99, del que se obtiene tecnecio-99m, ampliamente utilizado para realizar estudios de diagnóstico por imágenes. También producirá lutecio-177, utilizado en terapias oncológicas dirigidas, e iridio-192, empleado tanto en medicina como en aplicaciones industriales.

    La importancia de esta capacidad aparece con claridad cuando se observa cómo funciona actualmente el mercado internacional. La propia documentación de la CNEA señala que la provisión mundial de molibdeno-99 está fuertemente concentrada y que cinco empresas dominan más del 80% de la producción, mientras buena parte de los reactores utilizados para obtenerlo tienen más de tres décadas de operación. Las fallas y paradas de esas instalaciones pueden generar episodios de escasez que afectan directamente a los sistemas de salud que dependen de estos radioisótopos. Argentina logró históricamente sostener su abastecimiento mediante el reactor RA-3 de Ezeiza, pero ese reactor ya tiene más de 40 años, de modo que el RA-10 fue concebido precisamente para garantizar y ampliar esa capacidad en el futuro.

    Ahí aparece una de las dimensiones menos visibles del proyecto: la soberanía sanitaria también depende de capacidades tecnológicas que casi nunca aparecen en las discusiones cotidianas sobre salud pública. Un hospital puede contar con médicos especializados y equipos de diagnóstico de última generación, pero determinados procedimientos requieren radioisótopos cuya producción depende de instalaciones nucleares altamente sofisticadas. Tener la posibilidad de producirlos localmente significa reducir la vulnerabilidad frente a interrupciones internacionales y, al mismo tiempo, construir una capacidad científica que puede proyectarse hacia otros países.

    Las cifras proyectadas son particularmente importantes. El RA-10 podrá producir hasta 3.000 curies de molibdeno-99 por semana, una cantidad que la CNEA estima equivalente a aproximadamente una cuarta parte de la demanda mundial; también tendrá capacidad para producir hasta 6.000 curies mensuales de lutecio-177 y hasta 20.000 curies mensuales de iridio-192 medicinal. La capacidad prevista supera las necesidades internas proyectadas, por lo que el reactor fue pensado desde su origen no solamente como una herramienta para garantizar el abastecimiento argentino, sino también como una plataforma capaz de exportar productos de alto valor tecnológico.

    La etapa que falta y el debate sobre la inversión privada

    El anuncio realizado esta semana introduce, sin embargo, una nueva discusión. El Gobierno confirmó que la puesta en marcha del reactor comenzará antes de fin de año, pero también explicó que para transformar la producción del RA-10 en una actividad comercial a gran escala será necesaria una planta asociada destinada a procesar los materiales irradiados y obtener los radioisótopos. Para financiar su construcción y desarrollar las actividades productivas y comerciales vinculadas con ella, la Secretaría de Asuntos Nucleares anunció un esquema que permitirá incorporar capital privado. El Estado conservará la conducción de la política nuclear y las funciones regulatorias, de seguridad y fiscalización.

    Es precisamente allí donde aparece una cuestión que merece discusión más allá de las posiciones políticas coyunturales. El RA-10 es producto de una acumulación de conocimiento científico y tecnológico desarrollada durante décadas por instituciones públicas, particularmente la CNEA, y cuenta además con la participación de INVAP en la gestión y los servicios especializados de ingeniería. Que una empresa privada participe posteriormente en la explotación comercial no borra ese origen, pero sí obliga a preguntarse de qué manera se distribuirá el valor generado por una tecnología que fue concebida, investigada y desarrollada con una fuerte participación estatal. La cuestión no es menor si el reactor efectivamente logra posicionar a la Argentina en un mercado internacional de altas barreras tecnológicas.

    La propia historia del proyecto ofrece, además, una respuesta frente a la idea de que las políticas científicas pueden medirse únicamente por resultados inmediatos. Desde el comienzo del RA-10 hasta su puesta en marcha habrán transcurrido alrededor de 17 años, atravesados por distintos gobiernos, ciclos económicos y decisiones presupuestarias. La construcción de capacidades estratégicas requiere precisamente esa mirada de largo plazo: un reactor nuclear no se diseña ni se construye en cuatro años, y tampoco se puede reemplazar de manera rápida el conocimiento acumulado por equipos científicos, ingenieros, técnicos y trabajadores especializados. El RA-10 es, en ese sentido, también una muestra de cuánto tiempo puede demandar convertir una decisión de política científica en una infraestructura operativa.

    El reactor tampoco se limitará a la medicina. Entre sus capacidades figura la producción de silicio dopado mediante transmutación neutrónica, un insumo utilizado para fabricar semiconductores de alta potencia destinados a sistemas eléctricos, transporte, energías renovables y otras aplicaciones industriales. También podrá realizar irradiación y ensayos de materiales y análisis por activación neutrónica para investigación y desarrollo. Es decir, detrás de los radioisótopos que pueden terminar en un hospital existe una plataforma tecnológica mucho más amplia, capaz de vincular salud, industria, ciencia y formación de profesionales.

    El RA-10 llega así a su última etapa con una historia que permite mirar mucho más allá del anuncio de su futura inauguración. Fue concebido en 2010, comenzó a construirse en 2016 y ahora, en 2026, está a las puertas de su puesta en marcha, después de atravesar más de una década y media de desarrollo. La actual administración puede reivindicar haber llevado el proyecto hasta su fase final y tiene por delante la responsabilidad de ponerlo efectivamente en funcionamiento, pero la tecnología que está a punto de comenzar a operar pertenece a una trayectoria mucho más larga, en la que participaron sucesivos gobiernos, científicos, técnicos e instituciones del Estado argentino.

    Si todo el proceso culmina como está previsto, la Argentina tendrá una nueva herramienta para producir medicamentos e insumos esenciales para la medicina nuclear, reducir su dependencia de proveedores externos, abastecer a sus hospitales y competir en un mercado internacional de altísima especialización. Esa posibilidad es, quizás, la dimensión más importante de una obra que durante años permaneció lejos de los grandes titulares. El reactor que comenzó a pensarse durante el gobierno de Cristina Kirchner está finalmente a punto de entrar en servicio, y su verdadero resultado no se medirá solamente por la inauguración de una instalación científica, sino por la capacidad de transformar ese conocimiento acumulado en salud, tecnología, industria y soberanía para las próximas décadas.

     

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