Ante la nueva situación respecto al COVID-19 que implica el peligro de expansión de la nueva cepa denominada ‘Manaos’, el Comité de Crisis de Villa Regina recuerda que se encuentran en plena vigencia las normativas nacionales, provinciales y municipales que establecen las medidas preventivas sanitarias a adoptar por la población en general y los protocolos a aplicar en los distintos comercios, incluyendo bares y confiterías.
En este sentido, se recuerda la obligatoriedad del uso de tapabocas o protectores buco-nasales y el distanciamiento social de 2 metros entre personas, tanto en la vía pública como en todos los locales comerciales, oficinas y consultorios con atención al público, ya sean de carácter privado o público.
En el caso de los comercios deben obligatoriamente aplicar lo establecido en los protocolos vigentes según los diferentes rubros.
Los bares, restoranes y confiterías deben ocupar un máximo del 40% de la capacidad interna del local, proveyendo de dispensador de alcohol en gel en cada mesa, el uso obligatorio del tapabocas tanto por el personal como por los clientes (en este caso, los mismos podrán retirarse al consumir), el cambio de los manteles luego de cada uso o la utilización de manteles descartables, no compartir los utensilios de comida, entre otros.
Además, los shows musicales en vivo deberán ser al aire libre con bandas o grupos de hasta 3 integrantes.
La Municipalidad de Villa Regina realizará inspecciones y en los casos en que se detecte incumplimiento a las normativas vigentes se procederá a la aplicación de las sanciones correspondientes (multas y clausura).
Esta mañana, residentes y trabajadores del Hogar municipal La Esperanza y del Hogar Juan Pablo II recibieron la segunda dosis contra el COVID-19. A un total de 20 personas les fueron aplicadas las vacunas por el personal de Salud Pública. Difunde esta nota
Pasó por Concepción del Uruguay la 2da fecha del Top Race y Facu Aldrighetti cerró con un aceptable P5 considerando las complicaciones que se le presentaron durante el fin de semana entrerriano. En la clasificación del día sábado el piloto reginense no tuvo una buena jornada y terminó con un #P9, que solo lo benefició…
Víctor Bronstein es ingeniero pero no mira la energía como un asunto técnico. Doctor en sociología, la mira como un mapa de poder. Donde otros ven barriles, gasoductos o balances de empresas, él ve geopolítica.
Su mirada se volvió relevante en este momento, cuando la guerra que sacude a Medio Oriente desborda las fronteras de la región y vuelve a poner a la energía en el centro de la disputa global.
– Hay dos lecturas respecto al impacto de la crisis del petróleo en la Argentina, por un lado sube el precio del barril, entonces favorece a las exportaciones. Pero por otro lado, vamos a importar inflación. ¿Cómo lo ves?
-Que las dos posturas son válidas. Por un lado, de corto plazo, obviamente el precio del petróleo. Porque la característica del petróleo es que es un insumo que está en casi todos los productos, incluso muchos de los servicios tienen petróleo atrás.
Fundamentalmente los alimentos. Los costos de los alimentos están muy asociado al petróleo. Hay estudios que se han desarrollado, hace algunos años en Estados Unidos, donde se decía que atrás de cada caloría de alimentos hay diez calorías de hidrocarburos. Entonces eso va a tener un impacto sobre la inflación en Argentina y en el mundo. Eso va a ser un fenómeno mundial.
En Argentina también, porque pega (además de en las naftas) en los precios de las cosechadoras, los tractores, los fertilizantes… Entonces, en el corto plazo vamos a sufrir eso.
– Ahora, a los que fabrican, por ejemplo urea, les conviene o no una suba del petróleo?
-Les conviene el precio de exportación, obviamente, pero a la vez les aumenta el costo la materia prima y hay que ver si se pueden trasladar los precios. A los que seguro les conviene la suba del precio del barril es a los que producen petróleo o gas.
Desde el punto de vista más estratégico, geopolítico, yo creo que Argentina le conviene porque esto demuestra que puede ser un proveedor seguro, que no está en una zona de guerra, un proveedor de energía segura para el mundo.
Desde el punto de vista más estratégico, geopolítico, yo creo que Argentina le conviene porque esto demuestra que puede ser un proveedor seguro, que no está en una zona de guerra.
-Podría ser el caso de PAE que todavía no termino las obras de su buque regasificador de Río Negro y el gobierno alemán ya los los fue a buscar y firmó un contrato a varios años, para asegurarse el suministro.
-Claro, porque a largo plazo ellos buscan proveedores seguros. Es lo que se le criticó a Angela Merkel, la falta de seguridad energética al apostar por el gas de Putin. Pero no es que Putin le falló, porque en realidad el gasoducto Nord Stream que llevaba gas a Alemania desde Rusia, se lo destruyeron los norteamericanos.
-¿Eso esta confirmado?
-Nunca va a estar del todo confirmado, pero fíjate cuánto GNL le vende Estados Unidos a Europa ahora. Pero hay evidencia que algo pudieron haber metido. Y esto que están haciendo ahora de bombardear instalaciones de petróleo, gas de Irán…
– ¿Eso no agrava el problema de la suba del combustible que ya está pegando en la economía norteamericana?
-Pero lo hacen como respuesta, porque ya no saben cómo atacar. O esa es la sensación que da.
– Pero sube el petróleo, sube la nafta y empuja la infalción y esto complica las chances electorales de Trump en las elecciones de medio término de noviembre…
-En un principio Trump calculó que el problema del estrecho de Ormuz, con su análisis un poco estrambótico, superficial y de creerse dueño del del mundo, no iba a ser un problema. Dijo, yo voy a garantizar que el estrecho de Ormuz quede abierto y voy pagar los seguros de los barcos petroleros, que las aseguradoras ya no querían cubrir y voy a escoltar a los buques con naves de la armada norteamericana.
Trump calculó que el problema del estrecho de Ormuz, con su análisis un poco estrambótico, superficial y de creerse dueño del del mundo, no iba a ser un problema. Dijo, yo voy a garantizar que el estrecho de Ormuz quede abierto. Pero no lo pudo hacer.
Pero no lo pudo hacer, porque no se puede hacer. Ormuz no está cerrado. oficialmente. Irán no lo cerró porque eso generaría cientos de disputas diplomáticas o políticas. Pero de hecho está cerrado. Los buques no salen. Nadie se anima.
-Irán apuesta de manera deliberada al caos económico global, para obligar a Trump a retirarse?
-Bueno, Irán se guardó otro arma: destruir la infraestructura petrolera de los otros países del Golfo. Arabia Saudita, Kuwait, Qatar.
Eso ya no solo cierra el estrecho de Ormuz, sino que destruye capacidades de producción petrolera a nivel global, que aunque se termine el conflicto, va a seguir dañada y hay que reconstruirla. No va a ser de un día para otro, lleva un tiempo.
Si el mundo consume hoy alrededor de 102, 103 millones de barriles por día, por el Estrecho de Ormuz pasan alrededor de 20 millones, entre barriles y productos elaborados. Es un 20% de lo que consume por día el mundo, muchísimo.
-¿Podríamos estar frente a una crisis del petróleo como la de 1973?
-Podría llegar a ser, pero el mundo hoy está mejor preparado. La del 73 nos tomó de sorpresa. Nunca había ocurrido una crisis sistémica de ese nivel. Y tuvo un impacto muy fuerte.
-Hay muchas estimaciones circulando sobre hasta dónde puede llegar el precio del barril. ¿Vos que pensás?
Hay que ver cómo sigue el conflicto, cuando más tiempo pase con el estrecho cerrado, más va a subir el barril. Porque fíjate, la semana pasada, cuando se inició el conflicto, el barril subió un 20%, pero no subió tanto.
Esto hay que enmarcarlo dentro de la disputa global entre Estados Unidos y China. rán forma parte del sistema geopolítico de China, el camino de Medio Oriente hacia Occidente. En 2021 China firmó un acuerdo con Irán por 400 mil millones de dólares en inversiones para infraestructura en caminos.
-¿Por qué?
-Porque no se sabía bien cómo venía el conflicto, cuánto duraría. Y ahora lo que ocurre es que ya los países se empiezan a quedar sin reservas. Entonces, cuanto más dura el conflicto, esto se agrava. Los países están teniendo dudas de cuánto puede durar este conflicto.
-¿Y qué papel juega China en todo esto?
-Coincido con los analistas que interpretan que el ataque es contra China. Esto hay que enmarcarlo dentro de la disputa global entre Estados Unidos y China. Trump sostiene y piensa que su enemigo es China, y que hay que tratar de de eliminar a China, si se quiere ser el único hegemón a nivel global.
Irán forma parte del sistema geopolítico de China, el camino de Medio Oriente hacia Occidente. El proyecto del Nuevo Camino de la Seda. En 2021 China firmó un acuerdo con Irán por 400 mil millones de dólares en inversiones para infraestructura en caminos.
– Pero la guerra no termina siendo funcional a China?, Porque Estados Unidos está liquidando su arsenal, enfrentado con Europa y con todo el mundo del Golfo que le dice que hiciste? Mientras China está como espectador comiendo pochoclo.
-Algunos dicen que China con esto está contenta porque Trump metió la pata atrás y quedan ellos como los adultos de la habitación. Circula mucha información que indica que China está dando inteligencia, misiles, está ayudando a Irán. Y muy posiblemente Putin hará un poco más.
– Volviendo a la Argentina, si uno de los efectos es que esta crisis provoca infalción como le pega eso a Milei justo cuando la inflación está picante, en torno al dos y medio, tres. ¿Cómo crees que le pega esto a Milei que prometió que en agosto la inflación empezará con un cero adelante?
-Yo soy muy incrédulo de ese pronóstico. Contradice toda la narrativa libertaria decir que vas a hacer un barril criollo como hubo durante el kirchnerismo para que los argentinos no pagasen la nafta a precio internacional.
Uno puede intentar, pero por poco tiempo. Después eso genera un montón de problemas.
Los beneficios para la Argentina como proveedor confiable son a mediano plazo pero la suba de precios es inmediata.
En energía siempre se habla de años, hay como una fantasía desvirtuada por toda la cuestión del mundo virtual donde las cosas ocurren inmediatamente. En el mundo real están limitaciones para construir. Lleva tiempo. No es un problema de dinero, aunque tenga todo el financiamiento, uno no puede construir mil kilómetros de gasoducto en una semana.
Los beneficios para la Argentina como proveedor confiable son a mediano plazo pero la suba de precios es inmediata.
Y además hay insumos, acero que hay que conseguir, hay que construir la infraestructura, hay que tener la mano de obra.
Pero la demanda está. Ahora, los centros de datos, de inteligencia artificial de Estados Unidos necesitan fuentes confiables, que no dependan de la aleatoriedad de las energías llamadas renovables, como la solar, eólica. Necesitan energía firme. Entonces la que está garantizando el suministro de estos desarrollos proviene de centrales térmicas a gas. Y ahora hay un déficit. Hay un cuello de botella en la fabricación de turbinas de gas. Los grandes fabricantes de turbina tardan entre dos y cinco años para entregarte una turbina. Ese es un ejemplo del cuelo de botella de la infraestructura física, no es sólo tener el financiamiento.
– Hay empresas nucleares nuevas de Estados Unidos que ya cotizan en Wall Street y todavía no tienen una central…
-Hay que volver a estudiar ciertas teorías económicas. Se están vendiendo burbujas. Otro ejemplo, ya están vendiendo en la bolsa empresas de fusión nuclear. La fusión nuclear todavía no se consiguió. Por ahí se consiguen dos 30 años, si consigue. Hace 50 años que la quieren conseguir y todavía no se sabe cuándo se va a lograr.
-Vuelvo al impacto local porque un gobernador petrolero me contaban que subió mucho lo que reciben por regalías gracias a la suba del barril y con eso compensa la baja de la recaudación…
-Y claro, por eso te dije que las ganadoras eran las empresas petroleras y las provincias petroleras.
-Y el gobierno nacional se queda con algo de esta suba del barril?
-Los derechos de exportaciones, las retenciones al petróleo fueron históricamente del 8%, pero las eliminaron para el crudo convencional. Ahora podrían aplicar retenciones si el precio del barril se dispara. En Noruega el 75% de la renta petrolera se la lleva al Estado.
-Sería interesante ver a Milei poner retenciones a las exportaciones petroleras (risas)…
-Sería contradictorio con su discurso, pero no hay que olvidar que el gran crecimiento de nuestras sociedades modernas se dieron fundamentalmente en el siglo XX gracias a la energía abundante y barata, como fue el petróleo. Es decir, el gran crecimiento de la posguerra tiene que ver con el petróleo.
Milei podría aplicar retenciones si el precio del barril se dispara o podría imponer un barril criollo, pero sería contradictorio con su discurso.
Y si uno va a la raíz del concepto, el petróleo es un biocombustible. Como el biocombustible que obtenes del maíz o de la soja. ¿Cuál es la diferencia? Que es un un biocombustible que produjo la naturaleza cocinando a través de cientos de millones de años. Entonces, el petróleo es energía solar concentrada.
Cuando se liberó toda esa energía solar concentrada, se consiguió una cantidad de energía inédita hasta ese momento, que se transfirió a la sociedad y empezó el crecimiento, la civilización industrial, la modernidad.
– ¿Y como se salió de la crisis del petróleo del 73?
-Dedicándose a buscar ciertas formas de gastar menos energía, menos derroche energético. ¿No se si recuerdan esos autos que tenían motores de ocho litros de cilindrada? Todavía en algunos países existen. Se fue saliendo de a poco, llevó tiempo y generó inflación.
-¿Crees que puede haber una salida rápida de este conflicto?
-Depende de cómo y cuándo termine. Es decir que de qué manera y con qué infraestructura del sector petrolero y de gas terminemos. Si hay que reconstruir, lleva tiempo.
– ¿Hay alguna posibilidad de que esto termine beneficiando a Putin?
-La Unión Soviética sobrevivió una década más gracias a la crisis del petróleo, porque ya en la década del 70 la la economía soviética estaba muy mal. Estaba peligro de colapso. ¿Qué ocurrió? La crisis del petróleo que llevó el precio del barril de los 3 dólares que estaba en el 73 a casi 35 dólares a fines del de la segunda crisis del 80, permitió que durante la década del 80 la Unión Soviética pudiera continuar.
La Unión Soviética sobrevivió una década más gracias a la crisis del petróleo, porque ya en la década del 70 la la economía soviética estaba muy mal. Estaba peligro de colapso.
Por eso, una de las políticas que tomó Reagan en el 86 es hacer un acuerdo con el rey de Arabia Saudita para bajar el precio del petróleo, para que la OPEP deje de cumplir con las cuotas. Arabia Saudita inundó el mercado e hizo bajar el petróleo. Fue una de las armas que usó Reagan para destruir a la Unión Soviética.
– Si la energía barata fue una condición de posibilidad para el desarrollo, la industria y la era moderna, ahora con la crisis energética y la energía cara, ¿Qué pasa?
-Esto condiciona un cambio que ya venía sucediendo. Al mundo se le acabó la energía barata. Eso generó justamente los problemas de crecimiento. Si lo actualizamos por inflación, el petróleo previo a la crisis de 73 estaría hoy entre 12 dólares y 14 dólares.
-Es curioso como se dan las cosas, Trump estaba enfocado en bajar el precio del petroleo para que baje la inflación y la Fed pueda bajar las tasas y lo que hizo con esta guerra fue subirlo …
-Ahora Estados Unidos produce un poco más, pero hasta hace cinco años, Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos producían 10 millones de barriles de petróleo por día. Ahora Estados Unidos está produciendo 13 millones ¿Pero cual es la diferencia? Que Estados Unidos para producir esos 10 millones necesitaba 35.000 pozos de petróleo funcionando, Rusia 8000, y Arabia Saudita apenas 300. No es el mismo costo de producción.
– Además del petróleo esta el gas. Ahora juega a favor que Europa ya pasó el invierno. Pero pensando en que nosotros tenemos que importar justamente para pasar el invierno, ¿No sobrevuela el fantasma de desabastecimiento? Recordemos que el 60% de la generación eléctrica de Argentina se explica por combustibles líquidos…
-Lo que planteas es correcto. En la temporada invernal tenemos que importar algo de GNL. El precio del GNL, hoy es mucho más caro. El año pasado se importó por 500, 600 millones de dólares. Ahora vamos a pagar el doble o el triple.
-Entonces con estos precios ahora puede ser que finalmente vengan inversiones extranjeras a Vaca Muerta?
-Es un un tema interesante porque hasta ahora no han venido las inversiones de afuera. Es más, se han ido. Las petroleras internacionales tienen estrategias globales. Entonces de pronto venden un activo en un lado, lo compran en otro.
Las inversiones en Vaca Muerta han recaído en YPF fundamentalmente y en petroleras nacionales como PAE, Pluspetrol, Pampa Energía y otras. Exxon se fue, Shell todavía está, pero no terminan de poner. Total, está ahí diciendo que se va.
Es decir, por ahí puede haber una reconfiguración de los activos globales de las grandes petroleras y pueden venir, pero se tiene que mantener este precio y no lo ven todavía estabilizado.
El Intendente Marcelo Orazi recibió en la tarde del jueves a su par de San Carlos de Bariloche Gustavo Gennuso, quien se encuentra en la región promocionando la Fiesta del Chocolate que se desarrollará en esa ciudad del 1 al 4 de abril. Durante el encuentro que tuvo lugar en la sala de conferencias de…
En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?
Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.
¿Anacrónico?
El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?
Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?
Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.
Antiprogresismo
El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.
El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.
Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.
Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.
Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.
Significante vacío
Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.
La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.
Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.
1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023. 2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024. 3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023. 4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.
Si se aprueba y no se acompaña, por el contrario se ponen palos en la rueda, se demuestra que la aprobación de tal proyecto fue meramente protocolar, como muchos dicen: «Para la tribuna». El 7 de agosto se votó por unanimidad en #VillaRegina la ORDENANZA que adhiere a la Ley O N° 3654 de la…
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