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COVID-19: están en plena vigencia las medidas preventivas sanitarias

Ante la nueva situación respecto al COVID-19 que implica el peligro de expansión de la nueva cepa denominada ‘Manaos’, el Comité de Crisis de Villa Regina recuerda que se encuentran en plena vigencia las normativas nacionales, provinciales y municipales que establecen las medidas preventivas sanitarias a adoptar por la población en general y los protocolos a aplicar en los distintos comercios, incluyendo bares y confiterías.

En este sentido, se recuerda la obligatoriedad del uso de tapabocas o protectores buco-nasales y el distanciamiento social de 2 metros entre personas, tanto en la vía pública como en todos los locales comerciales, oficinas y consultorios con atención al público, ya sean de carácter privado o público.

En el caso de los comercios deben obligatoriamente aplicar lo establecido en los protocolos vigentes según los diferentes rubros.

Los bares, restoranes y confiterías deben ocupar un máximo del 40% de la capacidad interna del local, proveyendo de dispensador de alcohol en gel en cada mesa, el uso obligatorio del tapabocas tanto por el personal como por los clientes (en este caso, los mismos podrán retirarse al consumir), el cambio de los manteles luego de cada uso o la utilización de manteles descartables, no compartir los utensilios de comida, entre otros.

Además, los shows musicales en vivo deberán ser al aire libre con bandas o grupos de hasta 3 integrantes.

La Municipalidad de Villa Regina realizará inspecciones y en los casos en que se detecte incumplimiento a las normativas vigentes se procederá a la aplicación de las sanciones correspondientes (multas y clausura).

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  • Adorni contrató al abogado de Yabrán para defenderse en las causas de corrupción

     

    Manuel Adorni contrató a Guillermo Ledesema, el abogado de Alfredo Yabrán, para defenderse en las causas por corrupción que pusieron su continuidad como funcionario de los hermanos Milei en la cuerda floja.

    Pese a que el Presidente expresó su respaldo con una presunta hoja de ruta hasta 2027 para Adorni, el jefe de Gabinete sigue complicando al gobierno con cada paso que da desde que estalló el escándalo de los viajes en vuelos privados, la casa en el country y el departamento en Caballito con un nivel de ingresos incompatible con su patrimonio.

    Las causas en las que deberá representarlo Ledesma serán la de presunto enriquecimiento ilícito y la que investiga su viaje a Punta del Este.

    Pero, además, la transparencia de Adorni estaría comprometida hasta por la cartera de la escribana, Adriana Nechevenko, quien tuvo que desfilar por los tribunales de Comodoro Py hace 12 años por una serie de operaciones con narcos, tal como informó LPO. Sus clientes terminaron condenados en la Justicia por traficar efedrina para la producción de metanfetamina, la droga que popularizó la serie Breaking Bad.

    «El caso Adorni es un reflejo de la predilección de Karina por lo runfla»

    Ahora el jefe de Gabinete eligió para su defensa al abogado Ledesma, quien cosechó su prestigio por haber integrado la cámara que realizó el juicio a las juntas. Sin embargo, también fue defensor del empresario Yabrán e, incluso, llegó a tener una reunión con Antonini Wilson, el famoso venezolano que trató de meter una valija llena de dólares en 2007, para ser su representante.

    El diario La Nación publicó que «Antonini había grabado la conversación» que mantuvo con Ledesma en Miami, cuando almorzaron en un restaurante de Ford Lauderdale. «Ledesma le aseguraba que no iba a ir preso y que la garantía de eso eran ‘Kirchner y Chávez'», reseñó el diario.

    Al abogado le indignaba que se lo asociara a una operación de kirchnerismo para tranquilizar al venezolano. «En la desgrabación completa está claro. Yo le digo a Antonini: ´Si me contratan para vos y te defiendo, te digo todo. Me importan tres pomos los demás, sólo me importás vos. No soy kirchnerista ni lo quiero ser», fue el descargo que resumió La Nación.

    Más allá de la competencia que tenga o no Ledesma para salvar a Adorni, los clientes del letrado no parecen ser de ayuda para la Casa Rosada.

    Karina y Adorni.

    Paradójicamente, fue un pedido del gobierno que Adorni se buscara un abogado. Hasta el ex ministro Mariano Cúneo Libarona se permitió sugerirlo con acidez: «es un enorme expositor, brillante, pero en una causa propia es distinto».

    Para colmo, ambas causas recayeron en el juzgado de Ariel Lijo, quien padeció la fallida estrategia de Santiago Caputo en 2024 para llegar a la Corte Suprema y terminó expuesto al rechazo de su pliego en el Senado a principios de 2025. Ahora, el magistrado está a cargo de la investigación sobre las coimas de la Andis, además de la investigación sobre Adorni, y aspira a la Procuración General de la Nación.

    Es un enorme expositor, brillante, pero en una causa propia es distinto.

    El problema es que quedó del lado de Ricardo Lorenzetti y Guillermo Montenegro por el Ministerio de Justicia, una logia que contaba con el supuesto beneplácito de Javier Milei pero fue descartada por Karina para nombrar a Juan Bautista Mahiques. O sea que Adorni afronta no solo una tortuosa defensa, a través de un abogado que representó al empresario que pasó a la historia argentina como el símbolo de la corrupción menemista, sino también la definición que tome eventualmente Lijo.

    Si bien todavía no tiene fecha fijada su posible citación a declaración indagatoria, Adorni deberá preparar con Ledesma esa presentación, al tiempo que también debería estudiar las respuestas a las preguntas que le formulen los diputados cuando deba rendir su informe mensual el próximo 29 de abril.

    Fuentes parlamentarias dijeron a LPO que la oposición ya trabaja para lograr en la sesión del próximo miércoles, cuando se discuta la modificación a la ley de glaciares, un emplazamiento a la comisión de Asuntos Constitucionales para tratar pedidos de interpelación a Adorni.

     

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    Confesores imperdonables

     

    Los grandes contrastes entre los curas que influyeron en Isabel de Castilla y en la vida cotidiana de moros, judíos y cristianos.

    Y tú sin perjudicar a nadie y esposao
    Que la ley de extradición te pille
    confesao.
    – J. Sabina, Con un par

    Por Silvina Belén para NLI ·

    Llegar confesado al último suspiro era una aspiración que antaño compartían nobles y plebeyos españoles. Hoy mismo, si corriéramos algún riesgo de importancia pero igual decidiésemos tirarnos a la pileta, cualquier español podría decirnos, como Joaquín, “Que te pille confesado” casi automáticamente. El reflejo de la tradición de paladines de la cristiandad no desaparece así como así.

    Recibir el perdón divino con regularidad a través de un confesor era necesidad acuciante para el cristiano viejo. Ni qué decir para los monarcas. Y si se trataba de doña Isabel de Castilla, la reina a la que en el colegio conocíamos como Isabel  la Católica, la necesidad se multiplicaba al infinito. Sin confesor no había torrejas, ni alhajas a donar, ni colones que le hicieran la historia.

    Y a nosotros, entre maestras, profes de historia con secretas simpatías por el generalísimo con ínfulas imperiales –y aferrado al cirio-, dueños de bares y restaurantes, curas ibéricos, días de la raza más todos los etcéteras  imaginables, también nos hicieron la historia, la historia en la que Isabel quedaba fuera de cualquiera de las iniquidades que algún descreído pudiese referirnos acerca de la cristiandad peninsular de aquellos tiempos y de los que pronto les seguirían.

    Acostumbrados como estamos a los desengaños, bien podríamos soportar un inventario de las agachadas -que no fueron pocas- de la reina, igual que sobrellevamos las desilusiones cromáticas con French y Beruti,  o Cornelio Saavedra y otros tantos que, con halo de patriotismo finalmente desmentido, nos precedieron en estas latitudes que por siglos le dieron riqueza a España gracias al buen olfato atribuido a la ilustre esposa de Fernando de Aragón.

    Pero como doña Isabel también soportó arduos pesares y tuvo sus virtudes, despistes y grandezas, solamente vamos a enfocarnos en las alegrías, amarguras y desaciertos que experimentó con sus confesores, dado que siendo “La Católica” el punto no carece de interés e, incluso, de una pizca de justicia para con la chismografía histórica que cultivan las anteojudas comadres de biblioteca, gracias a quienes sabemos, por ejemplo, hasta qué punto la reina odiaba al ajo, pecado culinario peninsular si los hubiera.

    Biografías, historia del periodo y datos afines pueden hallarse con facilidad en enciclopedias tradicionales, Wikipedia o a través de la ubicua IA. Lo singular y menos registrado es todo aquello que relaciona a estos confesores entre sí, la reina, el poder y la tan mentada cultura de moros, judíos y cristianos.

    Para no zozobrar con el asunto de los confesores, hay que partir asociando el renombrado año 1492 no a Colón y el Puerto de Palos de Moguer –como tan popular como erróneamente se suele denominar al Puerto de Palos de La Frontera-  sino a Granada, con pausa obligatoria para evocar a Washington Irving y sus Cuentos de la Alhambra (La Alhambra: conjunto de cuentos y bosquejos sobre moros y españoles, 1832), digresión más que justificada para ambientar la mente.

    Feminismo regio y conquista

    Ya desde los tiempos de princesa doña Isabel  era mujer de carácter y armas tomar. A su capellán de esa etapa, Alonso de Coca, lo envió tanto a Aragón como a Francia para que conociese en persona a los dos principales nobles que la pretendían: Fernando de Aragón y el duque de Guyena. Debía informarle Coca sobre virtudes y defectos de sus posibles maridos. Era exigente y no iba a decidirse así como así. Ella misma evaluaría  luego atractivos personales y conveniencias políticas.

    Su primer confesor fue fray Mortero (Alonso de Burgos), antisemita jurado e irascible cura que introdujo la Inquisición en Castilla y León. El segundo, nada menos que el  más afamado y cruel de los inquisidores, fray Tomás de Torquemada. Durante años consentido por Isabel, cuando la Inquisición había llegado a su cenit de terrorismo recaudatorio, lo nombraron inquisidor general y la católica cambió de confesor.

     Y a partir de aquí, más allá de los devaneos con el santo oficio, comienza lo interesante.

    Fray Hernando de Talavera, prior desde 1470 de Nuestra Señora del Prado, en Valladolid –lugar de residencia de la corte en la época-,  pasó a ser desde 1474 el nuevo confesor. En las antípodas de sus predecesores, no veía con buenos ojos la Inquisición ni se lo consideraba un fanático al estilo de Torquemada. Atravesó desde 1475 junto a Isabel y Fernando la Guerra de Sucesión de Castilla que en 1479 terminó con los tires y aflojes en favor de la Católica y ostracismo de la Beltraneja.

    Hernando, con un talento para la economía que lo había convertido en un ministro de hacienda de facto, contribuyó a financiar la obsesión de la reina con la conquista de Granada, ciudad que se creía la mejor fortificada del mundo. Esa guerra, con su largo sitio, exigía recursos que la habilidad de Talavera conseguía con su don para las finanzas regias unido a un celo administrativo ejemplar.

    Merodeando las arcas también andaba Colón, a quien Hernando de Talavera llevaba cortito aunque, con intuición similar a la de Isabel, finalmente apoyó. Por muchos años el confesor, consejero y ministro de hecho de varias carteras lo fue todo para la reina. Mientras, los astros se conjugaban para que el año 1492 fuera un punto de convergencia inigualable.

    El asedio a Granada, máquina de fagocitar maravedíes reales, en 1491 había agotado la paciencia y la economía castellanas, pero también los víveres de los árabes que resistían intramuros. Alimentar a una población que había crecido exponencialmente en pocos años se hacía misión imposible. Unas y otras desgracias invitaban a la negociación, que terminó dándose en noviembre.

    Los famélicos mandamases moros estaban dispuestos a rendirse si les daban plazo y condiciones dignas. En secretas negociaciones con el rey Boabdil se llegó a un acuerdo que conjuntamente firmaron, como siempre, Isabel y Fernando, que sabía que con su esposa el patriarcado era una quimera.

    El acuerdo capitular garantizaba tolerancia, respeto y libertades para  los habitantes de la ciudad, en línea con el pensamiento nada inquisitorial de Hernando, que estuvo, por supuesto, en Granada cuando el 6 enero de 1492 los reyes católicos hicieron su entrada triunfal, con abrazo al malogrado Boabdil incluido.

    Cambio de confesor y desgracias en cadena

    Isabel cumplió el sueño de enseñorearse en Granada al tiempo que le decía adiós a su confesor, que pasó  a ser administrador apostólico del nuevo reino a la espera de la bula papal que lo nombraría al año siguiente primer arzobispo de Granada. Sin Hernando, la sombra negra del Cardenal Cisneros comenzaba así a asomar sobre la espiritualidad de la reina

    La estrategia de conversión del flamante arzobispo excluía la coacción,  el acoso y la violencia. Hacía un esfuerzo por conocer la cultura del pueblo vencido, dominar su lengua, dialogar y persuadir. Ansiaba solamente conversiones voluntarias, sinceras e incruentas. Su oposición a que los inquisidores pisaran Granada terminaría costándole muy cara.

    El nuevo confesor de Isabel, fray Francisco Jiménez de Cisneros, consideraba inaceptable el método blando de Hernando de Talavera. Quería que con los moros se hiciera lo mismo que con los judíos, a los que se había esquilmado y desterrado o convertido para después acusarlos de herejía, torturarlos, confiscarle los bienes y,  a la postre, encarcelarlos, ejecutarlos o quemarlos vivos en auto de fe.

    La diferencia radicaba en que con los judíos no se había hecho ningún acuerdo ni firmado tratado alguno. Pero con los moros los reyes católicos habían empeñado su palabra.  No obstante, Cisneros, que ya había mostrado un extremismo sin par a lo largo de su carrera eclesiástica, unas obcecaciones insanas y todo el talante de fanático que pudiera imaginarse, avanzaba con su plan.

    Con el privilegio de la cercanía del confesor, Cisneros acicateaba a Isabel. Encontró el primer resquicio formal en los “elches”, renegados de la religión cristiana, que a su juicio no estaban amparados por el tratado que comprometía a los reyes. Convenció así a los monarcas para que le abrieran la primera puerta hacia la cadena de iniquidades que iría llevando a cabo en Granada y otras ciudades cercanas.

    Isabel, golpeada por la muerte de sus hijos  Juan e Isabel,  su nieto Miguel y la locura de Juana, flaqueaba. Cayó enferma. En tanto, Cisneros seguía adelante con su proyecto: diezmaba Andalucía y zahería a Hernando de Talavera. En circular oprobio, la reina había retornado al yugo espiritual de iniciales confesores fanáticos y crueles.

    Sin haber podido honrar plenamente la palabra empeñada, en parte seguramente por las malas artes dialécticas de su último confesor, Isabel falleció a los cincuenta y tres años, en 1504. Su muerte profundizó las desgracias del equilibrado Talavera: contra toda coherencia, le cayó encima la Inquisición, que no pudiendo apresarlo a él sin más trámite, le encarceló a sus parientes cercanos. Fue la primera acusación a un Arzobispo de la que se tuviera noticia. Los denuestos del cardenal Cisneros, que aspiraba a ser inquisidor general con el apoyo del rey Fernando, habían dado fruto.

    Aunque parezca mentira, no pocos historiadores coinciden en afirmar que el agua y el aceite, es decir: Hernando de Talavera y Francisco Jiménez de Cisneros, fueron los confesores predilectos y más queridos de Isabel. Hasta Pedro Miguel Lamet, autor de Yo te absuelvo, majestad –libro recomendado para entusiastas del tema-, afirma, al referirse al deceso de la reina y a ellos, que “no pudieron encontrarse junto a su lecho de muerte ninguno de sus dos confesores predilectos”.  En fin…




     

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