Sobre el acto discriminatorio de divulgar (“datos sensibles”) nombres de personas bajo control epidemiológico en #Huergo.

Distintos profesionales de salud con los que hablo a diario coinciden en el concepto que emparenta este virus con el del VIH en cuanto a la reacción negativa y señaladora de la sociedad ante las personas contagiadas, contactos estrechos, familiares e inclusive profesionales de la salud.

Marginalidad, estigmatización y denigración se hacen visibles de inmediato ante el pánico (de manera injustificada, más allá de la colaboración paranoica de los medios hegemónicos). El dedo índice no descansa en cuarentena, por el contrario algunos podrán levantar toneladas solo con la fuerza de su dedo señalador de tan estimulado que está. Los contagiados de covid, al igual que los de VIH (y pienso en los 80, no queriendo creer que todavía pasa) no dejan de ser personas, de tener derechos al igual que vos.

El anonimato, los escraches cobardes y las amenazas cibernéticas en redes son el nuevo formato, no pasa en todos lados pero pasa. Y pasó otra vez. En este caso en Huergo, un pueblo de 10mil habitantes, donde se divulgó una lista con nombres de las familias que se encuentran en aislamiento por precaución bajo control epidemiológico. Ni siquiera son casos sospechosos (al momento de escribir este artículo Huergo cuenta con dos casos activos y dos sospechosos). Ya vimos también en medios nacionales e internacionales como vecinos pedían a profesionales de la salud abandonen sus hogares ante el miedo de hipotéticos contagios.

Nada nuevo. Más de lo mismo. El tiempo avanza y muchos siguen viéndolo pasar empantanados en sillones polvorientos frente a sus ventanas. Ensimismados en sus dispositivos reconvirtiendo viejas prácticas nefastas, en nuevos formatos que engendran cobardía y desprecian la empatia.

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Portada: Cristina Daura y Petra Erikson

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